EL PERSONAJE i VERÓNICA LEITE

"Motivar a los niños a leer es un regalo"

Empezó ilustrando textos de otros escritores hasta que el mercado le dio un lugar. Con la dupla de palabra y dibujo logró su realización. Y hoy se maravilla con la docencia.

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"No es tan fácil que una idea quede redonda", dice la escritora e ilustradora Verónica Leite.

DANIELA BLUTH

Con un padre artista plástico en casa, los recuerdos de garabatos y pinceladas son muchos y a parecen entreverados en la memoria. El de su primer logro, en cambio, se dibuja un poco más claro. Fue cuando Verónica Leite tenía solo siete años, acababa de instalarse en Ibiza con su familia, se adaptaba a una nueva escuela y una de sus creaciones ganó el segundo premio en un concurso de ilustración. Había dibujado "una escena de mercado" donde las protagonistas eran las payesas, habitantes naturales de la isla que vestían sus trajes típicos y llevaban el cabello atado en una larga y finita trenza gris que terminaba en una moña de color. "Tengo el recuerdo de algo muy luminoso, las casitas blancas, el Mediterráneo azul y una cuestión visual muy atractiva. Eso era muy estimulante... Cuando volvimos a Uruguay me pareció un lugar muy gris", dice la ilustradora y escritora para niños, hoy de 46 años, radicada en Uruguay y sin planes de más mudanzas.

La combinación entre la carrera de su padre —Osvaldo Leite— y la coyuntura política, llevaron a Verónica primero a Ibiza, después a Mallorca y, unos años más tarde, a Londres, donde comenzó su adolescencia. Fueron años "muy cosmopolitas" en los que hubo "ganancias y pérdidas, como en todo", pero en los cuales el saldo definitivamente resultó favorable. "Nos pasó de ir a lugares muy interesantes, de mucha vida cultural. Y la ganancia es que siendo muy chiquita se te abre el mundo de una manera impresionante".

Mucho más que las idas, siempre "le costaron las vueltas" a Uruguay. Quizá un poco por el predominante color gris. O tal vez porque con cada regreso confirmaba que los uruguayos son demasiado duros consigo mismos. "Podríamos ser un poco más generosos con nosotros como sociedad, así estaríamos más contentos. Y porque eso también generaría más producción". Mientras siente que este problema aún no se solucionó, el del color —al parecer— sí.

Es que el color, de la mano de las acuarelas, inundó sus creaciones, destinadas sobre todo al público infantil. En su apartamento del Parque Rodó, donde tiene su taller, conviven en perfecta armonía libros para niños y adultos, hojas sueltas, en carpetas y en block, pinceles y pinturas de todo tipo. Eso sí, de las acuarelas, difíciles de conseguir, tiene en uso y hay en stock. Aunque la ilustración llegó primero, es en tándem con la escritura que Leite se siente más cómoda. "Siempre tuve más facilidad para el dibujo, y más formación, pero me interesan las dos cosas. Me interesa mucho la palabra como medio de expresión y siempre fui muy lectora". Sobre esos dos pilares construyó su vida. Y su profesión.

De bichos y otras yerbas.

No es casual, entonces, que sus primeras creaciones hayan sido historietas. Mientras cursaba los últimos años del liceo, las carpetas con relatos cuadro a cuadro se fueron engrosando. Entre mucho material de descarte, había uno al que le tenía especial cariño: una adaptación de Don Juan el Zorro, de Francisco Espínola, para niños y en formato historieta. Con esa obra recorrió varias editoriales, pero no tuvo suerte. Finalmente la editó en 2010, a través de los Fondos Concursables, y hoy es uno de los tesoros de su acervo personal. Hizo tres ediciones "prácticamente" de autor. "Ese sí era un debe, después de que salió fue un alivio".

Aunque estudió tres años en la Facultad de Arquitectura, se considera "más bien autodidacta". Al universo literario entró de la mano de Ana María Bavosi, alma máter de la emblemática Libruras, especializada en literatura infantil y juvenil, quien la convocó para trabajar juntas en un proyecto. Aquel primer trabajo publicado se llamó Libruras (1995) —una conjunción de la palabra libro con los términos aventuras, travesuras y diabluras— y le terminó dando nombre a la librería.

La primera obra escrita e ilustrada íntegramente por ella fue El miedo a la luz mala (Alfaguara, 2000), segundo premio en el Concurso Anual de Literatura del MEC, protagonizada por un simpático apereá. Después llegaron Un misterio para el topo, El mandado del tatú y Un real y medio. Si bien en la mayoría de sus trabajos los "bichos" son las estrellas de la escena, para Leite una de sus creaciones más logradas es una versión de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, titulada Una historia para Alicia, que se publicó en Brasil y México pero no en Uruguay. "Acá no se editó porque les parecía muy complejo, pero yo lo trabajo en las escuelas y a los niños les encanta... Habla de la ficción, del autor, de la época victoriana y de la propia ficción", dice con orgullo.

