CATERINA NOTARGIOVANNI
Cuando era una estudiante de psiquiatría, Alicia Rodríguez Martos tuvo una experiencia que marcaría el rumbo de su carrera: "No sabe lo que han hecho, no le han devuelto la salud a un enfermo, nos han devuelto la vida a toda una familia", le escuchó decir a la esposa de un paciente alcohólico rehabilitado. Esa posibilidad de devolver la vida a alguien -cuenta y se emociona- la impresionó tanto que desde entonces se dedica a la investigación en el campo del alcoholismo.
Española, doctora en medicina y psiquiatra, Rodríguez Martos representó a su país en la Federación Europea de acción sobre los problemas de alcohol, publicó libros, y fue vicepresidenta de la sociedad científica española Sociodrogalcohol. Actualmente, coordina un programa preventivo comunitario de "ocio saludable" en Barcelona. Invitada por la Junta Nacional de Drogas, la experta pasó por Montevideo para dictar un curso sobre prevención del consumo problemático. En entrevista, Alicia Rodríguez Martos aseguró que el efecto más grave que provoca el alcohol a nivel general es la clara afectación de la salud comunitaria.
"El alcohol es responsable de más de 60 enfermedades físicas importantes, además de muchos males psiquiátricos, que favorece o agrava. Es responsable de un gran daño social: maltrato doméstico e infantil entendido como omisión de cuidado, la violencia en general y las lesiones de tránsito. Las tendencias mundiales indican que el consumo creciente de jóvenes es lo más grave que debemos enfrentar y encarar porque ellos lo hacen en forma peligrosa, del modo que más se acerca a la dependencia".
EFECTIVIDAD. Entre las estrategias para combatir el alcoholismo, la especialista española entiende que las más efectivas son aquellas que restringen la accesibilidad al alcohol. "O sea: el incremento de precios, reducir la densidad de locales y las horas de apertura; y aumentar la edad legal mínima para iniciar los consumos".
En cuanto a aquellas que intentan reducir la conducción de vehículos bajo los efectos del alcohol, las más efectivas son una baja tasa legal de alcoholemia, tener controles fijos y aleatorios, así como contar con un permiso graduado para el manejo, y el retiro de la libreta de conducción.
"El permiso graduado implica que durante los primeros años de vigencia (que suele coincidir con una edad joven) haya ciertas restricciones tanto de velocidad máxima como de alcoholemia permitida, que ha de ser inferior en este grupo que en los conductores en general. Ejemplo: si la máxima es 0,5 para los conductores en general, debería ser 0.2 para los noveles. Y otras medidas de precaución para este grupo es evitar la conducción nocturna y con ocupantes".
También existen estrategias o medidas para combatir la dependencia que carecen de efectos positivos, o no tienen gran impacto. "La educación o información, por sí solas, no son efectivas. Se debe ser muy cauto al transmitir este mensaje porque una cosa es que científicamente no se haya podido comprobar la efectividad y otra es que la educación caiga en saco roto. No se debe invertir la parte más importante del presupuesto de una comunidad en programas escolares y pensar que con eso tenemos el resultado asegurado. Y es lógico, porque si anteponemos los resultados educativos a los mensajes publicitarios de la industria, estos últimos son mucho más atractivos, son realizados con un estudio en profundidad de las motivaciones del consumidor, tienen muchos más medios que el mensaje educativo".
TODO DEPENDE. No existe un consumo de riesgo cero, indica la doctora en medicina y psiquiatría, y explica porqué: "depende de la cantidad pero también de las circunstancias. Por ejemplo, no existe consumo seguro durante el embarazo y tampoco lo hay al volante porque con 0.2 ya se notan deficiencias. El riesgo aumenta paralelamente al consumo, pero existe un consumo ligero que aceptaríamos. Ese umbral que no conviene sobrepasar estaría ubicado en los más de 20 gramos (2 vasos de vino al día) en la mujer y más de 40 gramos (4 vasos) en el hombre".
Durante la conferencia, Rodríguez Martos aseguró enfáticamente: "El mejor sistema de seguridad vial es un espejo retrovisor con un poli en él". ¿Esa afirmación implica que no es posible el autocontrol? "Quiere decir que, normalmente, si no nos obligan, no hacemos las cosas. Más cuando se trata de restricciones. Es lo primero que entra en juego para que modifiquemos conductas. Si creyéramos que nadie controla, aunque nos lo recomendaran, difícilmente lo haríamos."
