VIAJES

Un mundo bien distinto, lejos pero cerca

Con unos 3.400 habitantes, muchos en el área rural, los paisajes, la fauna y el modo de vida en las islas Falkland/Malvinas resultan muy distintos a lo habitual y son interesantes para visitar.

ferry a las malvinas
Foto: Merco Press

Los turistas suelen optar por visitar destinos que les permitan salir de su entorno habitual y vivir nuevas experiencias. Puede ser una playa paradisíaca, una megaciudad o un alejado territorio distinto a todos los que conocían. Entre estos últimos, difícil que algún lugar supere el contraste de conocer las islas Falkland/Malvinas.

Es que el archipiélago ubicado en el Atlántico Sur ofrece además de paisajes estupendos y sitios poco habituales (como una enorme reserva natural de pingüinos), una organización política y económica complicada de imaginar y transmitir, pero digna de conocer. Así como también una valiosa historia sobre la que se puede indagar al recorrer la isla o hablar con los malvinenses, incluido el conflicto bélico con Argentina de 1982, del que en estos días se cumplen 36 años.

Con una superficie total de 12.173 kilómetros cuadrados —que equivale casi al 7% del Uruguay— y un único centro urbano que es su capital, Port Stanley (denominada Puerto Argentino durante la ocupación militar del vecino país), la isla y sus habitantes irradian en el día a día mucha paz y tranquilidad.

Con una estructura arquitectónica similar a la de un pueblo inglés de película —casas estandarizadas, que se ven confortables pero no ostentosas—, probablemente sea de los pocos lugares del mundo donde se mantienen tradiciones como no cerrar las puertas o saludar a quien te cruces porque casi seguro que es un conocido o lo será a futuro.

Actualmente en la isla residen unas 3.400 personas, pero buena parte son granjeros dispersados por el área rural — "the camp" para los isleños, una deformación idiomática que denota sus raíces rioplatenses— y la capital ubicada en la zona Este, apenas supera los 2.000 habitantes. Tan pocos que si un día hay algún evento popular (como una fiesta de casamiento) las calles quedan desoladas y uno puede sentir la sensación de ser la única persona que las camina.

Pero todo lo bueno suele resultar difícil o caro, y las Falklands/Malvinas no son la excepción. Para llegar a la isla no abundan las opciones, y si no es una visita diaria a bordo de algún crucero que navega el Atlántico, la única que queda es el vuelo semanal de Latam desde Punta Arenas (en la Patagonia chilena) a Mont Pleasant, la base militar británica ubicada a algo más de una hora de Stanley.

El pasaje de avión para ese trayecto ronda los US$ 800 (hay que sumar unos US$ 300 para llegar de Montevideo a Punta Arenas) y debe reservarse con antelación. Las cosas no son menos dificultosas para la estadía: en Airbnb no figuran opciones para alojarse en Stanley y en Booking aparece solo el Malvina House Hotel, un confortable lugar donde una habitación cuesta arriba de US$ 100 por día.

Para desplazarse en la isla no hay transporte público y entre la proliferación de camionetas 4X4 en su mayoría Land Rover (hay registrados más de 7.000 vehículos en la isla), hay dos que ofician como taxis. Sin embargo, lo más recomendable es contratar los servicios de un guía local, que con camioneta incluida te traslada a los principales puntos de las Malvinas/Falklands y complementa la visita con la rica historia del lugar.

Si bien cuenta con una amplia red interna de carreteras y caminos, los traslados pueden ser extensos para el tamaño de la isla (desde una hora hasta cuatro) y hay sitios a los que difícilmente un turista pueda acceder sin la ayuda de un isleño.

Pero a falta de transporte terrestre, sí existe un servicio de aeronaves que pertenece al gobierno local y salen desde el aeropuerto de Stanley a diferentes islas periféricas del archipiélago. Un plan aconsejable para los visitantes es contratar un paquete que incluye el traslado y la estadía por una noche en alguno de esos alejados y deshabitados territorios, que ofrecen una belleza natural única y diferente a cualquier isla vecina.

Las playas en la isla son paradisíacas.
Las playas en la isla son paradisíacas.

