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La historia de una compañía de ballet que nace por amor al baile

Telón Arriba es una compañía de danza independiente formada por ex y actuales bailarines del BNS que ofrecen una mirada neoclásica. Desde este año, son residentes del Teatro Solís y lo celebran con tango.

Telón Arriba
Estreno. Modo Tango es el primer espectáculo como residentes del Teatro Solís. Foto: Majo Casacó

Lo de Telón Arriba es el amor por las puntas, por los saltos y los giros. Es el cariño por el pelo engominado y el moño. Por el leotardo ajustado y los músculos marcados que cuentan otra historia: la del esfuerzo, de los años y las horas y la vida invertida en bailar, en esa dualidad entre elegancia y cansancio. Entre la niña que parece vivir eternamente en el cuerpo de una bailarina, y el crecer. Telón Arriba es también cambiar de rumbo, porque es la historia sobre construir el camino para no dejar de bailar. O para bailar con la misma pasión e ímpetu, pero con otra mirada y libertad. Telón Arriba empezó como una historia de amor entre dos bailarinas y sus ganas de seguir bailando y crear algo nuevo. De alguna forma sucedió y ahora se están preparando para estrenar el título de Compañía de Danza Residente del Teatro Solís con el cuarto espectáculo que producen.

Era mayo y a Giovanna Martinatto le quedaban unos 15 días en el Ballet Nacional del Sodre. Una despedida demorada desde el último noviembre por una lesión. Le quedaba bailar su último Don Quijote con la compañía oficial y Lucía Martínez, que ya se había retirado, le dijo que no había por qué parar. La idea inicial era seguir bailando pero cosas distintas, y crear nuevas coreografías. Después lo fueron comentando y formando el grupo.

Hoy, Telón Arriba es refugio y vértigo de cinco bailarines: Federico Godoy, Giovanna Martinatto, Lucía Martínez, Lucía Piccini y Guillermo González, algunos ex y otros actuales del Ballet Nacional del Sodre que en 2017 se juntaron porque tenían ganas de algo más. Eran ganas de probar con una compañía independiente, que primero se mediría en dos funciones, y que si pasaba la prueba, se convertiría en algo fijo. En algo a lo que darle amor, y por amor hay que entender dedicación o, lo que es lo mismo, inventarle horas al día para que encaje en las rutinas de todos.

En agosto se cumplen dos años de Nuevos comienzos, un espectáculo de tres coreografías, La fiesta de Lucía Martinez y Andrea Salazar, y El pájaro de fuego y El otro, de Guillermo González. Para Martinatto, bailarina y directora artística de Telón Arriba, “fue una cosa rara y natural al mismo tiempo. Era primero hacer algunas funciones y ver qué tal iba todo. Un ‘Probemos’, porque son cosas que no sabés cuánto tiempo van a durar”. La prueba funcionó, y cree que han evolucionado bastante. Un poco por la experiencia que da el tiempo, otro poco adrede, porque van buscando los detalles y pautando dónde hay que mejorar.

Desafíos

Guillermo González González es argentino, solista y puede sacarse las ganas de bailar en cada temporada del BNS. Sin embargo, escuchó la propuesta de Martinatto y Martínez cuando era “una idea descabellada o muy linda” y dijo que sí. Crea momentos que no existen, a cualquier hora y cualquier día para que Telón Arriba cuaje con el ballet oficial y la vida familiar.

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Federico Godoy y Natali Fernández. Foto: Majo Casacó

“Tenía realmente necesidad de crear. Me llevó a decir que sí el hecho de que fuera un espacio donde podía poner mi veta de coreógrafo, algo que no podría experimentar en el Sodre. Pero también tuvo que ver que fuera otra impronta y la posibilidad como bailarín de entrar a nuevos estilos, de probar otras formas de bailar más allá de la clásica”. Para González era en parte un reencuentro con lo que hacía en Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín.

Otro gusto lindo de Telón Arriba es el de la libertad, jugar con las propuestas para tratar de ir más allá del cuidado estético y la perfección. González entiende que coreografiar es como poner en un papel todo lo que ha experimentado su cuerpo. Los movimientos que ha vivido y las emociones que lo han movido: “Somos bailarines de ballet clásico hablando otros lenguajes. Es un contemporáneo más estilizado. Lo que queremos es crear un público nuevo, que le guste el ballet pero que quiera otras historias. Queremos generar experiencias emocionales, que quien nos vea salga movido, comprometido con lo que ve”.

