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Dos hermanas se reencontraron después de 50 años, ahora buscan a un hermano

Adela y Fabiana son hermanas. Se reencontraron después de 50 años separadas, ahora buscan a un hermano y su madre biológica.

Fabiana y Adela, hermanas que se reencontraron después de 50 años. Fotos: Juan Manuel Ramos
Fabiana y Adela, hermanas que se reencontraron después de 50 años. Foto: Juan Manuel Ramos

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"No pasó nada, tranquila. Apareció tu hermana. Adela Centurión sabe que eran entre la una y las dos de la mañana del 5 de enero de 2021. La voz que sonaba del otro lado del teléfono era la de su tío. “Lo primero que pensé fue que era una emergencia”. Se sentía dormida y trató de comprender lo que había escuchado.

— ¿Qué?

—Que apareció una hermana tuya. ¿Le puedo dar tu número?

—Sí, cómo no, que me llame.

Adela es precavida, tranquila, meditativa. Cuando su tío cortó el teléfono no estaba segura de lo que había escuchado. No quería ser desagradecida con los dos hermanos con los que se había criado, ni con sus padres. No quería ilusionarse y a su vez quería encontrar esa otra parte de su vida. Si todo era real, pasaría a ser la hermana mayor. “Siempre fui la hermana menor”. Cuando sonó de nuevo el teléfono atendió y del otro lado sonó la voz de una chica joven. “En ese momento era una chica cualquiera”.

—Hola. Soy Julieta, la hija de tu hermana Fabiana.

—Mi hermana se llama Jocelyn.

—¿Cómo sabés el nombre de mi madre? Porque nadie lo sabe. Ese nombre es uno que ya no usa. Solo los cercanos a ella lo conocemos.

—Porque a mí me lo dijo mi tía abuela. Pero aparte tengo una foto de mi hermana.

—¿Cómo vas a tener una foto de mi madre?

—Vamos a cortar y en 10 o 15 minutos te llamo.

“Estaba dormida y tengo un baúl lleno de fotos, busqué hasta que apareció la bendita foto. Se la envié a Julieta”. Adela tomó el teléfono, llamó al número de Fabiana. “Estuvimos hablando hasta las cinco de la mañana sin entender mucho nada”.

La búsqueda de Adela Centurión en Uruguay

En 1999 Adela tenía 29 años y estaba cansada de no obtener respuestas sobre un dolor de piernas que acarreaba desde hacía tiempo. Quería saber el origen de la enfermedad y se preguntó si, por casualidad, era algo genético. Para comprobarlo tenía que encontrar a su familia biológica. Todos los datos que poseía eran el nombre y el apellido de su madre, Adela Moretti, y que la familia de ella tenía o una óptica o una joyería en Salto.

Adela pasó el dedo por las páginas de Salto en la guía de teléfonos y leyó con atención: Óptica A y Óptica Alpha. “Llamé a la A, no me atendió nadie. Llamé a la Alpha, me atendió una chica de créditos que se puso nerviosa. Me dijo que el dueño no estaba, pero que dejara mi número que me devolvía la llamada. Eran las cinco de la tarde”. Cerca de las nueve de la noche, sonó el teléfono.

“Hola, hola”, dijo la voz de un hombre otro lado de la linea. Ella no emitió palabra y solo se escuchó su llanto.

—Adela, hace 30 años que te busco. Por favor, hablá.

—Soy Adela, pero no soy lo que vos buscás y vos no sos lo que yo busco. Soy hija de Adela, y pensaba encontrar a mi abuelo, a una persona mayor.

—¿Cómo te llamás?

—Adela Centurión. ¿Vos?

—Alexis Moretti. Pero tu abuelo está, quedate tranquila que está vivo. Dame un número que te llamo.

Esa llamada duró horas. Dice Alexis que todavía guarda la factura de Antel. Fue un jueves. El sábado siguiente él estaba en Minas.

“Él buscaba a Adela Moretti y no se imaginaba que ella había tenido una hija y que había dejado a esa hija en Minas. Hablamos y las piernas pasaron a segundo plano. Él entró a mi vida y yo a la suya. En ese momento sentí la necesidad de encontrar a mi familia”, recuerda Adela.

Adela Centurión de niña. Foto: cortesía
Adela Centurión de niña. Foto: cortesía

Contactó a su abuelo, Walter. Él le dijo que siempre supo de ella, que vacacionaba en el parque de UTE, que Minas era una ciudad “preciosa”. Nunca la buscó. Adela desistió de él. No le dio lo que quería: ni cariño ni más información sobre Adela Moretti.

