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Kihnu, la última sociedad matriarcal de Europa

Como los hombres se dedican a la pesca y pasan largas temporadas en el mar, las mujeres quedaron al frente de Kihnu, una isla de Estonia donde las tradiciones siguen intactas.

Kihnu, la última sociedad matriarcal de Europa
Kihnu, la última sociedad matriarcal de Europa

En el Museo de Kihnu, una pequeña isla de Estonia, las mujeres mayores vestidas con polleras a rayas combinadas reflexionaron sobre una pregunta mientras tomaban un café. ¿Qué no ha hecho una mujer de Kihnu?

Armaron una lista actualizada de todos los trabajos necesarios que recordaban haber hecho las mujeres ante la ausencia de hombres, desde arreglar motores de tractores hasta dar misa cuando el sacerdote ortodoxo ruso no estaba disponible. Hasta ahora, solo ha habido un trabajo que nadie puede reclamar.

“Cavar una tumba”, dijo Maie Aav, directora del museo. “Pero incluso eso es cuestionable”. Al igual que las ancianas, Aav, que ronda los 45 años, llevaba una falda tradicional (llamada kort), pero la suya tenía una ligera variación de color para representar su edad.

Los visitantes de esta tranquila isla en el Mar Báltico se sorprenden con sus playas azotadas por el viento y rodeadas de bosques vírgenes y de ocasionales granjas de colores brillantes. Con poco más de 16 kilómetros cuadrados, Kihnu es la séptima más grande de las más de 2.000 islas que tiene Estonia.

Muchas islas estonias han permanecido vírgenes e intactas desde que fueron habitadas por última vez hace siglos. En contraste, Kihnu se destaca precisamente por sus habitantes. Y la isla es famosa por su abundancia de mujeres.

Los hombres comenzaron a esfumarse de la vida cotidiana de Kihnu en el siglo XIX, debido a sus trabajos en el mar. En ese entonces, la pesca y la caza de focas los apartaba de sus hogares durante meses. En respuesta, las mujeres de Kihnu intervinieron y empezaron a dirigir la isla. Así que los roles tradicionales de las mujeres se expandieron hasta incluir todo lo que su sociedad necesitaba para funcionar y prosperar.

Kihnu es una pequeña isla de Estonia
Kihnu es una pequeña isla de Estonia

Con el tiempo, esto se arraigó en el patrimonio de Kihnu, como señaló la UNESCO cuando inscribió aspectos de su cultura en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2008.

Pero la pequeña y tradicional Kihnu enfrenta un problema moderno creciente: la población se está reduciendo a medida que los isleños se alejan debido a la falta de trabajo.

Además, los cambios en la industria pesquera están causando más inconvenientes: los hombres vuelven a sus casas por períodos más largos de tiempo. Y algunos ya ni siquiera se van.

“Tendremos que comercializar eventualmente, pero la pregunta es cuál es la mejor manera para nosotras”, dijo Mare Matas, presidenta de la Fundación del Espacio Cultural Kihnu, dedicado a promover y proteger la historia y las tradiciones de los isleños a través de eventos, festivales e iniciativas educativas.

Como muchas mujeres de Kihnu, Matas realiza una multiplicidad de tareas y está interesada en preservar su herencia. Además de administrar varios alojamientos en casas de familia en la isla (incluido el de la suya), también es la actual encargada del faro y hace guías turísticas.

Su casa amarilla cerca de la costa fue un frenesí de actividad en la tarde cuando llegué en ferry desde Munalaid, un puerto a las afueras de Parnu, la cuarta ciudad más grande de Estonia, aproximadamente a 40 kilómetros de distancia. Su hija mayor, Liis, que entonces tenía 18 años, estaba de regreso del continente, donde vive durante la semana mientras asiste a la escuela secundaria en Parnu (no hay liceo en Kihnu).

Anni, de 12 años, y María, de 9, se apresuraban para prepararse para el concurso de talentos de la escuela esa noche. Su hijo Martín, de 21 años, asiste a la universidad en Tallin, la capital de Estonia, a casi 180 kilómetros de distancia. Al igual que su madre, todos tienen el pelo rubio y unos penetrantes ojos de color azul.

