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Miguel Herrán, detrás del personaje

El actor saltó a la escena internacional con La casa de papel, pero el rol que lo marcó fue otro, porque le dio su primer Goya y le salvó la vida.

Miguel Herrán
Miguel Herrán

Miguel Herrán es —en palabras de españoles— un crío. Con 22 años, su fisonomía y su carácter le juegan un montón a favor para interpretar a un adolescente, por lo menos cuatro años más joven, como lo es Christian, el rebelde de los novatos becados del colegio Las Encinas. Christian es uno de los personajes principales de Élite, la segunda producción española original de Netflix, y en la promoción de esta serie la plataforma hizo sonar fuerte el nombre del actor: porque Miguel Herrán venía de un éxito rotundo como Río en La casa de papel.

Miguel es un chiquilín, un gurí, un niño adulto. Tiene 22 años pero mirarlo y escucharlo es percibir, sentir a un chiquillo lleno de sueños: el de ahorrar lo suficiente como para abrir su propio taller de bicicletas que sirva de “colchón” por si acaso no funciona la carrera en la actuación. El de poder hacer cine, de crecer y creer en la profesión que, hace ahora un par de años, lo eligió como por golpe del destino. Que Miguel Herrán tenga 22 años y se siga viendo como un niño puede tener que ver con que eso de los sueños y de la profesión y del futuro es algo relativamente nuevo en su vida. Relativo porque después de La Casa de papel o de Élite (los dos trabajos que lo hicieron llegar al público masivo) uno pensaría que detrás hay carrera y que hay vocación de una vida entera. Pero no.

Miguel Herrán
Vea el discurso de Miguel Herrán en los Goya 2016

“Yo creía en el destino (...) Pensaba que estaba destinado a morirme antes de los 30 años. En el mejor de mis sueños yo me veía en un taller mecánico. Te estoy hablando en el mejor de los casos, que es si yo me hubiera puesto a estudiar. Pero, vamos, yo iba directamente a vivir en la calle”, fueron las palabras de Miguel en una entrevista del 2016 con el periódico La voz de Málaga. Lo mismo, pero con otras palabras o con otros tonos ha contado sin parar en cada entrevista que da. Fue desde los Premios Goya, cuando por su primer papel en A cambio de nada, de 2015, se llevó también su primer busto (hasta ahora el único) como revelación y dejó a todos conmocionados en la platea porque allí declaró su amor al cine, a su madre y al director, Daniel Guzmán, que, como dijo, le dio una vida.

Había nobleza

“Dicen que soy noble, y que eso se nota en la mirada”, respondió Miguel a Fotogramas cuando le preguntaron por una virtud. Habrá sido esa nobleza lo que percibió Daniel Guzmán para elegirlo como protagonista de su segunda película (estuvo 10 años escribiendo el guion) después de verlo en la calle en la madrugada de un martes tomando cerveza con amigos. Por ese entonces su vida podía resumirse en eso: “Yo era un ni-ni; cuando haces nada y te apetece nada”, comentó el actor en el programa de televisión española laSexta Noche. Daniel los vio, les dijo que estaba buscando a alguien para su próxima película y se quedó con un contacto del chico. Miguel fue a un par de castings que nunca se tomó en serio, pero Daniel volvió a ver algo en él. El chico también se tomó las cosas a la ligera cuando arrancó el rodaje y el director volvió a confiar. “Casi jodo la película, casi no se hace. Pero Daniel confió en mí y al confiar en mí después de que había jodido tanto decidí dejarlo todo de lado (…) me encerré y me convertí en Darío”.

Élite. Foto: Netflix
Élite. Foto: Netflix

Lo que sucedió también en ese entonces fue que Miguel comprendió al personaje, y aunque sus vidas tenían matices distintos, se sintió identificado. Las circunstancias habían llevado tanto a Darío como a Miguel a perderse, a marginarse y enojarse con el mundo. Por suerte para el actor estaba su madre que nunca dejó de creer en él, a pesar de todo (“yo pensaba que si me iba de este mundo mi madre podría estar mejor y tener menos problemas”, confesó al diario El Español) y estaba Daniel, que se lo cruzaría aquella noche para mostrarle una vocación posible. Algo por lo que vivir. “Has conseguido que un chaval sin ilusiones, sin ganas de estudiar, sin ganas de nada, quiera trabajar y se agarre a esta vida nueva como si no hubiera otra. Me has dado una vida, Daniel”, dijo en los Goya.

A Miguel Herrán todavía se lo ve como un niño. Se saca fotos con un huevo solo para divertir a sus redes sociales y ser parte del tema del momento, y no para de coleccionar motocicletas, pero como dijo su madre cuando bajó del escenario de los Goya: ha madurado. Será porque sabe lo que puede ser la vida sin sueños y sin ganas, pero todo ideal que tiene está atado a una pata real, a una búsqueda de futuro que, de alguna manera, encauza aquel golpe del destino que significó el encuentro con Daniel Guzmán. Hoy, Miguel Herrán reconoce todo lo que hizo su madre por él y se lo devuelve, en hazañas y en cariño. Pero hoy Miguel Herrán también sabe que si no se mueve con cautela, se puede marear y terminar por tirar todo abajo: “Va todo tan rápido... no sé qué va a pasar. A veces pienso que la voy a cagar y lo voy a perder todo (…). Es que a mí todo esto me está cambiando la personalidad. Yo ya no trato a la gente como la trataba antes, porque a mí la gente ya no me trata como me trataba antes. Puede que llegue un momento en que me vuelva loco, coja mi furgoneta y me vaya a cultivar palmeras a una isla”, dijo a Esquire. Pero entonces el chico que no quería estudiar se desveló en un actor aplicado que ya hizo el Laboratorio William Layton y una carrera en la Central de Cine de Madrid. Desde Darío, y además de los éxitos que son Río y Christian, también ha seguido con el cine y, si todo sale bien, en sus planes está hacer un posgrado en actuación. Así que su más nueva versión, la del chico con aspiraciones y gusto por la vida, sigue al firme.

"La casa de papel" y "Élite"

Sus dos éxitos del streaming y la televisión

En La Casa de papel  Miguel Herrán interpreta a Río, uno de los asaltantes más jóvenes del clan y el que vive una historia de amor en medio del embrollo con Tokyo. A la vista de todos (el público y los demás personajes) parece el más débil. En Élite, el actor es Christian, un chico de clase baja que cuando ingresa a un colegio de niños ricos ve una puerta para saltar en la vida, aunque sin perder su personalidad. Se transforma en el tercero en discordia en la relación entre Carla y Polo. Algo que termina por ser una relación de a tres, entre juegos de manipulaciones, libertad sexual y proyecciones personales.

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