CABEZA DE TURCO I WASHINGTON ABDALA

Made in China

Vamos a no mentirnos, estamos cansados que todo sea hecho por ellos. Ya ni sé cuándo sucedió pero es lo que pasó. En algún momento la globalización hizo que toda la inversión planetaria se fuera para allá.

Y así están las cosas, desde un traje elegante hasta un par de medias de feria, todo es chino, todo, todo. Y hasta hace poco eran productos "berretas" pero como ahora alcanzaron calidad, estamos fritos, ganaron. Punto.

Es raro lo que sucede, porque de aquella China posterior a Mao de hace décadas, donde aún ingresaban los trabajadores a Beijing en bicicleta con ropita vieja (hasta el año 2000 aún era así) a ésta del presente donde Shanghái es más imponente que Nueva York (el que puede que vaya a verla) no pasó tanto tiempo. Y no repito las miradas optimistas de Oppenheimer que escribe loas del sui generis capitalismo chino. No lo veo siempre así, menos aún cuando el que manda es un régimen dictatorial de partido único. O sea, los chinos armaron un combo jorobado: dictadura con oligopolios de amigotes en el poder que se hacen ricos por detrás de un relato "comunista" versión new age. Una estafa perfecta. Por supuesto que la derecha planetaria aplaude entusiasta porque cree que allí ganó el capitalismo, y la izquierda aplaude con similar devoción porque entiende que se gobierna aún bajo banderas de una revolución —que en verdad nunca existió como tal— sosteniendo hipócritamente ese relato ante el mundo. Todo un cinismo de la peor especie en el que todos somos cómplices por acción u omisión. Les vendemos a los chinos, por eso nos sacamos las fotos con ellos chochos de felicidad, pero a otros —tan totalitarios como ellos— los señalamos con el dedo. Penosa doble moral. Ser rico no purifica si sos un país sin libertad. Fin de la historia.

Es verdad, ahora se cuelan los vietnamitas los indonesios, los filipinos y los hindúes. Todos mercados emergentes que quieren empezar a comer algo (sí, comer) y así salir del agujero negro en el que han estado por siglos. Por eso Uruguay creció: vendiendo alimentos a estos pueblos, no porque tres iluminados nos condujeran al paraíso. Sanatas no muchachos. Ya hace un tiempo que desde China se exporta todo a precios bajos a mercados poderosos como el norteamericano. Ni Gap, ni Banana Republic, ni Old Navy, ni J.Crew elaboran ropa en Estados Unidos y esas son las tiendas que visten a los gringos (incluida a Michelle Obama que compra allí; cómo será la cosa).

Ya Julio Frade en un conocido sketch de Decalegrón, hace años remataba: "los chinitos cleshen". Crecieron y se quedaron con todo. Si lo sabrán los importadores uruguayos que se han hecho ricos en está última década trayendo cuanto bartolo se le pudo vender a los uruguayitos siempre prestos a consumir cualquier cosa. Solo faltó que viniera "yerba" china. Eso con el dólar que viene ya no será igual, se acabó la fiesta.

Por cierto, estimado lector, no estoy en la teoría de impedir nada que no sea beneficiar al ciudadano-consumidor: si el precio es bajo, y bueno, ganan los chinos y a llorar al cuartito. La estafa de subsidiar con el Estado (plata suya y mía) ineficiencias patrióticas sale cara (Ancap no te amo). Por eso los chinos nos noquean, porque lo que antes costaba un disparate, hoy no es debate. Instalar, en el pasado un hogar para una parejita joven era una odisea entre la heladera, la cocina y el televisor. Hoy, todo eso es ir a cualquier comercio de consumo masivo y te lo tiran por la cabeza. Es paradójico que en gobiernos "progresistas" lo que caracterizó a —buena parte— de su accionar fuera el consumo. Un consumo desenfrenado, delirante, casi esquizofrénico por momentos. Y un expresidente que hablaba contra el consumo pero lo alimentaba furiosamente. Todo muy psicótico. Si me hubieran dicho, que esta iba a ser una de las señas de identidad de estos años (consumir locamente) hubiera creído que era una jodita para Tinelli. Pero la realidad siempre puede más. Y desde el humilde vecino del barrio Borro hasta el cheto de Carrasco todos consumen cosas chinas. Un delirio inimaginable hace no mucho tiempo cuando las alpargatas, la remeritas del Chuy y el whisky de contrabando eran los lujos del uruguayo medio. El nuevo uruguayo esta achinado y ese viaje no tiene retorno.

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