DE COLECCCIÓN

El próximo domingo habrá una caravana de Fuscas por 18 de Julio

El motivo de la actividad es conmemorar el Día Mundial del Fusca que tiene lugar cada 22 de junio desde 1955. A continuación, cuatro historias de aficionados para rendir tributo a este auto de culto.

Rony restauró el Fusca que era de su hermano Andrés y llama su color rosado llama la atención adonde va.
Rony restauró el Fusca que era de su hermano Andrés y su color rosado llama la atención adonde sea que vaya. Foto: Guillermo Olid

Cada vez que Rony Pereyra asiste a un evento de autos clásicos con su Fusca rosado perlado, o circula por las calles de la ciudad de Rocha sabe que le tocará maratón de fotos. El vehículo del año 79 resalta por su color, el cromado y un parabrisas safari de esos que no abundan en Uruguay. El objetivo de este mecánico amante de los fierros era lograr que la máquina de su hermano Andrés fuera única. El 18 de junio se cumplieron dos años del fallecimiento de Andrés y, desde entonces, Rony hizo de todo por poner a punto ese Fusca que su hermano había comprado siete años atrás con miras a restaurar algún día. “Le hicimos el motor, después mi hermano faltó y en un acto de amor dije ‘este no se va más de la familia’”, cuenta Rony a Revista Domingo. Esos $ 140.000 que desembolsó para cumplir el sueño de Andrés fueron la mejor inversión de su vida. El proceso le llevó un año y medio: lo desarmó todito, lo lijó, le cambió piezas y se encargó de conseguir todos los accesorios originales.

Rony había tenido tres Fuscas antes, porque, según apunta, “es un auto barato para restaurar”, pero se volvió amante de este modelo de Volkswagen en memoria de su hermano.

El Fusca no es un coche más. Este automóvil que Adolf Hitler encomendó al diseñador Ferdinand Porsche, en 1934, con miras a desarrollar ‘el auto del pueblo’ superó su sombrío origen y se convirtió en un símbolo, en un vehículo emblema, simpático y bonachón. Lo eligieron los Beatles para la tapa de su disco Abbey Road, Disney para su inolvidable Cupido motorizado y hasta la producción de La casa de papel. Fue el auto más influyente del siglo XX: se vendieron más de 20 millones de unidades en el mundo. Existe, incluso, un Día Mundial del Escarabajo: se celebra cada 22 de junio desde 1955 por iniciativa del ingeniero brasileño Alexander Gromow, en acuerdo con distintos clubes de Fuscas del mundo.

Los dueños y dueñas de los escarabajos siempre tienen una historia rendidora sobre este vehículo de culto. En Revista Domingo rescatamos algunos relatos para festejar el aniversario como se debe.

VW en el ADN

Cristhian López junto a su novia Carolina y el coche de sus sueños. Foto: Difootografia
Cristhian López junto a su novia Carolina y el coche de sus sueños. Foto: Difootografia

En la casa de Cristhian López hay elementos alusivos al Fuscas por doquier. Este verano, incluso, se tatuó su Volkswagen en la piel. El fanatismo rabioso tiene un motivo sanguíneo. Cuando nació, dos décadas atrás, su padre tenía el Fusca del año 63 que había heredado de su padre; hace cuatro años pasó a sus manos y lo cuida como un tesoro: es el mayor legado que su padre le dejó al morir. “Es una reliquia, va a quedar para un hijo mío el día de mañana”, asegura Cristhian.

No olvidará jamás esos recorridos dentro del Fusca en la falda de su padre ni las piñas que se dio mientras aprendía a manejar de forma autodidacta. “Mi viejo falleció cuando yo tenía 16 años, no tenía quien me enseñara y salía a andar solo. Me daba contra todo, choqué mil veces pero así aprendí”, confiesa el joven que lleva invertidos US$ 10.000 en restaurar el coche que su abuelo compró 0 KM en 1963.

Cada mes aparta algo de su sueldo -sean $ 1.000 o $10.000- y compra algún detalle para su ‘bebé’. Quiere que su Fusca sea único: “Soy un inconformista con mi auto”, revela. Le hizo un ploteo para que parezca de carrera, le compró ruedas, faroles y paragolpes. La última innovación para que luzca inconfundible fue transformarlo en descapotable.

Milita por la causa. Integra un grupo de WhatsApp con otros 200 aficionados y el Club Fusca Uruguay, que tiene 12.000 fanáticos en Facebook. Desde esas plataformas propone juntadas de domingos y reúne 50 coches. En 2021 tomó la posta que le dejó el conocido coleccionista Donald Martínez y organizó, junto al grupo Suculentos, un encuentro para celebrar el Día Mundial del Fusca. Este año repetirán el evento: la cita será el domingo 26 de junio a partir de las 10:00 en el Museo del Carruaje (Camino Carrasco 7254). La entrada es un alimento no perecedero que luego se donará. Habrá foodtrucks, feria artesanal, venta de autopartes y objetos decorativos y alquiler de Fuscas a batería para niños. La actividad finaliza a las 17:00 con una caravana por 18 de Julio. Esperan convocar más de 100 Fuscas por la avenida principal.

