El milagro de nacer

La historia de Navidad de Vicente

Los médicos no le daban expectativas de vida, ocho meses después desafía todo pronóstico y confirma su bautismo a pocas horas de la Navidad

El padre Ignacio Rey junto a María Pía y Nacho, los padres de Vicente y sus dos hermanos.
El padre Ignacio Rey junto a María Pía y Nacho, los padres de Vicente y sus dos hermanos.

Cada bautismo es distinto. Cada nacimiento es diferente. El de Vicente lo es. Se trata del tercer hijo de María Pía Risso e Ignacio (Nacho) Pesce, pero ayer cuando entraron con él en brazos a la parroquia San Ignacio para la confirmación de su bautismo lo celebraron como al primogénito. Y se trata de una ceremonia de confirmación porque los primeros sacramentos los había recibido el pequeño poco antes en una sala de cuidados intensivos.

El padre Ignacio (también Nacho) Rey cree que esta es la mejor historia de Navidad que ha conocido en muchos años, para él se trata de “un doble nacimiento: a la vida y a la fe”. Y se sintió feliz de poder contarla ayer sábado, durante la ceremonia en la parroquia de Villa Dolores.

Han pasado ocho meses de aquellas jornadas intensas. Hoy Nacho y María Pía creen que vivieron un milagro. Los propios médicos no encuentran explicaciones científicas para la increíble capacidad de recuperación del pequeño.

Vicente nació en una madrugada. Yo estaba con la comunidad que prepara y lleva adelante los Encuentros con Jesús en la Parroquia San Ignacio”, recuerda el sacerdote.

Pía y Nacho son activos miembros de la misión parroquial, por lo que las dificultades se convirtieron pronto en una cuestión de fe. Con ilusiones había ido esa noche al sanatorio, luego de dejar a sus otros dos chicos, Pilar y Ciro, al cuidado de los abuelos.

“Esa noche, yo estaba mensajeándome con Nacho que me iba contando de los movimientos en relación al embarazo de esa jornada”, recuerda el párroco.

El sacerdote iba transmitiendo las novedades a los otros integrantes de la comunidad. Pero pronto cambió el tono de las comunicaciones.

“Todo marchaba bien, hasta que los mensajes de Nacho comenzaron a ser más cortos, más crípticos, y lo que transmitía no era muy claro”, rememora.

Y lo siguiente fue pedirle que comenzara con las oraciones. El padre Rey hizo un alto en la reunión y les pidió a los demás que lo acompañaran en el rezo. Comenzaban a temer lo peor.

“Y ya entrada la madrugada, el mensaje de Nacho fue desgarrador, transmitiendo una tristeza muy grande y una soledad bien oscura”, comenta el sacerdote.

La reunión parroquial había terminado y dos de los integrantes de la comunidad, Carina y Daniel, quisieron acompañar al cura hasta el sanatorio. Fueron para estar con Pía y Nacho, a esperar lo peor.

Luego de abrazarse entre lágrimas con el sacerdote y sus amigos Nacho contó con voz entrecortada las últimas novedades. Había nacido “casi muerto”, los médicos habían aplicado el protocolo de reanimación, pero tenían expectativas muy bajas. El pequeño había nacido con una insuficiencia cardíaca.

“Allí estuvimos los tres intentando contenerlo, pero estaba pasado de vueltas, desbordado por la situación”, cuenta el párroco.

Cuando por fin trajeron a su esposa a la habitación volvió la calma. Ella estaba plenamente consciente de las dificultades, el parto había sido complicado. Pero el pequeño Vicente continuaba luchando por su vida dentro de las paredes de una incubadora.

En las horas que siguieron comenzó un febril intercambio de mensajes entre los miembros de la comunidad, los amigos de Pilar, la hija mayor de Pía y Nacho. Todos querían saber qué ocurría con la suerte de Vicente. Y, como un signo de estos tiempos, el grupo de WhatsApp se convirtió en el lugar de las oraciones colectivas. “Y yo a toda costa queriendo regalarle el Bautismo, sabiendo que ese sacramento iba a definir el partido a favor de la vida”, cuenta el padre Rey.

Finalmente los médicos consintieron que se llevara adelante la ceremonia de bautismo en la sala de cuidados intensivos. “Y allá fui al sanatorio, ‘armado hasta los dientes’ como le dije a Nacho, y así nos metimos en el CTI con ellos dos, y con la hermana de Nacho que sería la madrina”, recuerda Rey.

“El nacimiento de Vicente y sus primeras horas fueron totalmente shockeantes para mí. Hoy, casi 8 meses después, me sigo angustiando en los momentos en que recuerdo aquellos primeros minutos en el quirófano donde las miradas de los médicos eran preocupantes y deducía que algo estaba mal, muy mal”, contó el padre de Vicente en una nota que le envió al sacerdote tiempo después.

