FACUNDO PONCE DE LEÓN

"La gente se enamora de historias bien contadas"

Estudió Filosofía por vocación, trabajó en un circo y ahora va detrás de episodios y vidas que ayuden a comprender el Uruguay de hoy.

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Facundo Ponce de León (Foto: Francisco Flores)

En el origen fue la filosofía, esa materia que tantos liceales sobrevuelan sin detenerse y a él le enseñó a comprender. Por eso, se puso a desentrañar la razón por la cual el Uruguay es tan pequeño en el mapa entre dos gigantes o qué pasa cuando el corazón de un joven muerto en un accidente sigue latiendo en otro pecho.

Justamente, por estos días Facundo Ponce de León está en el primer plano como cara visible y uno de los responsables de El Origen, el ciclo de documentales emitido por Canal 12, que después de contar de una manera diferente el relato de bronce de personajes como Artigas y José Pedro Varela, salió al rescate de la historia del humor rioplatense a partir del legendario Telecataplum. Más atrás en el tiempo fue a buscar al mago de los pueblitos perdidos, al bombero o al policía que arriesgan la vida sin que nadie conozca sus nombres.

"Toda persona se enamora de las historias bien contadas. Aunque crea saber quién fue Artigas o Varela, se vuelve a entusiasmar. Se vuelve a generar todo ese asombro", afirma.

Vocación.

De niño, Facundo cambió muchas veces de idea sobre su futuro. Al igual que todos los uruguayos, quiso ser futbolista. Como le gustaba trabajar la madera, pensó en ser carpintero. También se le ocurrió que podría ser actor y estuvo a punto de seguir la carrera familiar clásica, la abogacía. Hasta que se jugó por su vocación.

—¿Existe la vocación por la filosofía?

—Si, claro. Diría que es casi desde el único lugar desde donde se la puede estudiar como carrera universitaria. Toda la Facultad de Humanidades está hecha muy desde lo vocacional, no se hace para tener una salida laboral. Importa más el saber. También me llamaba la atención el periodismo, por eso cuando me tocó tomar la decisión me anoté en dos carreras: filosofía por vocación y comunicación como salida laboral.

—¿Qué le aportó la filosofía al periodismo y a la inversa?

—Buena parte de lo que pensaba entonces estaba equivocado: fueron carreras mucho más complementarias de lo que yo creía. Del periodismo aprendí el interés por llegar a mucha gente con mi mensaje. La filosofía me ayudó a no quedar encerrado en la lógica periodística de la información del presente, sino mantener el interés por comprender. Me interesa cada vez más un periodismo que trata de ver en la actualidad algo más profundo que la noticia del día.

Tuvo una columna en esta revista de El País, trabajó para El Observador y Montevideo Portal, editó una publicación tecnológica y escribió para la revista Freeway. Pensaba incursionar en la comunicación institucional, cuando su amigo Conrado Polvarini creó la productora Contenidos y se le presentó la posibilidad de cumplir una aspiración: hacer entrevistas para la televisión. Así, en 2004, nació Vidas.

El mago Rosmar.

"Vidas es un programa que siento como muy propio. No entré a la tele a hacer un formato que ya venía, sino un programa que era lo más auténtico que podía hacer. Ya tenía un sello muy de identidad y entonces no sentí dificultades ante el nuevo medio", relata.

"Era un periodismo de entrevistas en profundidad a gente aparentemente muy lejana a lo que uno hace. Era mostrar un aspecto comunitario de la vida de un país. Eso permitió entender el valor de un bombero, un policía, en un Uruguay bastante resquebrajado, post crisis de 2002, un contexto en el cual aquel periodismo tenía un espacio", añade.

De aquellas setenta y pico de entrevistas emitidas hasta 2007, recuerda algunas por lo lindas y otras por lo duras. La más increíble fue la del mago Rosmar, que vive en un viejo ómnibus de Onda con su familia y recorre los pueblos del interior anunciando su espectáculo. "Llega a un lugar, ve un complejo de viviendas, para, graba en un casete Esta noche espectáculo de magia, sube al techo del ómnibus y lo anuncia por un parlante viejo. Después ofrece su magia clásica, la de las palomas y los naipes. Era como estar en una película de Fellini pero en el Uruguay de 2006", recuerda.

También estuvieron las notas "complicadas": un día entero en el Comcar o seguir al médico forense del Poder Judicial en su rutina de suicidios, accidentes y víctimas. "Son cosas muy intensas, pero uno se acostumbra a entrar a la morgue. O a estar presente en un quirófano cuando le sacan el corazón a un muchacho de 20 años que murió en un accidente para ponérselo a otra persona. Y enseguida salir corriendo atrás del corazón en una heladera", dice.

Todo eso tuvo un corte en 2006, cuando decidió cursar una maestría en Filosofía en la Universidad Carlos III de Madrid. "Fue una decisión personal y familiar. Ya estaba casado pero no teníamos hijos y había una sensación extraña del matrimonio, de que estaba todo muy sobre ruedas pero nos faltaba vivir todavía una etapa más de crecimiento. Y allá nos fuimos para Madrid. Fue una experiencia espectacular", cuenta. Esa parte de su formación la sigue aplicando, pues dicta clases de Antropología en la Universidad Católica.

