NOMBRES

Intrigas con sabor a ron

El escritor cubano Leonardo Padura, vive la paradoja de ser reconocido fuera de su país e “invisibilizado” por el gobierno de la isla.

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El escritor cubano Leonardo Padura estuvo de visita por Montevideo

Quiso convertirse en jugador de beisbol y terminó jugando en las grandes ligas de la literatura. Estudió Letras pero se convirtió en periodista. Escribió en la revista cultural El Caimán Barbudo, pero lo enviaron al periódico Juventud Rebelde como "castigo" para corregir sus "desvíos" ideológicos y terminó trayendo una bocanada de aire fresco al periodismo local en una obra que veinte años más tarde aún es examinada. El escritor Leonardo Padura es hoy un referente indiscutible en las letras hispánicas, pero además es un acerado crítico de la realidad cubana.

Padura cree que "las novelas (que él escribe) son una forma de resistencia". Y algo de eso late en las tórridas aventuras de su mayor creación literaria: el detective Mario Conde, el personaje que anima ocho de sus novelas publicadas, en las que disecciona el momento más negro que vivió la isla desde la disolución de la Unión Soviética y su caída en una crisis integral que carcomió a toda la sociedad.

Nacido en La Habana en 1955, Padura nunca quiso abandonar su amada ciudad, de la que se vanagloria de conocer cada resquicio. Recuerda con nostalgia cómo la mayoría de sus amigos y camaradas de principios de la década de 1990 ya no viven en la isla, y cómo en contrapartida, y aunque tuvo muchas ocasiones de seguir el mismo camino que miles de sus compatriotas, siempre regresó al antiguo barrio de Mantillas, donde sigue viviendo junto a su mujer Lucía López Coll.

Disciplinado y trabajador, Padura inicia cada jornada unos minutos antes de las siete, con un cigarro y un café, y religiosamente comienza a escribir. Casi siempre esa literatura que ha creado valiéndose del género negro, en particular de las variantes practicadas por aquellos escritores que más admira, los estadounidenses Raymond Chandler y Dashiell Hammett. Aunque el cubano reconoce como una influencia directa las obras del catalán Manuel Vázquez Montalbán, creador del legendario detective gallego Pepe Carvalho, en una saga en la que recreó el más vasto y complejo mural de la Barcelona posfranquista hasta la resuelta entrada en la modernidad europea.

Sus mañanas a veces son ocupadas por algunos artículos periodísticos que continúa redactando, aunque en forma mucho más espaciada que hace algunos unos años cuando vivía del periodismo, durante las décadas de 1980 y buena parte de la de 1990.

"Yo no tenía idea de lo que era un reportaje, o la pirámide invertida", reconoce Padura, que había egresado de Letras en la Universidad de La Habana. Sin embargo, cuando finalmente recaló en el periódico Juventud Rebelde comienza una serie de grandes reportajes que luego fueron recogidos en varios libros. La historia, la realidad cubana, la música y su gran pasión, el beisbol, forman parte de esta extensa obra periodística.

El maestro invisible.

En 2015 obtuvo el Premio Princesa de Asturias de las Letras, uno de los mayores reconocimientos otorgados en lengua castellana. Esa fue la más significativa de una extensa lista de distinciones. Sin embargo en Cuba es "un ciudadano más". Padura reconoce con cierta resignación que el gobierno ha tratado sistemáticamente de "invisibilizarlo", de borrarlo de la escena cultural, aunque en 2012 recibiera el Premio Nacional de Literatura, ello no cambió mucho. La distinción en España, empero, "tuvo una repercusión casi nula en Cuba".

"Soy un escritor con un fuerte sentido de pertenencia a una cultura, a un ambiente y a unas circunstancias, creo que toda mi literatura está escrita en función de hablar sobre lo que ha sido y lo que es Cuba, esto también es parte del periodismo", se describió el propio autor durante una entrevista concedida a El País de España en 2015.

La saga inicial que el escritor denomina como "las cuatro estaciones" acaba de ser llevada a la pantalla en una miniserie que dirige Félix Viscarret, con el actor Jorge Perugorría en los zapatos del teniente detective Mario Conde. El cuarteto habanero está integrado por las primeras novelas de la saga: Pasado Perfecto; Máscaras; Paisaje de Otoño, y Vientos de Cuaresma. Las historias protagonizadas por el Conde, como lo llama cariñosamente el narrador, se completan en otros cuatro títulos y uno más reciente que Padura publicará durante 2017.

Blues habaneros.

