COMPORTAMIENTO

El hombre sin cejas que formó un clan de actores

Con un Globo de Oro por su papel en la serie Chernobyl, puede que Stellan Skarsgård empiece a ser más reconocido en una industria que siempre lo tuvo como un gran actor secundario.

Stellan Skarsgård
¡Ahora sí!

Estaba tan seguro que no iba a ganar que ya agradecí a todo el mundo”, dijo Stellan Skarsgård en su discurso de aceptación del Globo de Oro el mes pasado, por su papel en la serie "Chernobyl". Era el primer premio de reconocimiento más o menos masivo de Skarsgård en la industria cinematográfica anglosajona. Y eso que Skarsgård viene haciendo películas y televisión en inglés desde fines de la década de 1980, cuando actuó en "La insoportable levedad del ser". En total, Skarsgård tiene la imponente cifra de 144 créditos como actor, entre ellas varias del Universo Cinematográfico de Marvel. Entonces, ¿cómo no es más reconocido?

Él mismo respondió a esa pregunta, en ese mismo discurso. “Una vez Milos Forman me dijo: ‘Stellan, te he visto en muchísimas películas, ¡pero nunca me acuerdo de tu cara!’ Y me di cuenta que eso es porque no tengo cejas. La gente no sabe si estoy enojado o sorprendido. Pero para Chernobyl, Daniel Parker me hizo un buen par de cejas y…”, concluyó el actor mientras levantaba la estatuilla.

Ahora es menos probable que pase tan desapercibido. "Chernobyl" fue una de los grandes fenómenos televisivos y culturales del año pasado. Una miniserie que impactó no solo por su tópico —una catástrofe nuclear— sino por la precisión y la fidelidad con la que consiguió captar un espíritu de época en la ya desaparecida Unión Soviética. Ahí, Skarsgård interpreta a un alto funcionario del gobierno soviético, enviado desde Moscú a ordenar el desastre. Una vez en el terreno, sin embargo, empieza a ver que no todo lo que quiere el gobierno puede realizarse, y entra en un conflicto interno. Por suerte para la producción de Chernobyl, Skarsgård era el hombre indicado para retratar esas luchas internas, con sus matices y contradicciones.

Los primeros pasos

Nacido en Gotemburgo hace 68 años, Skarsgård es un hijo directo del Estado de Bienestar sueco, uno en el cual los movimientos sociales y sindicales eran fundamentales en la vida cotidiana. Aunque nació en Gotemburgo, fue en Malmö, la ciudad que enfrenta a la capital danesa -en la punta del sur del país- que empezó a actuar. Lo hizo, justamente, en una de las organizaciones con las que la socialdemocracia sueca, aliada a la central sindical, tapizó el territorio: la Asociación de Formación de los Trabajadores (ABF, por sus siglas en sueco).

No demoró mucho en hacerse conocido. Con 16, ya era una estrella televisiva, en una serie basada en una novela del escritor Nils Adam Nilsson. Pero Skarsgård también hizo mucho teatro, por casi todo el país. Entre el teatro, la televisión y algún que otro papel secundario en el cine, era un actor bastante conocido en su país, pero no una estrella. Eso llegó en 1982, cuando protagonizó la película Den enfaldige mördaren (“El asesino estúpido”). Ahí interpretaba a un hombre bastante tonto, para peor mellado y objeto de burlas de casi todos. Su único consuelo eran sus visiones místicas, donde se la aparecían ángeles. Toda una vida de humillaciones fueron haciéndolo cada vez más duro hasta que se convierte en lo del título de la película. Una de las escenas finales, con Skarsgård caminando con una enorme espada y varios ángeles acompañándolo en su cruzada asesina, quedó en la retina de muchos y él subió de escalón en reconocimiento y apreciación. Un talento así no tardaría demasiado en hacerse notar en otras partes.

