DETRÁS DE LOS DRAGONES

Guillermo Laguna: “El hierro es plasticina”

La decoración navideña de Rivera tiene dragones, móviles de viento y esculturas. El talento del autodidacta Guillermo Laguna trasciende las fronteras de su departamento.

Guillermo Laguna, Rivera
Guillermo Laguna Foto: Darwin Borrelli

Un “Bosque de Esculturas Cinéticas de Viento”. Cuatro enormes dragones que hacen guardia en Plaza Insausti. Un portal que da la bienvenida a Rivera. Todas estas obras tienen un denominador común: Guillermo Laguna (46), artista autodidacta que deja su huella en el departamento que lo vio nacer y que ahora empezó a exportar su talento.

“Siempre tuve inquietud por el arte. Mi padre tenía un aserradero que proveía a AFE de durmientes, llevábamos una vida itinerante. Ahí ya empecé a coleccionar maderas, trozos de metales, cuerdas. Creaba estatuitas de hierro y las vendía en Montevideo, en la Feria de Tristán Narvaja”, rememora.

Su interés por descubrir materiales y “darle forma a las cosas” lo llevó a inscribirse en talleres con profesionales. “Se me dio por estudiar y me anoté a clases con un par de artistas de renombre. Les mostré lo que hacía y me dijeron que el arte no era para mí, que me dedicara a las ocho horas”, revela. Lejos de ser un golpe, los comentarios fueron un acicate para aprender más.

“Me tocaron el orgullo, pero como yo considero que lo que hago no es arte, ni tampoco artesanía, soy libre, creo lo que quiero, sin ataduras”, dice satisfecho.

Las vueltas de la vida lo llevaron a emigrar. Dejó Uruguay y se instaló durante 14 años en Europa. En el viejo continente trabajó en reparaciones navales y adquirió conocimientos de todo tipo. “Aprendí a trabajar con el hierro, en cómo se transforma y cómo se trata. En un barco aprendés de fontanería, de electricidad, de electrónica, de lo que necesite esa ciudad flotante, desde la depuración de aguas hasta la pesca. Absorbí un poco de cada cosa y la inquietud que había guardado por el arte volvió a despertarse. Saqué un poco de acá, un poco de allá y me animé a volver a crear”, recordó quien para entonces había dejado los barcos, se dedicaba al comercio y viajaba bastante.

“Me iba de viaje y me fijaba qué había en todas las ciudades que visitaba, veía qué hacían los artistas, con qué materiales. Con el paso del tiempo, me di cuenta de que ese bichito seguía ahí”, relata.

Con firma propia: Asgard esculturas

Las obras de Guillermo Laguna van más allá de Tranqueras y sus dragones ya aterrizaron en la Plaza Insausti (Rivera). De hecho, algunas de sus esculturas en hierro ya se vendieron en Brasil y comienzan a poblar otros departamentos de Uruguay. Su taller está instalado en la bautizada “Capital de la Sandía” y queda a 54 kilómetros de la capital departamental, de donde él no pretende apartarse. Con la creación de Asgard Esculturas, da rienda suelta a su imaginación. “Es una empresa metalúrgica que trata de evitar trabajos convencionales (rejas, puertas, portones) y se especializa en hacer decoraciones diferentes donde el hierro es protagonista”. “No soy buen dibujante, pero pongo un cristal, dibujo y le pido a cada cliente que se pare donde yo estaba cuando hice el croquis y lo que me imagino; cuando siente la emoción que generará esa intervención hay magia”, concluye.

Uruguay siempre fue destino de sus viajes. Visitaba su amada Tranqueras dos o tres veces al año. “Un día me despedí de mi abuela Juana y sentí que no la vería más y así fue. En los siguientes viajes, cada vez veía a mis padres un poquito más viejos y eso hizo mucha palanca para que regresara. Quería estar con ellos. Un día puse en la balanza lo bien que vivía en otro país y mis sentimientos. Dejé todo y me vine”.

El comienzo no fue fácil porque allá tenía un negocio rentable. “Estos últimos años se abrió una brecha que me permite vivir de lo que hago. Antes trabajaba, pero hoy vivo de mi hobby”, dice con orgullo.

La primera en casa

Un día cualquiera, Laguna se encontró en su ciudad con un amigo de toda la vida: Milton Gómez Duarte, Alcalde de Tranqueras. Charla va, charla viene, le estampó: “¡Qué lindo este lugar para hacer algo!”. El gusto por el arte regresó súbitamente y con toda fuerza y se encontró contando qué podría hacer. Por suerte Gómez no dudó en pedirle un bosquejo.

