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Todo un mundo en 18 y Ejido

Historia y secretos de un edificio que cumple 80 años pero nunca se completó: el Palacio Municipal.

El Palacio Municipal
El Palacio Municipal
El Palacio Municipal en construcción, a fines de la década de 1930 (archivo El País)
El Palacio Municipal en construcción, a fines de la década de 1930 (archivo El País)
El Panorámico ofrece una excelente vista de la ciudad
El Panorámico ofrece una excelente vista de la ciudad
El despacho del intendente
El despacho del intendente
Todavía se conservan los planos del arquitecto Cravotto (Foto: Ariel Colmegna)
Todavía se conservan los planos del arquitecto Cravotto (Foto: Ariel Colmegna)
La imprenta de la Intendencia (Foto: Ariel Colmegna).
La imprenta de la Intendencia (Foto: Ariel Colmegna).
La Intendencia tiene más de 5 kilómetros de pasillos
La Intendencia tiene más de 5 kilómetros de pasillos
La sala del Congreso del Intendentes (Foto: Ariel Colmegna)
La sala del Congreso del Intendentes (Foto: Ariel Colmegna)

LUIS PRATS

Esa mole de ladrillos que se asoma en el centro del Centro representa muchas cosas a la vez. Es el corazón del gobierno montevideano. Es un símbolo de la ciudad más grande del país, su capital. Sede de poder político, de temida burocracia y también de expresiones culturales, como la Feria del Libro desde este martes. Y además lleva varios nombres: Palacio Municipal, Intendencia de Montevideo, Palacio de Ladrillo y los que ya no corresponden legalmente pero muchos siguen usando, como Municipio o IMM.

Sus 80 metros de altura están repartidos en tres subsuelos, una planta baja, diez pisos dobles (veinte plantas reales) y cuatro pisos simples más, conectados por 16 ascensores. Con 70 mil metros cuadrados de superficie y más de 5 kilómetros de pasillos que desorientan al visitante primerizo, es todo un mundo que recorren más de 20 mil personas cada 24 horas (más de 2 mil son funcionarios). Una calle, San José, atraviesa sus entrañas. Imposible quedar indiferente ante sus magnitudes. Y menos ante las decisiones que allí se toman, grandes o rutinarias, que inciden todos los días en la vida de los vecinos.

Este 2015, el Palacio Municipal comenzó a cumplir 80 años, una cifra redonda que describe mejor laperipecia de un edificio que prácticamente nunca fue completado, por lo cual nadie recuerda cuándo se inauguró. Y su historia es mucho más larga.

La calle Ejido corre por donde estaba el límite del Montevideo colonial para que los vecinos se establecieran o cultivaran, conocido justamente como "el ejido". Por eso, la colectividad británica instaló su cementerio del otro lado, entre las actuales avenida 18 de Julio y las calles Ejido y Santiago de Chile. Cuando el crecimiento de la ciudad (y una epidemia de fiebre amarilla) hicieron incompatible la presencia céntrica del cementerio, hacia 1879, el Gobierno expropió el predio.

Poco tiempo después, Máximo Santos dispuso que en ese lugar se construyera un monumental Palacio de Gobierno, destinado a los tres poderes del Estado (¿se imaginan al presidente de la República, los senadores, los diputados y los ministros de la Suprema Corte como inquilinos del mismo local?). El amplio baldío fue utilizado mientras tanto para albergar ejercicios militares, representaciones de teatro y exposiciones ganaderas y agrícolas. Las obras de tan magno edificio comenzaron en 1910, aunque no pasaron de los cimientos. En 1915, José Batlle y Ordóñez transfirió el terreno al dominio municipal. Lo que entonces se conocía como Municipio funcionaba en el Palacio Jackson (demolido en 1978), al costado de la Plaza Cagancha, pero pronto fue escaso para las necesidades del gobierno de la ciudad. Luego de un largo proceso de concursos, en 1935 se pusieron los primeros ladrillos del Palacio Municipal, según el diseño del arquitecto Mauricio Cravotto.

Por etapas.

