NOMBRES DE DOMINGO

Maca Sánchez, la jugadora que se puso al hombro la profesionalización del fútbol femenino en Argentina

Macarena Sánchez fue cesada de su club luego de varios éxitos. Entonces, se puso en campaña para hacer realidad la profesionalización del fútbol femenino en su país.

Maca Sánchez
Foto: @Macasanchezj

Tiene 28 años, juega desde que tiene noción y se ha convertido en una de las más importantes portavoces del fútbol femenino en Argentina. Esa condición de referente despierta admiración y apoyo, pero también un rechazo vehemente entre los más tradicionalistas y conservadores del fútbol argentino.

Hace poco se quedó sin club (por ende, sin posibilidades de ganarse la vida) y encima fue blanco de una ola de ciberacoso que hasta llegó a incluir amenazas de muerte. Es que Sánchez causó y causa revuelo en las estructuras institucionales del fútbol argentino, una sacudida que obligó a esas mismas estructuras a dar los primeros pasos hacia la profesionalización de la parte femenina de ese deporte.

Santafesina y nacida en 1991, Sánchez empezó a jugar a los seis años. Al principio, siempre estaba rodeada de varones, pero a los 15 años su carrera empezó de una manera más formal: como parte del equipo femenino de la Universidad Nacional del Litoral de Santa Fe. De ahí, a Colón un año, vuelta a Universidad Nacional del Litoral y desde ese lugar al Logia Fútbol Club en 2011.

Mudanza

Hasta ese momento, Sánchez se movía en el universo santafesino, un ambiente conocido y familiar. De las cuatro hermanas, fue la única que agarró para el lado de la pelota. “Los fines de semana mi papá iba a jugar con sus amigos y yo me prendía, aunque obviamente ahí no jugaba. Somos cuatro mujeres, así que mi papá me agarró como aliada en esto del fútbol. A mis hermanas les gusta, saben bastante, pero no juegan”, contó en una entrevista.

Fue cuando abandonó Santa Fe por Buenos Aires que empezó a destacarse. Había jugado un amistoso en su ciudad contra el equipo porteño UAI Urquiza, y el DT de ese cuadro la animó a probarse en la capital, en ese mismo equipo. Sánchez no lo dudó: dejó Santa Fe, se probó en el UAI Urquiza, quedó, se ganó un lugar en la oncena titular (ella es delantera) y con ese equipo salió campeona del Torneo Clausura (2012), campeona del Torneo Final (2014), llegó hasta la semifinales de la Copa Libertadores (2015) y también fue campeona del Torneo Primera A (2017-2018).

No fue un recorrido sencillo el que hizo para llegar a esos éxitos deportivos. Según ha dicho ella misma, el cambio fue brusco sobre todo en el futbolístico, y le llevó aproximadamente un año adaptarse a las pautas de entrenamiento en el nuevo club.

Pero ese trayecto llegó a un abrupto final este año. En enero, Sánchez publicó una suerte de carta abierta en su cuenta de Twitter en la que contaba que la habían despedido de UAI Urquiza, que ese despido se había producido a mitad del campeonato (por lo cual, no podría jugar para otro equipo) y que, recurriendo a la vía judicial, le exigía tanto a su club como a la Asociación Argentina de Fútbol (AFA) regularizar su situación laboral.

“Como es de público conocimiento, las jugadoras de fútbol de Argentina son sistemáticamente vulneradas en sus derechos como trabajadoras del deporte, por la simple razón de ser mujeres”, decía una parte de la carta, que también denunciaba que el club utilizaba varios mecanismos para ocultar el “vínculo laboral real” establecido entre jugadora e institución. Añadía que lo que se hacía en el caso del fútbol femenino ya se había hecho, décadas atrás, con el fútbol masculino: “Dichos mecanismos son una réplica exacta de aquellos utilizados para negar el reconocimiento de la relación laboral profesional de los hombres (…) y que derivaron, con incontables luchas de por medio, en el reconocimiento de la profesionalización del fútbol masculino”.

Días después de que Sánchez publicara esa carta en su cuenta de Twitter, el diario La Nación daba cuenta del affaire: “El fútbol femenino argentino está envuelto en una tormenta sin un aparente fin. Pareciera no haber un cielo despejado a corto plazo en el horizonte, por eso lucha contra todas las adversidades. Resiste y tiene un objetivo claro: la reestructuración, con el objetivo centrado en la profesionalización. Esta semana un nuevo problema sacudió su estructura: la desvinculación de una jugadora de UAI Urquiza por razones futbolísticas. Así, a secas. No hubo más explicación”.