Adela Moretti, madre biológica de Fabiana Roth y Adela Centurión, en su primera comunión. Foto: cortesía
Adela Moretti, madre biológica de Fabiana Roth y Adela Centurión, en su primera comunión. Foto: cortesía

Para ese entonces su madre Delia y su padre Gualberto, los que la adoptaron, habían muerto. Ella solo sabía que su madre biológica la tuvo en el Hospital Alfredo Vidal y Fuentes de Minas en 1968 y que la presentó para un acta de nacimiento que ahora está perdida. En su acta de bautismo está escrito el apellido Moretti.

“En algún momento mi mamá me contó la historia de Adela Moretti. Que había sido una chiquilina de poco hablar, que el papá pidió captura policial, que estaba internada. Que andaba en la noche, era menor de edad y amiga de las muchachas Capezzolo, prostitutas de Minas. Mi mamá era enfermera, fue la que cuidó a Adela. Le daba lástima que esa chiquilina estuviera sola en el hospital. Y cuando nazco Adela le dice si podía dejarme dos o tres días para ir a Salto a buscar plata y ropa. Mi mamá le dijo que sí, que si iba a la casa iba a encontrar una señora que se llamaba Blanca, que me entregara a ella, que era de su total y absoluta confianza. No volvió más. Mis padres adoptivos me legitimaron”.

Adela Centurión con Delia y Gualberto, sus padres adoptivos. Foto: cortesía
Adela Centurión con Delia y Gualberto, sus padres adoptivos. Foto: cortesía

La única que podía tener más información sobre su madre biológica era Aurora Moretti. Fue Alexis el que le habló de ella. Era una tía abuela, hermana de Walter, que por un tiempo cuidó a Adela Moretti.

Adela Centurión pasó el dedo por las páginas de la guía de teléfonos, esta vez por la lista de Montevideo. La encontró. Figuraba un número y una dirección frente a la Intendencia. “La llamo, le digo quién soy y me dice que no quiere que se burlen más de ella. Que no la buscara más”.

Al día siguiente Adela salió de la escuela en la que trabajaba, tomó un ómnibus, llegó a la capital y entró al edificio que figuraba en la guía. El portero le dijo que Aurora no se encontraba, que era feriante y que probablemente estaría en un par de horas. Adela se sentó en la entrada y esperó.

No recuerda cuánto tiempo pasó, si fue mucho o si fue poco. Pero Adela levantó la vista y una señora la miró y se quedó perpleja, quieta, hasta que empezaron a brotar las lágrimas.

—¿Quién sos vos?

—La hija de Adela.

“Me abrazó y me besó. Me dijo que no sabía que Adela me había tenido. Solo Walter sabía”. Entraron a la casa, Aurora mandó a su hija a comprar masitas y preparó un té. Le contó muy poquito sobre su madre. “Me dijo que justo hubo un problema de trata de blancas. Que Adela estaba con un hombre, (Renato) Roth, en Estados Unidos. Sacó una caja de recuerdos con muchas fotos. Le pedí que me regalara una de Adela. ‘Elegí dos’, me dijo”.

Adela Moretti en su cumpleaños. Foto: cortesía
Adela Moretti en su cumpleaños. Foto: cortesía

Eligió dos, la de la comunión y una frente a una torta de cumpleaños. Pero le llamó la atención una foto de una niña que era igual a su hija Belén.

—¿Esta niña quién es?

—Es tu hermana, se llama Jocelyn Alejandra Roth. Pero no te voy a dar esa foto, podés sacarle una fotocopia.

“Después nació mi hija menor, Sara, entró a CTI y estuvo casi 16 años conectada a un respirador. Me dediqué a ella. Mi objetivo era que Sara fuera una niña feliz. Y tengo tres hijos maravillosos, Matías, Gabriel y Belén”. En 2016 murió Sara. La vida de Adela estuvo en una pausa. Hasta 2021: “Había decidido que iba a disfrutar este año”.

En Buenos Aires, Fabiana necesitaba una familia

Dicen que cuando Renato Roth dejó a su hija de tres meses en un avión a cargo de una azafata para que llegara de Estados Unidos a Argentina, Adela Moretti lloró con desgarro. Fue en 1970. La bebé se llamaba Fabiana y solo supo eso después de grande, en uno de sus intentos de armar el puzzle sobre su historia. En Buenos Aires la recibió Blanca, una tía abuela de su padre. “Mi abuela”, dice ella, “papá era como su hijo”.

