NOMBRES

La mujer que recreó el "boom"

La escritora argentina Samanta Schweblin se hizo un lugar destacado entre los autores más destacados con una obra breve y contundente.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Samanta Schweblin, autora de una obra breve y contundente.

El espacio que debe recorrer una madre para rescatar a su hija de un peligro inminente. Este es el disparador para Distancia de rescate, la novela corta que llevó a Samanta Schweblin a la selecta lista corta del Man Booker junto a nombres que suelen figurar entre los mencionados para el premio Nobel. La autora argentina tiene una breve pero explosiva carrera, si solo se tiene en cuenta la cantidad de libros publicados: cuatro títulos.

Pero su literatura la ha convertido en una de las voces universales más atractivas del siglo XXI junto a un puñado de escritores latinoamericanos que han recreado la palabra boom, ya con medio siglo juntando polvo en los estantes. Sin mariposas amarillas, ni levitaciones, con una narrativa que pone su lente en los rincones más cotidianos para descubrir los miedos que siguen gobernando la vida de hombres y mujeres de esta época. Ese es el estilo de la autora que comienza a cautivar a miles de lectores, incluso más allá de la lengua española.

Schweblin se convirtió en una maestra del relato breve, un género que ha tenido otros maestros de la talla de Borges, Cortázar o Juan Rulfo. Su obra más larga es una nouvelle que no necesita más de 120 páginas para mostrar toda su valía literaria. Un lugar de privilegio que pocos escritores han alcanzado, ya que aunque el cuento como género tiene millones de seguidores en el mundo, solo ahora el mercado editorial parece comenzar a interesarse por él. Ello ha estrechado la lista de autores que se han dedicado de lleno a esto y que además se han destacado. El caso más claro es el de la canadiense Alice Munro, premio Nobel en 2013.

La foto de los finalistas del Man Booker International Prize, otorgado en abril parece por demás elocuente: Nicholas de Lange (traductor del israelí Amos Oz), David Grossman, Dorthe Nors, Mathias Enard (reciente premio Goncourt), Samanta Schweblin y Roy Jacobsen. Una minoría femenina en el más selecto círculo de las letras.

Pero de algún modo Samanta Schweblin siempre ha estado aparte, como si esa característica fuera prendida a su biografía desde temprano.

Mucho antes.

Ahora varios de sus cuentos han sido traducidos al inglés, al sueco, al francés y al alemán. La mencionada y única novela fue publicada en inglés bajo el título Fever Dream. Sus lectores ya se cuentan por miles, un nivel de exposición al que Samanta Schweblin todavía trata de acostumbrarse.

Nació en Buenos Aires en 1978, un año muy especial para su país natal. La Junta Militar gobernaba en su apogeo y para celebrarlo organizó el Mundial de Fútbol en el que la albiceleste sería campeona. Una extraña mezcla de júbilo y horror que se colaba en todos los intersticios de la vida cotidiana de los argentinos.

Samanta creció en una casa donde la lectura era casi religión, sus padres le leían desde muy corta edad, sus abuelos eran artistas plásticos, con lo cual la cultura llenaba la atmósfera que respiraba la futura escritora. Su primera experiencia con las letras la tuvo a los siete años con la redacción de un diario, estimulada por su abuelo junto al que escribían allí todo lo que hacían en cada jornada. "Mi abuelo era Alfredo de Vincenzo, un gran artista plástico y grabador. Íbamos a museos, al teatro, al cine, visitábamos a sus amigos, que eran todos unos personajes increíbles. A él le gustaba asustarme, ponerme a prueba. Quería entrenarme para la supervivencia del artista, y esto incluía robar relojes antiguos de la feria de Dorrego, viajar sin boleto en los trenes, cruzar a la isla Maciel en bote y un montón de historias y anécdotas insólitas", relató Schweblin al diario La Nación.