Lo que vino más tarde también forma parte de su libreto singular: durante tres años vivió en Suiza como asesor del director de la compañía de circo Finzi Pasca, mientras su esposa era la maquilladora. Ese trabajo implicó nuevos viajes y también la realización de documentales.

Mueca.

Un poco antes de volver a Uruguay, fundó Mueca Films junto a su hermano Juan. Mueca, por la irreverencia del gesto, por aquello de hacerle una mueca al destino, pero también con algo de ternura. La idea era hacer televisión, con documentales y ficción.

"Seguimos muy obsesionados sobre cómo se cuentan las historias, la de un país de una familia, de una empresa, las historias de vida. El Origen es el proyecto televisivo más visible pero también hicimos muchos videos institucionales, porque nos hemos ido especializando en eso. Una empresa u organización cumple años y no sabe cómo contarlo en un video. Nuestro expertise es ayudarle a narrar audiovisualmente esa historia", explica.

Mueca es una empresa muy chica, con tres socios (él, su hermano y Elisa Lieber) y para cada proyecto contrata un equipo con profesionales freelance. Admite que ese tamaño puede representar un riesgo para el trabajo, pero lo considera la forma de mantener su libertad. "Si armás un equipo grande, después tenés que tener programas todas las semanas para sustentarlo. Es un círculo del cual preferimos quedar afuera. Hay una decisión de no tener un flujo de producción grande. Queremos darnos el tiempo para hacer dos o tres programas anuales y siete videos institucionales, aunque los costos sean mayores", explica.

"El Origen lleva siete documentales. La independencia, Artigas, Varela, Batlle, las tres entregas sobre el humor. Si lo pensás a través de una programación semanal, son muy pocos. Pero cada uno lleva su tiempo", aclara. Y aporta una imagen gastronómica para demostrarlo: por un lado, un restaurante de 100 mesas que hace minutas, y pueden ser exquisitas, frente un local de seis mesas y cinco platos que llevan su tiempo de preparación. "Los dos sistemas son válidos y todos tenemos a veces ganas de comer unas pizzas y otras de algo más gourmet. Nosotros como productora fuimos por este último camino", indica.

—¿El público uruguayo está dispuesto a seguir este tipo de trabajos?

—No lo pienso yo, lo han demostrado las entregas de El Origen. Cuando aparecen, andan bien. Uno se puede preguntar si El Origen estuviera todos los domingos durante un año, ¿le iría tan bien? Y capaz que no, porque no siempre querés comer algo tan elaborado. Capaz que sí... Pero es imposible hacer un Origen por semana.

—¿Y qué personaje o hecho histórico lo atrapa para un futuro programa?

—Hay una carpeta con muchos proyectos, algunos son evidentes. Gardel es una figura evidente para hacer un documental. Ocurre algo parecido que con Artigas, Aparicio Saravia o Varela: todos sabemos de él pero al mismo tiempo no sabemos. El tango, su accidente, su padre, Tacuarembó, la noche… Volver a contar una historia así sería interesante.

Realidad y ficción.

El documental es un género que la televisión criolla ha explorado poco a lo largo de sus casi 60 años, pero Facundo Ponce de León afirma que tiene campo para crecer. "La televisión uruguaya se está buscando a sí misma. Está buscando por dónde ir, cómo resolver la ecuación económica entre el entretenimiento, el periodismo y lo artístico. Y en esas idas y vueltas hay aciertos y errores. Que El Origen esté en la televisión forma parte de esa búsqueda", asegura.

Señala que todos los canales están en esa tarea. "Nosotros, desde las productoras, tenemos que empujar, pinchar, estar con los canales en una buena tensión constructiva, para hacer más documentales", afirma.

En ese camino, otro de los objetivos de Mueca es hacer ficción, ya sea a través de una serie de televisión como de documentales con elementos de ficción. Un ejemplo de este tipo de producciones es Caminos, realizado para la ONG Techo. También se probó con recrear episodios históricos para El Origen, pero es un recurso caro y con pocas posibilidades de que resulte verosímil. "Por eso usamos filmaciones ya hechas o recursos de la tecnología. Por ejemplo, gráficos por computadora", explica.

SUS COSAS.

Nacional.

Su bisabuelo fue el legendario presidente de Nacional José María Delgado. Por eso, en la sangre lleva tres colores. Siempre va al Parque Central con su madre y sus hermanos. "Es un programa familiar. No soy el hincha solitario que solamente va a gritar", asegura.

La música.

Otra faceta de Facundo Ponce de León es su gusto por la música. Estudió desde los 13 años y fue percusionista de artistas como Laura Canoura o Ana Prada. Pronto se presentará en la sala Zitarrosa con Kuropa y su banda, que lidera su amigo Diego Kuropatwa. "La música ocupa un espacio muy importante en mi vida", cuenta.

Madrid.

Vivió allí con su esposa cuando cursaba la maestría en Filosofía. Si pudiera elegir un lugar, sería Madrid. "Fueron los años más divertidos. La ciudad no parece hecha para vivir, sino para disfrutar", sostiene. Allí todavía tiene una barra de amigos, uruguayos y españoles.

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