TECNOLOGÍA

El humor en clave de Twitter

En la red del pajarito abundan las cuentas irónicas o sarcásticas, que actúan bajo un “seudonimato”, navegando entre faveos, odios, amores, seguidores y bloqueos.

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Twitter es ideal para la incorrección política (Foto: Reuters)

@leonelgarcia76

El 11 de noviembre de 2013, el diseñador gráfico Fernando Dias se enteró por la radio de la existencia de una foto del relator Julio Ríos en las calles de Turquía. "La" foto; la de la pose matadora, la del pie izquierdo hacia adelante, la de la remera verde y naranja cruzada por una diagonal negra. Apeló a sus conocimientos en Illustrator y Photoshop, intervino la imagen del periodista, la colocó en varios escenarios distintos (en el Borro, en el Club de Anita, en El Juramento de los 33 Orientales de Blanes, en el Maracanazo), puso un hashtag (#BookJulioRios) y se dedicó a ver crecer exponencialmente los seguidores de su cuenta TararirasForExport® (@elFerDias). Hoy tiene 12.800.

Ahí se desayunó que su cuenta, con un alias y en clave de humor, surgida en octubre de 2011, cuyo nombre homenajea a la localidad en la que vivió de niño, había prendido. "Nunca pensé en tener una cuenta para hacer humor. Antes hacía lo mismo en Facebook, pero unas compañeras de trabajo me dijeron que lo mío, chistes cortos y comentarios gráficos, podía pegar en Twitter. Y ahora cada vez que aparece una foto que puede dar para algo, como la de Lacalle Pou haciendo la bandera o el Maestro Tabárez andando en carro, la gente espera que yo haga algo". Él ahora siente que se debe a su público.

La tuitósfera está llena de cuentas como la suya que a fuerza de humor (o ironía, o sarcasmo, o acidez) se han hecho de una legión de seguidores. Eso sí, él es una excepción: la inmensa mayoría de sus colegas protege su identidad como si fuera la fórmula secreta de la Coca Cola.

"Me parece que para mostrar quién sos ya hay otras redes y que el anonimato en Twitter te da una libertad de expresarte sin ningún tipo de condicionamientos que puedan tener que ver con el conocimiento que de uno tenga el otro", dice Osvaldito 117 (@Osvaldito2013 y 5.203 seguidores al cierre de esta edición), cuya Soledad Dolores Solari barbuda a modo de avatar engalana las redes desde enero de 2013. "Esto nació por la necesidad de expresión, por el humor o al menos intentándolo por él. Supongo que esa necesidad tiene que ver con algún tipo de catarsis y no poder pagar una terapia", añade. El cuidado de su identidad es tal que ni siquiera sus "colegas" (muchos de los cuales parecen venerarlo) saben quién es. De hecho, contesta por correo electrónico en un email creado especialmente para la ocasión. Combina su fanatismo por Nacional con sus dardos ácidos a la sociedad y al sistema político. Algunos enemigos se ganó: "Tengo más bloqueos (usuarios que le impiden ver su cuenta) que Cuba en la Guerra Fría".

Escondite.

Para Laura Corvalán (@P0nja), especialista en redes sociales y social media, hoy las redes se han convertido en las viejas puertas de los baños públicos, donde uno encontraba inscripciones de todo tipo; algunas divertidas, muchas escatológicas, una buena parte francamente innecesarias. "Pero como Facebook nos obliga a dar nuestro nombre y apellido, y nos contacta con gente de nuestro entorno, uno se cuida de decir cosas políticamente incorrectas. Twitter, en cambio, permite el anonimato y un avatar con una florcita".

Nadie oculta que es más fácil ser chistoso, ingenioso y atrevido así parapetado. "Hay un montón de cosas que, por tu trabajo, no podés decir. Te cuidás más. Además, mucha gente no se da cuenta qué es humor y qué es ironía. Aunque, reconozco, que muchos con el anonimato se pasan...", explica Señor Horrible (@Camilo99fuegos, 4.118 seguidores), quien en su vida real trabaja en una intendencia del interior. Sus resúmenes de la semana, adjuntados como imagen, cimentaron parte de su fama.

Otro episodio que lo puso en foco ocurrió el 14 de diciembre de 2015, cuando se puso el nombre y el avatar del noticiero Subrayado (aunque manteniendo su cuenta) y publicó un alerta: "Habría detonado una carga explosiva en Salto Grande, lo que sería el origen del apagón a nivel nacional". Más de un incauto cayó. "¡Era una broma absurda, algo tipo Librumface (portal de noticias falsas, basadas en el humor)! No fue mi intención afectar nada, fue un pelotazo gigante que muchos lo tomaron en serio. En aquel momento me reí mucho, pero debí quedarme en el molde", admite.

Troll o no.

