EL PERSONAJE

María Pía Fernández: "No conformarme me llevó a subir escalones"

Tiene 24 años, el récord nacional en la prueba de atletismo de 1500 metros y es la campeona sudamericana. Su próximo objetivo son los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

María Pía Fernández, atleta
María Pía Fernández, atleta. Foto: Leonardo Mainé

María Pía Fernández nunca habla solo de ella. Dice “nos estamos preparando”, “viajamos a Durazno para hacer los entrenamientos en pista”, “en 2019 tuvimos muy buenos resultados”. Dice “nos tenemos que mantener supercompetitivos este año para mantener la posición en el ranking que nos permita llegar a los juegos”. Dice “ese hoy por hoy es nuestro mayor objetivo”.

Los juegos de los que habla son los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 para los que María Pía, 24 años, mediofondista y récord nacional de los 1.500 metros (tiene además el récord de los 3.000 y 5.000 y los 3.000 metros con obstáculos) en este momento está clasificada. Ahora lo que tienen que hacer es prepararse y buscar competencias que le den los puntos para mantener una posición entre las mejores atletas del mundo en carreras de 1.500 metros hasta el 29 de junio del año que viene. Ese día se cierra el ranking y las que estén en los primeros 45 lugares competirán en el mayor evento deportivo del planeta. Ese es uno de sus sueños.


El viernes 24 de mayo de 2019 María Pía corrió en Lima, Perú, la carrera que le dio su primera medalla de oro a nivel internacional en categoría absoluta. Fue en los 1.500, la prueba de la que siempre ha querido ser la mejor. María Pía la hizo en un tiempo de 4:27.44 minutos, Mariana Borelli, argentina, en 4:27.83 y July da Silva, brasileña, en 4:27.93. “Fue una carrera muy táctica. Empezamos corriendo todas muy suave y muy controladas y en la última vuelta una chica de Argentina hizo un cambio brusco de ritmo y entonces también hice un cambio yo y rematamos muy fuerte. Fue un remate muy duro, íbamos todas juntas y fue como que en una fracción de segundos se dio todo”.
Ese día María Pía lloró.


El 2019 fue un año raro, dice. Fue como una carrera de esas en las que pasa de todo sin tener nada previsto pero que al final, en la última vuelta, todo empieza a encauzarse. En enero se fue a León, España, a prepararse con un grupo de corredores con el que entrena cada vez que puede desde hace dos años.

“Este año se me había metido en mi cabeza que quería hacer la temporada de cross country que hacen todos los deportistas en Europa y Estados Unidos. Son competencias de 8 y 10 kilómetros todo terreno. Así que después de hablarlo con mi entrenador me fui a preparar el cross a León”.

Se encontró con un invierno español feroz y con entrenamientos tan exigentes que atravesaban la nieve y convivían con temperaturas bajo cero. Se enfermó y terminó por lesionarse: tendinitis rotuliana en la rodilla derecha.


Cuando María Pía tenía 13 años, Fabricio Pérez, profesor de Educación Física del liceo de Trinidad, su ciudad, le dijo que iba a haber una competencia de atletismo, que por qué no se inscribía. Ella aceptó porque le gustaban los deportes y porque siempre había sido muy competitiva. Le gustaba competir. Y también le gustaba ganar. “Si hubiese sido por mí, quizás nunca hubiese elegido correr porque era algo que nunca había hecho. Nadie en mi familia lo hacía. Pero corrí. Fue una competencia de atletismo como podría haber sido una competencia de ping pong. Dije que sí porque me gustaban las competencias, se me daban bien”.

La carrera era de dos kilómetros y María Pía la ganó. Ese día en la pista estaba Sebastián Allende, entrenador. La vio correr y la invitó a unirse a su escuela de atletismo. Después su tía Perla le regaló un par de championes para correr. Y nunca más dejó de hacerlo.


Todo se fue dando de a poco, sin apuros, sin presiones, sin exigencias desmedidas. Primero corría porque sí. Después lo hacía porque era buena compitiendo. Después porque empezó a dejar otras cosas solo para poder hacerlo. Después por las medallas. Después porque quería más. Siempre quería más.

A los 17 años llegó a correr el campeonato Sudamericano Sub 18 como la favorita, siendo la primera en el ranking continental. Corrió y salió segunda. Esa fue la primera medalla internacional que ganó. Pero no era suficiente. Fue ese el momento exacto en el que decidió que quería ser corredora. Y a partir de entonces todo en su vida se reacomodó: para ser la mejor había que trabajar como las mejores.


