Rusia

El Mundial en sus ojos

Los campeones del mundo son uruguayos y son los niños de la Fundación Pérez Scremini. Entre dibujos, caras pintadas y banderas, así vivieron los partidos de Uruguay en Rusia.

Thiago, feliz porque tiene una foto con Suárez

Se pintaron la cara de celeste, blanco y amarillo. Se imaginaron que al lado de los ojos tenían al sol, que los hacía gritar más alto y llegar más cerquita de Rusia. Agarraron gorros, bufandas y banderas bien grandes. Se envolvieron en ellas. Se sentaron con ellas en frente a la televisión y se aferraron a ellas. Las apretaban cuando el partido estaba complicado y las levantaban hacia el cielo en cada gol y en cada pelota que atajaba Fernando Muslera. Gritaron juntos, gritaron fuerte, gritaron bajito. Algunos lo hicieron en su casa, otros en la escuela, otros en las salas de recreación, otros desde la cama. Pero todos festejaron. Ellos, como nosotros y como todos los uruguayos, en cada partido de la selección se olvidaron un poco del mundo, de las cosas feas, de las cosas tristes, de que algo duele. Ellos, que saben de partidos difíciles. Ellos, que saben de qué se trata eso de pelearla, eso de apretar los dientes y aguantar. Ellos, que vivieron su primer mundial pero que son más grandes que todos. Ellos, que son un equipo fuerte, valiente, y de campeones. Ellos, los niños de la Fundación Pérez Scremini son hinchas de Luis Suárez, de Edinson Cavani, de Lucas Torreira y de Diego Laxalt, de Fernando Muslera, de Diego Godín, de José María Giménez, del maestro Tabárez, pero sobre todo son hinchas de Uruguay. De cantar bien fuerte o susurrando ay celeste regalame un sol. Porque los verdaderos campeones del mundo y de la vida entera son uruguayos. Así vivieron el mundial de Rusia.

Soñar juntos

Brisa, fanática de Diego Laxalt
Brisa, fanática de Diego Laxalt. Foto: A. Colmegna

Era el primer partido de Uruguay en el Mundial y la selección no estaba jugando bien. Iban 88 minutos y, entre todos los finales posibles, había uno que era el menos probable: que Uruguay ganara con un gol de uno de sus defensas. Pero como esta selección no sabe de imposibles, Carlos Sánchez levantó un centro y Josema Giménez saltó más alto que todos. Gol de Uruguay.

Ese fue el partido de la Celeste que más le gustó a Diana, que tiene nueve años y es el primer Mundial que vive o, al menos, que recuerda. "No me pongo muy nerviosa pero en ese sí porque metimos el gol al final", dice. Diana no pudo ver todos los partidos de Uruguay; a algunos los miró en la escuela, a otros en la fundación; ahí se pintó la cara de azul, blanco y amarillo. Ahí, Diana no gritó los goles muy fuerte, pero los vio envuelta en una bandera bien grande de Uruguay.

La sala de recreación de la fundación está llena de colores. Las mesas, las sillas, los juguetes, todo es de colores. En una de las ventanas también hay dibujos, cartas y carteles. Por estos días y desde hace un mes, aunque el Mundial esté terminando, aunque la selección uruguaya haya quedado eliminada en cuartos, todos los dibujos son celestes, con soles, con líneas azules y blancas. "Cielo de un solo color", "Uruguay vamos que se puede", "ay celeste regalame un sol", "Franco soy celeste". Los carteles y dibujos se pegan, unos sobre otros, uno al lado del otro, y cubren todo el vidrio. Mientras tanto, Thiago (6), que tiene una bufanda de Uruguay aunque Uruguay ya haya regresado de Rusia, dice que tiene guardada una foto con Luis Suárez, uno de sus ídolos. Brisa (11) también tiene una foto con el 9 de Uruguay que, junto a su esposa Sofía Balbi son los padrinos de la Pérez Scremini y visitan a los niños cada vez que pueden. Brisa va cada tanto a la fundación para hacerse exámenes, así que a los partidos los miró en la casa de su papá o en la de su mamá en Pando. Además de Suárez, dice que sus jugadores preferidos son Edinson Cavani y Diego Laxalt.

Era 25 de junio y la selección uruguaya ya estaba clasificada a octavos de final cuando aún tenía que jugar su tercer partido ante Rusia, el local, el más fuerte del grupo. Era el primer partido en el que Lucas Torreira y Diego Laxalt entraban como titulares, en una selección que tenía todo para brillar pero que no terminaba de encontrarse. A los 9 minutos y poco, Luis Suárez metió un golazo de tiro libre. A los 22, Laxalt le pegó de afuera del área, en el camino la pelota encontró a un ruso y su destino fue el arco. Sobre el final del segundo tiempo, Cavani, que quería su gol, encontró el rebote de un cabezazo de Diego Godín y la empujó al arco de los rusos.

