NATALIA MARDERO

"Leer se ha convertido en algo elitista"

Con un nuevo conjunto de relatos a poco de salir, la escritora uruguaya reflexiona sobre la importancia de la escritura y la lectura en el ámbito social y cultural nacional.

Natalia Mardero
Foto: Francisco Flores

Es una de las escritoras más o menos jóvenes más destacadas de la literatura nacional, aunque no se sienta parte de una corriente o grupo en particular. "Esas son cosas de la academia o de los medios, tratar de agrupar nombres para de alguna manera ordenar y presentar lo que está pasando en las letras, si es que está pasando algo", comenta Natalia Mardero en la charla con Domingo en el Café Bacacay de Ciudad Vieja, de mañana temprano y con un café de compañía.

Con cuatro libros publicados, varias participaciones en antologías, una intermientente presencia en los medios como columnista de literatura y un blog que lleva el nombre de una de sus ídolas musicales (Madonna), Mardero es una escritora activa y prolífica, más allá de que alterna entre su pasión (o "necesidad" como dice ella) por la escritura y el trabajo en el Centro de Fotografía de 18 De Julio, donde se desempeña como redactora creativa.

Nacida hace 42 años, comenta que ya empieza a sentirse de otra manera, y que eso también comienza a reflejarse en su prosa. Está preparando su quinto libro, un conjunto de relatos en los que se ven los primeros desvíos de su estilo, que hasta ahora siempre apuntaba —entre otras cosas— a lo breve y directo. "Siempre fui de escribir así", responde cuando le preguntan por sello. "Iba directo a la anécdota. Tenía miedo de aburrirme. Me gustaba empezar un cuento y tenerlo pronto en 40 minutos", dice y añade que para su quinta publicación —aún sin título— se tomó su tiempo.

Unas vacaciones recientes le vinieron bien para poder empezar a explorar otras facetas de su escritura. "Por ahí hay un cuento de diez páginas, que para mí es muchísimo. Empecé a explorar más, a ir menos al hueso. Es algo nuevo para mí y lo estoy disfrutando. Le estoy dando tiempo a los personajes y las historias, que van mutando y me pueden llevar semanas terminarlas. Me están interesando más los matices, los claroscuros. Plantearlos de una manera y que luego haya una vuelta de tuerca, que no sea como parece al principio. Supongo que es una necesidad de no hacer siempre lo mismo, no estar en ese lugar cómodo y conocido. Además uno crece, lee otras cosas, te hacés más vieja".

Necesitar escribir es algo que formó parte de su personalidad desde muy temprano. "Soy mala expresándome oralmente. A veces me pongo a explicar algo y me doy cuenta de que no me sale tan bien. En cambio con la palabra escrita me sale mejor. La escritura tiene eso de poder reflexionar, ir para atrás, revisar... Y como también me gusta la literatura porque me gusta más leer que escribir...". El destino de escritora, en retrospectiva, parecía decantado.

Debutó con los cuentos de Posmonauta en 2001, y de entrada conoció lo que es el reconocimiento: Premio Municipal de Narrativa y Premio Revelación de la Feria del Libro. A ese auspicioso primer paso le siguieron Guía para un universo (2004), Gato en el ropero y otros haikus (2012) y Cordón Soho (2014), que probablemente se publique en un futuro cercano en Argentina, por una editorial cordobesa.

tapas libros Natalia Mardero
Cuentos para una generación montevideana

Muchos también la recordarán de su columna radial en el programa conducido por Daniel Figares en El Espectador, Rompekbzas, donde hablaba de libros que había leído. Esa experiencia radial no tuvo continuidad porque, según ella, era muy poco para el trabajo que implicaba estar al día con lo que se editaba: "Unos 15 minutos en la radio tenían mucha lectura e investigación atrás durante la semana", recuerda y al final tiró la toalla.

Pero no era todo esfuerzo. Recomendar libros podía arrojar la satisfacción de saber que alguien se había tomado el trabajo de buscar ese título, leerlo y conmoverse. "Está buenísimo contagiar el entusiasmo que te puede provocar un libro. Para mí, que alguien te diga que leyó tal libro porque lo recomendé con tanto entusiasmo —y que eso provoque además ciertas emociones— era todo un logro. Convencer a alguien para que se mueva y consiga tal o cual libro... Si solo una persona lo hace, ya está, me considero satisfecha. Lo que me interesaba era generar ganas, provocar que alguien pensara Me gustaría leer ese libro".

Lectora empedernida, ya perdió hace tiempo la cuenta de cuántos volúmenes se amontonan en su hogar, pero calcula que andarán cerca de los 2.000. Y expresa cierta melancolía por el hecho de que el acto de leer ha dejado de tener el mismo significado que tuvo durante mucho tiempo.

