FOTOGALERÍA

Grandes obras en la piel

Con el impulso de la televisión e Internet, los tatuajes son cada vez más habituales y de mayor tamaño. ¿Qué pasa en Uruguay?

Los uruguayos cada vez se animan a tatuajes más grandes, dicen los expertos. Foto: A. Colmegna
Los uruguayos cada vez se animan a tatuajes más grandes, dicen los expertos. Foto: A. Colmegna
Foto: Ariel Colmegna
Foto: Ariel Colmegna
Foto: Ariel Colmegna
Foto: Ariel Colmegna
Foto: Ariel Colmegna
Foto: Ariel Colmegna
Foto: Ariel Colmegna
Foto: Ariel Colmegna
Foto: Ariel Colmegna
Foto: Ariel Colmegna
Foto: Ariel Colmegna
Foto: Ariel Colmegna
Foto: Ariel Colmegna
Foto: Ariel Colmegna

DANIELA BLUTH

Desde las diez de la mañana el sonido de la máquina de tatuar es permanente en el estudio de Guzmán Tasende, en la Galería Roma de Carrasco. Aunque los trabajos se hacen en una especie de altillo al que se accede por una empinada escalera caracol, la vibración se siente clara en la recepción, donde se imprimen los diseños y los clientes esperan su turno. Es martes y la jornada arranca con una curación, un retoque y una ampliación. Con 20 minutos de retraso y cara de dormida Lau Almeida (29) llega a modificar una pieza que se hizo hace dos meses en la parte superior del vientre. Es un águila que simboliza el renacer y al que le va a agregar tres "plumitas" de cada lado para mejorar la terminación. No es el primer tatuaje de esta diseñadora de modas. Y seguramente tampoco sea el último. En 2011, tras la muerte de su padre, escribió "Lo que no te mata te fortalece" (pero en francés) en la cara interna de un brazo y en 2014 sumó una cruz que se transforma en ancla y corazón en el centro de la espalda. "Mis amigas me dicen que parezco a Rihanna, porque ella tiene a la diosa Isis en el pecho también. Y que voy a terminar como Candelaria Tinelli, toda tatuada, pero no creo...", dice mientras se prepara. No puede disimular los nervios y admite que es de las que siempre siente dolor. Pero vale la pena el esfuerzo.

Tasende, con 36 años y casi dos décadas trabajando en esto, no duda en afirmar que progresivamente su profesión pasó de la órbita under a ser una tendencia globalmente aceptada. "Los primeros locales funcionaban en un sótano, en alguna disquera, no era común venir a Carrasco y tener un local de tatuajes", recuerda. La televisión primero e Internet después, también hicieron lo suyo. "Si mirás en la tele y ves a Tinelli, que es un personaje popular, un empresario exitoso, un referente para mucha gente y está todo tatuado... Nadie lo tilda de rebelde o drogadicto. Y eso abre el abanico para que los tatuajes lleguen a un montón de gente".

De hecho, una de las impulsoras más mediáticas de esta forma de arte es una de las hijas del conductor de Showmatch, Candelaria, quien expone cada uno de sus nuevos diseños —uno de los más recientes fue en honor al club de sus amores, San Lorenzo de Almagro— en redes como Facebook e Instagram. Y en medio de críticas y halagos, advirtió que piensa cubrirse todo el cuerpo.

La joven Tinelli también tiene una pieza entre sus senos, obra de su tatuador de confianza, Nazareno Tubaro. Según Paula Terminiello —o Paulina Tomeo, como es conocida en el ambiente del piercing y el tatuaje—, propietaria de Good Luck Tattoo, en Pocitos, el principal cambio es que "cada vez la gente se tatúa cosas más grandes sin importar tanto la repercusión social que tenga". Y en esa línea, las mujeres son las más arriesgadas. "Entre ellas, el tatuaje entre los senos es el que más se ha hecho en el año", arriesga. Aunque es una "zona delicada" del cuerpo, las clientas "están aguantando muchísimo (el dolor)".

En Good Luck, ese tipo de tatuajes están a cargo de Alexander Sketch o Chelo Llerandi, un tatuador referente que divide sus días entre Montevideo y Buenos Aires. "Ahora hay mucha gente cercana a temas de espiritualidad y simbolismo que se hacen piezas grandes que tienen amuletos o mandalas", dice Terminiello. Mientras las mujeres eligen la espalda o el abdomen para piezas grandes, los hombres recurren a los brazos y las pantorrillas, además de la espalda.

Para Tasende, en esta tendencia también influye cuánto ha mejorado la calidad de la maquinara, que permite que un tatuaje grande se haga mucho más rápido que hace diez o 15 años. "Las primeras máquinas eran más pesadas, calentaban, las agujas duraban menos horas de trabajo, todo eso ha hecho que hoy sea mucho más rápido y sencillo hacer un trabajo grande", opina. De todos modos, el tiempo que lleva hacer un tatuaje depende más de "la complejidad del diseño" que del tamaño.