El panorama no podía ser peor. “Poco después, en una oficina, la persona a cargo de CTI Neonatal me informaba que su estado era extremadamente grave, también sobre la sospecha de una alteración cromosómica -la cual semanas después se confirmaba como Síndrome de Down - Trisomía 21 Libre- y a esto se sumaban aspectos cardiológicos, respiratorios, etcétera”, recordaría Nacho.

Con las limitaciones de la situación el sacerdote ofició la parte central de la ceremonia sacramental y dejó caer las gotitas de agua bendecida sobre la frente del pequeño Vicente. Y ese momento, en medio del respetuoso silencio de médicos y enfermeros, fue lo que el padre Ignacio Rey llama el “nacimiento a la fe”. Lo demás lo ha hecho la ciencia, el pequeño ha continuado evolucionando, más allá de la confirmación del Síndrome de Down y posibles secuelas aún no determinadas.

Al cabo de ocho meses de aquellas jornadas intensas el joven matrimonio continúa participando activa y fervientemente en la misión parroquial. La comunidad de feligreses siguió cada alternativa del nacimiento como lo haría cualquier familia. Mientras duraba la internación el padre Nacho era el encargado de llevar las novedades día a día.

“Hubo algo que fue muy lindo para nuestra comunidad parroquial, y fue que a los pocos días, estábamos a punto de salir para la Misión Casa de Todos, todos juntos en el templo parroquial un sábado de mañana, y yo les cuento a todos los presentes (un montón de gente) que esos días previos, había tenido el regalo de bautizar a Vicente en el Sanatorio, y que venía progresando muy bien. No termino de contarles esto, que veo que por el fondo del templo están entrando Pía y Nacho, con sus dos hijos mayores, que se sumaban a la Misión”, evoca el cura.

Cuando los presentes se volvieron para ver a los recién llegados estalló el aplauso ensordecedor.

Han pasado los meses y Vicente se encamina a cumplir el primer año de vida. La historia clínica del pequeño indica que pesa 5,8 kilos, más que lo que pesaba el niño al nacer. Y también se revelaron aspectos hasta entonces desconocidos para los padres.

“Por ejemplo, han sido momentos de hermosos descubrimientos. En las personas que trabajan en el CTI Neonatal descubrí el amor en una dimensión para mi desconocida, ¡algo impresionante! Y ese lugar con esas personas ya existía antes de nacer Vicente”, recuerda Nacho.

Para ellos estos y otros descubrimientos sobre la solidaridad y el apoyo de los demás han redoblado sus creencias. Pequeños gestos que revelaron esas cercanías comenzaron a cobrar otra dimensión. Pía y Nacho recuerdan, en particular, el testimonio de otra integrante de la comunidad parroquial, Alejandra, que había superado un cáncer de tiroides y en consecuencia había pasado también por momentos muy duros. Cuando se enteró de la historia de Pía y Nacho fue en busca de una reliquia personal que había atesorado todo ese tiempo, una estampa de monseñor Jacinto Vera, y se la obsequió.

Para muchos, la Navidad es una excusa para reunir a la familia, intercambiar regalos o celebrar los logros del año. Para otros, como la comunidad parroquial de San Ignacio, es un momento de celebración de la fe en la figura de Jesús. Y aún para otros como Pía y Nacho el significado de la Navidad vuelve a su etimología: del latín nativitas, nacimiento.

Y esta tarde, a pocas horas de este día tan especial, Vicente será celebrado por la comunidad de San Ignacio.

El abrazo de Micaela

Nacho está convencido de que cada gesto tiene un significado. Uno que permanecía oculto o en el que, simplemente, no había reparado. Ahora lo cuenta convencido de ello. Una de esas anécdotas es la de su encuentro con Micaela, una niña con Síndrome de Down que acude regularmente a la parroquia. “Unos días después de nacido Vicente -estando él en CTI- fuimos a la Parroquia y me encuentro con Micaela”, recuerda. Tenía una relación muy superficial hasta entonces con la niña, conocía a sus padres y hablaba con ellos a menudo pero nada más. “Ese día la saludé y ella exclamó de una manera más fuerte a la habitual ‘¡Nacho!’, y me dio un abrazo apretado, algo que nunca antes había hecho”, cuenta. Intrigado por el efusivo saludo en un aparte le preguntó a la madre de Micaela si le había contado que el pequeño tenía también el síndrome. “A lo que me respondió: ‘No’. Y con una sonrisa me hizo comprender una capacidad asombrosa por parte de Micaela de sentir al otro”, cuenta Nacho.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error