A primera vista, la pequeña mujer de 43 años y madre de cuatro hijos encajaría en cualquier lugar con su elegante corte de pelo hasta la barbilla, lentes negros a la moda y delicados aros de oro. Sin embargo, su armario está lleno de una especie de uniforme: polleras tejidas a mano y delantales personalizados.

Un delantal sobre una falda de Kihnu significa que la mujer está casada. El esposo de Matas, un pescador, estaba en el mar cuando visité la isla.

Cuando le pregunté cuántos de los 300 residentes que viven durante todo el año en la isla son hombres, Matas hizo una pausa para contar mentalmente. En Kihnu hay una jerarquía clara: niños, comunidad y, por último, hombres.

“Tal vez cinco”, contestó. Durante mi visita, solo encontré dos: un documentalista visitante y un constructor.

“Tenemos una mentalidad totalmente diferente a la de la gente del continente. Las mujeres de Kihnu siempre quieren hacer lo mejor para la familia, especialmente para los niños”, me dijo Aav durante una visita al Museo Kihnu.

La isla no es para todos, ni las mujeres quieren que todos la visiten. Las mujeres de Kihnu son conocidas por su franqueza y la isla no es el mejor destino para quienes se ofenden con facilidad.

“El turismo de masas no es bueno para Kihnu”, dijo Aav. “Queremos turismo cultural; personas que estén realmente interesadas en nuestra cultura, nuestro estilo de vida, cómo estamos viviendo. Si están interesados, son bienvenidos, pero deben aceptarlo”.

De hecho, el encanto de Kihnu es que de ninguna manera está preparada para el turismo de masas. Una rama de árbol grande apoyada contra la puerta de entrada de una casa significa que nadie está en el interior. Las únicas señales de tráfico son las cuatro aldeas de la isla: Lemsi, Linakula, Rootsikula y Saare.

Para experimentar las viejas tradiciones es mejor visitar Kihnu durante las vacaciones del calendario religioso, por ejemplo, en el Día de San Juan, el Día de Santa Catalina o en Navidad. Otros eventos organizados en la isla incluyen el festival de arenques en mayo, el día de los cafés caseros en junio, el festival del mar en julio, el día de la danza en agosto y el festival de violines en octubre.

A lo largo de los siglos, Estonia ha sido invadida por vikingos, alemanes, suecos, polacos y rusos. Su supervivencia cultural estuvo en duda durante gran parte del siglo XX, cuando la ocupación soviética, la invasión nazi y la reocupación soviética sometieron a la población.

Y aunque elementos de las culturas de sus muchos invasores se convirtieron en parte de la vida popular regional del país, la remota Kihnu ha conservado la vitalidad de sus singulares técnicas de dialecto, canciones, danza y tejido.

Cuando les pregunté a las mujeres sobre los cambios más importantes de la isla, las respuestas variaron enormemente. “Pantalones”, dijo la tímida Roosie Karjam, de 83 años, sentada en la sala comunitaria del museo, después de mucho pensar. Karjam, la tejedora más famosa de Kihnu y una anciana querida, asintió con firmeza con la cabeza cubierta por un pañuelo, y sus dedos se retorcieron y se retorcieron como si tejieran aire. “Las mujeres nunca solían usar pantalones”.

“¿Cómo le das la bienvenida al mundo moderno, pero mantienes viva esta antigua cultura? Están en el limbo tratando de encontrar el equilibrio”, dijo Silvia Soide, profesora de danza folclórica y fotógrafa. Soide se mudó de Vancouver, Canadá, a Kihnu en diciembre de 2008 en honor a su abuela que huyó de la isla durante la Segunda Guerra Mundial.

En Kihnu hay muy pocos caminos pavimentados. No hay cadenas gastronómicas ni de moda ni cajeros automáticos; no hay un restaurante abierto durante todo el año y la primera estación de policía está actualmente en construcción. Sí hay varias tienditas de artesanías en la isla. En verano se organiza un mercado portuario para comercializar alimentos y productos locales.

No hay hotel. Sin embargo, la isla recibe 12 veces más turistas por residente que algunos de los lugares más visitados del mundo. Aquí, los visitantes son invitados, no turistas.

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