Además, la nota de La Nación daba cuenta de problemas que iban más allá de Sánchez, y que abarcaban a todo el fútbol femenino bajo la tutela de la AFA: “La selección femenina sufrió varias luchas con los dirigentes. Han pasado por etapas sin entrenamientos (774 días sin técnico), realizaron un paro por la falta de pagos, salieron a expresarse y alzar su voz durante la Copa América 2018; pese a todo esto alcanzaron su mayor sueño: se clasificaron al Mundial de Francia 2019”.

Unos días después del despido y la demanda judicial, Sánchez empezó a dar notas a medios internacionales, visibilizando un estado de situación en Argentina que perjudicaba a las mujeres que aspiraban a vivir del fútbol. La reacción no se hizo esperar: las críticas, las actitudes condescendientes, los insultos y hasta una amenaza de muerte le llegaron por distintas vías. En su cuenta de Twitter, Sánchez llegó hasta preguntarse si toda Argentina tenía su número de teléfono.

Es que Sánchez está sintiendo lo que muchas otras mujeres sintieron cuando se negaron a aceptar el status quo. Desde que fue echada del club y empezó a aparecer con frecuencia en los medios de comunicación, Sánchez ha mantenido un discurso reivindicativo y frontal.

Parte de ese espíritu viene de su historia familiar. Tanto su padre como su madre fueron militantes políticos, y en su casa se respiraba política. En otra entrevista, Sánchez definió a su padre como “re peronista” y su madre como “re K”, pero también aclaró que durante años resintió la militancia de sus padres. No solo porque eso les quitaba tiempo para estar con ella y sus hermanas, sino también porque la militancia exponía a sus padres a críticas e insultos. “En un momento odiaba la política (...) Iba a buscar a mi vieja al trabajo y había gente afuera y la cagaban a puteadas. Y estuvo bastante ausente mi mamá. Siempre que le preguntamos, dice que no lo volvería a hacer, porque demandaba mucho tiempo… Mi hermana y yo odiábamos la política, porque la veíamos a mi vieja muy ausente en mi casa. Pero después nos empezó a interesar. Ahora me gusta y lo disfrutamos”.

Probablemente por eso, a la deportista no le resultó difícil embanderarse con causas que van más allá de la profesionalización del fútbol femenino. Se autodefine feminista y se ha movilizado tanto a favor de la interrupción voluntaria del embarazo como a favor de los derechos de la colectividad LGBTI. Lo cual, obviamente, le trajo aún más críticas, pero también mayores apoyos.

Sin club, Sánchez entrena por su cuenta para no perder demasiado de su estado físico y estar eventualmente preparada si surge una posibilidad de volver a jugar. Pero, como dijo en una entrevista para el canal Fox Sports Argentina, no jugaría en cualquier parte. Al constatar que ella había rechazado irse a jugar a otros país, el periodista del canal le preguntó por qué: “Porque creo que hay que pelear la profesionalización desde acá (...) No juzgo a las que sí se van, porque es un sueño para todas. Pero yo lo veo desde otra forma. Empecé esta lucha que se hizo visible gracias a mi caso, pero es una lucha colectiva”.

La lucha de las campeonas mundiales

El 8 de marzo pasado, The New York Times publicó la noticia de que las jugadoras de la selección de Estados Unidos (actuales campeonas mundiales) demandaban judicialmente a su asociación para intentar corregir la brecha salarial y las condiciones en las que juegan. De acuerdo al artículo, “28 jugadoras describieron una ‘discriminación de género institucionalizada’ que ha existido durante años. Esa discriminación, afirman las atletas, no solo afecta sus remuneraciones, sino también dónde juegan, cómo entrenan, el tratamiento médico, y hasta en qué condiciones viajan para jugar sus partidos”.
Ese tipo de inequidades también se dan en otros ámbitos. Según un informe de la organización Now This publicado en Twitter, FIFA destina unos 400 millones de dólares a remuneraciones para 32 selecciones masculinas durante el mundial, mientras que solo hay 30 millones de dólares para repartir entre 24 selecciones femeninas. Una de las máximas estrellas deportivas del mundo, la tenista Serena Williams, salió a apoyar públicamente el reclamo de las futbolistas de su país: “La diferencia en la paga es ridícula. Si yo estoy jugando hoy es porque alguien alzó su voz antes. Y lo que ellas están haciendo ahora es para el futuro del fútbol femenino”.




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