¿Te ayudó en tu carrera ser tan competitiva?

—Sí, muchísimo. Porque siempre que consigo un resultado quiero más. De hecho después de la medalla de plata en el Sub 18 volví al año siguiente al sudamericano Sub 20 porque quería el oro. Corrí con la misma chica de Brasil que me había ganado y volví a quedar segunda. Terminé la carrera y me puse a llorar. Mi entrenador me decía que era la segunda a nivel de Sudamérica pero no me importaba. Siempre fui así y eso me llevó a decir ‘hasta el oro no paro’. Y bueno, este año lo logré. Siempre fui así. Creo que el no conformarme me llevó a subir escalones.

El 2019 fue un año raro, dice. Estuvo 20 días en León intentando recuperarse de la lesión de rodilla mientras sus compañeras del grupo viajaban por todas partes haciendo la pretemporada y se preparaban para el cross. Ella había alquilado un apartamento del que solo salía para ir a fisioterapia. Y cuando volvía lloraba. Estaba empezando el que tenía todo para ser uno de los mejores años de su carrera y María Pía estaba sola, lejos, sin entrenar y sin poder apoyar la pierna derecha ni siquiera para caminar.

Volvió a Uruguay porque estar en Europa no tenía sentido. Volvió, también, porque Sebastián, que ha sido su entrenador desde siempre, le dijo que cambiara el pasaje, que era mejor que se rehabilitara en el país, cerca. “Estuve descansando un mes y medio, tratando de rehabilitarme, de volver a sentirme bien de la rodilla. Y cuando empezamos a trabajar nos enfocamos en todo lo que se venía y empezamos a hacer una temporada muy buena. Fuimos al campeonato Sudamericano y lo ganamos, clasificamos a mi primer mundial” (el de Doha, Catar, que se realizó entre el 27 de setiembre y el 6 de octubre).

Nunca habla solo de ella. Dice “ganamos” porque la medalla de oro del Sudamericano de Perú, la que la hizo llorar, no la obtuvo sola. Porque, explica, aunque la gente la felicita por los buenos resultados, son más las carreras en las que las cosas no salen como esperaba que las medallas. Y nunca está sola. Ni en las buenas, ni en las malas. “Tener a un equipo de trabajo como el que yo tengo, con entrenador, coach, nutricionistas y que esté siempre atrás apoyando me ayuda a no frustrarme y a llevar mejor los malos resultados”.

Antes de empezar una carrera María Pía intenta visualizar cómo va a ser: rápida, lenta, táctica, los inconvenientes que pueden surgir y la manera de reaccionar a ellos para que no la encuentren desprevenida en el medio de la pista. También se propone un objetivo y corre para lograrlo. “Más allá de todo, en la carrera trato de ir siempre pensando en eso, me enfoco en mi objetivo, no importan las rivales”.

En 2014, durante el Sudamericano Sub 23 que se realizó en Montevideo, Carlos Servian, coach deportivo, la vio correr. María Pía era buena pero de afuera se percibía la ansiedad. Se acercó a ella y a su entrenador y se puso a las órdenes para ayudarla. Desde entonces trabajan juntos. “A partir de ahí empecé a correr con la cabeza. Él me dio herramientas para que, primero, disfrutara de lo que estaba haciendo. En mis primeras competencias internacionales sufría tanto de ansiedad antes de competir que me preguntaba para qué estaba haciendo eso y siempre decía que era la última vez que iba a correr. Con mi entrenador siempre decíamos que por suerte la ansiedad y los nervios me hacían crecer y rendía mucho”.

Desde los championes que le regaló Perla hasta ser la mejor de Sudamérica pasaron muchos años. En el medio, una carrera en el deporte que logró a “pulmón, con mucho sacrificio” de su familia y con la ayuda de su entrenador, porque “en Uruguay si no sos un atleta bueno y tenés muchas medallas, no te apoyan. Acá te apoyan cuando ya llegaste pero no en el proceso”. En el medio, una mudanza de Trinidad a Montevideo y los primeros años de la carrera de fisioterapia: “Cuando no pueda correr más voy a ser fisioterapeuta, eso me da tranquilidad de poder seguir haciendo lo que me gusta”. En el medio, una atleta que siempre quiere más. Y ahora va por Tokio.

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