Riki Musso

"Me gusta transmitir fotos de situaciones"

A los 50 años y retomando una carrera solista “desde cuatro” y no de cero, el músico asegura que, aunque no gane plata, hoy es feliz con lo que hace. Y no escuchó lo último del Cuarteto.

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Riki Musso, en su estudio, en su salsa (foto: Francisco Flores)

Hay poco lugar para moverse en el estudio "Tío Riki". "Esto es un caos... yo soy un caos", ríe el dueño de casa, Ricardo "Riki" Musso (50), músico, compositor y experto autodidacta en electrónica. Es un auténtico anfitrión: el estudio está ubicado en la Fundación de Arte Contemporáneo (FAC), en calle Maldonado, donde supo ser la casa de los Musso cuando niños. La habitación está llena de cables, tornillos, herramientas, guitarras, amplificadores, un biombo, álbumes de la Segunda Guerra Mundial y muchos lentes. "Tengo astigmatismo, hipermetropía y presbicia... sí, soy presbítero".

En la pantalla de su computadora está el circuito del compresor que él mismo se está arreglando. Muestra orgulloso su soldador JBC; dice que es buenísimo, que las puntas bañadas en plata son caras pero duran muchos años y que lo tiene desde los 18, cuando comenzó a interesarse en la electrónica. Estudió un año, pero básicamente aprendió por las suyas, leyendo Mecánica popular y textos como Aprenda electrónica en 15 días, Del electrón al superheterodino y una biblia en inglés llamada Handbook for sound engineers. Están entre los pocos libros que ha leído, incluyendo cosas como Tarzán de los Monos, en la casa de verano familiar en Piriápolis.

"Yo no leía nada. Ni de chico ni ahora grande. Odio leer. No veo. Siempre tuve mala vista y se me complica leer. Aparte soy medio disléxico y se me entreveran los renglones". Quien supiera ser el más freak de una banda que en su momento fue freak, quien en 2009 pegara un portazo y se fuera del Cuarteto de Nos en momentos que el grupo consolidaba su despegue internacional, quien ya solista editara uno de los mejores discos de 2014, ¡Formidable!, quien escribiera letras repletas de humor negrísimo, surrealista y ácido sobre niños que se travisten y prostituyen (Mabel), parapléjicos (No me puedo mover), lobotomizados (Ya te vas a mejorar) o zoofílicos (El apareamiento de la morsa), no abrevó en ningún manantial de literatura absurda.

"Mi cerebro está mal e invento esas cosas, simplemente", dice Riki, cuyo proceso compositivo, deja entrever, no tiene mayor ciencia. O sí. "La letra es una excusa para estar cantando. A mí las canciones me entran por la música y a veces no entiendo las letras. El cerebro arma el 70% con lo que ves y eso me pasa con las canciones. Yo uso frases que quizás no sean muy conexas entre sí, que parecen decir una historia pero no dicen nada, y el cerebro del oyente lo reconstruye, ¡de una manera muy parecida a como lo hizo el mío! A mí me gusta transmitir la foto de una situación, eso me parece más artístico que contar una historia".

Cosas nuevas.

Riki se ríe con eso de las letras inentendibles —"La gente dice: Qué buenas que son las letras de los Redondos. ¡Y no dicen absolutamente nada! ¡Son un montón de frases inconexas que parecen profundas! Y como no las entendés, ¡pensás que son inteligentes!"— pero ¡Formidable! fue un mojón.

Luego de producciones mucho más inclasificables como Farmacia (1993) o Servo (2006), realizadas en paralelo a su vieja banda, su último disco solista y primero post-Cuarteto le añade a sus rarezas habituales —porque eso es, por ejemplo, hacer un guiño a Winston Churchill o incluir balidos de oveja en medio de Se acabó lo que se daba, un samba enredo a lo Bezerra da Silva— una propuesta más convencional en un trabajo muy ecléctico, con guitarras crudas en Criminal y La estrella del baile, sonido pop e ironías pseudoambientalistas en Nuestro aporte o un carnavalito-twist ultra absurdo en La antorcha humana. Más convencional, claro está, según los parámetros de Riki Musso.

"Yo desde que me fui (del Cuarteto) estuve tocando, pasa que nadie me dio pelota... Yo no quería hacer un disco, pero fui juntando cosas... pasa que ya estaba haciendo algunos recitales y prepararlos me llevaba mucho tiempo, hacer videos y eso. Capaz que un espectáculo de 40 minutos me llevaba nueve meses de trabajo de diez horas... para vender 30 entradas. Yo fui a ver a grupos que me gustaban, como Beck o Franz Ferdinand, y me di cuenta que cuando hacían temas que no conocía, por más que estuvieran buenos, no sentía la misma emoción. ¡Me empecé a poner en el lugar del público! Me di cuenta que vos disfrutás más de una música que ya conocés. Entonces dije de hacer una música más digestiva y colgarla en la web, ¡así la gente la conocía!". Luego fue editado por Montevideo Music Group (ver nota aparte).

Por ese entonces, Riki le dijo al semanario Búsqueda que estaba buscando hacer plata con la música que lo hiciera feliz. ¿Misión cumplida? "La parte de la plata no, la música sí". Algo ha cambiado en la relación con el público. Si antes al reconocerlo la gente le decía cosas como "¡Volvé al Cuarteto!", ahora escucha frases que le suenan como caricias: "¡Formidable, Riki!" o "¡Muy bueno el disco!". "El otro día, luego un recital de Eté & los Problems, me para una chica y me dijo: Qué suerte que te fuiste del Cuarteto. Nunca me lo habían dicho. No sé qué habrá querido decir: si es que a ellos les va bien porque se libraron de mí o si le gusta lo que yo hago...".

