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Mascotas: rescatados y adoptados

Hay un perro cada tres personas; la mitad no tiene casa. Y cada vez hay más conciencia de darle oportunidad a un animal callejero.

Con Ivanna Infantozzi viven Obama, Nano y Nina. (Foto: Ariel Colmegna)
Con Ivanna Infantozzi viven Obama, Nano y Nina. (Foto: Ariel Colmegna)
Salvador (chocolate) y Catalina dan las mejores bienvenidas a los de Mariela y Diego. (Foto: Francisco Flores)
Salvador (chocolate) y Catalina dan las mejores bienvenidas a los de Mariela y Diego. (Foto: Francisco Flores)
Los perros son los reyes en la sede de Animales Sin Hogar. (Foto: Marcelo Bonjour)
Los perros son los reyes en la sede de Animales Sin Hogar. (Foto: Marcelo Bonjour)
Los gatos son ideales para un apartamento, se adaptan con facilidad. (Foto: Marcelo Bonjour)
Los gatos son ideales para un apartamento, se adaptan con facilidad. (Foto: Marcelo Bonjour)
Es más difícil adoptar a un perro ya adulto, pero también pasa. (Foto: Marcelo Bonjour)
Es más difícil adoptar a un perro ya adulto, pero también pasa. (Foto: Marcelo Bonjour)

LEONEL GARCÍA

Siete perros y doce gatos pasean a sus anchas en la céntrica sede de Animales Sin Hogar (ASH). Morgana, Rito, Quique y Chocolina son los reyes, receptores de los mimos de los visitantes en el hall, la cafetería y la tienda. "Las" visitantes cabría mejor: el público asistente a la "noche de pizza" de esta asociación civil es casi completamente femenino. En las paredes hay fotos de sus inquilinos, animales abandonados y rescatados de la calle, al momento de llegar: espeluznantes imágenes de cachorros apaleados, quemados, sarnosos, flacos que da miedo, con los ojos salidos de las cuencas o baleados. Hoy esos mismos están prontos para ser adoptados: castrados, vacunados, chipeados. Curados. Como Inty.

Inty tiene, calculan, 12 años. Hace ocho fue encontrado en la Aduana con el fémur fracturado y casi desahuciado. De pelo blanco y sucio, necesita un baño urgente: al otro día una familia adoptante se lo llevará y le dará a este viejito, que apenas responde a los pedidos de fiesta y prácticamente ya era parte del inventario de ASH, la poco frecuente oportunidad de un hogar para sus últimos años. Un cachorro puede pasar un suspiro en un refugio, ni que hablar en el difícil caso que sea de raza, pero es raro que haya interesados por un animal añoso o enfermo.

El rescate de perros y gatos de la calle y su posterior adopción está ganando terreno en la consideración de la gente a la hora de elegir mascota. Hay números que sustentan eso. Hace dos semanas, ASH concretó 20 adopciones en la jornada mensual dedicada a este fin, según Juan Echavarría, director y cofundador; tanto, que hubo que hacer una segunda parte siete días después. Una década atrás se lograrían, como mucho, cinco. "La gente es más consciente de la sobrepoblación de perros y gatos. Y ayudan mucho las redes sociales", explica.

Manifestaciones públicas como el calendario 2016 de jugadores de la selección uruguaya promoviendo la adopción responsable es una muestra de esta tendencia; la tercera carrera 5K en beneficio del Refugio Vida Animal (RVA) realizada ayer es otra. Y la abundancia de grupos de Facebook con este fin —Red Bichera, Sos Adopciones, Adoptame Uruguay, Gatitos en Tránsito y un muy largo etcétera— dan cuenta de esta movida, multiplicada exponencialmente en el terreno virtual.

Otros expertos, como el veterinario Pablo Sehabiaga, coinciden en que hay una "mayor conciencia" de los beneficios de adoptar a una animal, alimentada por esa sobrepoblación. En Uruguay hay 1,2 millones de perros, según estima la Comisión de Zoonosis; esto es, uno cada tres habitantes, cuando la relación sugerida por la Organización Mundial de la Salud es de uno por cada diez. Zoonosis hizo más de 200 mil castraciones gratuitas —principal política para combatir la sobrepoblación— de 2007 a hoy. Echavarría apela a estándares internacionales al asegurar que, para que baje el número, el 70% de los canes deberían estar castrados.

