EL PERSONAJE

Lucía Brocal: “Ya di prueba de lo que soy capaz”

A los 21 años empezó en Telenoche. Hoy, con 33, en Del Sol y Teledoce, la comunicadora es una de las más conocidas de Uruguay. 

Lucía Brocal. Foto: Leonardo Mainé
Lucía Brocal. Foto: Leonardo Mainé

Lucía Brocal es chica, está en esa transición compleja entre la adolescencia y la adultez. Tiene unos 20 años y ya probó ser trabajadora social pero no funcionó. Se sienta frente a una computadora, escribe unas líneas en las que se presenta: nombre, comunicadora en formación, experiencia en varias notas. Adjunta el curriculum con una foto que le sacó una amiga en un verano de poco tiempo atrás, a los 19 años, entrevistando a Jorge Batlle con un micrófono de Canal 4. Guarda el texto, probablemente lo lee varias veces para corroborar la exactitud de palabras y comas, lo envía. Espera.

“Antes de estudiar hice de notera. Uno de esos trabajos fue en el programa de Verónica Dandrea, que se pasaba en Canal 4. Estábamos en un desfile en Punta del Este. Yo modelaba y hacía notas. Entonces veo que llegan Mercedes Menafra y Jorge Batlle”, recordará. “Ponele que le podía hacer una nota a Menafra por el desfile, pero yo le hice también preguntas a Batlle. A toda costa. Le preguntaba por las posibilidades de una marca que salía de la frontera, de la importancia del sector empresarial. Él probablemente no entendía nada de esa chiquilina que le estaba preguntando todas esas cosas. Y le pedí a una de mis amigas, que estaba para el desfile que me sacara la foto. Sabía que en algún momento esa foto iba a ser un gancho”.

Por la época también trabaja para notas de básquetbol y en el programa AM Libre de Diego Sorondo.

“Siempre fui caradura”, dirá poco más de una década después sentada frente a la mesa de su casa ordenada y luminosa, en un séptimo piso. Las respuestas a ese email fueron dos: una de Canal 12, agradeciéndole la disposición, pero que no había vacante. Otra de Canal 4, ofreciéndole una entrevista. Así empezó todo.

El lado público de ser periodista

La primera vez que conduce Telenoche Central le tiemblan las piernas, pero los nervios no la paralizan. Eso, temblar, estar exaltada, inquieta, no es un sentimiento nuevo. Lo percibe cada vez que se enfrenta a algo distinto. Pero sabe que la oportunidad, estar a los 21 años ante una de las pantallas más vistas por los uruguayos, con el deber de informar, es algo que tiene que aprovechar.

“En la primera entrevista laboral para Telenoche me preguntaron si me animaba a hacer una prueba al día siguiente. El día de la prueba estaba Sergio Silvestre, gran periodista; me dijo que fuera al Ministerio de Economía, que había una conferencia de la ministra de Turismo, era algo del dólar. Y yo aproveché e hice preguntas por turismo, por el dólar, por no sé cuánto y le traje cinco notas. Me dijo si podía editarlo. Dije que sí. No tenía ni idea, pero me ayudaron y salió mi nota al aire”. Al día siguiente empieza su primer verano como notera del informativo. Es 2009, un año lleno de incendios.

Luego vendrán las noticias policiales, el Parlamento. Lecturas voraces o llamadas telefónicas a conocidos que le puedan aportar profundidad sobre algún tema mientras se transporta a cada nota porque, por lo general, “el periodista uruguayo tiene que cubrir de todo un poco”.

Lucía va construyendo su caja de herramientas, cómo manejar los nervios, lograr la mayor objetividad posible, cómo mostrar sin estorbar y velar por la seguridad propia y la del camarógrafo. Leer y preguntar. Y así llega el momento de conducir. Primero con Roberto Hernández en Telenoche Sábado, luego la hora central con Fernando Villar.

En 2020, seis años después de renunciar a Telenoche, le seguirán preguntando sobre eso que dijo una vez acerca de sentirse un florero, por ser mujer en un informativo en una época en la que, aunque no tan lejana, todavía no se visibilizaba el machismo naturalizado. Lucía, que conduce un informativo matutino en Del Sol (Doble Click, con Paula Scorza) y Telemundo, que está desde los inicios en Desayunos informales, que estuvo en El Observador TV, se cansó de responder sobre eso. De los primeros años guarda los mejores recuerdos, aprendizajes, amigos. Ahora quiere hablar de periodismo, de lo que hace todos los días porque con eso vibra. “Como cuando en Doble Click te das cuenta que conseguiste el titular, sentís adrenalina”.

—Venías del palo del modelaje y en muchas notas que te han hecho se habla de tu apariencia. ¿Sentís que te pesó? ¿Que tuviste que demostrar algo?

—Durante mucho tiempo todo lo que tenía que ver con la imagen me pesó o me hacía ruido. Hoy no más. Yo soy esto. Ya di suficiente prueba de lo que soy capaz. Te puede gustar mi estilo o no, pero no por mi imagen o por mis trabajos anteriores o por lo que venga soy menos periodista que otras personas.