Blanca nunca la dejó saber nada sobre su madre. “Adela” era una mala palabra y todas las fotos tenían su cara recortada.

Fabiana Roth junto a Blanca, la abuela con quien creció en Buenos Aires. Foto: cortesía
Fabiana Roth junto a Blanca, la abuela con quien creció en Buenos Aires. Foto: cortesía

La única vez que Fabiana vio a su madre fue a los 17 años. Su abuela había muerto y revolviendo entre sus cosas encontró una foto pequeña. Era el retrato de una mujer vestida con un abrigo de piel y extremadamente parecida a ella, pero mayor: los ojos rasgados, la frente con forma de corazón, la boca de labios finos.

La última vez que Adela Moretti vio a Fabiana fue en octubre de 1971. En ese entonces viajó con Renato a Argentina y le llevó un peluche rojo con unos ojos de mirada fija, espeluznante. Ellos tenían una cámara Polaroid y le tomaron varias fotos parecidas que todavía están pegadas en un álbum ya de tinte amarillento.

De esa visita, alguien le dijo que Adela Moretti la había maltratado hasta hacerla llorar. Después supo que no. “Un primo de mi papá fue el que más o menos me contó un poco de la historia. Que mi mamá no era tan mala como decían y que vino a verme y trataba de acercarse a mí, pero que yo no quería y me agarró fuerte de la bronca de que no la quisiera”.

Lo otro que supo, la única vez que se atrevió a preguntarle a Blanca sobre su madre, fue que en 1972 había nacido otro niño, que Renato también lo había querido mandar para Argentina, pero que Adela lo dio en adopción. “Decían que lo había vendido, que con tal de que mi padre no se lo sacara, lo daba ella antes”.

En 1977 asesinaron a Renato. En 1986 murió Blanca. Las personas que cuidaron a Fabiana desde entonces, la hicieron sentir un estorbo y perdieron la herencia que su padre había dejado. Creció solitaria, en su propia lucha por sobrevivir. Supo, de grande, que su padre estaba involucrado en la trata de blancas, antes siempre le habían dicho que trabajaba “con los artistas”. Agradeció que no quedara nada de ese dinero.

Fabiana Roth sabe que fue en la tarde del domingo 3 de enero de 2021 cuando su hija Julieta le preguntó por qué no buscaba a su familia materna. “Tu mamá no nació de un repollo”, le dijo. “Mis hijos (tiene tres) siempre me preguntaron por mi mamá, saben la verdad. Después de que me casé empecé a perdonarla. El padre de ellos me dijo que escuchara otra campana. Y empecé a buscarla sin saber hacerlo, publiqué varias veces en Facebook, pero en grupos de Argentina y todo se perdió. Yo tenía miedo del rechazo. Pero Julieta me pidió para publicar algo y la dejé. Pensé que iba a pasar lo mismo de siempre”.

Redes sociales

Un pedido a través de Facebook

“Tú puedes publicar la búsqueda de tu identidad biológica, de un familiar desaparecido. Grupo sin fines de lucro. Creado para sumar a otras páginas y/o grupos ya existentes, porque entre todos hacemos posible nuestros sueños. Te puedes comunicar por privado con cualquiera de los administradores. A todos muchas gracias y suerte en todo. La administración”, dice en la descripción del grupo de Facebook “Dónde estás? Uruguay”, que tiene más de 5.000 miembros. Fue en esa comunidad que Julieta, hija de Fabiana Roth, publicó que buscaba a la familia de su abuela, los Moretti. Fue a través de esa página que una persona de Salto le escribió para decirle que conocía gente con el apellido Moretti en Salto. “Si no hubiese sido por las redes sociales, no hubiera sido nada. Porque las personas que sabían todo ya no están y tampoco tenían la intención de que nos encontráramos”.

Un día después, el lunes 4 de enero, la llamó Julieta, le dijo que estaba hablando con su tío, un hermano de Adela. Fabiana se quedó paralizada. “Sí mamá, es él. Me está dando todos los datos. Me mandó una foto de tu mamá. Te va a llamar”. La llamó y lloraba. “Hace años que tu hermana y yo te buscamos y buscamos a tu madre”, le dijo. “Ellos siempre buscaron a Jocelyn Alejandra Roth, pero a la conclusión que llegamos es que en algún momento de mi historia, el nombre Alejandra desapareció y apareció Fabiana. Pero Jocelyn Roth, hija de Renato y Adela Moretti, soy yo”.