La corrupción en el poder; la forma en que el pasado cobra sus cuentas; la homosexualidad; las pasiones desatadas; la traición, el amor y la amistad, son los temas que el autor elige como articuladores de sus tramas.

En La Habana de Padura hay callejuelas sucias, oscuras, rincones donde malviven aquellos para los que la revolución no ha llegado nunca. Y malviven aquellos otros a los que la revolución denostó por algún motivo, en ese crisol que parece fijo en aquel remoto 1° de enero de 1959. Los tonos negros se van colando incluso en el hermoso paisaje tropical, susurra entre la brisa que arrulla al malecón y sacude las almas de los que han perdido el rumbo.

Por esas calles el Conde lleva sus penurias a fuerza de ron, humo de cigarros e intuiciones que relampaguean durante narraciones ricas en descripciones, pero también en diálogos vívidos y jugosos en los que jirones de vida cotidiana van pincelando ese monumental fresco que ha ido componiendo a lo largo de más de dos décadas de escritura.

El protagonista desde las primeras historias sueña con abandonar la policía y convertirse en contador profesional de historias. Durante la serie de relatos va esbozando distintos fragmentos —tal vez el más extenso es el que se integra como historia paralela a la trama de Máscaras— en los que va fracasando, al menos según la propia visión que el personaje tiene de sus ejercicios literarios. "Para mí representa la búsqueda de la verdad, la que hace Conde es la misma que yo busco en mis novelas", dice Padura cuando se refiere a ese peculiar juego de espejos entre él y su personaje. Con quien por otra parte admite haber desarrollado ya una relación neurótica, al punto de que ha comenzado ya a confundir sus recuerdos propios con los de Mario Conde y viceversa, en un juego donde realidad vivida y ficción se entretejen y mezclan.

Cuando estuvo en Montevideo, por segunda vez luego de un primer viaje allá por 1992, hace unos pocos días, Padura volvió a maravillarse con los parecidos que hermanan a las dos ciudades. Ese aire compartido de decadencia detenida en el tiempo hizo pensar al autorque algunas escenas de los futuros rodajes de las historias del Conde bien podrían realizarse en Montevideo, si es que el gobierno cubano no autoriza finalmente la utilización de escenarios locales.

EL SON "NOIR" DE PADURA

“El país más previsible, donde todo es imprevisible”

De algún modo, la lucha permanente del escritor con los poderes del omnipresente gobierno revolucionario define toda su vida como intelectual. Pero también las frecuentes críticas feroces que recibe del exilio cubano afincado en Miami. Entre esas dos tensiones surge una literatura rica en matices, el registro de una realidad mestiza que caracteriza a la isla.

De esa puja interminable nació, por ejemplo, El hombre que amaba a los perros, su novela más celebrada. En ella Padura se introduce en un tema que ha sido tabú para la Cuba revolucionaria: el asesinato de León Trotsky, el militante anatemizado por la revolución bolchevique atrapado en una conspiración gigantesca. Novela histórica, pero también de indagación en la que el narrador sigue los pasos del asesino de Trotsky, Ramón Mercader, llevando una vida secreta en La Habana.

Padura ha vuelto tras los pasos de Mario Conde, ahora retirado de la policía y convertido en un “cazador” de libros antiguos. En 2017 publicará el nuevo título de la saga, La transparencia del tiempo. La última historia del detective concluye el 17 de diciembre de 2014, el día que los presidentes Raúl Castro y Barack Obama anunciaron el deshielo de relaciones.

“Como no tengo la menor idea de qué cosas pasarán en Cuba en los próximos años y no entiendo lo que está pasando ahora, es por lo que cierro la novela en esa fecha”, respondió el escritor cuando se le preguntó la esperada próxima aventura. De lo poco que ha anticipado el autor, se sabe que la nueva novela girará en torno a una trama que funciona en dos tiempos, el actual y un pasado muy remoto. El buceo en la historia, una de las pasiones de Padura, lo lleva hasta el siglo XIII, fecha de la que data una misteriosa virgen negra robada a uno de los protagonistas del relato y que, por supuesto, investiga el inefable Conde.

Padura ha dicho que entiende la historia como una herramienta para comprender el presente, premisa sobre la que ha basado buena parte de su obra.

Pero si bien los entrenados ojos del escritor cubano se pasean por páginas con varios siglos de antigüedad, se detienen en el presente lleno de interrogantes. ¿Qué pasará mañana?

“Ha comenzado un proceso que traerá cambios, seguro, pero que no sabemos cuáles son ni cuándo llegarán.... Como casi todo en Cuba: el país más previsible donde todo es imprevisible... al menos para los ciudadanos normales”, reflexiona Padura.

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