Comportamiento

¿Hay instinto paterno?

Hallaron un cambio hormonal en los hombres que estimularía el cuidado de los hijos; para otros es sólo un nuevo vínculo cultural.

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La mayoría de los hombres no notan los cambios hormonales.

Cuando lo vio primera vez, sintió un amor casi instantáneo. Y una necesidad inexplicable de brindarle cuidado y protección. Todos sentimientos extraños que jamás había experimentado hasta que tuvo a Ulises en brazos. "Me sorprendió mucho mi reacción, sobre todo por cómo soy. El amor que siento por él es totalmente nuevo y absolutamente diferente —reconoce—. Conocés por primera vez el amor incondicional, lo que es querer a alguien más allá de no saber ni cómo es", describe Federico Piedras, abogado de 32 años que debutó hace dos meses como padre.

Ese amor inexplicable que Federico sintió y siente hacia su hijo, con el que está empezando a construir el vínculo afectivo "más fuerte de su vida", para algunos científicos no tiene misterios y está en los genes, lo cual les permite hablar de la existencia de cierto instinto paterno. "Cada vez hay más estudios que indican que el instinto paterno-filial, que nos lleva a cuidar, proteger y querer de manera especial a nuestros hijos formando un importante vínculo emocional y afectivo, existe en los hombres", afirma Susana Peñagaricano, psicóloga y directora del ISEP Clínic, prestigioso centro médico de San Sebastián (España).

Aumento de hormonas como la prolactina, la oxitocina y el estradiol en hombres que conviven con mujeres embarazadas, sumado al descenso de la testosterona en varones que van a ser padres, parece dar como resultado "un comportamiento menos agresivo, más estable y más tierno en el futuro papá", según sostiene la especialista española.

Eso sí: para la mayoría de los hombres, como Federico, estos vaivenes hormonales son casi siempre imperceptibles. "El embarazo fue un momento de acompañamiento y disfrute que me sirvió para prepararme y tomar conciencia de que iba a ser papá", dice este abogado que hoy, después del trabajo, corre a su casa para poder estar el mayor tiempo posible con su bebe.

Claro que la idea de instinto en los seres humanos está bastante cuestionada. Son varios los especialistas que, incluso, ponen en duda que exista un instinto materno. "En la crianza y en el cuidado de un hijo, de la cría humana, interviene siempre lo cultural. Que se segreguen hormonas inductoras del apego no quiere decir que haya instinto. Lo que llaman instinto paterno es consecuencia de una interrelación cultural o psicocultural. No es que hay algo innato, se aprende a ser buen padre", plantea el psiquiatra y psicoanalista Harry Campos Cervera, magíster en Psiconeuroinmunoendocrinología de la Universidad Favaloro (Argentina)

Para la terapeuta familiar Irene Loyácono, los conceptos clave que muchas veces pueden confundirse con instinto son la empatía y el apego: "Lo que sí existe es la capacidad de empatía, de hacerse eco de lo que otro siente, a partir de la activación de neuronas espejo. Ésta es la base de las conductas maternantes. Hoy muchos padres desarrollan conductas de alimentación, de arrullo, de cuidado, que pueden sustituir a las de la madre. Cuando los varones tienen capacidad de empatía y están en contacto con el niño, son igual de capaces de decodificar las necesidades de ese niño que la mamá", sostiene Loyácono.

El apego, en cambio, es la necesidad de contacto del niño, que se relaciona con la capacidad de cuidado en los adultos. "Cuando el hombre está más en contacto con sus hijos, como ahora, desarrolla esta capacidad. Antes se creía que el apego era exclusivo de la madre, pero hoy se sabe que también el papá puede satisfacer ese necesidad de contacto físico".

De hecho, otro estudio reciente realizado por un grupo de expertos franceses de la Universidad París XI-Orsay, en Francia, ha determinado que los padres son perfectamente capaces de reconocer —entre muchos otros— el llanto de su bebe. Y los hombres también muestran una notable ductilidad al interpretar ese llanto. "La diferencia en la eficacia de un padre u otro a la hora de calmar a sus pequeños puede estar determinada por la cantidad de tiempo que pasa cada uno con el bebe y no con el sexo de esa persona", concluye el estudio.

Es así: a medida que los hombres pasan más y más horas con sus pequeños, son capaces de desarrollar las mismas competencias que una mujer para criar a un hijo. "No es que la mujer, por tener algo genético, era mejor madre que un varón. Ni los hombres son ahora mejores padres porque se descubrió lo de los cambios hormonales —sostiene Loyácono—. Sencillamente la mujer pasaba más tiempo con sus hijos porque el hombre trabajaba y ella se quedaba en la casa. Y hoy, que la mujer trabaja, los hombres pasan más tiempo con sus hijos y se espera del varón que tenga un vínculo más estrecho con ellos. Un padre que no juega, que no lo alimenta, estaría faltando a su rol."

Función paterna.