—¿Cuáles son tus desafíos hoy?

—En Doble Click primero teníamos que lograr que la gente eligiera escuchar el noticiero de las 7 de la mañana liderado por mujeres, que es un horario por costumbre y de toda la vida varonil. El desafío fue que creyeran en nosotras. Después el reto diario como periodista es ser rigurosa, tener todas las campanas posibles, no tomar partido, no quedarte con la primera respuesta, no ser sensacionalistas. En Telemundo, por ejemplo, es muy masivo y tenés que ser responsable con lo que estás diciendo. En el periodismo también se hace autocrítica. Es un ejercicio permanente, a veces es bravo. Estás cocinando y mirando el informativo. Es estar en un estado de alerta constante.

Y está el desafío de ser una persona expuesta que con las redes, siente la comunicadora, se hace más intenso. “Yo sé que hay una Lucía pública que debe rendir, pero también una puertas adentro, que es mamá, que tiene amigos, pareja, familia, hermanos. Y eso es solo mío”.

La periodista cuida su vida privada

“Dos por tres” quiere cerrar los ojos y estar ahí, en el barrio de veredas anchas, con la cabeza metida entre sus brazos, contando uno, dos, tres, y hasta 10 para luego gritar “salgo” y buscar a sus amigos en una escondida. Dos por tres quiere cerrar los ojos y estar ahí, en la cocina de su casa, olor a comida casera, con su madre escuchando la AM o en la mesa familiar observando discusiones sobre política de las que absorbió todo lo que pudo. Quiere cerrar los ojos y estar en la combi que su padre tuvo una vez y en la que todos sus amiguitos se subían para ir a la playa. O en la calle jugando guerra de agua o al ring raje. O parada frente a los más chiquitos del barrio haciendo de maestra o juntando juguetes para el Cottolengo o en la vereda, disfrazada con sus amigas, bailando coreografías con la música de una radio huevito sonando de telón de fondo. Dos por tres Lucía quiere estar ahí, en el barrio Capurro de 20 años atrás.

“Pero no es una nostalgia triste”, dice. “Es por lo bueno que viví. No nos sobraba nada, pero fue una infancia superfeliz”. Y su intención es vivir con esa misma energía y optimismo la vida adulta, la personal y la pública.

Por eso, quizá, enfrentó con el mayor optimismo posible cuando dos meses después de tener a Felipe (8), su primer hijo, a sus 25 años, se enteró que tenía cáncer en un riñón y se lo sacaron. “Le tengo mucho respeto al cáncer. Porque es algo que sabés que te puede pasar, y una vez que te pasó, no es el de al lado. Pero Felipe fue un motor fundamental para sobrellevar todo ese momento con tremenda energía positiva”.

Por eso, quizá, buscó una casa en las alturas, desde la que se ve la copa de los árboles, cuando se separó este año y tuvo que generar un nuevo hogar para ella y sus hijos Felipe y Juan (casi tres). “En esta casa había cielo. Luz, claridad, y es lo necesario después de un fin de algo”. Es hogareña, de esas anfitrionas que siempre quieren ver la casa llena de vida, con reuniones, con amigos, con familia, con juguetes.

Y, entonces, sentada frente a su mesa de madera pulcra de la que acaba de barrer las migas de un pan con manteca que comió un niño, dice algo que podría parecer obvio, pero que en su voz suena a sinceridad absoluta: “Estoy superparada en vivir el hoy, es lo que tengo, lo que puedo manejar, lo que puedo disfrutar. Es ese ejercicio en el que creo que estamos todos, pero este año pandémico, si tengo que pasar raya, es eso: elijo lo que quiero hacer, con quién quiero estar, dónde, y digo no, hago valer mis deseos”.

Sus cosas

Lucía Brocal. Foto: Leonardo Mainé
Flores en casa

“Cuando Feli era chiquito era más obsesionada, detallista. Me gusta que esté ordenado y lindo, que haya flores, como las orquídeas que me gustan tanto. Pero parte de tener dos hijos varones, que viven y comen pan con manteca, es que te llenen de migas el piso, y hay que relajarse y disfrutar. Es una casa que se vive”.

Comenzaron las obras en el Parque Capurro. Foto: Marcelo Bonjour
El barrio Capurro

Sus primeros años fueron en Juan Lacaze, pero la parte que más recuerda de su infancia la vivió en el barrio Capurro, donde hasta el día de hoy y en la misma casa residen sus padres. Cuando puede va con sus hijos, para que tengan un poco más de eso de jugar en la vereda con los amigos del barrio.

Tapa del libro "Mi Historia" de Michelle Obama. Foto: Captura
Michelle Obama

En un estante, al lado de dos portarretratos con fotos junto a sus hijos, hay una pila de libros. La recopilación Grandes entrevistas de la historia, Gioconda Belli con El intenso calor de la luna y, entre otros, se lee: Mi historia, Michelle Obama. Si tiene que pensar una entrevista que anhela, probablemente sería a la ex primera dama estadounidense.

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