—No puede ser, yo sé que tengo un hermano más chico.

—No, tenés una hermana más grande que te está buscando y te necesita mucho.

Fabiana lloró, gritó, recobró la calma y continuaron hablando. En paralelo a la charla entre Alexis y ella, su hija Julieta hablaba por primera vez con Adela Centurión. La primera prueba fue el nombre “Jocelyn”. La segunda, la fotocopia de una foto donde se ve a una niña de un año posando con un oso de peluche rojo de mirada fija, espeluznante.

Fabiana Roth en 1971, posa con un oso de peluche que le regaló su madre Adela Moretti. Foto: cortesía
Fabiana Roth en 1971, posa con un oso de peluche que le regaló su madre Adela Moretti. Foto: cortesía

La siguiente llamada fue entre Adela y Fabiana y se extendió hasta las cinco de la madrugada. Desde entonces, no hay día que no intercambien mensajes o videollamadas. La pandemia no las ha dejado cruzar el Río de la Plata para abrazarse.

Las primeras conversaciones fueron para tratar de armar, juntas, el puzzle de sus historias. Adela supo que tenía un hermano. Después supieron que tienen hijos tocayos, se llaman Matías y tienen 30 años. Que a las dos las criaron dos señoras también tocayas. Blanca, la abuela de Fabiana. Blanca, la señora de confianza de la madre de Adela, después su madrina. Que a las dos les gusta el color azul, que a una le gusta cocinar y a la otra no. Que Adela es maestra y Fabiana tiene un local de bazar, plantas y otras cosas.

Adela Moretti y “el varón”, las piezas que todavía faltan

“Yo nací en el 60. Adela Moretti Green en el 49, era hija de mi mismo padre. La vi en el 71 por última vez y desde ahí siempre he estado buscándola. Después apareció Adela Centurión. Fui armando mi familia de a pedacitos. Ahora en enero, Fabiana”, cuenta Alexis Moretti.

En 1971, después de pasar por Argentina, Adela Moretti visitó Uruguay. En esa oportunidad, vio a su hermano, que tenía 11 años. Él era un niño encantado con aquella mujer. Después, ella le mandó postales “desde todo el mundo”, hasta que en 1974, 1975, no escribió más.

Su esposa Sandra lo ha ayudado a rastrearla lo más posible. El último dato que encontraron fue que en 1984 estaba en Uruguay, porque está registrado que votó. Después desaparece completamente. Los rumores alrededor de Adela Moretti y “el varón” (un hijo que habría tenido en 1972 en Estados Unidos) son tantos y distintos que no saben si el último paradero fue en Uruguay, España o Estados Unidos. Tampoco saben si Adela y “el varón” permanecieron juntos. La familia de Fabiana le dijo que ella había “vendido” al niño. Pero la familia de Adela Centurión dijo haberla visto en los años 80 en un café montevideano con un chico que bien podría haber sido el hermano que falta.

“Las ganas que tenemos ahora es de cerrar una historia. Y saber qué pasó con mamá, si murió o no murió. Pero mi hermano tendría 48 años y es muy probable que sí esté vivo”, dice Fabiana, “tampoco sabemos si ella volvió a Uruguay con su nombre verdadero”. Alexis le pide a su hermana que regrese, que él la espera, que la extraña. “Hemos buscado por todos lados, hasta en un programa de Televisión Española que se llamaba Quién sabe dónde y nunca dimos con ella”.

“Yo tuve dos hermanos, pero más de 20 años mayores que yo. Entonces mi ilusión siempre fue que si encontraba a mi hermana, iba a ser la mayor yo, y a la vez ibamos a tener edades parecidas, íbamos a ser confidentes. Quería alguien con quien pelear, celar. Y ahora pienso que son cosas que nos van a suceder. Capaz que en algún momento nos vamos a pelear, estar sin hablarnos, pero también que vamos a ser confidentes”, dice Adela.

“Yo me crié en una familia de mierda, todo lo contrario a Adela. No tuve una madre, no tuve un padre. Entonces me crié de casa en casa, molestando a todos, pero todos usando lo que mi papá me había dejado. A mí siempre me hizo falta una familia”, dice Fabiana. “Y yo tengo una ansiedad de locos y Adela me para al toque. No puedo viajar, me quiero morir, me agarra como angustia, pero para mí encontré una familia a los 50 años. Una vida sola. Tanta vida perdida por secretos que se llevaron los viejos a la tumba. Lo más loco es que siento que la conozco desde siempre”.

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