columna - cabeza de turco

Ya me importan un bledo

Washington Abdala

Ya no pongo likes para quedar bien. Ya no leo a los que escriben (con pretensión de iluminarnos) porque sé que escribirán aburrido con sus petardos predecibles. Ya no miro las fotos de Instagram con las que algunos me quieren mostrar una vida estupenda porque tengo claro que mienten (como antes lo hacían en Facebook).

Ya no espero buena literatura de los que ganan el premio Nobel, automáticamente la obtención de ese logro los embriaga de chotez y les altera la mente (sugiero eliminar ese premio que funciona como un inhibidor del talento). Ya no banco más a la pléyade de “políticos-boutique” que vienen a poblar nuestra aldea mesocrática con palabrerío banal porque, total, como no ganarán dicen cualquier guasada y hay que oírlos con supuesta respetabilidad.

Ya no puedo ver CNN Internacional porque es una parodia de periodismo “demócrata” contra todo lo que viene del poder ejecutivo gringo, por cierto, siempre desmesurado, agresivo e histriónico pero no necesariamente alejado de la razón.

Ya no soporto más al primate de Maduro y su primo Ortega mintiendo a cara de perros mientras montan sus dictaduras —a la cubana— a fuerza de armas, grupos paramilitares y salvaje violación de los derechos humanos. ¡Denúncienlos alcahuetes!

Ya no le creo a todos los que me dicen: “Te voy a decir la verdad”, con lo cual me demuestran que antes me mataron a mentiras. Ya tampoco le creo a los que se consideran Catón y vienen a construir una nueva moral acá, o donde sea. Menos aún les creo a los que se consideraron impulsores de una refundación política y solo construyeron un saqueo vergonzoso que tendremos que pagar por sus ineptitudes, por sus amigos cleptócratas y por sus tontos a cargo de la nave que nos endeudaron a todos.

Ya no soporto que se diga que no se puede “sacar” a un funcionario público por su “inamovilidad”. ¡Falso! Si los tipos comen bizcochos, los metieron como ñoquis y no sirven para nada, en cualquier país en serio los remueven de una patada en los glúteos y los mandan a sus casas por ineptos!

Ya no soporto que ahora al final del mandato, aparezcan “justicieros”, apretando donde había que haberlo hecho hace años, procurando acorralar a los chorros y hasta con operativos “razzias” con destrozos de casas (¿O cómo se llama a esas intervenciones: “Acciones de pureza virginal”?). Si eso lo hacían los partidos fundacionales era “fascismo” pero como lo hacen “ellos” son “la bondad” y casi es una “política social” (¡no me jodan!).

Ya no soporto más a todos los que se hicieron ricos con la izquierda adentro del gobierno, cerca o en sintonía con el poder (o con el relato posmoderno) ufanándose del Che Guevara y todavía diciendo que son revolucionarios de Volvo o Mercedes Benz. No lo hagan, ofenden al mito y si reviviera Ernesto se les reiría en la cara y los escupiría por hipócritas. El cínico siempre se justifica pero es cínico a los ojos de la sociedad que así lo observa.

Ya no soporto más el careteo de algunos chorros connotados de la supuesta gauche caviar criolla de Rolex, aviones, whisky escocés y casas estupendas, diciendo que “verán qué hacen en el próximo período de gobierno”. ¡Verás de no ir preso mientras algún fiscal te corretee por allí! Ya no aguanto al honorable presidente Vázquez con sus prédicas moralinas. Tengo claro que está podrido y que se irá por la puerta de atrás, pero debería tener la dignidad de mantener el republicanismo hasta el final. Recuérdese cómo el Dr. Jorge Batlle —luego de la masacre que vivió— le puso la banda y bancó la toma con dignidad ejemplar.

En fin, ya no soporto mucha cosa y como me importa un bledo si molesto, afirmo con tranquilidad en lo que creo. Tampoco me hace mucho problema que coincidan o no conmigo. A esta altura mi pensamiento es propio y no lo cambia nada. Be happy.

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