Mariano es Fray Bentos como Lucas Torreira
Mariano es Fray Bentos como Lucas Torreira. Foto: A. Colmegna

Mariano (3) es del Fray Bentos de Torreira. Como Lucas, es chiquito pero como él, cuando gritó los goles de Uruguay en la casa de su papá, en el medio de una chacra y con la bandera de Uruguay al hombro, se hacía más grande que todos. Él y su mamá quieren estar en Fray Bentos cuando Lucas, que se fue directo a Inglaterra a firmar contrato con el Arsenal, regrese a Uruguay.

Dayana no es de Fray Bentos. Ella tiene 16 y es de Montevideo. Dice que antes le gustaba más jugar al fútbol que mirarlo, que lo hacía con su hermano y sus amigas, que este es el primer Mundial en el que se colgó una bandera y se puso nerviosa. Ella también es fanática de Torreira y de Laxalt y el motivo es sencillo: "Ellos se marcan todo. Además Laxalt es lindo con las trenzas que usa". Dayana tiene las manos y las uñas largas. Todas las uñas, además, están pintadas de rojo, menos la de los dos pulgares. En esas tiene pintada la bandera de Uruguay; se las pintó ella misma para el partido contra Portugal y todavía las tiene intactas.

Sábado 30 de junio. Uruguay jugaba contra Portugal el partido por octavos del mundial. Era a todo o nada. Era a defenderse de un gigante que nos podía lastimar en cualqueir chance que tuviera. Era aprovechar alguna posibilidad de gol y aferrarse a ella con todas las fuerzas y todo el corazón. A los siete minutos Cavani y Suárez se juntaron para hacer lo que solo ellos saben: un cambio de frente de Edi para Luis y un pase de Luis a la cabeza de Edi. Gol. A los 55 Pepe va a empatarnos, pero veinte minutos después, una vez más aparecerá Cavani y ya todos sabemos lo que sucedió. No solo por los goles, sino por la entrega y el sacrificio, Edinson Cavani fue la figura y héroe del partido.

Facundo quiere conocer a Cavani
Facundo quiere conocer a Cavani. Foto: A. Colmegna

Facundo (8) y Edinson son de Salto. A los dos les gusta el fútbol y además nacieron en el mismo barrio. Ahora hace cinco meses que Facundo está en Montevideo y aunque Edinson vive en Francia, dice que le gustaría conocerlo en Salto, cruzárselo en su barrio cuando el jugador vaya de visita.

—¿Cavani es tu ídolo, Facu?

—Sí.

—¿Qué otro jugador te gusta?

—Solo Cavani. Soy solo de Uruguay porque soy de Salto como él.

Por eso para Facundo el mejor partido de Uruguay fue contra Portugal. Por los goles, porque aunque los gritó bajito, su voz llegó hasta Rusia, porque los metió Cavani y porque Cavani nació en el mismo lugar que él, porque quizás algún día pueda conocerlo y contarle que el día de ese partido, verlo jugar lo puso contento, que tiene un mazo de cartas de la selección con muchas fotos suyas, que tiene un póster gigante que va a poner en su cuarto cuando pueda regresar a Salto. Que como él, tiene más fuerza que todos y que como él, pelea en cada jugada de los partidos que le toca enfrentar.

Dos padrinos que siempre llevan alegría

Perez Scremini
Perez Scremini

Luis Suárez y Sofía Balbi son padrinos de la Fundación Pérez Scremini, que tiene al frente al doctor Ney Castillo. Cada vez que el jugador y su esposa están en Uruguay, aprovechan para visitar a los niños, sacarse fotos y darles fuerzas. De hecho, antes del Mundial, Suárez pidió para salir de la concentración de Uruguay y así poder ir a verlos. "Pedí para salir pero es por una causa especial, para tratar de darle ánimo a los niños. Me emociona venir a verlos porque yo también soy padre y me pongo en la situación de estos padres y de estos niños", dijo a fines de mayo desde la fundación, mientras los niños lo rodeaban para que su ídolo les firmara un autógrafo, en una bandera, en una camiseta o incluso en la túnica de la escuela. "A ellos los ilusiona verme. Me tocó vivir casos en los que sacarles una sonrisa y darles ánimo los ayudó a salir adelante".

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