Dentro de la variedad de paseos para hacer por el día, destacan la playa de arena blanca Bahía del Surf (Surf Bay en inglés), la Bahía de los Gitanos (Gypsy Cove), donde en verano pueden verse gran cantidad de pingüinos magallánicos, y el Cabo San Felipe (Cape Pembroke), que es el punto más oriental de la isla y desde su faro pueden tomarse excelentes fotografías de Stanley.

También una recorrida por los montañas que rodean la capital —el Monte Usborne con 705 metros de altura es el punto más alto— brindan una buena perspectiva de la isla. En parte de esas colinas se pueden observar elementos que aún perduran de la guerra con Argentina (como un antiguo cañón o los restos de un helicóptero), ya que fueron el lugar de varias batallas.

La parte rural de las Falklands/Malvinas es un territorio dedicado mayormente a la cría de ovinos (hay 144 ovejas por cada persona) y, en menor medida, de vacunos. Resulta atractivo conocer la realidad de los granjeros, ya que hay establecimientos que abren sus puertas y permiten observar tareas típicas como la esquila de ovejas o su pastoreo con perros.

Otro paseo aconsejable y al que se debe dedicar algunas horas es el Historic Dockyard Museum, ubicado en pleno centro de Stanley. Allí está retratada la historia de la isla y sus habitantes, desde el descubrimiento y sus comienzos como un entramado clave dentro del comercio marítimo, pasando por su relación con Charles Darwin —parte de sus teorías derivan del viaje del Beagle, que incluyó las Falklands/Malvinas— y hasta la participación en dos guerras mundiales.

Un apartado especial dentro del museo está dedicado al conflicto con Argentina. Más allá de la información acerca de las causas y consecuencias de la guerra, tanto en la presentación de los hechos como en la escenografía elegida predomina un mensaje de defensa del accionar británico.

Es que los isleños sienten que esa guerra de 1982 cambió su realidad y su relación con Gran Bretaña: desde esa fecha fueron más tenidos en cuenta por la potencia a la que pertenecen, tanto política como financieramente. Pero esa sensación no la transmiten con despecho ni rencor, sino que hasta parecen sentirse orgullosos de haber generado esa atención y lo cuentan con entusiasmo.

A nivel gastronómico la oferta de restaurantes no resulta muy variada, pero en ellos se pueden degustar platos de buena calidad: desde mariscos y calamares, que se pescan en la costa de la isla, hasta carne vacuna o de cordero provenientes de las granjas locales.

Al igual que en el Reino Unido, las Malvinas/Falklands tienen la libra como moneda, aunque muchas tiendas aceptan dólares y euros. Un dato importante es que si bien las libras británicas sirven en la isla, fuera de ella las libras malvinenses no tienen valor.

En cuanto al clima, a pesar del frío polar que podría imaginarse, lo que predomina es el viento, y en verano la temperatura puede llegar hasta los 25º C. En invierno recrudece pero son contados los días con sensación térmica bajo cero.

Pinguinos

Pingüinos.

No hay dudas que estos animales son las estrellas de la isla, liderados por los pingüinos rey que se encuentran en Volunteer Point, una increíble reserva natural en la parte final de una estrecha península. Allí dentro del paisaje se mezclan una playa de arena blanca y agua celeste similar al Caribe con una extensa pradera verde, donde conviven unos 7.500 pares de pingüinos (hay de tres especies: magellanic, gentoo y rey) con ovejas y patos.

Estar rodeado de esa cantidad de pingüinos es una sensación extraña y, por momentos, uno pareciera inmerso en un rodaje de un filme animado. Es que por su tamaño, la forma de moverse y otras particularidades, estos animales parecen más de la ficción que del mundo real.

El pingüino rey es el segundo de mayor tamaño después del pingüino emperador y es fácilmente distinguible por el color amarillo (con tonalidades de naranja) que predomina en la parte superior de su pecho, lo que le brinda un toque de sofisticación frente a otras especies.

Volunteer Point es seguramente de los sitios más recomendable para visitar de la isla. Está a unas cuatro horas de Stanley, pero no hay un camino específico para llegar, sino que luego de dos horas de carretera se deben atravesar campos privados hasta arribar a la reserva natural.

*Invitado por el gobierno local que gestionó la Embajada Británica en Uruguay

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