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Las mejores zapatillas del mundo

Una ganó el Benois de la Danse, la otra fue elegida Mejor Bailarina de Gran Bretaña. María Noel Riccetto, Marianela Núñez y una charla sobre ballet, escenarios, esfuerzo, cultura y sueños.

María Noel Riccetto y Marianela Núñez
MANO A MANO: NÚÑEZ Y RICCETTO

Es como un amor, dicen. Y entonces, como en el amor, no encuentran una palabra que lo defina, que lo explique, que lo acerque a un concepto, a un sentimiento. Bailar es como un amor, dicen, pero en verdad es algo que está más allá de todo. Más allá de lo que cualquier persona pueda intentar comprender o imaginar. Porque es casi imposible entender cómo una bailarina puede girar más de 30 veces sobre la punta de un solo pie, cómo puede elevarse hasta flotar, sonreír cuando le duele cada músculo del cuerpo, seguir saltando a pesar de todo, entregarse, siempre, con todo lo que tiene, con todo lo que es. Por eso quizás ellas no lo puedan explicar. Por eso quizás la única forma de acercarse a una respuesta, a su verdad, es verlas en el escenario: porque cuando bailan, hay algo que sucede y no se vuelve a repetir; es un instante, un momento, la sensación de que para ellas no hay nada imposible, y por lo tanto, por contagio o por inercia, tampoco lo hay para nosotros.

"¿Qué es bailar para mí? Es la única pregunta que yo nunca puedo responder. Porque es más grande de lo que cualquier palabra pueda llegar a describir", dice Marianela Núñez, Primera Bailarina del Royal Ballet de Londres. "Yo a veces digo que la danza es mi vida, pero mi vida no es la danza. Ha sido mi vida, ha sido a lo que me he dedicado todo este tiempo, pero hay tantas otras cosas afuera que me forman también. No sé muy bien cómo explicarlo. Es... como un amor", cuenta María Noel Riccetto, Primera Bailarina del Ballet Nacional del Sodre (BNS).

Marianela llegó a Montevideo en agosto y se presentó en una gala en el Auditorio Nacional del Sodre. El espectáculo tuvo lugar dentro de una gira que la bailarina argentina realizó por distintos escenarios del mundo, para celebrar sus 20 años de carrera en el Royal Ballet.

Fue en los pasillos alfombrados, rojos, elegantes y silenciosos del Auditorio, que Domingo reunió a dos de las mejores bailarinas del mundo para hablar de ballet, escenarios, entrega y amor. Allí, María Noel Riccetto, ganadora del Benois de la Danse 2017, y Marianela Núñez, elegida recientemente Mejor Bailarina de Gran Bretaña, dijeron, como si decir fuese mucho más difícil que bailar, que la danza es como un amor: se siente, pero hay algo que no se puede explicar.

Un camino y otro final.

Era 1997 y había miedo y sueños. Sobre todo había sueños. Estaba llegando a una ciudad desconocida y lejos de su casa, de su familia y de sus amigos, solo para lograr lo que siempre había querido: ser una gran bailarina en una gran compañía. Marianela tenía 15 años cuando ingresó al Royal Ballet, del que nunca más se fue. Pero el camino hacia Londres no fue fácil. Bailaba desde los tres, cuando su mamá la inscribió en un instituto de San Martín, su barrio en Buenos Aires. Después pasó por el instituto de Adriana Stork y luego por el instituto del Teatro Colón, al que ingresó a los ocho. Un año antes, Marianela había decidido que quería bailar en un escenario para siempre.

Marianela Núñez, Primera Bailarina del Royal Ballet
Marianela Núñez, Primera Bailarina del Royal Ballet. Foto: Royal Opera House

El camino que ambas recorrieron tiene un principio similar y un final diferente, al menos geográficamente distinto. Como si para bailar o para ser grandes bailarinas no alcanzara con quedarse en la superficie, con hacer una clase y salir a jugar, con caerse y no volverlo a intentar, las dos se entregaron (se entregan) a su arte. Y esa fue la forma que encontraron, las dos, para lograr su sueño.

Era 1986. María Noel (38) tenía seis años y su familia quería buscar una actividad para que hiciera después del colegio. La inscribieron en la academia de Graciela Martínez (solo porque a su mamá le gustaba el ballet), que le dijo a sus padres que la llevaran a dar la prueba a la Escuela Nacional de Danza, que María Noel tenía condiciones. Audicionó, la eligieron e ingresó a los nueve; ahí empezó una vida de horarios que no se parecía en nada a la de una niña cualquiera: de un lugar a otro, almorzando en el auto, dejando de hacer otras cosas solo por bailar. A los 18 se fue becada a Carolina del Norte y, aunque todos pensaron que iba a volver rápido, se quedó en Estados Unidos durante 12 años, siendo solista del American Ballet Theatre, una de las mejores compañías del mundo.

—Para llegar a donde llegaron ustedes, es decir, a estar en lo más alto de la danza mundial, ¿hay que seguir el camino de la entrega y el sacrificio?

—Marianela: Yo creo que no hay una receta para llegar a un lugar.