Flechazo

Agustín Batista con el Fusca que su padre Noel le regaló cinco años atrás. Foto: Ricardo Figueredo
Agustín Batista con el Fusca que su padre Noel le regaló cinco años atrás. Foto: Ricardo Figueredo

El primer auto que tuvo Noel Batista (63) fue un Fusca y quería que su hijo Agustín aprendiera a manejar en uno igual. Una tarde de 2017 paseaba por Maldonado, donde vive, y quedó obnubilado por un escarabajo celeste que circulaba por ahí. “Es único”, pensó, y siguió al dueño del coche de sus sueños. Cuando lo alcanzó, le preguntó si lo vendía y el veterano argentino le arruinó la ilusión. Le contó que se lo había regalado a su difunta esposa en 1985 y que su plan era vender otro auto y su casa en Uruguay y llevarse el Fusca a Argentina por su valor afectivo.

“Me llevó 20 días de almuerzos, cenas, ir y venir, para que viera que no era para revender. Lo compré con 78.000 kilómetros y lo pagué US$ 9.000, cuatro veces más de lo que vale, pero me enamoré del coche”, relata.

Noel lo cuida como a un hijo. Lo llevó al taller cada martes durante dos meses para acondicionarle unas nanas. La última vez, el mecánico tardó una semana en llamarlo para que lo fuera a buscar: le asombró porque pensó que el trabajo le llevaría tres días. “Cuando llegué vi que le habían hecho de todo y le pregunté, ‘¿cuánto más te tengo que pagar?’ Te voy a cobrar lo que te había dicho, lo demás es un regalo porque nos enamoramos del Fusca’, me dijo”, cuenta sorprendido.

Pionero

El primer Fusca eléctrico del Uruguay es propiedad de Francisco Romero.
El primer Fusca eléctrico del Uruguay es propiedad de Francisco Romero.

Francisco Romero (37) es mecánico y buscaba un coche que pudiera convertir en eléctrico. Se había trazado ese desafío en 2017 por su concepción ambientalista, sus ganas de promover el reciclaje y el afán de estar a la vanguardia, ya que el desarrollo de vehículos a batería está en ascenso. Llegó a Ñato -así lo bautizó y hasta le creó una cuenta de Instagram que hoy supera los 1.800 seguidores- a través de Mercado Libre. Ese Fusca gris, chocado y abollado en la trompa le inspiró ternura, lo retrotrajo a su infancia -de niño jugaba con un fusquita de plástico, veía Cupido motorizado y paseaba en el escarabajo de su padre- y lo animó a desembolsar US$ 1.800 para quedárselo.

“Mientras buscaba dije ‘vamos a tratar de que sea un auto que esté en el corazón de la gente, que mueva alguna fibra y el Fusca es muy querido. Vas por la calle y te tocás bocina con el que tiene otro igual”, comenta Francisco.

Manejaba un presupuesto de US$ 8.000 para desarrollar el proyecto completo. Eran los ahorros de toda su vida y los invirtió en baterías y kits universales importados de China para la conversión. No se arrepiente. Hoy circula en el primer Fusca 100% eléctrico que hay en Uruguay.

“Fue un experimento. Ya se hacía en el mundo pero en Uruguay fue el primero convertido. No invierto en publicidad, no tengo millones de seguidores en redes pero se mueve y la gente lo reconoce por la calle. ‘Mirá el Fusca eléctrico’, dicen cuando ven el coche amarillo. Eso me deja contento”, cierra Francisco.

Más datos curiosos X4

El Fusca rosado de Rony se puede alquilar para cumpleaños de 15 o bodas en Rocha. El costo es de $ 2.500 - $ 3.000 por evento. Él no especula con hacer un negocio, su intención es que el coche se pueda lucir.

Para Noel fue un lujo regalarle ese Fusca celeste a su hijo Agustín: “Cuando tenemos hijos queremos contagiarles nuestras pasiones”, asegura.

El fanatismo de Cristhian por el Fusca es tan extremo que se volvió un predicador: su novia Carolina, que lo acompaña en la foto, odiaba “estos cachilos” y ahora está decidida a comprarse uno.

Haber desarrollado el primer Fusca eléctrico en Uruguay significa tener “una tesis andante” para Francisco. Le llegan muchos vehículos eléctricos de menor porte porque saben que conoce del tema y no es un improvisado. “Ver el trabajo terminado le da confianza al cliente, es como si llevaras el título en la frente”, compara 

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados