Terapias alternativas

Cómo hackear el cerebro: testimonios sobre la hipnosis clínica

Superar la depresión o bajar de peso: tres historias de personas que han incorporado nuevas habilidades y cambiado su vida a partir de la hipnoterapia.

Terapia
El Centro de Hipnosis de Uruguay funciona desde hace 15 años.

Alejandra Barreto se había mudado hacía poco con su marido e hijos cuando decidió ir hasta el fondo de la casa con una cuerda. “¿Querés que te ayude a poner eso para colgar la ropa?”, le había dicho entonces su vecino. Pero la cuerda no era para eso. “Él me paró y se quedó conmigo hasta que llegó mi marido”, recuerda Alejandra.

No era la primera vez que intentaba suicidarse: cuando tenía 29 años se había tirado de un puente. “No podía seguir así, luchando conmigo misma”, sostiene Alejandra. Un día, encontró en Internet el Centro de Hipnosis de Uruguay. “Les escribí y me dieron fecha para el 26 de diciembre”. La hipnosis le cambió la vida.

Nuevas perspectivas.

“La hipnosis es un estado de focalización máxima donde uno está tan concentrado en algo que el resto no importa”, afirma Daniel Radesca, médico especializado en hipnoterapia y co-director del Centro de Hipnosis de Uruguay. Tal estado permite aprender “una serie de habilidades que nos pueden ayudar para resolver problemas”.

Según Radesca, la hipnosis no es un estado de meditación ni de sueño. “El cerebro funciona de manera diferente, hay ciertas partes que se activan con más frecuencia y, por lo tanto, se puede dirigir la atención a lugares diferentes, creando nuevas redes”, explica.

Por ejemplo, “para las personas depresivas es difícil ver las cosas desde una perspectiva externa, lo que significa que se victimizan y atribuyen todos los problemas a sí mismos”, indica el médico, que se especializa en tratar personas con depresión. Con la hipnosis aprenden a observar los acontecimientos de su vida desde otro punto de vista. “No es que digo ‘ahora no vas a estar más deprimido’ y ya está, sino que enseño habilidades para que la persona logre resolver su cuadro depresivo”.

Daniel Radesca
Daniel Radesca, médico hipnoterapeuta.

La mente es todo.

Reiki, yoga, yuyos… Alejandra Barreto había probado de todo, pero la voz en su cabeza que le decía que se quitara la vida aún seguía allí. Medicarse no era viable, porque tenía un solo riñón de nacimiento y aparte “no quería estar toda la vida dependiendo de un medicamento”. Así que, aunque se cuestionaba si la hipnosis sería solo “una chantada”, quiso probarla.

Un 26 de diciembre tuvo su primera sesión. Salió y fue a un restaurante. En ese entonces, no solía comer porque todo le causaba descompostura o vómitos, pero ese día, sorprendentemente, tuvo ganas de pedirse un chivito. Después, fue al baño y se miró en el espejo: “Vi una persona consumida, pura piel y hueso, con unas ojeras enormes. Vi lo que realmente era y eso antes no lo veía”.

Tuvo tres sesiones de hipnoterapia y luego su psiquiatra y su nefrólogo le dieron el alta. No sufrió más del riñón y mejoró su economía y la relación con su marido e hijos. También terminó de estudiar y se recibió de coach nutricional.

Las mismas experiencias que antes la habían llevado a dos intentos de suicidio, ahora las recuerda sin dolor ni culpa. La hipnosis “te hace ver las cosas de manera diferente”, afirma. Y agrega lo que para ella es el mensaje más importante: “La mente es todo”.

El método.

Daniel Radesca no necesita que las personas crean en la hipnosis porque entiende que “no es una cuestión de fe”. Para probar la efectividad de su método, utiliza instrumentos validados para medir si los resultados obtenidos se mantienen a lo largo del tiempo y dice que eso ocurre “en la mayoría de los casos”.

Además, el médico señala que los resultados se pueden conseguir “en un período relativamente corto de tiempo, de unas 12 sesiones o incluso menos”. Sus pacientes recurren a la hipnoterapia para resolver cuadros de depresión o ansiedad, para dejar de fumar, adelgazar y superar un miedo, fobia o dolor crónico.

Desde dolor a adicciones: aplicaciones y limitaciones.

Una de las posibles aplicaciones de la hipnosis clínica es en los casos de dolor crónico. “Si una persona se lastima la rodilla o la lumbar, luego se cura, le hacen los exámenes y no tiene nada, pero le sigue doliendo, entonces el cerebro se equivocó y dejó prendida una alarma”, explica Daniel Radesca, del Centro de Hipnosis de Uruguay. La hipnosis “logra reconfigurar eso, enseñándole al cerebro a pensar de manera diferente”.

Para Radesca, sin embargo, es importante aclarar que “la hipnosis no es la panacea”, es decir, no sirve para resolver cualquier problema. “Hay gente que habla de aprender idiomas con la hipnosis, pero lo único que sí está demostrado es que ayuda a recordar un poco mejor las palabras”. Y un idioma es mucho más que palabras: “Hay aspectos paralingüísticos, fonológicos, semánticos… es complejo”. En este sentido, el médico afirma que “hay que saber las limitantes del método y apoyarse en la literatura científica y en torno a eso establecer tratamientos”.

Cambio interno.

Andrea Barcos ya había probado muchos métodos para adelgazar. ‘Si hay algo que me falta probar, es esto’, se dijo a sí misma entonces. Hoy, tres años después y con 60 kilos menos, afirma que la hipnosis ha sido “parte importantísima del cambio en su vida”. “Con la hipnosis sos consciente en todo momento de tu cuerpo, pero no entendés lo que te están contando”, dice. Y agrega: “Te lo podés acordar, pero no es un relato totalmente lógico”.

Empezó yendo una vez por semana; ahora se atiende una vez al mes o cada dos meses. Según cuenta, el médico le dio herramientas para hacerse cargo de sí misma: “No es que voy a depender de esto toda la vida”. Aclara que no se habla de lo mismo que hablaría con un nutricionista: “No es lo que comés, sino lo que te lleva a comer”.

Para Andrea, la hipnoterapia la ha ayudado a crecer, madurar y establecer lo que quiere para su vida. “La bajada de kilos es la consecuencia, pero hay todo un cambio adentro”.

Prejuicios y resultados.

“No pasa un día sin que encuentre a alguien con prejuicios”, dice Radesca. Los propios pacientes entran a su consultorio con “un montón de mitos e ideas equivocadas como que voy a sacar un sahumerio o un péndulo y los voy a hipnotizar”. No obstante, sostiene que todo se termina cuando muestra la evidencia: “Ahí hasta la persona más escéptica termina mandando al hermano”. De hecho, en California, Nueva York o Washington, “la hipnosis clínica es aceptada dentro del sistema de salud”.

Para él, “los prejuicios son parte de lo que nos muestra la televisión, que nos dice que con un chasquido todo se va a solucionar”. Muchos de sus colegas creían que “hacía cualquier cosa” o que era “lo más parecido a un chamán”. Después, cuando se empezaron a conocer los resultados, la cosa se dio vuelta: “Incluso atiendo a médicos”.

Uno de los resultados que más le impresionó es el de un paciente con depresión que fue a su consulta luego de haber estado varios años en terapia y tomado varias medicaciones. “Cuando vino a su tercera sesión, el paciente era otro: vestía diferente y tenía otro humor”, recuerda. En menos de dos meses dejó la medicación. Años después, Radesca se lo encontró en un shopping, “casado, con hijos y contento”.

Jugársela.

Ema acudió a la hipnosis clínica cuando atravesaba un cuadro de depresión aguda. Había escuchado del Centro de Hipnosis porque una persona que conocía había logrado superar pesadillas recurrentes. Ema —que en realidad no se llama así, pero prefirió mantener el anonimato— decidió agendar una consulta: “Me la tenía que jugar, porque estaba tan mal que peor no me iba a hacer”. Ahora recuerda a la hipnosis como “un antes y un después”.

Llegó a la primera sesión “con un poco de temor”. Sin embargo, reconoce que “uno tiene que ir abierto para que la otra persona pueda hacer algo por vos”. En efecto, el médico Radesca cree que “la voluntad siempre es necesaria frente a cualquier enfermedad y en cualquier ámbito de la vida”.

De estudiante de medicina a médico hipnoterapeuta.

Daniel Radesca se interesó por la hipnosis clínica cuando vio que una persona que llevaba años sin poder superar una depresión de repente lo resolvía en uno o dos meses. Investigó al respecto y buscó al mejor del mundo en la materia. “Con él fui a capacitarme”, relata.

El médico viajó en 2005 a California, Estados Unidos, donde se formó con “uno de los principales referentes de hipnosis clínica en el mundo, Michael Yapko”. Cuando regresó a Uruguay, se dio cuenta de que “nadie utilizaba la hipnosis clínica para ayudar a las personas”, así que fundó el Centro de Hipnosis junto al abogado y life coach Gonzalo Larre Borges. Actualmente, ambos dirigen el centro junto a la pediatra hipnoterapeuta Alejandra Sención.

Para Radesca, la hipnoterapia se ha vuelto su “estilo de vida”. Hizo una maestría en cuidados paliativos y afirma que “es increíble lo que se puede conseguir mediante la hipnosis con pacientes que realmente están sufriendo”.

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