DE PORTADA

Fútbol por control remoto

Los grandes partidos llegan por TV, compiten con ventajas sobre el empobrecido torneo local y cambian las costumbres del hincha.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Barcelona y Suárez, seguidos en todo el mundo.

LUIS PRATS

Empieza la temporada de fútbol y los hinchas ocupan su lugar en el living, frente al televisor. Los niños se visten con la camiseta del Barcelona, del París Saint Germain o el Chelsea y tratan de imitar a sus ídolos. Ocurre en Europa, Argentina, Estados Unidos y China. También en el Uruguay, un país con una de las tradiciones futboleras más ricas y antiguas, hoy bajo la amenaza de esta nueva forma de concebir el deporte.

El fútbol se convirtió en un espectáculo global, en el cual algunos clubes se volvieron multinacionales del entretenimiento, con jugadores de diversas nacionalidades y seguidores en todo el mundo. La gran función comienza en agosto, con las ligas nacionales europeas, que llegan por televisión en funciones que abarcan prácticamente las 24 horas del día. Con ecos más modestos, empieza además el Campeonato Uruguayo, si sus periódicas crisis no imponen una postergación.

El mejor ejemplo del nuevo modo de seguir el fútbol se registró el 6 de junio pasado. Barcelona y Juventus de Turín jugaron en Berlín la final de la Champions League europea. No solo catalanes y piamonteses, españoles e italianos, estuvieron interesados en el resultado. Las cadenas ESPN y Fox Sports emitieron en directo para 200 países y en primera fila estuvieron los latinoamericanos: los uruguayos pendientes de Luis Suárez, los brasileños de Neymar y Dani Alves, los chilenos de Arturo Vidal, los argentinos de Lionel Messi, Carlos Tévez y Javier Mascherano.

El fenómeno no resulta inocuo: el fútbol internacional le resta audiencia al doméstico, los futbolistas jóvenes quieren emigrar lo antes posible, los niños piden a sus padres que le compren la camiseta del Barcelona o el Bayern Munich y conocen muchísimo más sobre Zlatan Ibrahimovic y Cristiano Ronaldo que de los delanteros de Wanderers o River Plate.

"Estamos en un mundo globalizado. Los medios de comunicación nos acercan acontecimientos cuya observación en directo era poco menos que impensable hace tiempo. También cambia el consumo. Y todo eso modifica las costumbres. Mientras tanto, el cambio constante de los planteles de los clubes uruguayos, el empobrecimiento del medio, obviamente debilitan los vínculos del hincha. Uno se pregunta cómo puede traducirse eso en el futuro", comenta Gerardo Caetano, historiador, politólogo y exfutbolista.

Difusión.

A fines de la década de 1960, más de diez años después del nacimiento de la televisión nacional con Saeta, los partidos del exterior que se veían por pantallas uruguayas no se jugaban más allá de Buenos Aires y llegaban a través del servicio de microondas de UTE (por entonces no existía Antel). O simplemente con el entonces llamado videotape. Los domingos de noche, por ejemplo, Canal 10 ofrecía el principal encuentro de la fecha del fútbol argentino, siempre y cuando las condiciones del tiempo no atrasaran el vuelo con la "lata" del partido.

Hoy no se concibe un Mundial sin su teleaudiencia de miles de millones. Sin embargo, la televisión apenas llegó para la quinta edición, en Suiza 1954, y la emisión fue restringida por razones técnicas a ocho países europeos. Los aficionados uruguayos tuvieron incluso que esperar los aviones del videotape para ver los partidos de la Celeste en Chile 1962 e Inglaterra 1966.

Cuando Argentina inauguró su estación de Balcarce en 1969, Uruguay pasó a estar conectado al mundo vía satélite, aunque siempre dependiendo del país vecino. En fútbol, por ejemplo, se veían los partidos que bajaban los argentinos. Así, el primer Mundial en directo fue el de México 70, pero no siempre los partidos de la Celeste.

