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Ludmila Pagliero, bailar en francés

La bailarina argentina que ganó en 2017 el Benois de la Danse, es figura del Ballet de la Ópera de París, el más importante del país. 

Ludmila Pagliero, bailarina argentina de la Ópera de París
Ludmila Pagliero, bailarina argentina de la Ópera de París.

Hay que hacer así: entrar a Youtube y escribir su nombre. Ponerse los auriculares y subir el volumen bien alto. Sentarse frente a la pantalla como si uno se dispusiera a meditar o a entregarse a lo que viene después. Hay que abrir el primer video que aparece destacado. Hay que poner play y mirarlo sin hacer nada, sin distraerse, sin ni siquiera pestañear, mirarlo como si fuese la contemplación de algo sagrado. Hay que mirarlo porque es la contemplación de algo sagrado: una pieza de colección, una obra de arte, un misterio que no necesita develase.

Allí está Ludmila Pagliero, 36 años, argentina, etoile del Ballet de la Ópera de París. El video, que es un fragmento de la obra Onegin en el que baila junto a Mathieu Ganio, dura apenas cinco minutos y 16 segundos. Y con eso es suficiente. Hay que verla, a Ludmila, en la piel de Tatiana, bailando con la desilusión, la angustia, la madurez, la tristeza, el tiempo y el desamor en cada átomo del cuerpo. Hay que verla cuando mira, cuando da un paso, cuando gira, cuando mueve los brazos, cuando salta, cuando respira, cuando sufre porque Tatiana sufre. Hay que verla, a Ludmila, una de las mejores bailarinas de latinoamérica, la primera en llegar a la compañía de ballet francesa, bailar como si se escapara de la muerte, como si con su danza estuviese exorcizando a todos los que la miran. Hay que verla, a Ludmila, como si se contemplara algo sagrado: una pieza de colección, una obra de arte, un misterio que no necesita develarse.

Danseur

Su madre le contó que cuando era niña y estudiaba teatro en Buenos Aires, se metía en las clases y en los personajes y en las escenas con tenacidad, con pasión. Desde siempre hubo en ella algo artístico que pulsaba para salir a la superficie. Le gustaba la comedia musical pero no era buena para cantar. Un día le dijo a su madre que quería bailar. Empezó en una academia de jazz y la profesora se dio cuenta de que Ludmila tenía condiciones para dedicarse a la danza de forma profesional y le sugirió que estudiara ballet clásico para adquirir la disciplina, el rigor, la coordinación, la postura, la elegancia. Con eso, después podría bailar lo que quisiera.

Empezó clases de ballet con una profesora que le daba mucha importancia a lo artístico, más allá de la técnica. Y entonces Ludmila entendió que no se trataba de hacer un paso tras otro sino que en la rigidez de la danza clásica también había espacio para la creatividad y la libertad.

Tres meses después se postuló para ingresar al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. La primera vez que se puso un traje y se paró en el escenario del teatro, Ludmila supo que eso era lo que quería para siempre. Seis años después de haber llegado a la escuela, el Ballet de Santiago de Chile le ofreció un contrato por tres meses. Como en el Colón no había audiciones, se fue. Tenía 16 años. Se integró al cuerpo de baile. Después la ascendieron a solista y empezó a bailar roles principales.

En el tiempo en Chile aprendió todo: tenía la fuerza de la adolescencia, el miedo y la satisfacción de dedicarse a lo que quería, decía que sí a todos los desafíos que le proponían, miraba a las que más sabían para poder absorberlo todo. No quería bailar en otro lado. Ni siquiera se lo planteaba. No sabía, Ludmila, todo lo que pasaba afuera porque solo estaba concentrada en crecer allí. Algunas veces, también, se sentía sola.

