EL PERSONAJE 

Lucas Madrid: "El surf es un deporte que no tiene límites"

Aunque el 2019 fue complicado lo terminó siendo campeón uruguayo y latinoamericano. Surfea desde los 8 años y ahora sueña con meterse entre los mejores del mundo.

Lucas Madrid, surfista
Lucas Madrid, surfista. Foto: Ricardo Figueredo

Los días que hay olas acá son días sagrados, aprendés a valorarlos mucho”, dice Lucas Madrid, 27 años, surfista, último campeón uruguayo y campeón latinoamericano tras ganar el Alas Latin Tour. Es la tarde del 6 de enero y en la playa El Emir de Punta del Este algunos niños practican con sus tablas en las pocas olas —leves, sutiles, livianas— que rompen en la costa. Para Lucas hoy es un día sin surf. Encontrar buenas olas para surfear durante la temporada de verano en las playas de Uruguay es casi un milagro. Hay que esperarlas con paciencia, hay que mirar cada día el pronóstico del tiempo, hay que estar en el lugar indicado en el momento exacto o sino hay que moverse, perseguirlas, buscarlas. Y cuando llegan, hay que aprovecharlas. Tres, cuatro, cinco, seis horas sin salir del agua. No importa que el cuerpo se canse. No importa nada. Cuando hay olas hay que surfearlas.

“La mejor época para nosotros es otoño, desde finales de febrero hasta principios de mayo. Todavía no está frío y es cuando los vientos bajan. Acá en Uruguay, lo que necesitamos para que se armen las olas son tormentas muy grandes. Nosotros festejamos cuando hay mal tiempo porque es cuando vamos a poder surfear. Hay una tormenta por dos o tres días y al final de la tormenta surfeamos dos o tres días y nos quedamos sin olas hasta la próxima tormenta y así”, cuenta. Por eso el surf no es un deporte de verano. No, al menos, en Uruguay.

En estos meses Lucas, que nació en Montevideo pero vive en Punta del Este desde los dos años, aprovecha para hacer la pretemporada y prepararse físicamente en su ciudad: enfrentar al mar y fluir con las olas requiere de estar en buen estado. También para estar tranquilo con su familia y amigos. Durante el resto del año se pasa viajando: de un torneo a otro, de una playa a otra, buscando siempre una ola mejor que la anterior.

Casi siempre en marzo o en abril se va a Perú; es barato, está más cerca de los torneos latinoamericanos en los que compite y hay olas. Siempre hay olas. De ahí se mueve a las competencias que, en general, son unas 10 al año; seis afuera y cuatro en Uruguay. Ahora va a intentar empezar a surfear el circuito mundial para acercarse a su máximo objetivo: llegar a la elite del surf mundial, donde están los 32 mejores. “Obviamente es dificilísimo y además es muy costoso porque es un circuito que hay que hacerlo por todo el mundo; viajás todo el tiempo, pero bueno, es mi sueño y quiero empezar de a poco en algunas etapas para empezar a tener ranking”, relata.

Hay otros sueños. Y también hubo algunos -como el latinoamericano- que ya cumplió.

Persiguiendo olas

Lucas Madrid, campeón uruguayo y latinoamericano 2019.
Lucas Madrid, campeón uruguayo y latinoamericano 2019. Foto: R. Figueredo

A los 8 años su padre, Gonzalo Madrid (futbolista y surfista) le regaló una tabla que tenía que compartir con su hermano, dos años mayor. Se tiraban al agua solo en verano y Gonzalo les enseñaba: a colocarse para agarrar la ola, a pararse en la tabla, a tener equilibrio, a lograr que el cuerpo fluyera con cada ola. Cuatro años más tarde, para evitar las peleas, les regalaron otra tabla. Lucas se quedó con la vieja. Un poco después tuvo su primer traje largo y empezaron a tirarse al agua en invierno.

Con 13 años, Lucas decidió dejar el fútbol, el otro deporte que siempre había practicado. Se dio cuenta de que el surf le apasionaba y que quería intentar vivir de surfear. “Cuando empecé a competir me empezó a ir bien; desde los 14 a los 17 salí campeón todos los años. Estaba motivado, quería seguir compitiendo siempre. Ahí empecé a querer ser surfista pero también sabía la realidad del deporte en el país y era algo muy difícil”, comenta.