María Noel: Claro, no hay una única manera ni una correcta.

Marianela: Exacto. Yo creo que cada uno va encontrando su camino, va encontrando el destino de llegada, no hay algo como para decir: esta es la fórmula del éxito. Éxito no es una palabra que en lo personal me guste. Realmente yo creo que cuando uno encuentra una vocación, un llamado, el éxito no lo es todo. Ya encontrar una vocación desde tan chiquita, poder desarrollarla y poder sacar frutos de eso, para mí es un regalo que viene de arriba.

—María Noel: A mí me hablan de sacrificio y yo siempre digo lo mismo, que a veces hacer lo que a uno le gusta no es sacrificado. Nosotras elegimos pasar ocho horas en un teatro o agarradas de la barra. Esa sería para mí la definición de éxito, estar feliz con lo que uno hace, sentirse completa, ¿no?

María Noel Riccetto, durante La viuda alegre
María Noel Riccetto, durante La viuda alegre. Foto: BNS

Pregunta, María Noel, como para afirmar que sí, que está bien ser feliz haciendo lo que elegimos, que a veces elegir no es fácil y que poder dedicarse a eso, seguir, llenarse y crecer hasta ser una figura, en un mundo tan particular como el de la danza, tampoco es sencillo. Por eso, quizás, ellas son quienes son. Porque hay generaciones enteras de bailarines, porque hay niños y niñas y jóvenes mirando cómo giran, cómo hacen para hacerlo tan rápido y para mantener el equilibrio tanto tiempo; pero también, mirándolas a ellas, más allá de las zapatillas y el tutú.

—¿Se sienten referentes de la danza en Uruguay y en Argentina?

—Marianela: No sé. Es medio difícil hablar de una misma como referente, realmente no lo sé. Pero por ejemplo, en 2014 empezamos a hacer un proyecto en San Martín, en mi barrio en Buenos Aires, un lugar muy, muy humilde, con muchas dificultades. Cuando empezamos, hice una función y yo pensaba: no va a venir nadie, voy a bailar para mi familia; por suerte es grande. El estadio, con capacidad para 4.000 personas, se llenó, en un espectáculo con entrada libre y gratuita.

Pero el proyecto de Marianela con su lugar va más allá de una gala, que con los años se transformó en dos funciones con 8.000 espectadores que quieren verla de cerca. Además, es la madrina de la escuela municipal de San Martín, que tenía 80 alumnas, ahora tiene más de 700, y visita cada vez que puede. "Yo a las niñas las veo una o dos veces por año y le brillan los ojitos cuando nos vemos. Me están esperando, preguntan cuándo voy, y las invito a verme a la función. Intento año a año dejar mi semillita ahí. Porque realmente esos chicos lo necesitan. Solamente el estar conectados con el arte les hace bien, los ayuda mucho, creo que ese es mi aporte".

En el caso de María Noel, para nosotros, uruguayos, ya resulta una obviedad decir que es una referente. "Yo estoy superagradecida de que se me reconozca por ser bailarina. Sobre todo acá en Uruguay. Antes nadie iba por la calle y decía: ella es bailarina. El referente es siempre un jugador de fútbol. Y que sepan quién soy, habiendo hecho ballet, nunca me lo imaginé y lo atesoro mucho". Dice que está orgullosa de su carrera y de su profesión, de lo que se logró con el ballet en el país. "Me doy cuenta de lo que uno puede lograr con esta carrera; para nosotras, venir al teatro, agarrarnos de la barra, hacer una clase, maquillarnos, ponernos el tutú y salir a bailar, es algo de todos los días y la respuesta de la gente es maravillosa. Lo que generamos haciendo algo que nosotros amamos, no sé, es increíble".

—¿Se está dando una reconversión del ballet, tanto en Uruguay con Julio Bocca e Igor Yebra y en Argentina con Paloma Herrera al frente del Ballet del Teatro Colón? ¿Hay ahora un interés mayor por las compañías sudamericanas?

—María Noel: Sí, yo creo que sí. Un bailarín o un egresado de la Escuela Nacional de Danza busca tener un repertorio maravilloso, un teatro donde satisfacer esa necesidad del artista, ¿no? Y ahora acá tienen todo eso.

—Marianela: Lo que hizo Julio acá fue realmente increíble. En el caso del Colón es un poco diferente, porque tiene una compañía increíble desde hace mucho tiempo, que tiene una historia fuerte. El problema con el teatro, creo yo, aunque me fui muy chica y no lo viví, es que muchas de las dificultades del país, de Argentina, siempre repercuten, y en lo primero que repercuten es en la cultura. Siempre hay problemitas golpeando al teatro, pero así y todo, la compañía de ballet siempre está firme, luchándola. En este momento Paloma está haciendo un trabajo increíble, ha subido la cantidad de funciones y trae mucho repertorio de afuera, pero yo creo que cada persona que está ahí ha intentado mantenerlo.

