CIENCIA

El hombre volverá a pisar el satélite natural de la Tierra

Se reedita el sueño que fue parte de la Guerra Fría e impulsó la carrera espacial entre soviéticos y estadounidenses: volver a visitar la Luna, el gris y pequeño cuerpo celestial que tantas historias y canciones ha inspirado.

El Tratado de 1967 establece los principios fundamentales del derecho espacial. Foto: AFP

Hace poco, la administración del presidente estadounidense Donald Trump anunció que su país tendrá nuevamente como prioridad volver al satélite natural antes de proseguir la exploración a Marte. El cambio de itinerario no es nuevo y no será, necesariamente, más fácil.

"Volveremos a llevar astronautas a la Luna, no solo para dejar pisadas y banderas, sino para construir las bases que se necesitan para mandar estadounidenses a Marte y más allá", dijo la semana pasada Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos, en la reunión del recientemente restablecido Consejo Nacional Espacial estadounidense.

El anuncio —que no incluyó datos sobre el presupuesto necesario para llevar a cabo ese comeitdo, ni los plazos en los que debería cumplirse la meta— va en la dirección contraria de lo que se hizo durante la administración Obama, donde la Luna había quedado de lado. El primer objetivo para la presidencia de Barack Obama era ir a un asteroide para luego llegar a Marte.

Retorno.

Desde la última misión Apolo, que alunizó en 1972, ningún ser humano ha vuelto a pisar suelo lunar, por lo que para muchos el retorno sería —una vez más— una hazaña. Pero también hay quienes claman que, por la falta de planificación y de desarrollo, el éxito cercano no estaría necesariamente asegurado.

"Volver a la Luna permitiría regenerar los conocimientos que se adquirieron en viajes anteriores", opina Klaus von Storch, ingeniero aeroespacial y ex oficial de aviación militar entrenado para ser astronauta. No solo de lo que se logró al llegar al satélite, sino también de todas las misiones no tripuladas que se han efectuado así como también de los logros en la Estación Espacial Internacional.

A lo anterior se debe agregar la gran diferencia entre el escenario en el que Estados Unidos llegó a la Luna con el actual, de acuerdo al especialista Marcos Díaz, un académico del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile

Es que en aquellos días a fines de la década de 1960, cuando Estados Unidos sentía la respiración en la nuca del programa espacial soviético —que ya había puesto a primero al Sputnik y luego a Gagarin en el espacio— llegar a la Luna era una cuestión de prestigio. Había que demostrar que el capitalismo era superior al socialismo real en cuanto a sapiencia científica y ambición política.

Pero también era una consideración estratégica: una misión a la Luna, además del prestigio, aportaría conocimientos que podrían ser usados con fines militares. "Era una época de conflicto, donde se destinaba todo lo que se tenía al programa espacial. La misión Apolo ostentaba un presupuesto muy alto, algo muy diferente a lo que pasa ahora", asegura Díaz.

Pero si se analizan las ventajas que tiene la Luna en sí, la lista puede ser aún más larga. Por eso mismo, la idea siempre ha estado rondando la NASA, ya que establecer una base lunar podría facilitar enormemente el despegue de una misión. No es lo mismo sacar un cohete cargado con tripulación y suministros para sobrevivir por meses desde la gravedad terrestre que hacerlo desde la casi inexistente gravedad lunar. Lo primero es extremadamente más costoso que lo segundo.

En términos de seguridad, el satélite natural de la Tierra también otorga una gran ventaja, dice Klaus von Storch. "El poder ir y volver de una distancia mucho más razonable se vuelve vital", explica.

Pero las ventajas no solo vienen por las distintas facilidades que ofrece la Luna. También las dificultades propias de ese cuerpo ofrecen potenciales beneficios. "Dado que la Luna tiene condiciones incluso más exigentes que las de Marte, se podría tener la garantía que si se logra fundar una base en el satélite también se tendría éxito en el planeta rojo", conjetura Mauricio Henríquez, investigador del Laboratorio de Estudios Espaciales de la Universidad Austral.