Además, entre proyecto propio y proyecto propio siempre siguió ilustrando para otros autores, como Federico Roca (El "chou" de los lagartos, 2005), Sebastián Pedrozo (Gato con guantes, 2012) y el brasileño Ziraldo, para quien redibujó El pequeño planeta perdido y El planeta lila. En el camino, recorrió talleres, seminarios y capacitaciones en puntos tan distantes del globo como México, República Eslovaca y Emiratos Árabes.

—¿Cómo definirías tu estilo?

—En el caso de los animales, la mayoría son autóctonos y están humanizados. Es difícil de definir, pero una de las características de mis dibujos es el movimiento, busco mucho el movimiento de mis personajes y la composición de la página, siempre hay una especie de coreografía. Como uno pretende que los niños relean, trato de que el dibujo sea lo suficientemente rico como para que permita muchas lecturas.

Mundo de enseñanzas.

Si pudiera elegir, Leite pasaría las noches en vela escribiendo y dibujando. Pero la apuesta de no vivir a contracorriente la hizo modificar sus rutinas. Desde hace un tiempo intenta aprovechar la luz del día y no trabajar los sábados. En general, en el proceso creativo lo primero que surge es una "idea fuerte" que quiere transmitir. Le siguen los textos y por último los dibujos. Y aunque ese es el ideal, reconoce que muchas veces el producto final poco se parece a aquel concepto inicial. "El momento creativo es uno y el momento de edición es otro. No es tan fácil que una idea quede redonda, eso es lo que lleva más tiempo". Hoy, dice, como ayuda memoria utiliza el celular, donde registra conceptos o frases. Y de repente, recuerda que dejó una idea olvidada en su viejo teléfono.

Es que su día, desde marzo, es bastante intenso. A su agenda sumó la docencia en la Escuela N° 31, en la Aguada, una tarea que la tiene "maravillada". Allí Leite es la profesora de Arte, una clase que dicta a los alumnos de primero a sexto con la literatura como disparador de charlas, dibujos y emociones. "Los temas artísticos van a la esencia del individuo y por eso en estas clases aparecen todos los temas que más les importan a los niños", cuenta. En el aula, trabajó con la biblioteca Ceibal, autores clásicos como Horacio Quiroga, libros álbum —su propio "clásico" es El mandado del Tatú— y otras anónimas, como Las mil y una noches, una suerte de homenaje que le rindió a uno de sus alumnos, recientemente llegado de Siria.

Esta escuela, igual que muchas de las instituciones de la órbita pública, tiene sala de lectura pero no biblioteca. Ante ese escenario, Leite creó su propio sistema de préstamos, que crece semana a semana pero no da abasto. "Los libros no llegan espontáneamente a un niño, pero después de que se rompió el hielo ya está, ellos quieren más", asegura. "Yo los motivo a que se acerquen a leer, que no sea un objeto desconocido o que se usa solo para estudiar, que vean que puede ser un compañero de juegos y de la vida".

—¿Qué disfrutás más de la docencia?

Me tiene muy cautivada la docencia, desde el lugar de estimular la sensibilidad de los niños con la lectura y el aprender a ver, a no ser analfabetos visuales. Hay tantos discursos sobre la lectura de los niños, que si leen o no leen, pero mi experiencia personal es que a los niños les encanta leer. Y de la mano de un adulto que los estimule, es una experiencia de descubrimiento fantástica. Cuando uno tiene la posibilidad de motivar a los chiquitos a leer me parece que es un regalo total. Si un niño queda amigo de los libros ya está, ganaste la batalla.

SUS COSAS.

Un autor.

Elegir un solo escritor es una tarea harto difícil para Verónica Leite. Mirando y revolviendo las estanterías surgen los nombres de Roald Dahl, Isol, Beatrice Rodríguez y Ziraldo, referente indiscutido para ella. "Es uno de los genios. Aunque él se define más como ilustrador, para mí su lugar de escritor es más fuerte, original y trascendente".

Un sonido.

Para concentrarse en el trabajo tiene que haber "buena luz y algo para escuchar", dice. La radio es, sin duda, su gran compañera. Antes elegía música, pero a falta de tiempo para informarse últimamente bucea entre los programas periodísticos, desde No toquen nada de Océano FM hasta Rompekbezas de El Espectador y Efecto Mariposa en el Sodre.

Una obra de arte.

La segunda de cuatro hermanos, Verónica nunca se cuestionó su vocación artística. "Todos fuimos para ese lado, recién de grande me di cuenta que podría haber hecho otra cosa", dice y ríe. Del universo de la plástica, elige los maestros italianos. Como docente, le ha mostrado la obra de Miguel Ángel y Leonardo Da Vinci a los niños.

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