El Personaje

Jorge Nasser: "La intolerancia en la música se mudó de barrio. Ahora está en la política"

Con un disco recién salido, el cantante y compositor mira hacia atrás y celebra haber llevado la bandera de la milonga durante 15 años. Pero encara el futuro con otros matices.

Jorge Nasser
Foto: Darwin Borrelli

Hace tres años, celebró tres décadas como músico profesional. Y hace un par de meses, sacó el disco número 24 en su trayectoria: Llegar, armar, tocar (del que habla extensamente en esta nota). Con 61 años ya es abuelo (su hijo Francisco, integrante de No Te Va Gustar, fue padre hace poco de una niña), y la otrora espesa y abundante cabellera se ha diluido bastante. De todas maneras, Nasser sigue irradiando un aura juvenil y jocosa, con una verba en la que a veces se cuelan vocablos en inglés y un dejo de acento porteño.

En el living de su casa conviven libros, un par de pinturas, una careta con el rostro caricaturizado de Danilo Astori (su político favorito), siete de los ocho Premios Graffiti que ha obtenido, un amplificador marca Marshall —marca sine qua non en el rock— y, hoy, la guitarra "dobro" (foto), una de las aproximadamente 20 guitarras que ha acumulado a lo largo de los años.

Luego de aclarar que el "dobro" no es estrictamente una guitarra, cuenta que él nunca vende instrumentos. "Los compro, los voy acumulando. Y todos tienen una marca, una muesca, algo. Soy como el tipo que se compra un auto y lo roza o lo abolla, como para mostrar que es de él". Esa regla tiene, cuándo no, su excepción. La primera guitarra que tuvo, una Hofner de 1956 que le compró su padre cuando Nasser era adolescente, la vendió en algún momento de los años 80 para adquirir una máquina de ritmos. "Era un músico sin instrumento, pero andaba con un artefacto muy, muy raro en aquella época".

La anécdota puede servir como imagen de la oscilación musical de Nasser a lo largo de los años. Empezó siendo leal al rock con sus tics de modernidad y tecnología. Y luego viró hacia la música más o menos tradicional de Uruguay, en particular la milonga y el candombe. Aunque tampoco ese camino es tan lineal. Porque su primer disco, Era el mismo (1985), producido por Jaime Roos ya tenía exploraciones candombescas y de fusión.

Con esa historia sobre sus hombros, Nasser fue protagonista y testigo de los vaivenes de la música popular uruguaya, y de cómo el rock se hizo un lugar entre los géneros apreciados por el gran público. "Claro. Cuando arrancamos, el rock todavía era visto como un estilo agresivo, medio marginal. Había que tener campera de cuero y cara agreta. Nos veían como unas gárgolas, viviendo en la oscuridad. Y en cierta medida, era así".

En aquellas épocas, él y el resto de los integrantes de Níquel vivían en un torbellino de sexo, drogas y rock&roll, una época en que —como el propio Nasser dice— lo que pasaba luego del show a menudo era aún más importante que el show mismo. "Fueron años rápidos e intensos pero también fueron prolíficos, por suerte. Durante los conciertos, dábamos lo mejor de nosotros mismos y en los discos también. Éramos bastante obsesivos con nuestro laburo. Porque sentíamos amor por la profesión. Y por el rock". De esos tiempos quedan, además de muchos conciertos (entre ellos, el que se ve en el video abajo), 13 álbumes, uno de los cuales —Buena caballo— está discontinuado y es difícil de encontrar.

Cuando Níquel se desvaneció tras la salida de Prueba viviente en 1999, Nasser agarró la bandera de la milonga. La pasión por ese estilo, y por el sonido de la guitarra criolla tocada con púa, heredera del sonido de, entre otros, el argentino Roberto Grela, venía de antes. "En 1995, mientras estábamos grabando Pueblo chico, infierno grande con Níquel, produje un disco de música instrumental del Cuarteto Zitarrosa. Disfruté tanto de esas sesiones, quedé tan inspirado y embelesado por el sonido de las guitarras, que compuse una canción, Milonga igual (que le da título al disco), con letra y todo. Pero no la grabé, por el prejuicio y la actitud rock."

Consumos

Pero para 2001, cuando los prejuicios rockeros dejaron lugar para la pasión milonguera, Nasser la grabó para su primer disco post Níquel, Efectos personales. También influyeron otros factores en su viraje hacia canciones dominadas por el sonido de la guitarra criolla. "Quería seguir en la música; no sé hacer otra cosa, no tengo otro trabajo. Pero no me quería repetir. Pensé que podría aprovechar la visibilidad que tenía como rockero para poner en la estantería ese sonido y ese estilo, que no estaba ahí".