Cuando terminó el liceo se fue a estudiar administración de empresas a Montevideo. Estuvo un año y volvió a Punta del Este. “No era eso lo que quería. Yo tenía el sueño de ser surfista y mis papás siempre nos transmitieron mucho que teníamos que apostar o luchar por los sueños. Así que un día les planteé que quería dejar de estudiar por un año y dedicarme cien por ciento al surf y ver cómo me iba. Si no funcionaba volvía a Montevideo”, prosigue. Salió campeón latinoamericano en la categoría sub 21. Era 2012. Ese fue el año en el que empezó todo.

Ocho años después, en noviembre de 2018, Lucas se lesionó el hombro compitiendo en el Salvador. Era el mismo hombro que ya se había lesionado en un torneo anterior y que lo había dejado por seis meses afuera del agua.

El 2019 empezó mal y se perdió la primera etapa del Alas Latin Tour. “La lesión me tomó tres meses y cuando me fui a Perú por la segunda etapa no me fue muy bien”, recuerda. Después vino el campeonato uruguayo. Hubo dos fechas y ganó las dos. Pero llegó el Panamericano. Lucas se preparó por cuatro meses, se instaló en Perú, contrató un técnico y apostó todo lo que tenía a esa competencia. “No cumplí con el objetivo mínimo y tuve un bajón enorme. De hecho dejé de surfear porque me sentía muy cansado, no tenía motivación para hacerlo y estuve dos meses afuera. Fui a un psicólogo deportivo porque ya no tenía ganas de surfear”, confiesa.

Como cuando el agua lo arrastró y lo revolcó con fuerza, esas derrotas le sirvieron, dice, para aprender: “Fue un proceso que tuve que vivir, tuve que aprender que había apostado a algo muy grande y tuve que pasar por ese bajón, tuve que reencontrarme, volver a tener ganas de surfear y encontrar nuevos objetivos para seguir”.

Para la cuarta y última etapa del latinoamericano Lucas ya se había sacado la mochila de la presión y fue dispuesto a disfrutar y a meterse entre los primeros 10 del ranking. No era un objetivo fácil puesto que estaba en el lugar 40.

“En la última etapa en El Salvador, yo empecé a avanzar rondas y los que estaban arriba mío perdían en las primeras rondas. Algo parecido había pasado en la etapa anterior, en México”, cuenta. El día previo a la final empezó a surgir una hipótesis: Lucas tenía chances de ser campeón latino. Esa noche no durmió. Habló por teléfono con su padre que le dijo que disfrutara, que transformara los nervios en algo positivo, que no tuviera miedo.

El sábado 16 de noviembre Lucas ganó el Alas Latin Tour y se transformó en campeón latinoamericano. Al otro día llegó a Uruguay, compitió en el torneo uruguayo y lo ganó. Era la segunda vez que lo lograba. La anterior fue en 2016 pero esta fue especial.

Todavía le cuesta reconocerse campeón, ser consciente de todo lo que pasó en un solo año, entender cómo se dieron las cosas. “En mi cabeza todavía no caigo. Es increíble y un privilegio haber logrado ese objetivo. Tenía una base de muchísimo trabajo y de muchos años. A veces me canso. He tenido que lidiar con muchas lesiones pero la verdad es que uno siempre se vuelve a levantar sabiendo que adelante hay algo mejor por lo que apostar”.

Hoy Lucas vive del surf. Y apuesta siempre por él. Dice que gracias a sponsors puede viajar a competir pero que no le da para ahorrar plata, que el día de mañana verá cómo se las arregla, pero que mientras pueda seguir practicando, viajando y compitiendo lo va a hacer. Se trata de su trabajo pero antes que nada se trata de una pasión. “El surf es mi vida”. Y es verdad, Lucas vive en función de las olas.

—¿Qué te enseña el surf para tu vida?

—En primer lugar aprendés a respetar mucho, a no subestimar y también a saber tus propios límites. Es un deporte que está muy ligado a la naturaleza, entonces te enseña a cuidar mucho el medio ambiente, a ser consciente y valorarlo. Y también te une mucho con otros surfistas y amigos porque si bien es un deporte muy solitario, de repente pasás un día entero surfeando y después nos vamos todos juntos y hacemos un asado. Es un deporte que tiene mucho detrás. Y, por otro lado, como nosotros siempre estamos buscando olas, tenemos que viajar mucho y eso te abre mucho la cabeza, conocés otros países, otras personas, otras playas; es como que no tiene límites. Nunca hay una ola igual a otra y eso te atrapa más porque cuando tomás una ola tenés que anticiparte a lo que va a hacer para saber qué maniobra tenés que hacer vos, tenés que aprender a fluir con la ola. Y cuanto más fluyas vas a acompañarla mejor. Es un deporte que no tiene límites.

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