CABEZA DE TURCO I washington abdala

Hitler está de moda

Cuando las sociedades se transforman en líquidas, volátiles, consumistas y bobaliconas, señoras y señores (derechas e izquierdas) estamos en un lío importante. No es algo que no sepamos, simplemente asusta el grado de "posmodernidad" al que arribamos en todo el planeta. Por eso pasa todo lo que pasa. Nada es casual.

Sigo cobrando algunas facturas: si los progresismos hubieran sabido administrar sus estados de bienestar no estaríamos así. Las izquierdas son hermosas declamando y burras administrando. Si los Estados ricos no gastaran más de lo que deben no habría barreras a la inmigración como las habrá cada día más. Si los países de América Latina dejaran de robar y entendieran que unidos tienen destino —en serio— serían el pulmón del mundo y las cosas irían mejor. Todo eso es Disney.

Estamos tan mal que los extremismos filosóficos son verdaderamente peligrosos, no los políticos. Poco importa Trump y cuatro gobernantes con saco azul y modos conservadores. El lío son las sociedades cuando se transforman en imbéciles, ignorantes, autoritarias y no tienen la menor idea de hacia dónde ir. Eso es de temer y allí está el verdadero problema.

Pregúntenle a un menor entre ocho años y quince años cuáles son sus puntos de referencia y verán que les hablará de ciertos youtubers. No es tontito este asunto, algunos son geniales por su relato, por su cultura y por su histrionismo. Muchos otros no, son solo copia fiel de lo que somos como sociedad, donde los niveles de idiotez son casi una consigna existencial. La clave es ser popular y famoso a como dé lugar y en ese desafío todo vale. El imbécil que saluda con la manito detrás del notero televisivo mientras se cuenta cómo degollaron a una menor, ese que denunciaba Umberto Eco, ese es nuestro tonto cotidiano. ¿O no los vemos a diario?

Por eso Hitler está de moda. Sí, así, como se los digo, empieza a estar en video-juegos, a ser parodiado, a ser un motivo de risa y va perdiendo poco a poco toda la oscuridad que merece ese personaje porque comienza a ser asumido por el "cómic" que lo representa o por el actor que lo interpreta en películas de parodias (algunas muy buenas, no lo niego). En estos tiempos de supina ignorancia nada es bueno, ni nada es malo, todo vale, el ignorante y el portador de prejuicios van de la mano con quien no los tiene y con el que pretende acumular conocimiento para no ser un borrico más. Hay gente que cree que Hitler no existió en toda su furia y he tenido alumnos que —en algún sentido— hasta lo justificaban. No miento.

Sí, son tiempos además de mucho odio, de mucha cólera. Las minorías han estado tan sometidas por tantos siglos que sus luchas reivindicativas son casi en clave de venganza. Y la política en ese encuadre resulta boba y lerda y no tiene capacidad de reacción ante una sociedad que aliena. Yo pensaba que las ideas de Foucault estaban muertas y sin embargo creo que mucho de lo que pasará en el futuro se incuba en las cárceles y en los centros de internación de los mal llamados "locos". Pensé que esa idea era anacrónica. Sin embargo ya no pienso así. Creo que allí se procesa parte de nuestro futuro. Observen y verán cuánto de liderazgo actual surge de esos ámbitos (músicas, estéticas, lenguaje y subculturas).

No es muy normal, además, que estas sociedades tengan gente "deprimida", "estresada", "agotada" y "fuera de juego" medicada de mil formas por psiquiatras. La receta verde es mucho más masiva de lo que imaginamos y la trucha mucho más. Por eso las drogas (legales e ilegales) porque la gente no soporta el presente y cree, tontamente, que con algún viaje psicodélico se puede huir. Y no, no se huye nada. He llegado a ver una adolescente (estaba en YouTube) que hacía videos hablando bien de Hitler. Lo dije por allí y tampoco pasó nada. Es solo una anécdota más. A nadie le importa. Me miran como si comentara algo de alguna milanesa con papas fritas. El mundo siempre es igual de obsceno solo que ahora lo vemos más. Y les digo la verdad, me impresiona demasiado. Quizás estoy envejeciendo. No lo sé. Francamente, no lo sé.

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