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Miguel Ruiz, el escritor mexicano que es bestseller en Estados Unidos 

Nació en México, vive en Estados Unidos, se inspira en tradiciones y saberes indígenas y es una suerte de guía espiritual para muchos, sobre todo para famosos y figuras influyentes.

Miguel Ruiz
Miguel Ruiz.

Surgió, como sucede a veces, casi que de la nada. Un día era un ignoto y al otro ya era un bestseller invitado a importantes programas de televisión. Al menos eso parece desde acá, donde no es tan conocido como otros de su estirpe, como Paulo Coelho, Osho, Tony Robbins y Wayne Dyer, por mencionar algunos.

Miguel Ruiz es de esos escritores que transmiten mensajes de optimismo, motivación y superación personal. Autoayuda, vamos. Y, se sabe, no son escritores que gocen de ese elusiva cualidad que llamamos prestigio. Más bien, son famosos, exitosos comercialmente e influyentes.

Lo que distinguiría a Ruiz del lote recién mencionado es un origen que parece humilde. Parece porque al indagar sobre Ruiz en distintos lugares de Internet es difícil hallar algo que eche una luz más o menos matizada sobre sus orígenes y las condiciones en las que creció. Más bien, todo lo que se encuentra parece pensado y redactado por agentes de prensa y publicistas: una historia cuidadosamente narrada en la que se destaca, constantemente, la superación de Ruiz para llegar a llevar el “Don” cada vez que se lo menciona, todos los millones de ejemplares que vendió y las decenas de idiomas a los que su libro más famoso —Los cuatro acuerdos, publicado por primera vez en 1997— ha sido traducido.

En ese relato, aparece una infancia en un México “rural” (ni siquiera en Wikipedia figura la localidad exacta) y la friolera de 13 hermanos, de los cuales Miguel era el más pequeño.

Seguimos en el mismo relato y en él hay un salto temporal importante: de repente Miguel Ruiz ya no es el menor de 13 hermanos. Ahora es un joven recibido de cirujano, que comienza a ejercer junto a uno de sus hermanos en la ciudad de Tijuana. Otro salto en el tiempo y ahora Ruiz sufre un hecho que altera radicalmente su existencia: un accidente de tránsito lo coloca al borde de la muerte.

Al parecer, ese roce con La Parca lo impulsa a un volantazo vital. Ruiz deja atrás la cirugía y se pone a escribir sobre algunas de las preguntas e incertidumbres que ese vistazo al fin de la existencia le hace vislumbrar.

El primer paso de Ruiz en su nuevo sendero no puede ser más auspicioso. El libro Los cuatro acuerdos es un rotundísimo éxito de ventas: millones de ejemplares se venden como pan caliente y el apellido del escritor no demora demasiado en convertirse en eso que los angloparlantes denominan “household name”, o sea un nombre que está presente en todos los hogares.

El término en inglés no es antojadizo. A pesar de su nombre y su país de origen, la fama de Ruiz es, esencialmente, estadounidense y en inglés, no en español. De hecho, no hay una sola palabra en español en todo su sitio oficial (él, en tanto, reside en algún lugar del estado de Nevada, que no queda en México).

Ese libro lo lleva a programas como el de Oprah Winfrey. Una presencia ahí es un notable amplificador de fama y éxito, además de que también es una legitimación para que otros famosos se acerquen y así se reproduzca el ciclo de reconocimiento y repercusión.

Esos cuatro acuerdos a los que se refiere Ruiz en su libro (y en todas las charlas, entrevistas, artículos y apariciones televisivas) empiezan por “sé impecable con tu palabra” (o sea: haz lo que dices que harás). En una nota televisiva para el canal Univision en 2015, el propio Ruiz dice que esa primera máxima es la más importante de todas. “Porque tú eres tu palabra”. Luego vienen “no te tomes nada personalmente”, “no hagas suposiciones” y, finalmente, “realiza siempre tu mejor esfuerzo”.

Con esos postulados —sencillos de decir pero difíciles de cumplir— Ruiz se consolidó como una suerte de gurú de vida o coach existencial, capaz de inspirar y motivar a otros, en particular gente exitosa. Un ejemplo es el deportista estadounidense Tom Brady, una de las grandes figuras del “fútbol americano” que hace un tiempo declaró que el libro de Ruiz era el “mantra” de su vida. De acuerdo a Brady, las páginas de Ruiz le enseñaron a “delegar, ser más honesto y aceptar cuando las cosas no resultan tal y como las planeas”.

El éxito de ese libro lo sigue marcando. Aunque ha escrito muchos títulos más, por su cuenta o junto a otros, el debut tuve tanto impacto que sigue reverberando casi 25 años después de publicado, más de 10 millones de ejemplares vendidos y traducciones a más de 40 idiomas.

El accidente de tránsito no fue la única desgracia que ha tenido. Hace casi 20 años, estuvo en coma varios días. Se recuperó y sacó otro libro: "El arte tolteca de la vida" y la muerte. En el título de ese libro hay otra clave de la singularidad de Ruiz: lo tolteca como rasgo a destacar. El estilo del mexicano emplea la palabra no desde el rigor histórico para designar las particularidades de esa cultura. Más bien, Ruiz se vale del vocablo como un significante de imprecisas y genéricas creencias indígenas que pueden servir de inspiración para apaciguar el frenesí de la vida posmoderna, urbana y digital.

Hace poco, Ruiz publicó el decimocuarto título de su bibliografía: "Eros - Retorno al amor incondicional", escrito junto a su socia Barbara Emrys.

Miguel Ruiz - Barbara Emrys
Miguel Ruiz - Barbara Emrys

El nombre del libro puede llevar a pensar en la concepción más romántica y “occidental” del amor, con su insistencia y exigencia de la exclusividad y la incondicionalidad (una vez que se cumplan, paradójicamente, ciertas condiciones) en las relaciones amorosas.

Sin embargo, ya en la tapa del libro hay una imagen que no es compatible con esa noción del amor: una mano “frena” las flechas con las que Eros, en la mitología griega, cautiva los corazones de futuros amantes.

En realidad, afirma Ruiz, esa concepción del amor es fruto de una serie de historias que nos cuentan desde que nacemos y que luego nos contamos a nosotros mismos. “Nos contamos historias para que nuestra realidad nos parezca un poco más real (...) Llevamos miles de años contando historias a otros seres humanos para comunicar cosas y para entretenernos. Y al margen de cómo las contemos, cada historia se compone de los mismos componentes esenciales. Tiene su inicio y su final. Sus diálogos y giros. Y sus héroes y villanos”.

Ruiz toma prestado conceptos de la Programación Neurolingüística (PNL) cuando escribe sobre historias que se “programan” en el cerebro y luego influyen sobre las concepciones del mundo y cómo estas luego intervienen sobre el comportamiento. En resumen: si a uno le “programan” ciertas ideas durante la infancia, esas ideas tendrán una importante influencia en la adultez y pueden moldear los comportamientos tanto para bien como para mal. Pero no solo: uno podría “reprogramarse” para cambiar los circuitos integrados de la mente.

Por eso, sostiene el mexicano, es posible adquirir una concepción diferente del amor, una que no sea romántica, sino más generosa y realista.

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