Dicho esto, lo más habitual sigue siendo comenzar a tatuarse con un diseño pequeño. "No es lo más normal que tu primer tatuaje sea todo un brazo. Eso es así por varias razones: porque no sabés si te va a gustar estar tatuado, si vas a tolerar el dolor, si no va a volverse un obstáculo en el trabajo... Y también es verdad que una vez que se sacaron los miedos muchos vuelven a hacerse tatuajes más grandes", cuenta Tasende.

A menos que sea muy pequeño, todo tatuaje insume más de una sesión de trabajo. En promedio, duran entre dos y cuatro horas; y el precio ronda los mil pesos cada una. "Cuánto dura la sesión depende del estilo del dibujo", explica Tasende, "las sombras o los grises lastiman menos, pero con un trabajo muy lineal o geométrico la piel se inflama y es mejor dejarlo y seguir otro día". En su espalda, Tasende lleva los caballeros templarios a color. Ese trabajo implicó entre 40 y 50 sesiones de pocas horas. "No quise que fuera una tortura, pero iba casi todos los días".

Cada tatuador tiene su estilo y sus preferencias, visibles en su piel y en la de otros. Sebastián Cavelli, socio en Ritual Tattoo Studio, en Shangrilá, se está especializando en puntillismo, una técnica que viene creciendo en Uruguay. Amigo y cliente, Nicolás Masetti (23) no dudó en "entregarle" su pierna a Cavelli, quien desde hace semanas trabaja en un diseño puntillista que cubre toda la pantorrilla. "No le puse ninguna condición porque sé que es a lo que él se está enfocando. Lo bueno es que este estilo duele mucho menos y cura casi que al otro día".

Tasende prefiere hacer figuras tribales o geométricas en blanco y negro. Pero para su cuerpo elige diseños realistas y a color. Este año, el tatuador sumó una gran pieza que ocupa su cuello y el comienzo del pecho, obra de su colega Claudio Adrián Soria. "Me llevó cuatro años tener el diseño definitivo, que es muy simbólico para mí. La elección del lugar es por gusto, se ve siempre y esa es la idea. Pero si reencarno, no me vuelvo a tatuar la garganta, es muy doloroso".

Candelaria, famosa también por sus tatuajes.

A la hija de Marcelo Tinelli, Candelaria, le quedan pocas partes del cuerpo sin tatuar. Durante un viaje a Francia cubrió toda su espalda, la cola y las piernas con un gran diseño. También se tatuó a sus mascotas, Linda y León, en la pierna. Aunque había dicho que jamás lo haría, en junio sumó una hoja de laurel en la cara, junto a la oreja, el mismo diseño y en el mismo lugar que tiene la modelo inglesa Rebecca Foxx. Otra de sus últimas adquisiciones fue un trabajo de "blackwork", que consiste en cubrir un sector de la piel —ella eligió el brazo— exclusivamente con tinta negra.

Negro, ¿moda o corrección?

Un círculo negro en la nuca, una franja negra en la pantorrilla o una "manga" (todo el brazo) completamente negra. Este tipo de tatuaje, frecuente en el hemisferio Norte y poco a poco en Uruguay, puede responder a una elección estética o a una necesidad. "No es una técnica que acá se vea mucho porque no es artística ni grata para el tatuador. Además, es difícil que la pieza quede toda del mismo color, porque no toda la piel cicatriza igual", señala Paula Terminiello, de Good Luck. En general, agrega, esos tatuajes se utilizan para tapar otros. "Atrás de eso hay un pitufo o un demonio de Tasmania", bromea. A Guzmán Tasende varias veces le tocó hacer piezas negras, y no solo para enterrar viejas elecciones. "Para tapar resulta ideal, pero a veces lo eligen por gusto. Para cada uno tiene un significado diferente".

Cuándo conviene decir no.

En la era de Internet, es frecuente que los clientes lleguen al estudio con un diseño bajado de Facebook, Instagram o Pinterest. Eso tiene sus beneficios, pero también algunas contras. "En esos casos cambiamos el diseño para que no tenga algo estandarizado", dice Paula Terminiello, de Good Luck Tattoo. Pero la situación más delicada es si el cliente pide un motivo polémico, como una esvástica. "Si soy profesional, yo tendría que ser una impresora y no influir en el cliente. Pero hay cosas que son incompatibles con mi filosofía de vida y que no es agradable hacer", explica Guzmán Tasende. "Ahí los tatuadores jugamos con el precio". Y esa herramienta es válida tanto para disuadir como para alentar. Hay estudios que no tatúan escudos de fútbol o logos de bandas. Los menores de 18 años deben tener autorización de los padres.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)