La "independencia" en materia de conexión satelital se registró en 1986, con la inauguración de la Estación Terrena de Antel en Manga. La obra coincidió con la expansión internacional de las transmisiones de fútbol. Los canales abiertos comenzaron a ofrecer partidos en directo desde Europa. A fines de la década de 1980, la oferta de encuentros internacionales era tan grande que la Asociación Uruguaya de Fútbol presionó para que no se los emitiera si su horario coincidía con el de la actividad doméstica.

Explosión.

Esa pretensión fue barrida por la llegada de la televisión para abonados a comienzos de los 90 y su programación deportiva armada fuera de fronteras: ESPN, Fox Sports, TyCSports, más adelante Gol TV, sin contar los partidos que pueden emitir las señales nacionales, como la RAI italiana, o las emisiones especiales de DirecTV. El "cable" puso así el alguna vez inalcanzable estadio de Wembley londinense en el living de cualquier abonado criollo.

La oferta en vivo, cada fin de semana, es abundante. La Liga española ofrece 10 partidos cada sábado y domingo, lo mismo que la Premier League inglesa y la Serie A italiana. La Bundesliga alemana, en tanto, tiene nueve encuentros. La Ligue 1 francesa era menos seguida, pero desde que hay uruguayos como Edinson Cavani y Diego Rolan sus juegos despiertan mayor atracción (son 10 por semana). A esos campeonatos deben sumarse los de Brasil, México, Portugal y Turquía, entre otros. Sin olvidar al fútbol argentino, que este año extendió su campeonato de primera división a 30 equipos. A mitad de semana, la Champions League se desarrolla con un total de 124 partidos. Su hermana menor, la Europa League, juega 160. Y en América Latina está la Copa Libertadores, con 138 encuentros, más la Copa Sudamericana, con 92.

Aunque empresas como ESPN y Fox duplicaron y hasta triplicaron sus canales, no alcanzan las pantallas para tantos partidos en directo, de manera que muchos se emiten en diferido, hasta cubrir cada minuto.

Las cifras sobre la audiencia de esas cadenas en Uruguay no se encuentran disponibles: las empresas de medición no discriminan entre los diferentes canales de cable. Consultados estos, declinaron brindar información. Fox Sports apenas comunicó que en ocasión de la última final de la Champions, su rating en Argentina fue de 10,18 puntos.

Además, cada vez es más frecuente la emisión de partidos por Internet, ya sea a través de páginas web de emisoras "tradicionales" como mediante portales deportivos específicos.

Comparaciones.

El brillante panorama que brinda la televisión desde Europa, con canchas perfectas, tribunas espectaculares y colmadas y, por supuesto, un juego más armónico, representa una durísima competencia para los torneos domésticos uruguayos. Sería lo mismo que poner a elección del público entre una superproducción de Hollywood y el video casero de una fiesta infantil, algo movido y barullero.

Las cifras de venta de entradas por el Campeonato Uruguayo vienen cayendo desde hace 45 años en forma sostenida (ver recuadro). Es cierto que desde 1999 también hay emisiones en directo, a cargo de Tenfield, pero la retracción se originó mucho antes. Y amenaza con profundizarse. Las excepciones son los partidos de la Selección, los clásicos y algunas campañas taquilleras de los clubes grandes, como la de Nacional 1998 o Peñarol 2010.

Hace algunos años, Caetano realizó una investigación sobre el aprovechamiento del tiempo libre por parte de los uruguayos y encontró "cifras impresionantes" sobre las diferencias en la venta de entradas. "Claro que en la época de bonanza en el fútbol había una menor oferta de entretenimiento más allá de los partidos", explica.

"Además, el fútbol local está hoy muy empobrecido, con una realidad en la hay jugadores muy jóvenes o veteranos. Falta toda una generación y eso determina que tengamos el torneo que tenemos, donde cualquiera puede ganarle a cualquiera, con un bajo nivel pero con un resultado incierto, lo que viene a ser su atractivo", opina.