"Cravotto fue un notable docente y un arquitecto de significación, con grandes edificios aquí y en el exterior. Incluso encabezó un equipo que propuso un plan de ordenamiento para Montevideo. Su hijo, también excelente docente y atendible arquitecto, se lamentaba que el Palacio Municipal nunca se había completado con la esbeltez con la cual había sido proyectado", asegura el arquitecto Mariano Arana, intendente de Montevideo entre 1994 y 2005, actual edil.

La torre central se habilitó en 1941 y los sectores laterales demoraron unos años más. Para ingresar a pie debía atravesarse una pasarela ancha sobre lo que luego fue la Explanada. A fines de la década de 1940 comenzó a levantarse el atrio.

"Cuando empecé a trabajar en la Intendencia, en 1959, el atrio tenía piso de tierra, porque no estaba terminado. Los empleados y el público entraban por el túnel de la calle San José", recuerda Eduardo Platero, histórico dirigente de Adeom, funcionario durante 48 años.

Cravotto proyectó un Palacio mucho más alto, hasta los 114 metros, pero los fondos no alcanzaron. Recién bajo la gestión de Oscar Víctor Rachetti, que empezó bajo democracia en 1969 y continuó durante la dictadura hasta 1983, se añadieron los pisos 23 al 26, el Complejo Panorámico y se realizó el revestimiento del edificio con placas cerámicas con forma de ladrillos y color rojo anaranjado. "Rachetti revistió el Palacio Municipal con los aumentos que negó a los funcionarios", se queja hoy Platero. Las placas no alcanzaron sin embargo para cubrir todo, por lo cual el sector inferior que da a la calle Soriano muestra todavía losdesgastados ladrillos originales, de un rojo más oscuro.

Esa ampliación originó algunas curiosidades: por ejemplo, subiendo la escalera se pasa del piso diez y medio directamente al 23. No hay piso 13 como en algunos hoteles supersticiosos, pero tampoco 14 ni 18...

En las oficinas del Servicio de Conservación se guardanlos planos originales de Cravotto. Además de establecer hasta el detalle pisos, oficinas y pasillos, el arquitecto mandó fabricar el mobiliario. Como en todo escalafón público, se propusieron varios tipos de escritorios, incluso algunos señalados "para jefes". Todavía sobreviven algunos de aquellos modelos, de madera noble y resistente.

"Es difícil de definir el estilo del Palacio Municipal", apunta Arana. "El planteo original, tan diferente del volumen achatado de ahora, sugiere vinculaciones con el Art Decó, aunque son raros los ejemplos de este estilo en ladrillo visto".

Piso por piso.

"El edificio tiene una estructura definida. En los subsuelos están los garajes, las dependencias de mantenimiento y los servicios de apoyo. La planta baja y los pisos más bajos concentran la atención al público. En el segundo piso están el despacho del intendente y otras instancias de gobierno, como la Sala de Acuerdos o el Congreso de Intendentes. Y más arriba están las oficinas de la administración", explica del subdirector de Conservación del Palacio, Andrés Obiol.

Por el túnel de San José se accede a un garaje donde se aloja la flota comunal, entre 30 y 40 autos, camionetas y pequeños camiones (pero no los autos de los directores, que tienen su espacio al aire libre sobre Soriano). El espacio corresponde al subsuelo de la Explanada. "Cuando se remodeló la Explanada hace unos años en realidad fue porque había filtraciones de humedad en el techo del garaje, que era necesario solucionar", indica Obiol.

"Cravotto había planteado un triple ingreso al Palacio: por el atrio, por el túnel de San José y por la doble escalinata lateral que da a la Explanada, una solución muy audaz que no se concretó", precisa Arana.

El atrio representa ahora la principal entrada. Y hasta hace dos décadas, era el centro de frenético movimiento, porque allí se encontraban las cajas. El público pagaba sus tributos y los empleados cobraban sus sueldos. "Eso originaba una gran aglomeración de gente, colas, con el alboroto imaginable. Y más cuando protestaban porque se caía el sistema. Entonces, Tabaré Vázquez mandó sacar las cajas de ahí", asegura Platero. "Se convirtió en una especie de plaza pública cubierta. Recuerdo a una viejita que iba con su gato, se sentaba calentita en un banco y se ponía a tejer", comenta el ya jubilado dirigente sindical.