María Laura Radesca, secretaria de RVA, relativiza eso de la mayor conciencia: "También hay más maldad. Permanentemente nos mandan mensajes dueños de perros, incluso de raza, que porque se mudan a un lugar más chico o lejos nos los quieren dar a nosotros. Y si no los agarran, los tiramos por ahí, te dicen".

Siempre habrá animales para adoptar porque siempre habrá animales abandonados, pariendo y muriendo en la calle. Según estimaciones de Zoonosis, unos 600 mil perros estarían a su suerte.

Actuar.

Obama no se llamó Obama hasta que le creció el pelo negro y mereció tal bautizo. Cuando Ivanna Infantozzi lo rescató de una boca de tormenta por Camino Carrasco, en 2008, era piel desnuda y huesos salientes. Ivanna, editora fotográfica en la agencia de noticias AFP, lo llevó a una veterinaria, lo alimentó y lo dio en adopción. Pero él no quería comer sino era de la mano de su salvadora, así que volvió con ella. Ningún problema: en su casa viven Obama (hoy gordo, sano y mimoso), Nano y Nina, en la de su madre tiene otros cinco, en un pensionado tres más que buscan dueño y en una veterinaria dos perros atropellados y otro sarnoso, ya recuperados. Todos ellos —14— rescatados de la calle.

"Se genera un vínculo especial, sin duda. Si los cuidaste, no te olvidás más cómo los encontraste. Es muy gratificante ver cómo quedan después. Y un animal rescatado queda agradecido toda la vida", cuenta. También, dice, se genera una particular sinergia entre los involucrados. Le ha pasado de subir a Red Bichera, de la que es administradora, la foto de un animal rescatado al que dejó en una veterinaria, y encontrarse al recogerlo que los honorarios están pagos. Agrega que no es raro que un adoptante se involucre con las historias de los animales y se vuelva rescatista. "Creo que hemos evolucionado un poco, reaccionando que hay un montón de animales necesitados y que comprar una mascota, fomentar un negocio, es un despropósito".

Ivanna vive con Juan, no tan bichero como ella, y no tiene hijos. Conocedora de este mundo (Red Bichera tiene 16.521 integrantes), ella asegura que hay constituciones familiares de todo tipo involucradas en esta tarea: gente sola, familias con muchos hijos, parejas jóvenes, matrimonios añosos, ricos, pobres... Eso sí, la gran mayoría de quienes participan son mujeres. Y la participación activa es fundamental: pasa que los refugios no actúan en el rescate a menos que sea una situación extrema o por una orden judicial.

"¿Si damos abasto? Ayudamos en lo que podemos...", dice Echavarría. Con más de 700 animales en una chacra propia de 180 hectáreas a 50 kilómetros de Montevideo, más 20 empleados que trabajan en turnos de ocho horas, ASH es el mayor refugio de su tipo en país. Si bien mantienen en reserva su presupuesto, aseguran que siempre están "al límite económico", solventándose con el aporte de particulares. Son más los bichos que entran que los que se van. Por eso dosifican la ayuda. "Si se encuentra un perro flaco en la calle, por más que me muestres la foto no vamos a intervenir; entre dos o tres familias lo pueden ayudar. Pero si está quebrado o atropellado, donde quizá sea necesaria más de una cirugía, ahí actuamos".

Requisitos.

Salvador debe su nombre a que fue el responsable de salvar su vida y la de sus seis hermanos. Su llanto alertó a Mariela Bentancor, secretaria, y a su esposo Diego. Los encontraron hace año y medio en una caja, cerca del estadio de Danubio. Ella nunca había tenido perros, pero quedó enamorada de esos cachorros de no más de 45 días, negros, marrones, overos y hambrientos, que por su buen estado parecían recién alejados de su madre y puestos en la calle, a merced de la buena voluntad de alguno. Mariela y Diego se quedaron con Salvador y Catalina; a los otros cinco, Facebook mediante, les consiguieron casa en apenas diez días. Y ella nunca supo lo que era una verdadera bienvenida a casa (alegre, ruidosa, cariñosa; una bienvenida que literalmente te salta arriba) hasta que los adoptó.

El que recoge a un perro de la calle lo hace a su cuenta y riesgo. No hay otra forma de descubrir si es tímido, agresivo, juguetón o incluso grande (lo del tamaño de las patas es muy relativo en las cruzas) hasta que crezca. Difícilmente lo incorpore a su casa si no es cachorro. La adopción en un refugio ya implica otras seguridades: animales curados, esterilizados y aptos para la convivencia (también albergan ejemplares que nunca podrán ser dados en adopción por ser irrecuperables, por haber atacado o dado muerte a personas). Y como si fuera el INAU, estos lugares también seleccionan una familia adoptante.