Para Caetano, el fútbol funciona hoy en Uruguay vendiendo jugadores cada vez más jóvenes y empobreciendo su calidad. "Uno se pregunta hasta dónde se puede mantener esa modalidad", agrega.

Camisetas.

Caetano también advierte "una redefinición del consumo marcada por el dinero". "Los niños ven el modelo en el fútbol de otros países. Quieren irse a jugar al exterior. Y conocen a los futbolistas de otros países más que los nuestros, aunque hay que destacar que se mantiene el apego con los jugadores de la Selección", indica.

Ese fenómeno se comprueba también en el baby fútbol, donde los chicos concurren a las prácticas vestidos con camisetas europeas. "Es impresionante", comenta José Sardiña, hasta hace poco entrenador de baby en San José de Carrasco. Ahora Sardiña sigue de cerca la Liga Universitaria, donde no se registra la misma situación.

"Las camisetas de Peñarol y Nacional siguen pesando y son las más vendidas, en general regalos de padres y tíos", explica Santiago Núñez, de la firma Auge Deportes.

"Cuando los niños piden una camiseta, es generalmente la de un club extranjero o una selección durante el Mundial. Ahora, un niño de cuatro años pide la camiseta del Bayern que usa Bastian Schweinsteiger. Y ya saben si el club cambió el sponsor. Es divertido pero complica a los padres. Tuvimos pedidos de la camiseta del Borussia Dortumund o la camiseta de arquero de Iker Casillas, que se volvían complicados porque no teníamos. Hoy te piden el club, el número preferido y el modelo. De algunos clubes locales no tenemos porque no hay demanda", asegura.

La psicóloga deportiva Verónica Tutte advierte por su parte riesgos en esa difusión masiva e instantánea del gran espectáculo profesional.

"La globalización permite a través de diversos medios (computadora, redes sociales, videos) observar los beneficios y logros que obtiene un jugador de fútbol profesional en el mundo entero. Lo que muchas veces no ven los niños y adolescentes es el esfuerzo que hacen o han hecho esos deportistas, para llegar a la profesionalidad durante su carrera juvenil. Por eso ver el resultado actual de esos jugadores puede generar falsas expectativas, de que el logro es mucho y el costo para obtenerlo no es demasiado alto. Lo cual es una falsedad", indica.

"La creencia irracional que se genera —explica Tutte— es que se puede llegar con facilidad y sin demasiado esfuerzo. Sin embargo, cuando el niño o adolescente llega a las formativas de un club piensa que ya es un jugador de fútbol y no es así. En poco tiempo cae en la realidad de que las expectativas que se habían hecho son desajustadas, porque ven que nadie que juega en una séptima cambia su estatus social o que ya tiene asegurada su permanencia en su club".

"El peligro del acceso a la información global, es que uno ve el aquí y el ahora, pero se pierde la idea del proceso y de la constancia que llevan al logro", señala.

Un esquema que se inició en 1999

Casi siete de diez hogares uruguayos tienen televisión para abonados, según el último informe de la Encuesta Continua de Hogares divulgado por el Instituto Nacional de Estadística, en base a sondeos realizados en 2014.

El porcentaje crece año a año: respecto a 2013, la difusión del llamado "cable" aumentó más de tres puntos, de 65 a 68%. Mientras tanto, la proporción de hogares con conexión a Internet se incrementó de 52,8 a 57,4%. En 2011 el porcentaje de hogares con TV para abonados era 52,4% y con conexión a Internet 33,5%.

En Uruguay existen aproximadamente 1.200.000 hogares.

Torneos y Competencias del Uruguay inició las emisiones de fútbol en directo por cable en la década de 1990. En 1998 el empresario Paco Casal y los exjugadores Nelson Gutiérrez y Enzo Francescoli fundaron la empresa Tenfield, que adquirió los derechos del fútbol uruguayo. El actual esquema de transmisiones se inició con el Torneo Clausura 1999. Desde 2003, Tenfield tiene su propio canal, VTV.

