EL PERSONAJE

María Inés Strasser: "No me interesa lo frívolo de la moda"

Siguió los pasos de su madre hablando de moda en televisión y al frente del Instituto Strasser. Una referente del rubro que está escribiendo un libro sobre la historia familiar.

María Inés Strasser, referente de la moda
María Inés Strasser, referente de la moda. Darwin Borrelli

La primera vez que María Inés Strasser hizo su propia ropa, tenía 8 años. Era un enterito a cuadros y tuvo que hacer coincidir cada una de las líneas. No era como cualquier niña de su época que decidía jugar a hacer vestidos, porque María Inés es hija de Amneris Larrobla, una de las pioneras en la moda por televisión en Uruguay, y la fundadora del Instituto Strasser. “Era una exigente de la perfección”, recuerda.

Después, su relación con la moda fue desenfadada. En la adolescencia, dice, lo suyo era más una cuestión de rebeldía con la ropa. Aunque nunca perdió la costumbre de coser lo que necesitaba, el cuidado de la imagen llegó con una edad más madura. Quizá cuando a los 18 años pasó a ser parte del Instituto Strasser. Quizá cuando apareció ante cámara, ayudando a su madre en los cursos de costura televisados. Quizá cuando creció y empezó a entender qué la hacía sentir verdaderamente cómoda.

“Pasé por una época más clásica y me doy cuenta de que ahora me identifico con un moderno casual. Uso lo que me gusta, de la moda tomo lo que me queda cómodo. Y no uso tacos. No me preocupo ni por los colores que están de moda. Ni cómo está vestida la gente. Me parece que esa es la parte frívola de la moda, a la que no quiero sumarme, porque no me interesa y nunca fui así”, comparte.

Lo que María Inés Strasser pueda decir sobre la ropa, pesa. No en vano es una de las referentes de ese mundo en Uruguay, después de que siguió el legado de su madre en el instituto —que dirige hace tres décadas, y que en mayo celebra sus 60 años—, y frente a las cámaras de la televisión uruguaya, con un espacio para hablar de moldes, máquinas de coser e innovación sobre el mercado textil, y que el último tiempo la tuvo en VTV.

Creció en una casa donde se respiraba la moda. ¿Creía que ese era su destino?

Empecé sin darme cuenta, por ayudar en el instituto en los meses de verano. Empecé a estudiar otras cosas: teatro, pintura, idiomas. Pero seguí en el instituto por la tradición familiar, y me fui entusiasmando.

—¿Cómo fue la relación entre llenar los zapatos de su madre y ser usted?

—Fue algo natural. Creo que cada generación aporta cosas diferentes. Mi madre fue de vanguardia en su época. En los 60 empezó a enseñar a distancia, cuando recién apareció la televisión en Montevideo. “Yo enseño sin guardar ningún secreto”, decía. Estuvo 30 años dando clases ininterrumpidas en televisión, y hacía que la gente que estaba en su casa pudiera aprender y trabajar. Porque muchas veces en esa época, la mujer no salía a trabajar fuera y todavía le llegan cartas que le agradecen haber aprendido y haber contribuido a la economía del hogar. Eso es fantástico. Pero claro, van cambiando las épocas, las formas de comunicarnos y la tecnología. Yo aprendí a tener mi cámara, mi computadora y editar. Entonces, el material que hoy damos al público desde la escuela es otro, más a ritmo con el mundo actual y sus tiempos.

Viajando descubrió sus mejores ideas, dice María Inés Strasser
Viajando descubrió sus mejores ideas, dice María Inés Strasser. Foto: D. Borrelli

De más grande, María Inés se dio cuenta de que lo suyo habría sido estudiar comunicación, pero la carrera no existía cuando fue su turno de pensar en el futuro. Tampoco pudo hacer ni humanidades ni diplomacia, que tenían más que ver con su forma de ser, porque estaban cerradas por la dictadura.

Asimismo, no dejó de formarse. Ya en 1999 se compró una cámara, una computadora, y aprendió a editar. Fue a mastrerclasses, talleres y conferencias. Sumó la experiencia de filmar todo lo que quería, tomar fotos y buscar cada vez el mejor encuadre. No estudió comunicación formalmente, pero sí se formó en comunicación todo lo que pudo, afirma. Incluso, en la época en que estaba en Teledoce, el suyo fue el primer equipo uruguayo en cubrir la Fashion Week de Londres, a comienzos de 2000. Y parte del trabajo lo hizo ella, con cámara en mano. Esas herramientas que aprendió en el camino, y que le son indispensables, son las que desde su lugar como directora del Instituto Strasser intenta transmitir a los alumnos.

“Es importante seguir evolucionando”, asevera. Y recuerda cuando su madre comenzó con el instituto, que le costaba un dineral poner una placa publicitaria en un cine. Hoy, las redes sociales son todo un espacio publicitario en sí mismo, gratis y en las manos de cada diseñador o emprendedor: “Te permite una exposición total, mundial. Abarca todos los mercados, los públicos que se quiera. Aunque está la contrapartida de las críticas que trae la exposición. Pero creo que bien usadas, son fascinantes”.

