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Isabel Moner, la actriz que aprendió quechua para interpretar a Dora la Exploradora

Empezó como cantante en Broadway, pero interpretando a un querido personaje animado infantil, Isabel Moner se recibe de estrella.

Isabel Moner
Isabel Moner

Cualquier padre o madre atravesó por una etapa de Dora La Exploradora y su cantito “mochila, mochila”. Y eso lo saben los productores de Hollywood. Por eso no sorprendió tanto que se anunciara una adaptación a la pantalla grande del personaje animado, creado por el trío de Chris Giford, Valerie Walsh Valdes y Erik Weiner.

El desafío en estos casos no es la historia en sí, sino en encontrar el o la intérprete “perfecta” para el papel. Tiene que parecerse físicamente al original, tiene que poder transmitir algo del aura original que enamoró a las audiencias y, además, darle un toque personal y a la vez contemporáneo al personaje. Porque las traslaciones que intentan ser lo más fieles posibles al original no suelen dar buenos resultados.

La distinción, en este caso, recayó sobre Isabel Moner, una  joven actriz y cantante, de madre peruana y padre estadounidense, nacida en la ciudad de Cleveland, en Estados Unidos. El camino de Moner, que actualmente tiene 18 años, hacia el papel de Dora empezó en 2011. Con 10 años de edad, Moner debutó en un escenario cantando en el musical de Broadway Evita, junto a Ricky Martin.

De ahí, pasó a la televisión y en esa industria se forja el profesionalismo: hay que estar al pie del cañón todos los días, para grabar los capítulos de una serie. Desde 2014 hasta el 2016, Moner interpretó a CJ Martin, el papel principal en la serie de televisión de Nickelodeon "100 cosas para hacer antes de High School". Un año después, en 2017, fue elegida para darle vida a Sadie en "Legends of the Hidden Temple", una película de acción, también de Nickelodeon.

Isabel Moner
Foto: Nickelodeon.

Ese mismo año hizo su primera gran producción de cine: Transformers: El último caballero, donde interpretó a Izabella, una aguerrida terrícola que lucha junto a los “autobots”. Pero no era su primera presencia en el cine: un año antes había debutado en la comedia "Middle School: The Worst Years of My Life".

Pero Dora es el desafío más grande que ha enfrentado hasta ahora. Su rostro y voz tienen la responsabilidad de llevar a un personaje muy querido de la infancia a miles de salas de cine en el mundo. En parte, de su performance depende que la saga cinematográfica de Dora pueda continuar.

Además, no se trata solo de actuar. También hay que tener en cuenta otras cosas que ahora son casi obligatorias. Para este caso, se trata de una historia que transcurre en lo que antes era el Imperio Inca. Y se sabe que los temas de cómo se representan a los pueblos originarios pero también actuales pueden ser espinosos.

Por eso, Moner y el equipo se prepararon a conciencia: para la película los creadores recurrieron a la ayuda de un consultor peruano, todo para que el idioma y los elementos de la cultura inca fueran precisos.

Isabela Moner no solo se aprendió el guion. También escuchó grabaciones de audios una y otra vez para memorizar el quechua, el idioma del imperio inca que en la actualidad hablan ocho millones de personas en Latinoamérica, mayormente en Perú, Bolivia y Ecuador.

“El quechua tiene tantos detalles”, dijo Moner sobre esa experiencia. Incluso después de que terminó el rodaje de Dora y la ciudad perdida y ya se habían grabado los diálogos, la actriz contó que hubo que regresar al estudio de grabación para corregir algunas pronunciaciones. Y eso se hizo, contó, porque “una persona que domine el quechua notaría que no está bien”. “Es increíble el nivel de cuidado que se da a los detalles en películas como esta”.

Es un cambio. La Dora animada hace casi veinte años que está en el aire. Y ha sido criticado por su representación visual. La “latinidad” de Dora ha sido criticada por reforzar una imagen estereotípica mestiza: cabello lacio de color café y piel morena.

Y Hollywood es mucho más sensible ante esas críticas. Antes, no importaba mucho si en una película de Indiana Jones había una miríada de inexactitudes. El Perú representado en una película de Indiana Jones estaba plagado de ellas: desde las pirámides inspiradas en las edificaciones de Mesoamérica que fueron colocadas en la parte incorrecta del continente, hasta el detalle desconcertante de que Indiana Jones aprendió quechua durante el tiempo que pasó con el revolucionario mexicano Pancho Villa.

Por supuesto que Dora sigue siendo un personaje ficticio, así que los guionistas se tomaron libertades creativas. La protagonista está en busca de la ciudad perdida (y dorada) del imperio inca llamada Parapata, la cual se localiza únicamente en el mapa que ella carga en su mochila. Sin embargo, Parapata tiene un significado en quechua: “La colina lluviosa” (en la película se usa un dialecto específico, el cusco-collao, del quechua). Para Moner, que tiene familiares que hablan quechua, el papel de Dora, y su primera aventura entre los remanentes del Imperio Inca, tuvo un significado especial: “Me acerqué a mis antepasados y también me hizo sentir más segura sobre el lugar en el que estoy, y lo que estoy haciendo. Al aprender más sobre mi cultura, aprendí a respetarla más por lo que es”.

Isabel Moner
Foto: Difusión.

Además, Moner vio en el personaje una faceta que para ella tiene una conexión familiar. “Dora (en esta película) tiene una historia que es casi la de una migrante en Estados Unidos. Llega a Estados Unidos a estudiar y a socializar. Mi madre también llegó a Estados Unidos cuando tenía más o menos la edad de Dora (16 años). Y tuvo que asimilar eso sin perder partes centrales de sí misma”.

Y se identifica con Dora en un aspecto: “Me gusta que sea muy inteligente, multidimensional y que respeta su cultura”.

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