CABEZA DE TURCO

Hola Señor Odio

Lo bueno de estar grande es que uno —de veras— empieza a entender más al mundo. No hay como crecer, golpearse, embocar alguna bocha, seguir creciendo, equivocarse otra vez y meter —de nuevo— alguna bocha. Y así eternamente hasta la despedida final. Eso es la vida. Corsi e ricorsi.

En el medio, uno trata de ser feliz y asumir algunos "sentires" que son entre bíblicos, de sentido común y normales (no seas necio lector, la Biblia es importante para todos por sus valores, religiosos y no religiosos; y lo escribe uno que cree en poca cosa). Por eso, nos importa hasta la muerte de un cantante (que nunca conoceremos) porque nos enamoraron sus melodías que "nos" interpretan. Y por eso las "pasiones" que tenemos son bestiales. Somos "bestias" pero solo en nuestra mente, y a veces hablamos así en lo íntimo de nuestro hogar.

En el fondo, pensamos cosas que no reproducimos en público, le deseamos la muerte a más de uno por maldito y criminal, relajamos fuerte, nos calienta la frivolidad de mengano, pero no lo diremos jamás en la oficina o en el club porque sabemos que eso queda mal y es "políticamente incorrecto". Claro, hay excepciones, a Hitler, Stalin, Pol Pot, Mussolini y algunos sátrapas nos permiten odiarlos sin sentir culpa. Son muy pocos los casos que ambientan semejante formato. Con Saddam Hussein le erramos. Pero no abundan esos seres execrables porque el "sentido humanista" aflora, los derechos humanos nos compelen a defender la vida de todos y es lo que declamamos con "sensible" retórica (¿cínica?). Y todo es cierto hasta que nos matan a un familiar y allí nos salta la térmica. Ya sé que alguno de ustedes se considera un alma piadosa y que está negando lo que afirmo. ¡Usted es buena gente! Estoy convencido que si te matan un hijo no tenés paz. Es así. Y odiás, odiarás en serio y yo tendré que comprender esa bronca o el necio seré yo. ¿O no es así?

Por eso, leo muy poco los debates de los odiadores profesionales en los foros internéticos. Allí la gente, mucha gente, destila veneno gratis, miserias internas y una especie de inmundicia que tiene adentro —que se parece a la pus de un grano adolescente— y la espeta de manera irresponsable. Y la tira con total frivolidad, sabiendo que semejante verborragia-basura puede dañar, ofender y hasta producir daños irreparables. La patota moral en las redes es Robespierre guillotinando. Debería causarnos impresión esa ira. Sin embargo, no pasa nada. Nada de nada. La libertad produjo este hijo bastardo y asesino. Y ahora no sabemos qué miércoles hacer con él. ¿Libertad de expresión o difamación oculta?

La verdad, a mí me pueden ladrar en ucraniano y, sépanlo adorados, no me ofenden, al contrario me recargan divinamente. Lo saben, bellos y bellas. Sin embargo, conozco gente que la afecta, la distorsiona y se deprime. Gente que cree que el imbécil anónimo, escondido detrás de una personalidad internética, puede afirmar algo que merezca ser atendido. Y no puede. Es solo una escoria escondida detrás de una máscara. ¡Troll basura eres y troll basura serás!

A veces observo cómo mi admirado Arturo Pérez Reverte baja del Olimpo, le pega un buen cachetazo dialéctico al zapallo de turno y sigue tan campante. Gozo cuando la debacle dialéctica se desmadra y alguien para rodeo. Claro, conozco de sobra al sapiens americano (y uruguayus), a las foquitas, a los fachitos, a los dogmáticos y a los mequetrefes. Sé en lo que están. Y casi, casi, no entro más en el juego que me plantean. A veces, pico, y me engancho con algún anzuelo, pero me libero al toque.

Consejo a los nuevos navegantes de las redes sociales: sepan siempre que es mar territorial sucio, embravecido, con todo en contra y algunas islas de pensamiento humanista que hay que saber colonizar. Están allí, pero no de entrada, hay que hurgar y saber arroparse en medio de esa vorágine. Y a los que odian, dejarlos fluir, ignorarlos es lo más bello. Sufren porque al ser ignotos creen que viven por ladrar. Pero si ladran y no los oís, solo ellos oyen sus propios ladridos. Jodete Sancho. Bardeo ninguneador y ta. Chau Pinela.

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