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¿Y qué tal si le ponemos Usain?

El deporte, las dinastías y las series de tevé son gran fuente de inspiración para elegir nombres. Pero lo clásico perdura.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Elegir un nombre es empezar a marcarle su identidad. (Foto: Shutterstock)

LEONEL GARCÍA

En 1994, una exitosa telenovela argentina llamada Nano, protagonizada por Gustavo Bermúdez y Araceli González, provocó el inicio de un aluvión de Camilas en el Registro Civil. Así se llamaba el personaje de Araceli González, una modelo que por entonces estaba reconvirtiéndose en actriz. Camila era una inocente y dulcísima sordomuda que se enamora de Manuel Espada (Bermúdez), el Nano de marras, un galanazo idealista cuyo progenitor, en realidad, es el asesino del padre de su enamorada (la vida misma...). Y el nombre Camila, que casi no había llamado la atención de los padres por décadas, pasó a ser el elegido para una legión de bebitas, hoy por los veintipocos.

Cuando en 2001 ese bombazo literario llamado Harry Potter saltó al cine, la actriz Emma Watson, entonces una niña, se volvió famosa en todo el mundo interpretando a Hermione Granger. Por el mismo motivo, las escuelas y los liceos de todo el país tienen sus pasillos llenos de Emmas.

Por el contrario, en los últimos años hay oficiales del Registro Civil que notan un cierto descenso de Fernandos. Históricamente muy común, su boom fue en los años 70, cuando Fernando Morena era el gran nombre del fútbol uruguayo, igual que Diego fue un favorito de los 80, por obra y gracia de un tal Maradona.

A alguien le gusta para su hijo un nombre que, por "x" motivo, es muy replicado; como en un efecto cascada, a otros progenitores les gustó y comenzaron a imitarlos. Esta es la misma conducta que se refleja en prácticamente todas las modas. En el Registro Civil no han analizado qué motiva una u otra oleada, dice su director Daniel Wildbaum. "No es un tema que cuestionemos". Adriana Boggio, inspectora de ese organismo, señala por su lado que la cercanía de un Mundial, la gran notoriedad de un futbolista o las series televisivas de turno son una importante fuente de inspiración para los padres. "En este momento, por ejemplo, se están registrando varios nombres de origen turco", añade. Quizá para el año próximo alguna Fatmagul Rodríguez u Onur Pérez, ¡o Usain! Según publicó El País en enero de este año, ya nació una niña llamada Esperanza Mía; sí, como la telenovela de Lali Espósito.

Indios y sajones.

Catriel, "cara cortada" en mapuche, jamás fue lo que se dice un nombre popular. Pero ver a Osvaldo Laport en taparrabos en Más allá del horizonte (otra serie argentina de los 90) inspiró a más de un padre. Hoy también hay una cierta cantidad de veinteañeros llamándose como una dinastía de caciques pampa.

Pero de la mano a esta mirada hacia los pueblos originarios ("extranjeros", ya que Tabaré y Abayubá supieron de mejores tiempos), y poco antes que Camila viviera su estallido, ya comenzaban a nacer numerosos Kevin y Jonathan (con todas sus variantes: Jonatan, Yonathan), prácticamente inexistentes antes. Uruguay siempre fue un país con bastante presencia sajona en los nombres de pila. La gran cantidad de Washington y Walter en la historia, que han caído mucho en desuso, son una buena muestra.

Se da como un hecho —casi como un axioma sociológico— que los nombres en inglés reflejan un estrato socioeconómico bajo, así como habría otras opciones — Alfonso y Stella Maris, solo por nombrar dos ejemplos— que indican lo contrario. Sin embargo, en el Registro Civil no hay nada que sostenga esa creencia. El nombre en inglés se da a todo nivel. "Es muy arriesgado decir que el uso de un nombre se puede relacionar a un estrato social determinado", señala Boggio.