El próximo espectáculo, Modo Tango, surge en parte por esa libertad que permite la fusión. Habrá danza neoclásica en puntas y baile contemporáneo al compás del tango, pero también habrá zapatos de taco alto y La Cumparsita.

Detrás de escena

Ver los últimos ensayos de Modo Tango es percibir los nervios. Hay sudor en la espalda. Hay pasos, saltos que están en sus últimos arreglos y las piernas tiemblan. El cansancio es parte, emerge, pero la voluntad persiste. Husmear un ensayo es también entender de qué se trata todo eso de Telón Arriba. Percatarse que una historia de amor que se construye de la nada y solo por las ganas necesita pulmón. Que la independencia necesita garra. Que la misma bailarina que salta y baila entre la sonrisa para los visitantes y la concentración de los últimos días previos, sale minutos después a mediar todo lo que tenga que ver con lo técnico, las necesidades de los otros, las solicitudes de los coreógrafos, los avisos de producción.

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Giovanna Martinatto, bailarina y directora artística de Telón Arriba. Foto: Majo Casacó

Ser directora y bailarina a la vez no es tarea sencilla. Pero llegar al escenario después de todo eso tiene su goce. “Es distinta la emoción”, dice Martinatto. Porque pararse frente al público a sabiendas de todo lo que hubo detrás de la escena es suspirar. Es haber disfrutado del compañerismo y ver que todo, cada obstáculo, se sorteó.

Martinatto nunca toma sola las decisiones, porque aunque autoconfianza es algo que no le falta, cree en el equipo. Y el equipo “es fascinante. Todos los que están es porque les copa el proyecto”. Como le sucedió a Martínez y a Guillermo, que encontraron una vía para vivir la danza desde otro lado, los otros que se suman al proyecto en cada espectáculo quieren crear. Hay conversación, hay mediación, pero no hay pauta. También es una puerta al escenario para bailarines formados que no tienen otro espacio para expresarse.

La producción general está a cargo de Jimena Brandariz y la administrativa de Javier Bremermann, el equipo interdisciplinario puede variar, aunque hay quienes acompañan desde hace varias temporadas. Lo bueno de tener al Solís detrás, más allá de lo que significa ese sello, es que tienen días, horarios y salones adecuados para ensayar. El teléfono puede sonar de la mañana a la noche, hay que hacer esfuerzos para pagar la resina, el gel, el vestuario. La retribución económica depende sobre todo del bordereau, y aunque hasta ahora vienen vendiendo bien en cada espectáculo, está el miedo a no llegar. “Claro, es arriesgado, vos sabés que un Lago de los Cisnes vende, y acá te puede pasar que no vendas”. Martinatto reconoce el riesgo, pero confía.

Por ahora, Telón Arriba es una historia que recién empieza y se trata de la fe, de creer, de hacer las cosas por pasión, y de crecer.

Un año con tres temporadas

Para este año Telón Arriba tiene previstas tres temporadas. Dos en el Teatro Solís y una en el Auditorio Nelly Goitiño del Sodre. El primer espectáculo, Modo tango, se pondrá en escena 24, 25 y 26 de mayo, a las 20.00. Son tres coreografías conectadas por el tango, pero con diferencias marcadas entre ellas. La primera, TangoBó, está a cargo de Alejandro Godoy, y es un trabajo de danza neoclásica con parejas, cuerpo de baile y zapatillas de punta.

Luego las bailarinas cambiarán zapatillas por tacos altos y harán tango tradicional, con “hits populares en el Río de la Plata”. Buscándote tiene coreografía y orientación de los campeones uruguayos Iahara Stolarsky y Nazareno Listur.

Cerrando habrá una pieza contemporánea de la Primera Bailarina del BNS, Vanessa Fleita.

El bailarín y coreógrafo Guillermo González estará a cargo de las funciones de 20 y 21 de julio, en la Nelly Goitiño. Allí, mostrará la coreografía que creó basándose en la vida del general Máximo Santos.

Para cerrar el año, en la Sala Principal del Teatro Solís, Giovanna Martinatto dejará de lado las zapatillas para dirigir Titanic. Será un espectáculo de gran escala, con escenografía a cargo de la artista plástica Elián Stolarsky. Es la segunda vez que se anima a estar desde afuera del escenario: “Yo cuando salgo a bailar, es con confianza, tranquila, pero desde el otro lado, hay más nervios, porque ves todo”, contó la directora de Telón Arriba a Domingo.

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