El exintendente Marne Osorio vio su obra y Laguna empezó a trabajar con el equipo técnico de la Dirección General de Obras de la Intendencia de Rivera. “Conocí a Aída Aguirre (su directora) y al arquitecto Leónidas “Tati” Bayo (su asesor). Fue un amor a primera vista, teníamos visiones similares y no se consigue fácilmente gente que interprete una idea diferente al concepto tradicional de qué es el arte en hierro”, explica.

Un bañado cercano a la estación de AFE de Tranqueras que se transformó en un complejo deportivo fue su primera gran obra. Le mostraron el encabezado de la pista y le dijeron: “Divertite y hacé algo”. El reto se tradujo en un “Bosque de Esculturas Cinéticas de Viento” (2016) donde tres piezas grandes y algunas chicas conviven con el paisaje de la Cuchilla de Haedo y aprovechan el recurso natural del viento para estar en movimiento.

Guillermo Laguna, Rivera
Bosque de Esculturas Cinéticas de Viento. Foto: cortesía Guillermo Laguna

En 2017, Laguna ya conquistaba con su obra y se sumó al trabajo de la Plaza de los Inmigrantes, donde participó del diseño de un rincón infantil. “Esos juegos quedarán para mis bisnietos porque son funcionales, modernos y fuertes”, dice con una sonrisa que lo ilumina. Cada trabajo lo llevó al siguiente. A través de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, recaló en José Pedro Varela y hoy a 600 kilómetros de Rivera, un parque de juegos con esculturas de viento lleva su firma.

La Plaza de los dragones

La recuperación de un baldío en el Parque Oriental derivó en la creación de Plaza Insausti. La obra (2018) revitalizó el barrio y sumó una cancha de fútbol playa, estación de gimnasia, anfiteatro, enjardinado y un enorme mural de la Escuela de Ladrilleros. Sin embargo ya perdió su nombre formal y se conoce como “Plaza de los dragones”, gracias a las esculturas que Laguna ideó tras el desafío que le hizo “Tati” Bayo.

Guillermo Laguna, Rivera
Uno de los dragones de la Plaza Insausti de Rivera. Foto: Cortesía Leo Núñez

“En Europa trabajé en la recreación de mercados medievales y me hice una colección de dragones pequeños. Un día Tati las descubrió en mi taller”, repasa. Laguna no se olvida de las palabras del arquitecto. “Me gustaría algo así para una plaza. Una pena que lo que hacés en chico no se puede replicar en grande porque yo querría dragones así, pero enormes”.

Otra vez, el artista sintió el acicate y puso manos a la obra. “Si vos lo sabés tratar, el hierro es plasticina, es un material muy maleable, te permite darle el gesto tridimensional al dragón, al animal que quieras o una figura humana”, puntualiza.

El resultado del desafío está a la vista: cuatro esculturas de hierro unos 2,5 metros de altura que extendidos llegan a seis metros (y 300 kilos de peso) se posaron sobre los juegos infantiles. Las creaciones se colocaron de tal forma que parece que los animales mecen a quienes se hamacan en el lugar.

Guillermo Laguna Rivera
La plaza para la cual Guillermo Laguna creó los dragones en Rivera. Foto: Cortesía Leo Núñez

Creados en su taller de Tranqueras, llegaron a Rivera en partes: cabezas, cuerpos y colas. Una vez instalados, los dragones inspiran reacciones varias: desde escolares que visitan la plaza con sus maestras y le envían a Laguna cuentos sobre los animales míticos, pasando por un pastor que le pide a sus fieles que no pasen cerca de las criaturas del demonio a excursiones que van a conocer los dragones de Game of Thrones que están en Rivera, aunque su creador nunca vio un solo capítulo de la famosa serie.

“Soy un loco que suelda fierros y hace cosas rarísimas. Tengo un montón de pendientes, me gustaría formar a otros, hacer una escuela, pero soy autodidacta y no tengo cómo acreditar los conocimientos que tengo”, reflexiona. “No haber estudiado de joven hoy me pasa la factura, pero seguiré inventando cosas”, concluye.

Guillermo Laguna, Rivera
El cartel de Rivera Brilla. Cortesía Intendencia de Rivera

Creaciones que decoran la ciudad

El domingo pasado se inauguró la cuarta edición de Rivera Brilla. El evento —organizado por la Intendencia— se extenderá hasta el 31 de diciembre e incluye actividades como feria gourmet, exposición y venta de artesanías, conciertos y concursos varios. Rivera Brilla se consolidó como una celebración que invita a disfrutar la ciudad. La bienvenida corre por cuenta de un gran portal que recibe a los visitantes, creación de Guillermo Laguna. Su sello también está en avenida Sarandí y en la decoración de las plazas Artigas y Flores.


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