Agrega que también importó que se dio cuenta de que el alcohol y la cocaína eran un camino sin salida. "Cuando dejé de consumir cocaína, me empezó a salir otra música, tuve sensibilidad para eso, y para disfrutarla. Me gustaba de antes, pero una cosa es que te guste y otra que la toques". Hoy, agrega, lleva una vida que no incluye nada de eso pero que se permite "muy ocasionalmente" un poco de marihuana.

El cambio hacia la milonga fue un acierto. Una parte de los 12 Discos de Oro y dos de Platino que ha obtenido son de su época milonguera. Curiosamente, haber ido hacia atrás en el tiempo y buscar un estilo en música de tradición, fue lo que le permitió proyectarse hacia el futuro. "Es como dice 'Toto' Méndez: 'En la música siempre tenés que estar retrocediendo para avanzar".

Ahora mira hacia atrás y se siente satisfecho por haber llevado la bandera de la milonga durante aproximadamente 15 años, porque ese sonido de guitarras tocadas con púa cultivado por gente como Méndez —quien toca con Nasser desde hace años— y Julio Cobelli, también se empezó a escuchar en guitarristas como Guzmán Mendaro y Nicolás Ibarburu quienes, como él, provienen del rock.

—Sin embargo, tu más reciente disco no está tan impregnado de ese sonido y esa actitud. Suena a que cambiaste el enfoque.

—Sí. El problema de llevar una bandera es el mástil. Pesa bastante. Además, ya está ¿no? La llevé durante 15 años. Ya llegó a donde tenía que llegar esa bandera.

El nuevo álbum no solo vuelve a contemplar otros matices, sino que también abre el universo musical del protagonista al aporte de otros. "Este disco es distinto en muchos aspectos para mí. Entre otras cosas, porque tengo coautorías con otros, como con 'Toto' Méndez y Martín Buscaglia. Antes, nadie tocaba mis canciones. Yo llegaba con la canción (hace un gesto de poner algo sobre la mesa) y a partir de ahí se empezaba a trabajar. Esta vez no sentí esa necesidad, y me hubiese resultado aburridísimo hacer otro disco así".

Probablemente, el momento decisivo para el cambio fue cuando celebró los 30 años como músico profesional con el espectáculo Nasser 3.0, realizado ante un Teatro Solís lleno y que derivó en un álbum en vivo, con DVD incluido.

Ahí, Nasser llegó a compartir el escenario con casi 30 músicos colegas. Fue, en cierta medida, no solo la confirmación de su estatura como artista musical, sino también una postal de la camaradería y la complacencia que pauta actualmente a la grey de músicos populares uruguayos.

Cuando él arrancó, la desconfianza y los enfrentamientos entre músicos de distintos estilos eran moneda corriente: "Era muy común el No, porque ese hace canto popular. No, porque ese es rockero. Muchos enfrentamientos: nos comíamos entre nosotros. Había una gran intolerancia, pero ya no. La intolerancia se mudó de barrio. Se fue de la música y ahora está en la política. Por el contrario, ahora hay una complacencia que es muy disfrutable. La música uruguaya se debía un momento como este, y no sé alguna vez hubo algo parecido. Tal vez en la época de Discodromo Show, pero entonces yo jugaba al fútbol en la calle y juntaba figuritas, era un niño".

—¿Sentís que aportaste tu parte para que eso esté sucediendo?

—Nuestra camada, en la que están bandas como Buitres y Cuarteto de Nos, tuvo algunos logros, y ese es uno de ellos. Este momento es fruto de un proceso de construcción, y también hay una madurez, porque figuras muy importantes como Hugo Fattoruso y Ruben Rada, aún con una edad avanzada, están enteros y siguen activos.

—¿Y vos?

—Yo sigo llegando, armando y tocando.

Sus cosas

Un compañero - Pablo Faragó.  La respuesta cuando le preguntan a quién considera su compañero de ruta. "Pero también mi hijo, Francisco. Y 'Toto' Méndez. Ellos lo han sido y lo siguen siendo. Y el 'Pato' Dana. Y Wilson Negreyra. Tengo muchos".
Una guitarra -Zenon acústica. "Con la primera plata que agarré en Buenos Aires me fui a comprar una guitarra Martin. Quería tener una de marca. Antes de comprarla, la probé mucho, pero no me llegaba. El tipo me pregunta si no quería probar otra, una Zenon. Aún la tengo, 37 años después. Es la que suena al principio de Candombe de la aduana".
Un cantante - John Fogerty. "Escuchalo. Es el mejor. Es el blanco más negro que hay", dice Nasser sobre el excantante de Creedence Clearwater Revival y luego solista. También como el uruguayo, el estadounidense ha oscilado entre el rock y la música más tradicional de su país, como el blues, el country y el folk.

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