Los hijos

Alexander Skarsgård-Stellan Skarsgård-Oskar Skarsgård
Alexander, Stellan y Oskar Skarsgård.

Tan prolífico como es en su profesión, lo es como hombre de familia. Con su primera esposa, una doctora en medicina, tuvo seis hijos. Y con su segunda, dos. Ocho hijos es una cantidad inusual en un país europeo que, como muchos de ese continente, padecen un crecimiento demográfico tímido y que desafía el sistema de seguridad social, entre otras cosas. Como padre parece haber sido -por lo que han contado algunos de sus hijos luego- bastante heterodoxo: hasta los 16 años, las decisiones las tomaban los adultos. Al cumplir esa edad, los jóvenes se las tenían que empezar a arreglar solos. Nadie les decía qué hacer, qué estudiar o de qué trabajar. De todas maneras, todos menos uno de los hermanos siguieron a su padre en la elección de profesión. La excepción fue Sam que eligió la medicina, como su madre.

Siendo actor, sueco y famoso internacionalmente, Skarsgård ha tenido que responder más de una vez sobre el gran director compatriota, Ingmar Bergman. Según lo que ha dicho, le tocó ser dirigido, en teatro, dos veces por este. Y no tuvo buenas palabras para el famoso realizador: “Gran artista, pero no lo quería cerca. Era un obsesivo del control, no solo de las actuaciones, sino también de las vidas de los actores. Quiso controlar la industria de cine sueca, hacía despedir directores de teatro, estaba involucrado en tantas cosas. Y destrozaba personas, las destruía. Infundía mucho miedo, incluso cuando sonreía. Me imagino que debe haber sido algo similar haber estado cerca de Goebbels”, dijo en una entrevista para The Guardian.

Con 37 años, tuvo su primer papel de renombre internacional en "La insoportable levedad del ser". Aunque era una producción estadounidense, todo el asunto le debe haber resultado bastante familiar a Skarsgård. La protagonista, Lena Olin, era sueca como él. Y también lo era el director de fotografía, Sven Nykvist, colaborador durante años de Bergman.

Mucho más Hollywood fue la siguiente película internacional que hizo: La caza del Octubre Rojo, con Sean Connery y Alec Baldwin en los protagónicos. De ahí en adelante, Skarsgård empezó a aparecer frecuentemente en películas estadounidenses, aunque nunca dejó de actuar en Suecia y otros países europeos. Las aerolíneas seguramente tienen al actor como uno de sus clientes favoritos.

Tal como Michael Caine o Max Von Sydow, Skarsgård es uno de esos actores europeos que a Hollywood les gusta contratar: profesionales, responsables y con recursos actorales de sobra. Intérpretes que pueden tanto entregar una composición dramática compleja y profunda, como también servir de villano caricaturesco y eficaz en una superproducción. Por eso es que Skarsgård puede estar tanto en una de Piratas del Caribe como en una de Lars Von Trier.

Luego de ver a papá tener una respetable carrera en la industria del cine en Estados Unidos, varios de sus hijos deben haber pensado: “Yo también quiero”. Por ahora, los mayores éxitos los ha cosechado Alexander, con películas como La leyenda de Tarzán, la miniserie Big Little Lies (HBO) y Zoolander 2. Pero también Gustaf se ha hecho notar en la exitosa serie Vikings. Bill y Valter, en tanto, también están dando sus primeros pasos en el cine internacional y en el de su país, por supuesto. Porque más allá de sus incursiones en Hollywood, el clan Skarsgård es tan sueco como el arenque en conserva y salir a juntar fresas silvestres en el bosque durante el verano.

Pero también es cierto que el patriarca tiene tantas producciones en la Meca del cine —y que varios de sus hijos están recorriendo el mismo camino— que hay una parte de ellos que ya se acostumbró a haber perdido el anillo sobre la a en el apellido. Un clan que está tan cómodo entre las nieves escandinavas como en el sol californiano.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error