Otra decisión deVázquez (intendente entre 1990 y 1994) fue agregar baños para el público, porque hasta entonces no los tenía, cuenta Ricardo Prato, exsecretario general de la IM y funcionario desde 1963. "El edificio estaba concebido para sus trabajadores y no para el público que iba a hacer trámites. Tampoco había asientos para las salas de espera. El visitante que necesitaba ir al baño tenía que salir...", dice.

Hoy el Palacio tiene 150 baños, "y se siguen agregando", explica Obiol.

Laberintos.

Más arriba comienzan las oficinas, dispuestas en forma simétrica y unidas por los 5 kilómetros de pasillos. Pintados de un uniforme color crema claro, los corredores parecen todos iguales cualquiera sea el piso, por lo cual más de un visitante se ha perdido. Cada tanto se ubican planos con la señal tranquilizadora: Usted se encuentra aquí. En cambio, varían los diseños de los suelos, con mármol o baldosas de monolíticos. Las escaleras y algunas zonas del suelo muestran el desgaste de 75 años de uso, pero los responsables de Conservación advierten que es muy difícil encontrar baldosas como las originales.

"Esto es tan grande que para ubicarnos, nos citamos como en la calle. Decimos que estamos para el lado de Santiago de Chile, o en 18 y Ejido", comenta Carlos Ferré, jefe de Mantenimiento.

"Es un edificio muy grande y muy viejo. Siempre hay algo que hacer para mantenerlo, en electricidad, albañilería, sanitaria —agrega—. Siempre se está pintando alguna parte. La instalación eléctrica original se ha ido cambiando, no creo que quede nada. En cambio, el sistema de calefacción está casi desde el comienzo. Se cambiaron los radiadores y las calderas, pero es el mismo sistema y funciona bien".

El Palacio tiene vidriería, carpintería, sanitaria y albañilería propias. Hasta una imprenta que produce "el 99,99 por ciento" del material impreso de la Intendencia, desde las facturas hasta los programas de la Comedia Nacional, indica César Vargas, capataz del servicio. "Lo único que falta es tecnificar la encuadernación, porque en todo lo demás estamos muy bien", dice.

Siempre hay gente trabajando en algún sector del Palacio, las 24 horas de los 365 días del año. Los fines de semana funcionan guardias en vigilancia, mantenimiento e informática. Pero ya nadie vive allí. Hasta hace algunos años, el conserje tenía su apartamento en el piso 3 y medio. Ahora hay un vestuario en ese lugar. Otra persona vivió clandestinamente en el edificio durante un tiempo indeterminado. Entraba de tardecita, con el último público, pasaba la noche en un sector poco frecuentado y se iba por la mañana, cuando ingresaban los primeros visitantes, hasta que un día lo descubrieron. "Hoy, con la vigilancia permanente y las cámaras, eso ya no sería posible", cuenta Ferré.

Existe un cuartelillo de bomberos que funciona las 24 horas. Para los ascensores está siempre disponible un técnico de una empresa contratada (raro ejemplo de un funcionario privado en la Intendencia). Tres grupos electrógenos aportan iluminación de emergencia y el funcionamiento mínimo de los ascensores mientras se desaloja el edificio en caso de apagón. Seguir trabajando resultaría imposible: "Se necesitarían 10, 12 generadores para eso", dice Ferré.

Despachos.

El segundo piso es el del "poder" comunal. Los despachos y las salas se disponen según la iniciativa de Cravotto, en forma simétrica frente a 18 de Julio. En la esquina con Ejido está la Sala de Acuerdos, con barras al estilo del Parlamento y cuadros que recrean los primeros días de Montevideo tras la fundación por Bruno Mauricio de Zabala. En el centro, una gran mesa con 20 lugares, más el del intendente,cuyo lustre es tan intenso que suele reflejar los rostros de los participantes en las fotos de las jornadas de grandes noticias.

Al lado está el amplio despacho del intendente. Tiene dos escritorios, una mesa para reuniones y un living, todo de estilo clásico. Lo moderno es la computadora y un pizarrón blanco, donde Daniel Martínez —de viaje cuando se hizo esta nota— dejó anotada una agenda de actividades.

