NOMBRES

Llega la esperanza a los oscuros mundos de fantasía

La escritora estadounidense Mary Robinette Kowal encabeza el grupo de autores que impulsan la corriente hopepunk, una variante de la ciencia ficción y literatura fantástica que comienza a imponerse.

Mary Robinette Kowal
Las letras del "hopepunk". 

Después de todo el refrán persiste: la esperanza es lo último que se pierde. Luego de los horizontes sombríos que comenzaron a ganar a los relatos de ciencia ficción y fantasía, donde la distopía se hizo fuerte a través de obras tan notables como "El cuento de la criada" de la canadiense Margaret Atwood, por ejemplo, una vuelta de tuerca da lugar a una nueva tendencia. Se trata de la corriente hopepunk, que comenzó a reunir a un grupo de autoras distinguidas con los premios más importantes del género en lengua inglesa. Y entre ellas se destaca Mary Robinette Kowal, quien recibiera los premios Hugo y Nébula, los más prestigiosos en materia de ciencia ficción (sci-fi, en inglés) y literatura fantástica.

¿En qué difiere esta pujante corriente literaria de sus antecesoras? Su nombre parece indicarlo, más allá del oxímoron aparente que encierra hope (esperanza) y punk, el movimiento que hizo del "No future" su lema fundacional. Pero es necesario un breve preámbulo histórico para estas definiciones.

La corriente conocida como ciberpunk surgió allá sobre fines de la década de 1980 de la pluma de autores que revivificaron el alicaído género de la ciencia ficción. Luego de brillar con autores de la talla de Arthur C. Clarke (2001: Odisea en el espacio); Isaac Asimov (Yo, robot); Robert Heinlein (Tropas del espacio); o Ray Bradbury (Crónicas marcianas), tal vez el más universal de todos, el género parecía estar llegando a su agotamiento. Tres autores en lengua inglesa le dieron un nuevo impulso: William Gibson ("Neuromante"), Bruce Sterling ("Islas en la red"), y Neal Stephenson ("Criptonomicón"), quienes crean la corriente ciberpunk. Este giro en el género toma los desarrollos en la tecnología y, en particular de la informática, para combinarlos con el thriller en un escenario a menudo distópico.

Mary Robinette Kowal, junto a un puñado de autoras, llegan en esta época para dar otra vuelta a la tuerca del sci-fi. En esta nueva mirada el o la protagonista decide “hacer lo correcto” en un universo donde todo sigue siendo sombrío, como en las mejores distopías. En estos relatos los personajes son la punta de lanza de una rebelión contra todo lo que está mal.

Esta autora estadounidense se ha robado todas las miradas con una serie de cuentos y algunas novelas notables. Es oriunda de Carolina del Norte, donde nació el 8 de febrero de 1969, con el nombre de Mary Robette Harrison. Se licenció en Educación Artística, en la especialidad de teatro, pero comenzó su carrera laboral como titiritera y llegó a tener su propia compañía productora en la disciplina, Other Hand Productions. Su preferencia por la ficción infantil la llevó a trabajar para la serie Lazy Town durante un par de temporadas. Actualmente sigue impartiendo talleres de títeres, mientras se dedica a la escritura.

Kowal obtuvo en 2008 el prestigioso premio Nebula con el cuento "Solo para Cello, Op. 12". Más adelante, sus historias cortas continuaron cosechando distinciones, un par de años después fue finalista en el otro gran premio del género como lo es el Hugo. Finalmente en 2011 se hizo con este galardón con el cuento "Por falta de un clavo" (que se puede leer en español acá), y en los años siguientes se llevaría varias veces esta distinción con diferentes trabajos en novela y cuento.

Su obra más reciente y premiada es "The Calculating Stars", en el que Kowal practica la ucronía  —un subgénero literario que se emparenta con la distopía y la novela histórica, al narrar un suceso del pasado que produjo una historia alternativa—, donde se cuentan las consecuencias catastróficas del impacto de un meteorito en la Tierra.

Desde este año, Mary Robinette Kowal preside la Sociedad de Escritores de Ciencia Ficción y Fantasía de Estados Unidos, lo cual no hace más que reconocer su papel en la literatura de género.

Esta corriente, cabe también señalarlo, parece casi enteramente dominada por plumas femeninas. Las exponentes actuales más sobresalientes del hopepunk son, además de la mencionada, las también premiadas Charlie Jane Anders (ver nota aparte), Kameron Hurley, Becky Chambers y Alexandra Rowland.

Esta última aventuró una definición sobre la corriente y, más concretamente, sobre el carácter de sus personajes modélicos. “La bondad no es necesariamente pasiva”, escribió Rowland en un ensayo de 2017, “el hopepunk dice que la bondad no es igual a debilidad, y en este mundo de brutal cinismo y nihilismo, ser bueno es un acto político. Un acto de rebelión”. En su ensayo, Rowlan recordaba que esta corriente nace como contraposición a otra bastante asentada en la literatura fantástica que es la conocida con el nombre de grimdark. Esta modalidad es muy común en toda la literatura del llamado género de fantasía heroica, donde los héroes se mueven en un escenario oscuro y guiados por intereses al menos ambiguos.

Estas ideas son las que parecen dominar tanto en la obra de Kowal como en las de las otras autoras mencionadas. Esos rasgos parecen comunes en novelas como El largo viaje a un pequeño planeta iracundo (en español Insólita Editorial, 2018), de Becky Chambers; o en Las estrellas son legión (Runas, 2017), de Kameron Hurley; o Todos los pájaros del cielo (Insólita Editorial, 2018), de Charlie Jane Anders.

Se ha señalado que, tal vez, esta corriente del hopepunk no sea en el fondo tan novedosa. Basta recordar el carácter de los inolvidables personajes de la saga de "El Señor de los Anillos", de J.R.R. Tolkien y sus nobles héroes como Aragorn, el mago Gandalf, el elfo Legolas, y los inseparables Frodo y Sam, hombres buenos buscando la luz en un mundo que se tambalea hacia la oscuridad.

La producción en esta zona gris entre la ciencia ficción y la literatura fantástica ha ido generando exuberantes corrientes como el steampunk. Esta variante de historias echan mano también a la ucronía y suelen ambientar sus tramas en escenarios victorianos donde la máquina a vapor (steam) convive con sofisticados gadgets tecnológicos. Un género vivo que continúa renovándose en todos los sentidos, en sus materiales y en sus autores.

La reina trans de este género literario

Charles Jane Anders es una escritora transgénero estadounidense, prolífica y comprometida. Es oriunda de Connecticut y estudió literatura inglesa y asiática en la Universidad de Cambridge. Anders vivió en Hong Kong y en Boston, antes de fijar su residencia en San Francisco, California. Además de su intensa actividad literaria, Anders es una abierta activista por los derechos de las mujeres transgénero, las que, sostiene, continúan siendo discriminadas aún entre los colectivos de mujeres bisexuales de San Francisco. Anders es también un ejemplo de resiliencia, ya que padece de un trastorno de integración sensorial, un desorden neurológico que afecta, por ejemplo, en el control de la motricidad gruesa y fina. La autora ha recibido numerosas distinciones, una de las más altas la obtuvo con la novela "Todos los pájaros del cielo", ganadora del premio Locus (premio mayor en literatura fantástica), que narra la peripecia de una niña que habla con las aves que encuentra en el bosque.

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