EL PERSONAJE i NATALIA OREIRO

“Soy mejor actriz hoy que hace veinte años”

La actriz y cantante prefiere hablar de vocación y no de carrera. Cumplió el sueño de protagonizar a Gilda y estrena documental propio. En el camino, los riesgos son la constante.

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"Con Gilda yo tenía claro que no quería hacer una película que fuera un hit", dice Oreiro.

DANIELA BLUTH

"Con los años lo que yo intento es crecer, no envejecer", dice Natalia Oreiro, 39 años y un look de 20: sweater de algodón, jean nevado, calzado deportivo, parka de paño y el pelo recogido en un moño. En la recepción de la productora La Mayor, en Parque Rodó, son varios los que la esperan. Al equipo de ANDA, para quien está grabando una nueva campaña, se sumaron representantes de la agencia de publicidad Gurisa y de la ONG Giraluna. La actriz llega con casi una hora de retraso y la misma sonrisa que muestra en la pantalla. La responsabilidad fue del tráfico y las rutinas domésticas, esas que retoma en la casa de sus padres, ahora en Punta Gorda.

La artista más internacional que tiene Uruguay viene de semanas agitadas y la esperan otras más. Pero parece no perder la calma. Tras el fin de semana de rodaje, se subirá a un avión rumbo a Rusia, donde presentará su documental Nasha Natasha. A Uruguay tiene previsto volver varias veces más en el 2016, con el estreno de Gilda en la mira. Pese a la agenda llena dice que nunca se tomó la actuación como un trabajo y allí radica buena parte del disfrute. "La palabra carrera tampoco me gusta, parece que uno está corriendo detrás de algo. Yo lo llamaría vocación. Y es mi modo de vida".

—Varios proyectos profesionales te siguen trayendo seguido a Uruguay. ¿Qué sentís cada vez que volvés?

—Cuando era chica con mi familia nos fuimos a vivir dos años a España y a los 16 ya me fui para Buenos Aires, con lo cual hace 21 o 22 años que vivo afuera, pero es muy loco porque el sentimiento interno es que viví muchos más años en Uruguay, mi referencia es esta. Con mi marido tenemos un campito en Carmelo y siempre mis vacaciones son ahí. El rodaje de Gilda terminó un sábado al mediodía y a la noche ya estaba en Carmelo. Hace tiempo que ando con ganas de mudarme de Buenos Aires capital y siempre me digo: O me mudo cerca del río o me vuelvo a Montevideo.

—¿Lo estás evaluando realmente?

—Sí, todo el tiempo. Quizás ahora no es el momento, pero estoy segura de que en algunos años, no sé si cinco o diez... porque tiene que ver con mi esencia. Me encanta Argentina porque ahí generé las bases afectivas de la elección. En Buenos Aires tengo mis amigos, mi profesión, mi pareja, mi hijo, pero hay algo que es difícil poner en palabras y tiene que ver con esa sensación de pertenencia, de sentir que es mi lugar.

—¿Disfrutás por igual haciendo cine que publicidad?

—Claramente son proyectos distintos. Yo comencé haciendo publicidad, no es que empecé a hacerla a partir de ser un personaje conocido, para mí es algo natural. En relación a la publicidad, soy muy cuidadosa con la selección, me tengo que identificar con el producto, porque como no soy modelo, sé que la gente le presta atención a lo que yo promociono desde el cariño que me tiene por mis personajes.

—¿Rechazaste muchas ofertas?

—Sí, muchas, muchas, y las más interesantes económicamente. Sin decir marcas, fueron varias relacionadas con la maternidad, pañales y también las leches de complemento… Y yo decía: ¿Por qué me buscás a mí?. Había hecho la campaña por la lactancia materna, ¡por eso me buscaban! Soy una defensora muy fuerte de la lactancia extendida y entiendo que en algunos casos el complemento es necesario, no soy una negadora, pero no quiero representar algo que no va con mis valores. Yo usé pañales descartables pero intenté no usarlos. Probé con unos de tela y me volví loca. Una cosa es que yo lo haya intentado y no me haya funcionado, y otra cosa es promoverlos, que no está mal, pero no me sentiría cómoda. Lo estaría haciendo exclusivamente por el dinero, y no.

—¿Cómo viviste el rodaje de Gilda, una especie de sueño cumplido?

—Fue intenso y un sueño, muy loco. Me llevó muchos años conseguirlo y creo que estuvo bien porque la edad y la experiencia como actriz, inclusive la maternidad, me dieron herramientas para interpretar a una mujer con unas características que si lo hubiera hecho hace diez o quince años no hubiera tenido la profundidad suficiente. La película es un melodrama que tiene sus momentos de alegría y de música. Lo que nosotros queremos es mostrar lo que Gilda, a 20 años de su muerte, sigue provocando en la gente que escucha su música. Pero nuestro mayor desafío es mostrar quién fue Miriam, la mamá, la maestra, la persona. Y cómo una mujer, a los 30 años, de estrato social medio alto, entró en la cumbia en un momento en que la cumbia no entraba en capital, no era aceptada socialmente. Y cuando empezó a lograr su sueño… se murió. Gilda es una artista transgeneracional y transcultural, atravesó 20 años, todo el mundo sabe quién es, conocen sus canciones, la han homenajeado desde el rock, la cantan en las canchas. Para mí es un proyecto de mucha responsabilidad, porque además es la primera vez que interpreto a alguien que existió.

—¿Participaste en el guión?

—No participé desde la escritura pero sí desde el aporte de opinión. Yo tenía muy claro que no quería hacer una película hitera, porque para hits están sus canciones. Para mí esta película tenía que ser un hecho cinematográfico y que en cualquier país donde no conocieran a Gilda contara una historia. Y lo conseguimos.