En el centro de la fachada está la sala de ceremonias "Ernesto de los Campos", con revestimiento en madera, un bajorrelieve con los íconos de la ciudad, un enorme ventanal que da a la Explanada y hasta un piano de cola.

Finalmente, en la esquina con Santiago de Chile se encuentra la sala de sesiones del Congreso de Intendentes, decorada con las banderas de cada departamento y cuadros con motivos campestres. A su lado, las dependencias administrativas del Congreso tienen actividad permanente.

En las alturas.

A partir del piso 23, la estructura del edificio es diferente. Los techos son más bajos y los corredores tienen otra forma. A partir de 1979 y por algunos años funcionó el Complejo Panorámico, con un restaurante, una cafetería y un mirador, más dos ascensores exteriores que iban adelantando al usuario la espléndida vista. El local fue escenario de desfiles de modelos, fiestas de 15 y otros acontecimientos, pero nunca terminó de ser rentable. El espacio fue ocupado por oficinas: Desarrollo Económico, Gestión de Calidad, Planificación Estratégica, entre otras.

Permanecen los ascensores y la terraza de observación, que siguen siendo frecuentados por turistas. A casi 80 metros de altura, el panorama alcanza todos los rincones de la ciudad. Numerosas fotos colocadas en los muros explican los principales puntos de interés.

El lugar fue utilizado a veces por suicidas para su drástica determinación final. Los cuerpos rebotaban contra el techo de cobre del primer tramo del edificio, causando un ruido seco que daba a los funcionarios el terrible aviso. "Una vez, por suerte, un funcionario que era muy buen deportista pudo treparse, se acercó a la persona que quería suicidarse, lo abrazó y evitó que se tirara", cuenta Arana. Para impedir otros casos, se elevó la altura de la mampara de cristal y se colocó una estructura de protección.

Metros más arriba está la azotea, ocupada por tanques de agua, equipos de aire acondicionado y de comunicaciones. Y en la cúspide, la antena de Televisión Nacional, recientemente renovada, arañando las nubes, apenas mirada de reojo por el público que pasa por 18 y Ejido.

El origen de una réplica florentina.

El piso 1 y medio del Palacio Municipal alberga el Centro de Conferencias, bien conocido por el público, con sus salones Azul, Rojo y Dorado. "Lo que pocos saben es que el Salón Azul está decorado con una copia auténtica de una puerta de Benvenuto Cellini", asegura Eduardo Platero. La reproducción del famoso orfebre florentino llegó al país desde Italia como pago de deudas tras la Segunda Guerra.

La Intendencia también guarda historias de fantasmas.

Como todo edificio grande y antiguo, el Palacio Municipal tiene sus fantasmas. Por lo menos en los relatos de los empleados que han transitado sus pasillos por más tiempo y lo cuentan, entre asombrados y divertidos, recordando que la Intendencia se levanta en el sitio que ocupaba un cementerio.

"Una noche voy mi oficina en el piso tres y medio. Miro y veo a alguien de espaldas, como si estuviera leyendo una cartelera en la pared. Le comenté algo y no me respondió. Pongo la llave en la cerradura de la puerta, abro y cuando vuelvo a mirar, un segundo más tarde, no vi a nadie. ¿Dónde se metió? No tuvo tiempo de salir por los pasillos…", cuenta Luis Gismeno, jefe de Vigilancia.

Los empleados también dicen haber percibido, tarde por las noches, el golpeteo de una moneda contra los vidrios de algunas oficinas, quizás la queja de un contribuyente en pena.

"A veces se escuchaban ruidos en sectores a oscuras. bamos solo iluminados con linternas y de golpe aparecía una paloma que había entrado y aleteaba buscando la salida. El susto igual te lo llevabas", cuenta Ferré.

Toque de distinción en el segundo piso.

El sector de gobierno y ceremonial de la Intendencia, que se concentra en la parte del segundo piso que da a la avenida 18 de Julio, presenta la decoración más elegante del edificio: obras pictóricas, esculturas y enormes jarrones. Impresionan también los techos decorados y las arañas de iluminación.

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