Rumbos nuevos.

Riki Musso no usa reloj ni anillo. No los soporta. "Cuando me casé le dije a mi mujer que no podía tener nada. Me pone como claustrofóbico, se me hincha la mano... creo que no le gustó mucho". Vive en Malvín y es padre de dos hijas de 17 y 15 años. Tiene un chevette del año 88 que está "hecho pedazos y perdiendo aceite". Comenzó tocando la batería y luego pasó a la guitarra. No soporta a los virtuosos de guitarra y odia los solos. No cree que pueda vivir de la música; a lo sumo la tendrá como complemento a sus muchas tareas: da clases de Sonido en la Universidad ORT, es sonidista, tiene su estudio de grabación y un programa de radio, Servo, los miércoles a las 11 en Emisora del Sur. Tiene una banda nueva —Riki Musso y sus Formidables— con la que ya ha tocado en Punta del Este y Paysandú, va a telonear a La Vela Puerca en Montevideo y Buenos Aires en mayo y junio, y se presentará en la Sala Zitarrosa y el Florencio Sánchez. "Lo mío no es empezar de cero... es empezar de cuatro", dice y se ríe.

Acepta hablar del Cuarteto de Nos, banda que ayer se presentó en el Velódromo y a la que fundó en 1980 junto con su hermano mayor Roberto y Santiago Tavella, casi con resignación. "No me molesta hablar, pero me preguntás de una banda de la que me fui hace seis años...". Se fue luego de la grabación de Bipolar, disconforme con el rumbo musical que habían tomado. "Sé de ellos cuando sacan los discos. Al último (Habla tu espejo, 2014) no me dio para escucharlo entero", dice sin dudar. "Lo que está haciendo ahora el Cuarteto no me gusta, no le encuentro pies ni cabeza... no me gusta el hip hop ni la música electrónica", dice tajante.

Para muchos fans de la vieja guardia, Riki es el que conservó el espíritu original de la banda, irreverente, transgresor y surrealista. Él rechaza ese extremo. "No tengo ni idea cuál es el espíritu del Cuarteto. Los temas de Tavella tenían su estilo, los de mi hermano también y los míos eran completamente diferentes. Ahora se transformó en un solo estilo. Mi hermano mutó al hip hop, donde se quedó. Y Tavella sigue con sus cosas... aunque sin mucho espacio". Riki dice que la relación familiar entre los Musso sigue al firme, aunque no parece que el viejo grupo sea un buen tema de conversación para alguna reunión dominical.

—¿Nunca te arrepentiste de esa decisión? El Cuarteto ganó premios Grammy Latino, se hizo masivo, cruzó fronteras...

—Por los Grammy, no (risas). Capaz que por la plata sí, pero no estaría feliz haciendo esa música. Sacaba más plata, pero eran más las rabietas que me agarraba que las satisfacciones económicas.

—Sos un idealista...

—No, soy un enfermo mental. ¡Todos los días me lo dicen mis hijas!

—¿Y tu mujer qué te dijo?

—Nada. "Qué bien que hiciste". Naaa... me preguntó si lo había pensado bien, si me parecía. "Seee, me parece", le dije. Y no lo había pensado bien; estaba muy enojado y me fui.

GENTE MUY SOLIDARIA

El disco ¡Formidable! fue grabado por dos músicos, ambos exintegrantes del Cuarteto de Nos. A Riki Musso se le sumó Leonardo Baroncini, baterista original (participó del debut El Cuarteto de Nos/Alberto Wolf, de 1984) de la banda antes de emigrar hacia Los Tontos, quien hoy reside en Estados Unidos. El disco se grabó entre la cocina de un apartamento cerca del Obelisco, donde Riki vivía entonces, y el sótano de una casa en Indianápolis.

Este trabajo primero estuvo en el website del artista (www.rikimusso.com) donde la gente podía descargarlo y pagar "a voluntad" mediante el sistema PayPal. No fue, resalta, un acto de militancia ni ninguna acción anticorporativa. Nada que ver. "Yo soy un tipo que hace esto por dinero (risas). Y pensé que sería un buen negocio regalar la música, así cuando haga un espectáculo la gente conocía lo que hacía y me venía a ver. ¿Si la gente es generosa? ¡Cómo no! Recibí mil dólares de donaciones (risas). Como luego varios sellos me ofrecieron sacarlo, me vendí al mejor postor: mis amigos de Montevideo Music Group. Luego de eso era contradictorio mantenerlo en la web y lo bajé por delicadeza. Discos vendí muy pocos, fue un buen negocio para mí pero para ellos no lo está siendo...".

SUS COSAS

Sus guitarras

En su estudio hay una guitarra Ibanez (foto) que compró en Estados Unidos por la época del disco Barranca abajo (1995). "Me salió 300 dólares, ¡acá hubiera costado 900! La usé hasta la época de Raro (2006) más o menos". También hay una Fender Stratocaster "y un bajo de mierda con el que grabé el disco (¡Formidable!)". Ahora usa una Gibson 355.

Sus aparatos

Él mismo se fabrica sus pedaleras, consolas y artefactos para grabar y tocar en vivo. Sus (breves) estudios en electrónica se complementaron con su afición de autodidacta y libros como el Handbook for sound engineers. "Ese era mi libro de cabecera, hasta que surgió Internet".

Su ventilador

En un estudio tan atiborrado de cosas que prácticamente no deja lugar para moverse, que haya dejado de funcionar el aire acondicionado puede ser un severo inconveniente, más si el buen clima insiste en seguirse quedando. Ahí el ventilador ocupa un lugar privilegiado en una habitación en la que hay desde un biombo hasta soldaditos de plomo.

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