Antes, dice sin precisar cuándo, era común que hubiese una biblioteca bastante bien surtida en cada hogar de clase media. Ahora ya no es así, pero a tono con sus nuevas exploraciones de estilo, donde los matices importan más, también en sus reflexiones sobre la lectura hay claroscuros. "Se ha perdido cierto tipo de lectura, que dejó de ser popular. Veo que hay un mundillo intelectual que se retroalimenta, pero no veo que ese grupo sea muy grande. La lectura se ha convertido en algo de elite, cuando antes era algo que muchos hacían".

En eso influyen muchas cosas, claro, desde Netflix hasta las redes sociales y los smartphones, que a menudo fungen como los nuevos dispositivos de lectura. Y también incide, claro, la cada vez más importante industria cultural masiva. "El libro es un producto más de consumo, y está bien. Hay que sostener a la industria editorial. Te venden el libro de la temporada, como si el libro fuera algo que pasa de moda. Se lee esa temporada y luego queda viejo. Obviamente no es así, pero el mercado te lo vende así, tanto 50 Sombras de Grey como el último de Santiago Roncagliolo. Pero por otra parte, veo que hay un montón de guachos que se devoran sagas fantásticas enteras, que salen corriendo a comprar el último libro de tal o cual saga".

—¿Y vos? ¿Salís corriendo a comprar el último libro de algún escritor o escritora?

—No, porque los escritores que me gustan ¡están todos muertos! (se ríe).

Bromas aparte, Mardero tiene varios referentes literarios vivos y aunque sus gustos son principalmente escritores anglosajones, en particular estadounidenses, pone a Felipe Polleri como un ejemplo de un escritor, como dice ella "dedicado". "Uno puede ser escritor de fin de semana, pero acá la única persona que conozco que es 100% escritor es él. Un tipo que dejó todo y dijo Voy a escribir. Y está logrando cierto reconocimiento afuera. Es bueno, y me encanta lo que hace, pero más allá de eso hay una dedicación. Si vos escribís cuando podés, y sacás un libro cada ocho años, ta, no es lo mismo".

Sin embargo ella, que trabaja en otra cosa y no puede dedicarse por completo a la escritura, no se siente frustrada. Para empezar, le gusta su labor en el Centro de Fotografía. Y para seguir, escribe cuando tiene ganas y lee mucho todos los días. Lo que sí la irrita es ver cómo la literatura nacional es poco valorada. Pone el ejemplo de Argentina: "Varios escritores y escritoras la están rompiendo en Argentina, están siendo traducidos a muchos idiomas, están pasando por un muy buen momento. Y nosotros acá, viéndola pasar, cuando también podríamos estar jugando en Primera. Y uno piensa: ¿Cuánto se invierte en Carnaval todos los años? Una fiesta popular que se maneja bastante bien sola, que consigue sponsors por su cuenta. Y luego ves un premio literario del Estado de 30.000 pesos... A mí me parece una vergüenza, una tomadura de pelo. Entonces, no podés pretender que la literatura nacional descolle cuando hay un total desinterés en que algo florezca".

La charla deriva pronto a otra de sus grandes pasiones: la música en general y Madonna en particular. "Fui niña en los 80 y recuerdo cómo brotó toda la música cuando terminó la dictadura. Mi padre tenía un tocadiscos Technics muy bueno, y con mi hermano mayor nos pasábamos escuchando música. Un tío que era marino mercante nos traía discos de sus viajes. Y cuando vi por primera vez a Madonna en un videoclip me pareció increíble. Era un modelo distinto de ser mujer, mucho más atrevido y transgresor. Para una niña, ver eso fue muy importante. Luego incorporé otros gustos musicales, pero Madonna siempre estuvo, porque ella también fue evolucionando, y nunca me decepcionó".

Feminismo y slogans

"Evidentemente hay toda una generación de gurisas que están cuestionando cosas. Y ese cuestionamiento a veces es un poco banal o liviano. No todo, claro. Me gusta que las teorías feministas lleguen a ámbitos donde antes no llegaban y me pareció un hito de la televisión que eso llegara a Intrusos. Está bien que suceda, que ese debate salga de los ámbitos académicos y la discusión vaya a lugares populares. Pero a veces también se simplifica la teoría, se convierte en slogan. Hay que tener cuidado con eso, porque hay todo un sustento teórico del feminismo muy elaborado y que no es Virgine Despentes, que está buenísimo también. Vos leés Teoría King Kong y te reís mucho, es un libro muy bueno. Pero para muchas gurisas capaz que es ese libro y tres más. Y hay mucho más atrás de eso. Se van a lograr cosas en la medida en que haya algo sólido, y que no se convierta en frases para una camiseta, sobre todo si el objetivo es transformar ciertos pensamientos. Pero están pasando cosas, se está moviendo. Y lo ves en las redes. A veces la discusión se torna muy terraja, pero bueno está ahí... se discute. El año pasado no fui a la marcha del 8 de marzo, pero este año creo que voy a ir".

Marcha 8 de marzo
Foto: Ariel Colmegna
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