Por esa razón, explica la experta, el primer nivel de intervención tiene que ser el control externo, y luego le sigue el social. "Lo estamos viendo con el tabaco: aparte de la prohibición rígida de no fumar en el ambiente laboral, ya se desarrolló un control social de manera que a ningún fumador se le ocurriría prender un cigarrillo en el despacho. En última instancia, lo que sirve es que la persona haya adquirido su control interno. Pero hasta que no estás convencido, hasta que no es necesario que te vigilen, necesitas primero esa ley externa".
En lo que alcohol se refiere, todavía no se ejerce ni cerca el control social que existe sobre el tabaco. "En lo que no estamos tan lejos es en llegar a un control legislativo, aunque también hay muchos problemas porque existen intereses confrontados. No es fácil legislar sobre alcohol en ningún país. Pero, falta aún mucho más para el control social porque somos países vitivinícolas, hemos crecido en la cultura de las bebidas alcohólicas. Tenemos una cultura agrícola y cristiana, por tanto cuesta mucho pensar que la bebida hace daño, más cuando el primer milagro de Jesús fue convertir el agua en vino".
Lo primero que haría Rodríguez Martos como estrategia sería proteger a los menores. "Que en todo lugar de venta de alcohol se tomara conciencia de que ellos tienen que contribuir al cumplimiento de esa limitación. Se debe pedir el documento de identidad. Limitaría la posibilidad de la venta nocturna y prohibiría que las tiendas 24 horas o gasolineras lo vendan. Deberían realmente limitarse los lugares, días y horas para restringir el acceso a los menores. Otra cosa importante sería legislar sobre publicidad".
-Doctora, ¿usted bebe alcohol?
-Sí, te soy sincera, bebo algo, sobre todo en forma de cerveza. Pero, en general la cerveza que bebo es sin alcohol porque a mí me gusta el sabor de la cerveza (no me gusta el vino) pero no la sensación en la cabeza. No soy abstemia, soy de bebida mínima. Pero creo que no estamos hablando de ideología sino de salud. Por tanto yo no soy una fanática de la ley seca, aunque le tengo mucho respeto al alcohol. Considero que es una sustancia traidora que puede hacer mucho daño si no se anda con cuidado.
Mayor abstinencia a la leche que al vino
La doctora Alicia Rodríguez Martos realizó su tesis doctoral sobre el consumo de alcohol en niños de Barcelona. La muestra abarcó a 12.000 chicos de 4 a 14 años de Barcelona y Provincia. "Nos sorprendió que el 94,9 % de los niños de esa edad ya hubieran probado". dice.
Otra de las cosas que le llamó la atención es que había más niños que se declaraban abstinentes de leche que de vino. "El 9 % decía que nunca tomaba leche, frente al 5% que no tomaba vino. Otra cosa: frente a un porcentaje que admitía haberse embriagado, había por parte de la familia más respuestas positivas que negativas. La familia lo vivía como divertido. Hoy los padres tomaron conciencia y se ha demorado el inicio, que está en 13,7 años. Pero la edad promedio de consumo semanal está en 15; es grave. Es cuando empiezan a salir a beber con ese estilo anglosajón de hacerlo por el propio gusto y para buscar lo que llaman en España el `puntillo` (sentirse colocados). Es muy peligroso".
Psicofármacos: una mezcla explosiva
Existen contraindicaciones para quienes mezclan psicofármacos y alcohol, y se deberían tomar cuidados a la hora de consumir y también conducir, señala Rodríguez Martos. "Sería ideal tener un pictograma en las cajas de un medicamento que indique que está contraindicado para conducir. Pero además es importante que el médico que receta un psicofármaco o antihistamínico no olvide de decirle eso al paciente. O de entrada debería de preguntarse si es conductor habitual y recetar en función de eso. En sí mismo hay que tener cuidado y algunas medicaciones están claramente contraindicadas porque dan mucha somnolencia. Pero sobre todo, que esta persona no lo mezcle con otras cosas. Si lo hace con alcohol es mucho peor, es un peligro multiplicado porque en general no es dos y dos, cuatro. Es dos y dos, cinco. Cuando dos sustancias depresoras del sistema nervioso se consumen, más que una suma de efectos hay una potenciación mutua".