Es muy raro que un gato genere problemas. Es el animal ideal para un apartamento. Todo lo difícil que significa rescatarlos de la calle (se escabullen en lugares recónditos, si se sienten acorralados o amenazados el rescatista deberá esperar un recital de zarpazos) se acaba a la hora de incorporarlo a un hogar: comida y arena o piedras sanitarias, y nada más. Es muy raro, además, que un gato sufra el llamado "estrés por abandono". Mientras le den de comer, le da lo mismo vivir donde sea y con quien sea. Con el perro es diferente.

"No le damos un perro a cualquiera. Tienen que estar asociados a una veterinaria. Tampoco damos animales para que estén atados o en una azotea. Para eso, que se queden con nosotros", dice Radesca, de RVA, refugio cuya chacra de tres hectáreas en Pajas Blancas alberga algo más de 200 animales. Se visita previamente a la familia y se hacen controles posteriores. "No hay que olvidar que son animales que vienen en pésimas condiciones. Se realiza un gran esfuerzo económico y emocional en recuperarlos. Por eso solo lo damos si sabemos que va a ser cuidado como un integrante más que la familia", dice a su vez Echavarría, de ASH.

Para algunos, ese tiempo de espera —que dependiendo la disponibilidad del interesado o la disposición del personal de las organizaciones, ronda los siete días— conspira contra el objetivo buscado. El veterinario Pablo Sehabiaga, especializado en comportamiento animal y coordinador del portal MyPets, dice no entender demasiado esa lista de requisitos para adoptar. "No digo que estén mal, pero eso termina ahuyentando a la gente. Resulta al final más fácil y rápido comprar un perro, pagarlo y llevarlo a su casa que adoptarlo".

Además, en los refugios y similares hay algo así como una "lista negra" de adoptantes. Sí: un listado donde están incluidas personas que han lastimado, dado muerte o "extraviado" a sus mascotas. "Está formada por la experiencia de los distintos actores que estamos en esto, aunque a veces pareciera que estamos desunidos", afirma Radesca.

Salvarse.

"Se ha tratado de fomentar más el adoptar que el comprar. Pero algunos han creado una especie de mini-guerra entre quienes compran y quienes adoptan, entre quienes quieren perros de raza y quienes los discriminan", opina Sehabiaga.

Hay una consecuencia indeseada de esta movida de la adopción, el rescate y la reivindicación del perro marca perro: los fanáticos. "Las organizaciones están todas peleadas porque cada uno tiene su estilo, y aparece gente extremista", señala el responsable de una entidad de rescate, que pide no ser nombrado. "Yo estoy incluido en todos los grupos de Facebook. Y si vos publicás pidiendo ayuda porque se te extravió un, ponele, bulldog francés, enseguida te va a saltar uno a contestarte: Jodete, ¿para qué andás vendiendo y comprando seres vivos? ¡Que se muera! Los extremistas son así, radicales".

Si hay un perro abandonado es porque hay dueños que lo dejaron a su suerte, y esto alimenta a quienes están resentidos con la raza humana, más si el animal está lastimado. Estas organizaciones, sin embargo, quieren alejarse de todos aquellos que promueven acciones tales como abrir las jaulas de Villa Dolores, en 2012, o divulgar los datos (nombres, dirección y teléfono) de los menores que mataron a un perro en Nueva Palmira, en 2011. "Nosotros trabajamos por el bienestar de los animales, en forma correcta y ordenada. Tenemos una forma de trabajo que hace que la gente fanática no encuentre lugar acá", asegura Echavarría, de ASH. Como pasa en prácticamente toda las cuestiones, las redes sociales amplifican tanto lo más noble como lo más extremo. "Los fanáticos se esconden más en el anonimato. La gente que trabaja en esto no está radicalizada", opina por su lado Sehabiaga. "Y si no fuera por estas organizaciones y la gente que se involucra, la situación de los perros abandonados sería muchísimo peor".