—María Noel: Es que acá en Uruguay pasó lo mismo en realidad. Cuando se incendió el teatro, se quedaron sin casa. El Sodre es una compañía de más de 80 años, que tuvo su público, su auge, una época de oro, pero yo a eso no lo vi; yo lo que vi fue una compañía con poquísimos recursos y un teatro que no existía, a los bailarines los movían de un lado a otro, se perdió el público, se perdió el interés. Pero también fueron generaciones de bailarines que lucharon por y para todo. Eso pasa mucho en la región, los problemas son mayores que en otros lados y la cultura es la más golpeada.

En Londres y en Nueva York todo es diferente. Allí los bailarines están para bailar y para no preocuparse por nada más, porque, en definitiva, los problemas que no tienen que ver con el escenario, les son casi siempre ajenos. Allí, dicen, es otro mundo. "Pero también está bueno poder compartir cómo se hacen las cosas en esos lugares, qué es lo que vivís en el día a día en Londres o lo que yo viví en Nueva York. Si se puede hacer así, ¿por qué no lo intentamos acá? ¿Por qué no programamos con anticipación? ¿Por qué no nos anticipamos así no nos tenemos que enfrentar a tal situación?", reflexiona María Noel, que siempre supo que tarde o temprano iba a regresar a Uruguay. Que estar cerca de los suyos es su lugar en el mundo, que el sueño no se terminaba fuera del escenario del American Ballet Theatre, aunque no imaginó, nunca, todo lo que le iba a suceder en Uruguay, pero esa ya es una historia conocida. Marianela, en tanto, sabe que su lugar en el mundo está en Londres, aunque esté siempre pendiente de su país, de su barrio, de las niñas que la esperan; aunque vuelva a bailar a Argentina cada año y cada vez que puede.

Las dos tienen sueños, arriba y abajo del escenario. Como bailarina, a María Noel le queda, al menos, un deseo: bailar Manon. "Es un título que me quiero meter en el bolsillo antes de retirarme". Como bailarina, Marianela dice que todavía está llena de sueños, que todavía tiene un "montón por aprender y crecer como artista". Las dos quieren seguir haciendo cosas para que en sus países, la danza y la cultura crezcan; saben que van por buen camino, aunque falta mucho por recorrer; saben lo que tienen que hacer y hacia dónde quieren ir. Saben girar, saltar, flotar, volar, reír, llorar, enloquecer, enamorarse. Saben dejarlo todo cuando se trata del escenario. ¿Qué es bailar? Es lo único que no saben explicar. Es como un amor, dicen. Pero en verdad es algo que está más allá de todo.

El proyecto fuera del escenario

María Noel Riccetto tiene el proyecto de su escuela de danzas
María Noel Riccetto tiene el proyecto de su escuela de danzas. Foto: D. Borrelli

Desde comienzos de este año, María Noel Riccetto abrió su propia escuela de danza, en la que tiene varios proyectos. "Ahora estoy con unos proyectos de danza inclusiva, pero también tengo uno de danza para niños varones, para abrir la cabeza y que se sepa que el ballet puede ayudar en muchísimas otras disciplinas". Además, está haciendo un curso en la Escuela de Negocios de Columbia University (EE.UU.) en un programa para emprendedores latinoamericanos. "Todo esto me hizo ver que pueden suceder otras cosas también abajo del escenario".

Cruzadas: valentía y corazón, lo que dice una de la otra

Marianela se presentó en Montevideo en agosto, en una gala en el Auditorio
Marianela se presentó en Montevideo en agosto, en una gala en el Auditorio. Foto: D. Borrelli

Si le tuviesen que contar a alguien que no conoce, quién es Marianela y quién María Noel, ¿qué dirían?

—María Noel: Marianela es una artista con todas las letras. No hay dudas de que ama lo que hace, su entrega es siempre al cien por ciento, y yo creo que al mirarla bailar uno reafirma el por qué baila. A ella la ves sonreír o interpretar desde el momento en el que sale a escena hasta que sale del escenario. Y tiene una humildad enorme. Yo he conocido a muchas bailarinas con un ego gigante y con actitudes que de repente no comparto para nada, aunque me encante verlas bailar. Pero la función dura una hora y media, dos horas, después queda con lo que seguís en la vida. Entonces es lindo ver a una persona como ella, que se firma 200 autógrafos a la salida de la función y después charla conmigo, contigo, con cualquiera, como si nada.

—Marianela: Con María tenemos unos conocidos en común y me acuerdo que me contaron que iba a ir una uruguaya al American y un poco de su historia, y desde ahí me parece, primero, que es una persona muy valiente. Se fue a Nueva York siendo muy chiquita, a una compañía muy grande, a empezar una vida de cero, donde nadie la conocía; hay que tener mucho valor para hacer eso. Y al mismo tiempo, tuvo el mismo valor de dejar una supervida allá y volver al comienzo de todo, apostó a su país y vino a dar todo lo que aprendió. Eso habla de una persona con mucho valor y sobre todo, mucha generosidad: vino y se entregó a su país, vino a liderar una compañía, es una mujer muy inteligente. Y como artista, ustedes la tienen acá, es increíble y no se esconde nada en el escenario. Deja todo, y eso se ve.

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