Pero de algún modo la extrañeza se coló en su infancia, según recuerda la propia autora en una entrevista que se publicara poco antes de que apareciera su nombre en la short list del mencionado premio. A los 12 años dejó de hablar. "Me fastidiaba la distancia que había entre lo que yo quería hacer, transmitir, y lo que finalmente llegaba al otro", contó Schweblin.

Esa distancia entre su vida interior y la expresión parecería ser la clave de toda su literatura. Claro que poco después Samanta volvió a hablar y pudo completar sus estudios hasta cursar la carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires. Con el título en sus manos comenzó a trabajar para una agencia de diseño gráfico.

Pero en secreto y, sobre todo, en silencio comenzó a escribir los cuentos que luego reuniría en su primer libro. El núcleo del disturbio obtuvo el premio del Fondo Nacional de las Artes en 2001, un comienzo auspicioso para una autora novel. Pero la crítica se fijó en ella con el segundo libro de cuentos, Pájaros en la boca, que obtuvo el premio Casa de las Américas en 2008 y al año siguiente fue publicado. En el año 2012, su cuento Un hombre sin suerte obtuvo el prestigioso galardón Juan Rulfo dedicado al género. Y más recientemente, en 2015, logró uno de los premios más prestigiosos que se otorga al cuento en lengua española, como es el Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, por su libro Siete casas vacías.

Por si esto fuera poco, la revista británica Granta la eligió en 2010 como una de las mejores escritoras menores de 35 años en lengua española. Pocos autores han logrado en tan escaso margen de tiempo tantas distinciones como Schweblin.

Desde hace unos años la autora está radicada en Berlín, ciudad a la que llegó gracias a una beca de estudios y que la sedujo de tal modo que desde 2012 la tiene por residencia permanente.

Cómo escribe.

Sus cuentos bordean lo fantástico, pero desde un ángulo muy cotidiano, como si se tratara de un ligero desenfoque.

Cuando le preguntaron qué necesitaba para ponerse a escribir, la autora respondió: "Una historia que me atraiga muchísimo, pero que no pueda terminar de entender. Mucho tiempo libre. El pelo atado y silencio", describe. Lo que duele, sobre eso escribe Samanta Schweblin. "Sobre lo que no puedo entender —reflexiona—, sobre espacios o sentimientos en los que necesito probarme. Así que pueden encontrarse todo tipo de miedos y angustias. Siempre rondan cuestiones de aislamiento, de relaciones humanas, de miedos sobre la pérdida y la muerte, de relaciones familiares y de violencia".

La autora defiende la grandeza de la narración breve. "Es común acercarse a la escritura asistiendo a talleres literarios, donde se escribe sobre todo cuento y creo que eso es bueno, porque se aprende mucho más sobre cómo funcionan las maquinarias narrativas en diez historias breves que en una novela larga", argumenta.

Su obra lo ha demostrado con exhaustiva brillantez.

Expectativa por su próxima novela.

Después de haber saltado a la novela con la breve Distancia de rescate, Samanta Schweblin decidió dar un paso más resuelto hacia el llamado género mayor. Si bien no ha adelantado mucho de qué va la nueva novela en la que está trabajando este año, en una reciente entrevista concedida a La Nación dio algunas pistas.

"Es una historia muy diferente de Distancia de rescate. Distinta en su tema, en su tono, en su extensión, en el tipo de personajes. Es un mundo completamente nuevo para mí. En Distancia de rescate sentía que, aunque con una extensión más larga, seguía moviéndome en un universo conocido y en una forma similar a la del cuento. En esta nueva historia que estoy escribiendo me siento en un terreno nuevo, quizá también porque tiene muchos personajes llevando adelante el relato, algo que siempre manejé con mucha austeridad en mis otras historias. Pero estoy muy contenta con cómo va marchando todo. Ahora estoy trabajando en los últimos capítulos, pero falta mucho todavía, mucha revisión, y reescritura y relecturas", contó. El único momento en que siente que su obsesión por el texto puede ceder es cuando está publicado, sostiene. "Tener el libro en la calle me desembaraza al fin de esa obsesión, ya es un problema sin solución, y puedo pasar a otra cosa", dice.

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