—Por estos días vas a viajar a Rusia a presentar Nasha Natasha, de Martín Sastre. ¿Como es tener tu propio documental?

—Es raro porque es algo muy personal, es la primera vez que va a aparecer mi familia, mi hijo, que yo cuido con mucho recelo. Ricardo (Mollo) también aparece e hizo algo de la música. Lo que me pasa con los rusos tiene más que ver con el corazón, va más allá de la música, de las novelas, de los shows...hay algo en el vínculo, ellos me toman como una artista local. Y esto es como un homenaje a esa relación y a atravesar barreras culturales. Es una devolución al amor que ellos me dieron y a mis inicios, por eso está tan presente el Cerro, la casa de mi abuela, mis sueños de chica, lo que yo quería ser. También habla del esfuerzo, de ir tras los sueños pero desde el trabajo, no desde me tocó esto y tuve suerte.

—Acabás de ganar un Martín Fierro por tu papel en la telenovela Entre caníbales que te sorprendió. ¿Por qué?

—Lo que pasa es que yo estoy más acostumbrada a que el público me vea en proyectos dramáticos en el cine, como Wakolda o Infancia clandestina. Hacer televisión o películas es tan difícil, hay que lograr que se junten un montón de cosas. Este caso fue un personaje muy duro de representar, que abordé con mucho respeto y para el cual me entrevisté con muchas chicas que habían sido víctimas de violación y violencia. Trabajé con una psicóloga especialista porque diariamente tenía escenas de las que era muy difícil entrar y salir. Yo había dejado mucho y no me detuve a pensar si lo merecía o no. Fui y me sorprendió.

—Hoy, ¿estás en el lugar al que soñabas llegar de niña?

—Eso fue cambiando. Siempre soñé con ser actriz, nunca soñé con ser cantante... y me considero una actriz que canta. Me encanta salir de gira, pero sobre todo el contacto cara a cara, siempre quise eso, interpretar muchos personajes. A medida que fui creciendo iba buscando nuevos desafíos. Siempre fui una actriz de tomar riesgos, intenté correrme de los lugares más conocidos porque sentía que eso iba a ayudarme a construir un camino mucho más interesante y duradero. Y así he rechazado muchos personajes o proyectos que quizás hubieran sido más digeribles para el espectador. Yo naturalmente disfruto más de hacer comedia, tiene más que ver conmigo, pero para elegir la comedia necesito en el medio arriesgarme haciendo otras cosas. Y el cine siempre me dio más esa posibilidad. Pero tampoco llegué a ningún lado, estoy en formación, siento que hay muchas cosas por hacer. Me considero mucho mejor actriz hoy que hace 20 años y está en mí seguir mejorando o achancharme. En el momento en que sienta que me achanché me voy a convertir en una persona muy triste, porque está en mi naturaleza necesitar nuevos desafíos todo el tiempo, equivocarme y volver a intentarlo.

Una más en el Whatsapp.

"Soy una persona ordinaria con un trabajo extraordinario", dice Natalia Oreiro para responder cómo conviven en su rutina la maternidad con el cine, la tele y la publicidad. "La llevo como toda madre trabajadora. En lo cotidiano llevo y busco a mi hijo del jardín, tengo un grupo de WhatsApp con las madres, soy una más en ese sentido... Y comparto con ellas el hecho del trabajo. Hay compañeros de Ata que sus padres no pueden ir nunca a llevarlos o irlos a buscar por su trabajo, en ese punto soy una privilegiada. Si bien a veces tengo horarios difíciles o nocturnos, como en el rodaje de Gilda, que fueron ocho semanas y la mitad de noche, eso me permite estar más cansada de día pero compartir con él". Durante las horas de rodaje en Montevideo, Merlín Atahualpa, de 4 años, se fue a andar en el pony Pitufo al parque, un programa que le encanta.

En Rusia y de festival.

Esta semana la uruguaya desembarcará, como tantas otras veces, en Rusia. Pero esta vez es diferente: el documental Nasha Natasha, dirigido por su amigo Martín Sastre, se mostrará por primera vez al público en el Festival de Cine de Moscú, que se realizará hasta el 30 de este mes en el Teatro Rossaya de la capital rusa. Aunque todavía no hay fecha, también está previsto que este año se estrene en Uruguay. El documental registra la última gira de Oreiro a bordo del transiberiano por Rusia, un país donde se convirtió en estrella desde la época de Muñeca Brava, a fines de los 90. Pero el film además la muestra en su faceta más íntima y menos conocida. Allí está su familia, su primer profesor de teatro, sus amigas del liceo y su Cerro natal, protagonista del afiche. Los músicos y los editores de la película también son uruguayos.

SUS COSAS.

Sus autores.

Sin dudar nombra tres uruguayos "referentes": Juana de Ibarbourou, Horacio Quiroga y Eduardo Galeano, a quien conoció en el liceo y cuya obra Las venas abiertas de América Latina le valió más de una discusión con el profesor de historia. Se hizo "fanática" y tiene todos sus libros, incluso alguno autografiado por él.

Su película.

Podría nombrar cientos de películas que mira una y otra vez. Pero si tiene que quedarse solo con una, la elegida es Los puentes de Madison, una historia romántica y dramática que le encanta y la atrapa "por lo sencilla pero contundente y profunda". Entre las actrices su favorita es Cate Blanchet, versátil para el drama y la comedia.

Su música.

En la banda sonora de su vida suenan, sobre todo, el pop y el jazz, pero también el género titulado "ambient". Así, al disco Tutu de Miles Davis e Hijira de Joni Mitchell suma la serie Music for Airports de Brian Eno, que la acompañó en "momentos clave" de su vida, como el nacimiento de su hijo, Merlín Atahualpa.

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