Invierno a flor de piel

| Aunque todos parecen recordarla sólo en verano, la piel también padece el frío. Alergias, acné, psoriasis y sabañones son más frecuentes en esta época del año.

No sólo catarros y gripes son motivo de consulta continua cuando llegan los fríos. También la piel -el mayor de los órganos del cuerpo- padece las bajas temperaturas, muchas veces por patologías propias y otras como manifestación de males internos.

Una de las consultas más recurrentes durante el invierno -fundamentalmente en niños- son las dermatitis atópicas (alergias), que se observan en un porcentaje bastante elevado: la padecen entre un 15 y 30% de los chicos. "Un fenómeno llamativo es que en las últimas décadas se ha duplicado, y en el caso de algunos países industrializados, se triplicó", afirma Néstor Macedo, profesor agregado en Dermatología, de la Facultad de Medicina.

Las explicaciones son varias. Una de ellas, denominada "hipótesis de la higiene", sostiene que en los países industrializados los niños están en ambientes tan asépticos, o sea menos expuestos a los animales domésticos, a las infecciones, al polen o polvo doméstico, que el aparato inmunológico no madura lo suficiente; sería como una falta de estímulo. "Cuando existe baja exposición a esas infecciones repetidas, posteriormente hay una mayor capacidad de fabricar alergias. Han aparecido detractores a esa hipótesis, pero es una de las que se maneja", agrega el experto.

El invierno, por lo pronto, tampoco ayuda. Por supuesto que puede existir una predisposición genética, pero también se debe tener en cuenta que la piel juega un papel muy importante como barrera física. Evita que penetren moléculas que actúan como alergenos, e impide además la pérdida de agua. "Entonces -explica Macedo- en la dermatitis atópica se observan alteraciones en la barrera. La piel de los chicos alérgicos se muestra muy seca, eso aumenta y se exacerba en invierno, y lleva a que la penetración de esos antígenos sea más fácil en esos casos. En verano, en cambio, la radiación ultravioleta tiene cierto efecto inmunomodulador que aplaca el proceso inflamatorio".

¿Qué es lo que se observa? "Un eccema", señala el dermatólogo, indicando que en los lactantes son lesiones que predominan en la cara, las mejillas y el cuero cabelludo. "Aparecen plaquitas rojas o rosadas, a veces cubiertas por costras, y pican mucho".

Cuando el niño es un poco mayor, eso se va confinando en pliegues, y aparece en codos, detrás de rodillas, en la región cervical y se puede extender. "Cuando ya es un chico grande o adulto, se observa engrosamiento de la piel, seca, aumento de la cuadrillada normal y muchísima picazón".

La buena noticia es que entre el 70 y 80% de las dermatitis atópicas espontáneas mejoran en la adolescencia. Sólo un 20% continúa en la vida adulta, lo que se convierte en un mal crónico y difícil de tratar.

Entre los consejos de los especialistas para el tratamiento, se encuentra como prioridad la hidratación diaria de la piel, con cremas hidratantes. "Es una medida de prevención muy importante", indica Macedo.

LOS QUE ADOLECEN. Llegan los fríos, y también el acné. Es una patología que se exacerba en invierno, a pesar de que los rayos ultravioletas son comedogénicos y estimulan la producción de puntos negros, que es la lesión fundamental del acné.

"Cuando un adolescente con acné se expone al sol tiene una primera fase que mejora por el efecto antiinflamatorio del sol".

Pero, la generación de puntos negros desarrolla luego toda una sucesión de eventos que terminan en el grano. "Siempre debe consultarse en forma precoz al dermatólogo en el caso de acné. La severidad de una enfermedad también se mide hoy por el impacto que tenga en la calidad de vida. Y el acné tiene un impacto psicosocial muy importante. Además, si no se trata adecuadamente puede durar años y dejar cicatrices graves o profundas, que después son difíciles de mejorar o eliminar", señala el profesor en dermatología.

MÁS FRÍO. Otra de las patologías que también llega a la consulta en invierno es la psoriasis, que aunque se ve en niños y en jóvenes, fundamentalmente es una enfermedad de adultos. Entre el 2 y 3% de la población la padece, y se ha comprobado que tiene una predisposición genética.

Es un mal inflamatorio, reaccional, de base inmunológica. Cuando se presenta precozmente, en los primeros años de vida, generalmente es por antecedentes familiares, y en algunos casos puede ser muy severa, con mucho impacto en la calidad de vida de los pacientes.

En la mayoría de las ocasiones, se observa en forma tardía, sobre la quinta o sexta década de vida.

"Se ve más en invierno porque, al igual que otras enfermedades de la piel, los rayos ultravioletas, tienen ese efecto inmunomodulador que mejora, en este caso la psoriasis. Incluso, uno de los tratamientos efectivos es la fotoquimioterapia", indica Macedo.

De cuidar

Dermatitis seborreica. Compromete al cuero cabelludo y produce descamación (caspa), lesiones rojas y prurito, lo que puede afectar la cara. Es más frecuente en el invierno y el estrés es el gran desencadenante al igual que en la psoriasis.

Dermatitis por contacto. Los eccemas se clasifican como "endógenos" o "exógenos". En los primeros, inciden los factores del huésped. En cambio, en los "exógenos" el elemento más importante es del medio ambiente. Ahí es donde aparecen las dermatitis por contacto, que son el ejemplo paradigmático, ya sea las irritativas o las alérgicas. Se ve en cualquier época del año, pero la piel seca en invierno favorece esos males. "Una piel bien hidratada es un mecanismo de defensa importante".

Eritema Pernio. Es lo que comúnmente se llama "sabañones" y -según el profesor Macedo- el año pasado se observó "más que nunca". La explicación es que fue el invierno más frío desde 1951. Esa patología vascular se exacerba con el frío y es típico en áreas con pobre irrigación de sangre: dedos de la mano, pie, orejas, región glútea. Se previene con abrigo y calor local.

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