Las modas se renuevan, pero el traje clásico siempre está vigente. Si se habla de nombres, María y Juan son el traje clásico. En todo el 2015 fueron los más populares en Montevideo, según datos del Registro Civil: 792 Marías y 686 Juanes. También lo son este año hasta el 18 de agosto (cabeza a cabeza: 437 y 436, respectivamente).

En lo que va del año, lo otros nombres más populares en el Registro Civil de Montevideo están siendo: Julieta (361), Martina (332), Sofía (330), Mateo (307), Santino (294), Benjamín (291), Mía (249) y Thiago (243). Entre los nombres de niña, Julieta y Martina (¿Por las tenistas Navratilova o Hingins?) comenzaron a hacerse más frecuentes en los años 90, Sofía es algo anterior y Mía "explotó" con el siglo XXI (lo que le resta mérito a la actriz Mía Farrow). Benjamín es una moda reciente, Thiago remite al fin de siglo y Mateo (ver aparte) es un poco anterior.

Identidad.

El nombre de cada persona es su primera señal de identidad. "Y en Psicología decimos que la identidad es algo que se construye. Nadie nace sabiendo quién es y las primeras señales nos la dan nuestros padres. Por eso es bueno que nuestros nombres reflejen buenos deseos y que no nos marquen de forma negativa", dice el psicólogo Álvaro Alcuri. "Si un nombre pasa de una generación a otra, a otra, a otra, eso refleja una suerte de continuidad en el linaje. Tácitamente se les pide que continúen una tradición familiar, una dinastía, hay esperanza en ello", indica. "Por otro lado, cuando le ponemos un nombre determinado a un niño también queremos, de alguna forma, transmitirle las cualidades positivas que tiene ese nombre". Según él, esto también es una forma de "generar expectativas en él desde el primer día de vida". Hay algunas ramas de la psicología que no ven esto último con buenos ojos.

"Si el nombre marca de forma negativa, puede significar una carga, humillar y avergonzar a quien lo porta. Yo he tenido que tratar gente que se ha tenido que cambiar el nombre por ese motivo", afirma Alcuri. Por reserva profesional, no nombra los casos. Para hacer esto, el interesado debe ser mayor de edad y comprobar jurídicamente que llamarse —por nombrar un ejemplo— Stalin le causó perjuicios. "No hay nombres prohibidos. Lo que se pide es que no cause agravio al recién nacido, que no sea ofensivo al portador. Aunque, claro, lo ofensivo es un tema bastante subjetivo", indica Wildbaum, director del Registro Civil.

EL CINE, LA COYUNTURA POLÍTICA, EL DEPORTE, LA MÚSICA, TODO SIRVE PARA HALLAR LA INSPIRACIÓN.

El galán que cuidaba a Whitney Houston.

A principios de los 90 muy pocos escogían a Washington o Walter para sus hijos varones. Hollywood pasaba a ser la principal fuente de nombres anglosajones. Una seguidilla de películas muy exitosas del actor Kevin Costner por esos años—Danza con lobos, Robin Hood, JFK, El guardaespaldas— inspiró a padres y madres para bautizar a sus primeros tocayos criollos.

Para mí que los padres votan a...

La coyuntura política también tiene peso. En Montevideo nunca se anotaron tantos Wilson (71) como en 1971 ni tantos Líber (54) como en 1972, según la aplicación web data.180.com.uy. En esos años previos al golpe, los líderes del Partido Nacional y del Frente Amplio, Wilson Ferreira y Líber Seregni, generaban adhesiones que llevaron a varios padres a inmortalizarlos en sus hijos.

La muerte, sponsor hasta en los nombres.

Mateo comenzó a estar presente sobre todo entre padres melómanos, luego que en 1990 falleciera Eduardo Mateo. La frase "Qué sponsor la muerte", que Horacio Buscaglia acuñara en referencia a su amigo músico, sirve también para los nombres (aunque fuera su apellido). Pese a ser el nombre de un apóstol, en el laico Uruguay ese nombre no fue popular hasta entonces.

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