En la jerga de Internet, un troll es alguien que busca provocar o molestar a una persona o en un foro. Una identidad falsa potencia esta actitud. Hay personajes públicos con los que muchas de estas cuentas están particularmente ensañados; de Orlando Petinatti a Rafael Michelini, de Luis Lacalle Pou a Ignacio Álvarez, de Pedro Bordaberry a Julio César Gard. "Esto tiene que ver con la actitud de camarilla, igual que en la escuela, donde se agarra a uno de punto, ya sea por méritos propios (risas) o no. O son trolls o tienen momentos trolls", opina Corvalán.

"Un troll se dedica a acosar, está en función de una causa. Yo no los catalogaría como trolls", reflexiona el psicólogo Roberto Balaguer (@robertobalaguer), especializado en tecnología y redes. Estos graciosos (o graciositos) virtuales se basan en lo que él llama "seudonimato", configurarían una nueva categoría de usuarios aún sin bautizar y, a su criterio, gozan del beneficio propio del comediante: el humor atenúa cualquier disparate que se pueda desplegar en 140 caracteres. "El humor te brinda una mayor libertad de expresión, cierta impunidad que te brinda el anonimato y cierta desinhibición. Es algo entre misterioso y lúdico. Yo lo compararía con lo que hace Darwin (Desbocatti, en el programa No toquen nada, de Océano FM), que se anima a decir todo tipo de cosas que, por estar dentro de la esfera del humor, son recibidas con mayor apertura que si las hubiera dicho algún equis". De acuerdo con este experto, que se dice seguidor de varios, los límites serían los mismos —difusos— que hay en el humor.

El caso de Un Bolas Tristes (@UnBolasTristes, 13.400 seguidores) es un anonimato a medias. Como su colega Osvaldito 117, contesta vía email y se identifica como "Bolas", pero en su cuenta de YouTube, homónima, aparece mostrando su rostro. Su presentación en Twitter deja claro que no habrá lugar para quejas: "Si les molesta lo que publico les ofrezco mis mas sinceras, hipócritas y sarcásticas disculpas. Pienso, tuiteo y no existo". Aunque no se guarda las opiniones y tiene más de un bloqueo en su haber, prefiere destacar el cariño que ha cosechado en el mundo virtual: "Hay gente que me arroba en situaciones de su vida diaria, comiendo un asado o en algún concierto. Comparten cosas conmigo y eso me encanta. Nos hicimos amigos sin conocernos. Y eso está genial".

"El Twitter acá es bastante endogámico. Somos pocos y nos seguimos todos. Interactuamos con los mismos", opina Keyser Söze (@BlueBastards, 3.547 seguidores), quien cuando no tuitea ironizando en el límite de lo coyuntural y lo autorreferencial, trabaja en estudios jurídicos. Para ella, ya es un reflejo que cuando pasa algo que lo amerita —otro episodio de la lucha Uber vs taxis, cualquier cosa a lo que rinda aludir al título de Raúl Sendic o una nueva patinada de Peñarol o Nacional— la gente se dirige a ver qué tiene para decir "esa" cuenta. "Es como tener un amigo que vos sabés que siempre te hace reír. Twitter es un montón de gente desconocida, pero algunos que valen la pena. Y todo el mundo tiene algo de lo que escribe... aunque sea a través de un personaje".

La polémica pignata en argentina.

Uno de los personajes de Twitter más populares de Argentina es la Dra. Alcira Pignata (@drapignata, 484 mil seguidores). Encarna a una abogada ultraderechista hasta la caricatura que, pese a que es una obvia parodia, se ha ganado sus buenos odios. Se ha acusado a un asesor de Hernán Lombardi, funcionario del gobierno de Mauricio Macri, de ser el responsable de esa cuenta.

Posibles lazos afectivos.

"Aunque parezca raro, uno puede generar ciertos lazos afectivos (positivos y negativos) dentro de la virtualidad de una red. Hace poco falleció una tuitera y la pena que me provocó me hizo darme cuenta de que había un lazo afectivo hacia ella sin haberla conocido jamás en la realidad". Así ejemplifica Osvaldito 117 la interacción entre pares en la web. "Nacido" en enero de 2013, él se ganó el respeto de la comunidad tuitera. Su obsesión por mantener su identidad en secreto es total.

¿Rentable?

La inmensa mayoría de estas cuentas solo se ha ganado seguidores, odios, faveos y bloqueos. Pero el humor también puede ser redituable económicamente. Uno de estos tuiteros con "seudonimato" —al decir del psicólogo Roberto Balaguer— fue contratado durante un tiempo por una reconocida empresa local para ser el responsable de un personaje humorístico creado por ellos también en Twitter. Claro, no es lo mismo ser tu propio otro yo que el de una firma comercial que debía mandar un mensaje "familiar": nada de meterse en política, religión, o humor negro o verde en cualquiera de sus tonalidades. "No es que tengas que ser light pero sí... apto. Fue un ingreso extra, duró poco...", dice el implicado que, por intrincados contratos de confidencialidad, pide reserva sobre su identidad (cualquiera de las dos). De todas formas, asegura, disfruta más la experiencia con su propia y honoraria cuenta.

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