Verónica Berlad, arquitecta, siempre tuvo perros; jamás pagó por ellos. Es, casi, una cruzada contra la comercialización y por la adopción. Hoy tiene a Sofía, una inaveriguable cruza de varias razas, que flechó a sus dos hijas, Josefina y Julieta, un día en Animales Sin Hogar. Verónica es voluntaria de esa asociación y ya le está inculcando a sus niñas la misma pasión. Aaron fue el último de sus rescates: lo encontró casi caquéxico, comido por la sarna, en Camino de los Horneros y Ruta Interbalnearia. Luego de un mes de internación, donde desconocidos aportaron plata y tiempo en la causa, difundida por las redes sociales, le consiguió hasta nueva dueña: su propia prima.

"Esto es también una enseñanza a mis piojitas. Ser proactiva. No quejarse porque nadie hace nada, es hacer algo vos", dice Verónica. "El vínculo que se genera con el animal que rescatás, con el que adoptás, no se puede explicar. Es algo de alma a alma. Ellos no entienden por qué pasaron mal pero ven que vos los salvaste, que le das comida, abrigo, que los limpiás. Vos los salvás. Y ellos te salvan un poco a vos también".

UN ESTADO QUE "NO COLABORA"

"Hace 15 días rescatamos un perro tipo shitzu por Lezica. Uno de los peores que vi: tenía un ojo fuera de órbita y estaba comido por los gusanos. Ahora está divino, pero le tuvimos que hacer dos operaciones, más castración y medicación, y nos salió 16.088 pesos. Nos hacemos cargo porque el Estado no ayuda en nada, no exonera de impuestos a los refugios ni nos da ningún tipo de ayuda. Funcionamos gracias al aporte, voluntario y periódico, de la gente", dice María Laura Radesca, secretaria del Refugio Vida Animal (RVA).

"Nos financiamos con miles de personas que ponen una colaboración voluntaria mes a mes, 50, 100 o 200 pesos", dice Juan Echavarría, de Animales Sin Hogar. Todos los que realizan esta tarea de forma voluntaria coinciden en que el Estado está ausente en esta tema.

LUGARES PARA RESCATE Y ADOPCIÓN

- Animales Sin Hogar: www.animalessinhogar.com.uy; [email protected]

- Refugio Vida Animal: 099383752 (adopciones y pensionado).

- Refugio Perros y Gatos en Adopción: www.refugiopga.org; 094300482 (adopciones de perros, pensionado y donaciones); 099153820 (adopciones de gatos).

- Asociación Protectora de Animales El Refugio: www.apaelrefugio.org; [email protected]

- Animal Help Uruguay (Pando): www.animalhelpuruguay.org; 22920988.

S.O.S. Caninos y Equinos (Canelón Chico): [email protected]

Liga Bichera Montevideo: 096130638.

SOS Mascota:www.sosmascota.com.uy; 095501421, 092615719.

Refugio Ángeles (Balneario Buenos Aires): 098 339 298.

Todos estos lugares tienen una cuenta en Facebook. Todos también informan sobre formas de colaboración económica.

LO FUNDAMENTAL SON LOS PRIMEROS TRES MESES DE VIDA

"No hay estudios referidos a diferencias en el comportamiento de un perro si es comprado o adoptado. Lo importante no es como se adquirió, sino el ambiente en el que se crió", dice el veterinario Pablo Sehabiaga, especializado en conducta animal.

Lo fundamental siempre, dice, son los primeros tres meses de vida. "Ahí absorbe todo lo que va a vivir a futuro, para bien o para mal". En el caso de un animal encontrado en la calle, eso puede ser una incógnita. "Es cierto que una hembra en gestación callejera, estresada y desamparada, puede tener una descendencia temerosa. Lo mismo si tuvieron que recurrir a la violencia para alimentarse, si tuvieron problemas de socialización... ".

Se recomienda que un perro llegue a una casa teniendo entre 45 días y tres meses de vida. En el caso de adopción, esos márgenes son más difusos. Es más difícil la inclusión; no imposible. Juan Echavarría, de ASH, dice que de cada diez adopciones, dos o tres no pueden adaptarse y terminan regresando al refugio.

"Si es un perro abandonado que ya convivió con una familia, puede adaptarse a otra", dice el veterinario.

Uno de los perros rescatados por Ivanna Infantozzi, Negrita, sufrió el llamado "estrés por abandono": "Piensa que la van a volver a abandonar y rompe cosas si está sola. Hay que dejarla afuera y atada". Este problema, que afecta al 15% de los canes, no es exclusivo de los rescatados. De hecho, afirma Sehabiaga, también hay criaderos que no pueden garantizar el carácter del mejor perro de raza.

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