La clave aquí es la capacidad de manufactura in situ. No se avanza nada si se tiene que llevar a la Luna todo armado desde la Tierra. En cambio, si se logra construir allá con impresoras 3D, por ejemplo, también sería plausible hacerlo en Marte. "Incluso, pensar en lograr obtener químicos de la Luna podría ser un avance que abarataría enormemente los costos de una misión al planeta rojo", agrega.

"Esto es como un proceso colonización de un lugar muy alejado. Cuando hay una isla en medio del camino, eso facilita el proyecto. Establecerse ahí da ventajas", añade Díaz. En este sentido, una colonia espacial intermedia suena más lógico, puntualiza.

Otra forma de encontrar ventajas para volver a la Luna es analizar la idea desde el punto de vista de la industria de la exploración espacial, comenta Díaz. Alejarse de las formas de hacer de los 70, las que están enraizadas hasta hoy, podría llevar a soluciones nuevas y menos costosas. Y aquí los privados tienen un papel fundamental para desempeñar.

Fondos necesarios.

Debido a los constantes recortes en el presupuesto de la NASA, la apertura hacia los privados ha significado un gran cambio. Más allá de que los inversores privados trabajen con fondos estatales, las metas y formas de desarrollo son completamente distintas a las de las agencias espaciales públicas, que tienen otras lógicas institucionales, y otros tiempos de ejecución.

"Para revelar totalmente los misterios del espacio, el presidente Trump reconoce que tenemos que mirar más allá de la esfera del gobierno para tener contribuciones y guía", dijo Pence, cuando aludió a que los privados deben tener un rol importante en esta nueva misión a la Luna.

Ese comentario no fue hecho al azar, porque parte del desarrollo que se está haciendo efectivamente ha tenido menos costos que si los hubiera realizado directamente la NASA. Y mientras más competencia, más barato.

Desde el lugar donde se construyen los cohetes hasta el sitio de lanzamiento hay una distancia que debe ser cubierta por aire o tierra. Elon Musk, a través de Space X, logró reducir el tamaño de los cohetes para que estos puedan ser trasladados en un camión, comenta Von Storch. Y las mejoras pueden venir desde muchos lados.

Aunque las posibilidades hoy son muchas más que en las décadas en las que las superpotencias se disputaban zonas de influencias en la Tierra y también en el espacio, esto sigue siendo una carrera. En un mundo multipolar, hay que tener en cuenta a nuevos actores como China, que también quiere una tajada entre las estrellas.

El espacio sigue siendo estratégico, asegura Díaz. "Los que tienen la tecnología son los que dominan el espacio", dice. O incluso tienen una estrategia comercial. Si bien no hay una declaración directa de China, se cree que su interés real para llegar a la Luna es su explotación y que la sonda que tiene orbitándola es justamente para encontrar minerales.

De momento no hay un plan concreto —ni del gobierno de Estados Unidos ni de la NASA— que explique cómo se logrará esta nueva odisea. Pero eso no impide volver a soñar con la Luna. *GDA /EL MERCURIO

De la hazaña a las conspiraciones.

Junto al asesinato de John F. Kennedy, el alunizaje de la nave Apollo 11 —y sucesivas misiones del mismo programa espacial— está entre los hechos que más teorías de conspiración han suscitado.

Según varias fuentes, uno de los orígenes de la teoría de que, en realidad, el hombre nunca llegó a la Luna, está en el libro de Bill Kaysing, un empleado de la compañía de aeronáutica Rocketdyne, que manufacturaba motores a propulsión.

Kaysing publicó, por su propia cuenta, un libro cuyo título ya lo dice casi todo: Nunca fuimos a la Luna. El engaño de 30.000 millones de dólares.

Aunque esta teoría ha sido respondida y discutida varias veces a nivel oficial, es increíblemente persistente y de acuerdo a algunas estimaciones, hasta 1 en 5 estadounidenses han llegado a descreer que su país haya puesto a alguien en la Luna.

La NASA encargó en 2002 una investigación para rebatir punto por punto todas las teorías conspirativas, pero se retractó alegando que hacerlo sería darle credibilidad a los negadores.

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