Parece que hoy ser buen padre es una meta personal tan importante como la realización profesional. O, como en el caso de Mariano Voltan, docente que trabaja en ventas desde su casa, por encima de lo laboral. Ya desde antes de ser padre de Antonia y Rufino dejó la vida corporativa —trabajó seis años en una multinacional— para tener más tiempo para él, y ahora, para estar con sus hijos. "Me cansé de esa vida antes de conocer a mi mujer y tener una familia. Pero hoy esa flexibilidad me permite ocuparme de ellos. No lo cambiaría por nada. La vida del padre que se va todo el día y vuelve a la noche no la quiero para mí. En lo laboral, elijo no sobrecargarme en pos de una seguridad que no me interesa. Calidad de vida para mí es no llegar quemado a casa para poder tener tiempo de calidad con mis hijos. La contracara es el cansancio, pero por suerte me hago tiempo para mí, porque también necesito estar sin ellos".

Padre hiperpresente por elección, se encarga de cuidar a Antonia y a Rufino durante las largas jornadas de sesiones fotográficas que Celina Betancor, su mujer, realiza para embarazadas, bebes recién nacidos y niños, un trabajo que puede demandarle todo un día en el que Mariano aprovecha a llevarse a sus hijos a la plaza o a un club. "De todos los trabajos que tuve y tengo, ser padre es el más demandante, el más difícil, pero el que más te devuelve —reflexiona Mariano—. Con Celina hacemos un esfuerzo por darles la crianza más libre y natural posible porque creemos que en algún momento se verán los frutos. De hecho ya se ven: Antonia y Rufino son súper desenvueltos, independientes y seguros", dice orgulloso.

Pero ¿cuál es ahora la función de un padre? Para el psicoanálisis, es una función liberadora. "Es el que separa a la madre del bebe; el que le dice al hijo ésta es mi mujer, buscate otra y lo expulsa del lado de la madre. La función materna, en cambio, es de nutrición y cuidado. Y esto no se ha modificado a pesar de que hoy el hombre comparta la crianza de sus hijos con la madre", dice el psicoanalista Campos Cervera.

Lejos de la psiquis y de lo simbólico, en el día a día, la expectativa de lo que la función de un padre debería ser queda clara en una encuesta de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) realizada con motivo del Día del Padre. En ese estudio, 47,6% de los encuestados manifestó que la principal función de un padre es dar amor y estar siempre que su hijo lo necesite. En segundo lugar, con 44,7%, los consultados respondieron que las funciones eran educarlos, enseñarles buenos modales, respeto y ponerles límites. Y sólo 7,6% expresó que su función principal como padre era proveer económicamente a su familia. Además, 45,3% dijo estar dispuesto a realizar tareas de cuidado de su hijo, 38,8% asegura que además de cuidar a su hijo están afines a realizar tareas del hogar y 15,9% aseguró no ayudar en la casa ni en el cuidado de sus hijos, ya que su función es trabajar y mantener el hogar.

"Pero que no haya instinto paterno o materno no deslegitima la función, al contrario", opina Campos Cervera. Y desliza que es más meritorio que no sea algo dado por la genética, sino adquirido y construido, surgido más del deseo que de la biología. Como el que le nació a Federico, papá de Ulises. "El deseo de ser padre lo fui construyendo, no es que un día me levanté y me dije que quería tener un hijo. Pero en un momento sentí que estaba preparado. Hoy miro a Ulises y siento que lo amo, no sé si es instintivo o no." Pero a Federico, como a tantos otros padres, poco le importa de dónde le brota tanto amor.

Cuando el vínculo lo define la necesidad.

Aunque ser un padre presente es algo deseado, algunas veces esa presencia también está motivada por la necesidad. Es el caso del fotógrafo Javier Ortiz, dueño de una galería de arte, que crió a Lisa, de 13 años, prácticamente solo porque la madre decidió desentenderse de la crianza de su hija. "La persona con la que elegí tener a Lisa se fue y no lo vi venir, porque era chico, tenía 22 años. Yo me hago esa autocrítica, para mí ser padre fue un acto de inconsciencia, pero también fue la manera que encontré de estar presente y plenamente consciente de mi rol", dice. Mucha ayuda familiar y seguir cierto "instinto" adaptativo fue lo que le permitió a Javier transformarse en el padre que es hoy. "Hay cosas que surgen sobre la marcha. A Lisa le pedí que me fuera diciendo sus necesidades, siguiendo su propio ritmo. Los roles sociales, familiares, afortunadamente se fueron rompiendo. Hoy hay una liberación de etiquetas y rótulos. El ser humano tiene la posibilidad de ocupar diversos roles e ir mutando. Yo he cambiado radicalmente, me fui adaptando a la situación. Si no hubiera tenido esta capacidad de adaptación lo hubiera pasado peor. Pero la verdad es que no sufrí la ausencia de una madre sostenga la crianza. La ausencia de madre me hizo un padre presente y hoy lo agradezco."

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