Cabeza de turco I washington abdala

Mi celular y yo

El Wi-Fi para conectar mi celular es más importante que el recuerdo de mi abuelita y mi perro Pepe. Hemos logrado la magia de tener más teléfonos celulares que personas en este país. Y ya es cuestión de "status" ser portador de alguna marca de teléfonos móviles. Antes te discriminaban si no tenías Levis, en el presente si no tenés "tal" marca no "sos".

WASHINGTON ABDALA

La gente vive prendida de sus celulares. Sus vidas pasan por allí. Ahora, con el WhatsApp la locura es perfecta. Y solo los de la tercera edad no entienden lo que está sucediendo. Ellos, al no ser nativos y estar viejitos para adaptarse, ya no se prenden a este salto tecnológico. No pueden. Son los sobrevivientes de un paleolítico donde la tecnología los muele a palos.

Los negocios vuelan por los celulares, los correos electrónicos se leen desde allí, las pruebas de un juicio se mandan desde esos aparatitos. ¿Entendés que todo pasa por allí? Los besos van por SMS y las rupturas afectivas se hacen delante de una pantallita con letras y numeritos. Y chau, a la francesa: fuiste. Se fue el amor. Suerte en pila.

Las redes sociales las vemos y las movemos desde los teléfonos. Este es el mundo actual. Y si te negás a sintonizar esta frecuencia sos un inadaptado porque te crees "original" y en el fondo asumiste tu condición de "paria".

Los videitos santos y "non sanctos" vienen por Internet y saltan a los celulares. Y el que te los manda no sabe que no los querés recibir (¿No los querés recibir?) Los teens se seducen por celular, se arman barras de "populares" entre ellos y se borran desde allí. La pornografía viaja por los celulares. No existe varón que no le pase a otro varoncito —de edades entre 12 a 95 años— videos de mujeres vestidas como Dios las trajo al mundo y haciendo "picardías". No conozco todo el comportamiento femenino, pero algo me dice que —aunque la tasa de utilización sea menor— igualmente andan corriendo videítos parecidos por allí (Los videos de la actriz argentina —famosa en comedias— haciendo sus cosillas hace unos años fue un hit en los celulares de los hombres. ¿Miento?).

Leo una aplicación para el iPhone que lo transforma en "vibrador erótico" con similar seriedad que la aplicación que ayuda a los diabéticos a vivir con su enfermedad. ¿Me comprendiste bien? El mismo teléfono que usas para hablar con mami lo podés usar con tu novio para jueguitos sexuales. ¡Brrrrrr! ¡Brrrrrr! ¿Cómo saltamos a esto? ¿Dónde me perdí el capítulo de la posmodernidad en clave de locura?

La gente está en una conversación y se distrae mirando el celular. ¡Eso es mala educación! En los teatros y en los cines los celulares suenan a pesar de que se le pide, exige y ruega a los espectadores que los silencien. Pero no, mucha gente es burra. Estoy dando las clases de facultad y le solicito a los chicos que silencien a los bichos malditos. Y siempre alguno se olvida y zás, suena el muy perro.

Te llegan los SMS del Estado de manera permanente con ofertas absurdas de espectáculos que nunca irás y que algún sistema masivo (intrusivo) te manda eso. ¿Quién les dio el derecho a joderme con eso? Me llegan por celular llamadas de "sociedad de acompañantes" para cuando me empiece a morir y alguien me mire sin importarle un pito mi existencia. Llaman para ofrecerme dinero afirmando que soy afortunado por esa llamada (cretinos) y hasta algún que otro empleado de un cementerio privado ha conversado sobre lo maravilloso del lugar que tendría que adquirir para que mis restos fueran depositados en ese bendito lugar (otros cretinos). Es evidente que afanan bases de datos o las compran. Penoso todo. Y todo por celular, el maldito celular.

Sucede que el celular es "el" elemento identitario de una sociedad moderna que así se vincula aunque no entiende que la vida real que importa está del otro lado del teléfono. No somos el teléfono móvil. El celular tiene que ser un medio no un fin. Parte de la estupidez que vivimos es que lo transformamos en un fin. No nació para eso. Y nos está enloqueciendo demasiado.

Yo amo la modernidad pero a veces me saca, me sofoca y siento que se abusa de mi tonta buena fe (Humm… ¿quien me mandó esta fotito?).

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