Ludmila Pagliero ganó el Benois de la Danse en 2017
Ludmila Pagliero ganó el Benois de la Danse en 2017

Cuando el director del Ballet de Santiago se fue, la compañía estuvo más de seis meses sin una dirección. Ludmila sintió, ahí sí, que tenía que buscar otro lugar. Era 2003 y tenía 20 años. Como no tenía demasiados contactos en el mundo de la danza, decidió participar en un concurso para que algún director la conociera y le ofreciera un contrato. Lo único que tenía Ludmila en ese momento era el talento, las ganas y los años de experiencia en Chile. Participó del Concurso Internacional de Ballet de Nueva York y el American Ballet Theater le ofreció un contrato de un año. Al mismo tiempo, se enteró de que había una audición para entrar al Ballet de la Ópera de París, una compañía con más de 300 años de historia. Fue a la audición como quien rinde un examen sin haber estudiado: con la suerte en los hombros, sabiendo que es casi imposible pero con un segundo en el que se permite la duda.

Le ofrecieron un contrato por tres meses y tuvo que elegir. O Nueva York o París y eligió Francia: si algo no salía bien, si tenía buscar otro lugar, en Europa había muchas opciones cercanas para poder audicionar.

Llegó a París con 20 años, sola, sin hablar francés y sin conocer a nadie más que a un argentino que se había cruzado en un tren cuando había ido para audicionar. Le mandó un mail y le preguntó si él sabía de alguien que pudiera alojarla las primeras semanas. El argentino la recibió en su casa. Vivía con un amigo en un monoambiente de 17 metros cuadrados, que antes había sido el cuarto de servicio de un gran edificio. Así fueron los primeros días de Ludmila en París, compartiendo un sillón con dos desconocidos que le ofrecieron lo poco que tenían y la ayudaron en todo.

El Ballet de la Ópera de París, dirigido desde 2016 por Aurélie Dupont, es una de las compañías más importantes de Europa y Ludmila Pagliero fue la primera bailarina latinoamericana en formar parte de ella. Con un elenco de más de 130 bailarines, suelen presentarse en dos teatros diferentes con distintos repertorios y se dividen en estas categorías: quadrilles, coryphées, sujets, premiers danseurs y etoiles. La primera corresponde al cuerpo de baile y la última a una categoría aún mayor que los primeros bailarines.

Ludmila empezó como quadrilles. En 2007 fue promovida a coryphée, en 2008 a sujet y en 2010 se transformó en primera bailarina. Ella hacía lo que siempre había hecho: trabajar mucho, mirar a los demás, observar atenta, escuchar, absorber, absorber y absorber las formas y el lenguaje de una compañía sobre la que tenía que aprender todo.

En 2012 bailó La Bayadera habiendo tenido un solo ensayo. Una compañera se había lastimado y aunque hasta ese día ella estaba bailando otro repertorio, tenía que salir al escenario en su lugar. Por ese ballet se transformó en etoile.

Desde entonces bailó roles principales de todos los clásicos, trabajó con coreógrafos contemporáneos, experimentó, ganó premios y reconocimientos y el público la aplaudió como si fuese más francesa que los franceses.

Sin embargo, ninguna palabra de este texto tiene sentido si ahora mismo no va a Youtube y escribe su nombre, abre el primer video que aparece destacado, lo reproduce y lo mira como quien contempla algo sagrado: una pieza de colección, una obra de arte, un misterio que no necesita develarse.

benois de la danse 

El premio más importante del mundo

En 2017 Ludmila Pagliero ganó el Benois de la Danse, el premio más importante en el mundo del ballet. Compartió el reconocimiento con María Noel Riccetto. La argentina había sido nominada por su interpretación de la obra Other Dances, una pieza creada por el bailarín y coreógrafo americano Jerome Robbins para Natalia Makarova y Mikhail Baryshnikov. A Ludmila siempre le han gustado los ballets de Robbins porque, al contrario de otras obras, son abstractos: no hay que interpretar a un personaje, alcanza con que sea ella misma.

“Al Benois de la Danza lo sigo cada año, aunque no estoy en la búsqueda de premios y reconocimientos. ‘¿¡A mí!?’, es mi primera reacción aunque sé que me puede pasar porque tengo visibilidad mundial, aunque el reconocimiento más grande fue cuando me dio la noticia Manuel Legris, un bailarín francés que admiro mucho”, dijo entonces en una entrevista con Infobae. “Tampoco me gusta pensar mucho en los premios por la tristeza de no ganarlos. Es un honor y un gran reconocimiento”.

Dos años después, la bailarina fue distinguida en Argentina con el Premio Konex de Platino.

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