Si bien es una defensora del avance tecnológico, cree en el contacto personal del diseñador con la tela, el papel, la costura y el hilo. “En diseño de moda, los chicos tienen materias en las que tienen que aprender a escanear y editar digitalmente, pero sin descartar lo artesanal, ni lo conceptual. Para mí, un diseñador no es una persona que dibuja y no tiene idea de cuál es la mejor tela para el diseño, o cuál es el mejor corte o las terminaciones adecuadas. Para llamarse diseñador hay que ser muy cuidadoso”, sostiene.

Le parece fundamental saber de dónde viene cada uno, y eso está ligado a su pasión por la investigación. Se declara encantada por la asociación de ideas, y para eso, investiga. “Nacer con toda esa carga de procesos y conocimientos es imposible. Además creo que es una obligación de quienes estamos en la enseñanza, o de los que comunican, no desconocer el pasado. Si pienso en un proceso de diseño, tengo que saber qué se hizo antes, para no pecar de omisión. Siempre hay que dar el crédito que corresponde”.

El arte y los viajes

María Inés está al frente del Instituto Strasser
María Inés está al frente del Instituto Strasser. Foto: D. Borrelli

En una de las paredes de la casa de María Inés, hay un cuadro que lleva su firma. Lo hizo, cree, en el año 2000, como parte de una serie que expuso en su momento. Es, por un lado, un reflejo de su fascinación por el cuerpo humano. No en vano eligió pintar con sus dedos una espalda masculina que remite a una escultura griega. En ello está su gusto por reflejar las luces y las sombras, el blanco y el negro. Pero por encima de todo, lo que la atrajo de crear esa serie, es su eterno amor por el arte en todas sus formas: “Me nutre y me dispara un montón de sensaciones y de impulsos para hacer. Permite desbloquear eso que capaz uno no ha hecho porque no ha sido su principal opción de vida”.

Eso le pasa tanto con el hacer como con el ver. Y de nuevo apela a la cadena de ideas, porque cree que no se trata simplemente de ver y emocionarse. Considera que el hecho cultural en sí dispara ganas de ir por más, de conocer, de saber más allá. Para eso también están los viajes, la otra pasión de María Inés, que nació en mayo de 1999, cuando se fue a Nueva York con amigas.

La ciudad la impactó de tal manera, que en noviembre de ese año se tomó otro avión hacia la Gran Manzana. “En los viajes he descubierto mis mejores proyectos, mis mejores ideas. Me vuelvo creativa. Como que estoy mucho más sensible al pensamiento o a lo que siento y las ideas fluyen y vuelvo cargada. Por un lado renovada, llena de proyectos, y a la vez descansada. Es una mezcla extraña”, confiesa. Fue ahí, en mayo de 1999, que empezó todo ese descubrimiento de sí misma. Además, mientras está lejos de Montevideo, no para de trabajar. Las fotos y los videos son una obligación que disfruta, y vuelve siempre con material interesante.

Nueva York es especial, también porque estuvo ahí el día más duro, el del 11 de setiembre de 2001, y vio el sufrimiento y el cambio y la unión del después. Pero Florencia, París y Londres también son las ciudades de su vida. Las repite hasta el cansancio, porque no le gusta estar solo un día por lugar y sabe que mutan, que en sus dinamismo urbanos, artísticos, cosmopolitas son siempre diferentes. Sacian su inquietud, y a la vez le generan el sosiego y el encanto de un lugar conocido

Cuando no viaja, sigue la rutina del instituto y el hogar, además de jugar con Pipón (su perro desde hace 13 años) y mirar series por las noches. Pero María Inés también se hace un tiempo para escribir: está trabajando en un libro sobre la historia de u familia, sobre su madre y el instituto. Un viaje personal por su vida, las de otras generaciones y, claro, la moda y la educación, dos vocaciones que siempre llevó en la sangre.

sus cosas
The good fight
Serie y libro
Es fan de ver series. Este último tiempo estuvo mirando The Good Fight, una serie sobre un estudio de abogados en la era Trump. Además, aunque se acueste a medianoche, siempre lleva un libro a la cama. Por estos días está con Historia de la sensibilidad en el Uruguay, de Barrán, investigando para su propio libro.
PIcasso en Uruguay
Picasso en Uruguay
Aunque ha tenido la posibilidad de ver obra de Picasso en sus viajes, la conmueve que esté sucediendo algo así en Uruguay. “Emociona hasta a nivel sociocultural que Picasso esté en casa del público uruguayo. Que su obra no se sea solo para los que pueden viajar. Ves arte y terminás haciendo un proceso interior”, dice.
Karl Lagerfeld. Foto: Reuters
Karl Lagerfeld
Una de sus referencias es Chanel. Llegó a residir en la Universidad de Nueva York por una investigación sobre el traje de la marca. Y hace un tiempo, tuvo la dicha de cruzarse a Karl Lagerfeld, histórico director artístico de Chanel, en la librería Galignani en París. “Charlé un poco y me dijo: ‘Sigue el espíritu de Coco Chanel’”, recuerda.
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