Cada vez menos entradas

La venta de entradas por el Campeonato Uruguayo ha disminuido sistemáticamente con los años pese al aumento de la población de Montevideo y la extensión del torneo a clubes del interior, aunque el fenómeno se inició mucho antes de las emisiones por televisión locales o internacionales.

Según un estudio realizado por Franklin Morales para la colección Nuestra Tierra (1969), el promedio de entradas por partido en el Campeonato Uruguayo se mantuvo bastante estable durante treinta años. En la década de 1940 fue de 6.841 por partido; en los 50 aumentó a 6.960 y en los 60 cayó a 6.725.

En 1970 se registró la mayor asistencia de la historia al torneo local, con un total de 1.262.301 entradas vendidas y un promedio de 9.350 por partido, cifras que hoy suenan increíbles. A partir de entonces, las ventas bajaron en forma casi constante: 5.061 de promedio anual por encuentro en los 70; 3.235 en los 80; y 3.720 en los 90; 2.936 en los 2000, aunque repuntaron hasta 3.266 en lo que va de la década de 2010.

El mejor promedio de los últimos 20 años se verificó en 1998, con 5.703 boletos por partido. Un año más tarde se generalizaron las emisiones en directo por el cable, cuando se creó la empresa Tenfield, pero hubo también un buen promedio: 4.220.

En la última década, la mejor temporada fue la 2009-2010, con 3.791 entradas por partido; se registró entonces el boom del Peñarol de Diego Aguirre, que tuvo en el Torneo Clausura un promedio inusual de 22.681 entradas por encuentro. Como contrapartida, hay clubes chicos que, exceptuando contra los grandes, no alcanzan las mil localidades por partido.

En la última temporada (2014-2015) el promedio alcanzó las 3.572 entradas, con un total de 857.458 boletos vendidos en los torneos Apertura y Clausura (sin contar el clásico por la final). Está lejos de los números de la edad de oro y mucho más de aquel año 1970, pero supera las ventas de 20 de los últimos 25 campeonatos Uruguayos y más que duplica las del Uruguayo de 2005, por ejemplo, cuando apenas se colocaron 1.405 localidades como promedio.

El primer partido en pantalla: Racing-Sud América en 1964

En 1936, la televisión era casi un invento futurista, pero ya ese año hubo una cámara colocada junto a una cancha de fútbol: la BBC británica organizó una práctica del Arsenal en el estadio de Highbury para realizar una prueba de emisión que muy pocos vieron porque todavía no se vendían aparatos de TV. El estallido de la guerra demoró el desarrollo del sistema, pero poco después de la paz la misma BBC televisó un encuentro entre dos clubes menores en 1946, aunque apenas iniciado el segundo tiempo la pantalla se puso de pronto oscura y los pocos televidentes se quedaron sin espectáculo.

En Uruguay, el primer partido por TV demoró varios años más. Ocurrió el 14 de junio de 1964. Fue un Racing-Sud América, desde el Parque Viera, por un torneo amistoso. Canal 10 llevó una sola cámara, que registró sin demasiada nitidez la pelota de cuero oscuro sobre el césped casi del mismo tono, en tiempos del blanco y negro. El relato estuvo a cargo de Roberto Fascioli, periodista de larga trayectoria, con comentarios de Pedro Cea, el legendario campeón olímpico y mundial. Aníbal Maño Ruiz le dio el triunfo a Racing: fue el primer gol televisado.

Las camisetas del Barça se agotan

Nike importa las camisetas oficiales de los clubes que visten su marca, como Barcelona o París SG, y la presencia de Luis Suárez en el equipo catalán aumentó las ventas, aunque desde la empresa señalan que no pueden aportar cifras porque "llegan y se agotan enseguida", tanto las de adultos como de niños. "Ni qué hablar cuando Suárez hace un gol", comentan. En Auge Deportes también la de Barcelona está entre las más vendidas, junto a las de Peñarol y Nacional. El fenómeno en esa casa de deportes, sin embargo, es anterior a la presencia de Suárez, pues ya cuando surgió el fenómeno de Lio Messi la casaca azulgrana pasó a ser una de las preferidas por el público.

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