HISTORIAS

Franco y el sueño de ser campeón

Le amputaron la pierna derecha a los nueve años por un cáncer. Nunca dejó de jugar al fútbol. Ahora, con 16, es una de las figuras de la Selección Uruguaya de Amputados. Esta es la historia de Franco Medero

Franco Medero, de la Selección Uruguaya de Amputados
Franco Medero, de la Selección Uruguaya de Amputados

Franco juega con la 10 y le pega con la zurda. Es un poco de Nueva Helvecia y un poco de Valdense. En las dos ciudades colonienses, a seis kilómetros de distancia, todos lo conocen. O al menos, todos conocen su historia: a los ocho años le diagnosticaron cáncer y un año después le amputaron la pierna derecha. Todos lo conocen, a Franco; la comisión Pérez Scremini de la zona hizo beneficios para ayudarlo desde entonces, las plazas se llenaron más de una vez de eventos para él, las dos ciudades estuvieron pendientes de su recuperación; pero sobre todo, todos lo conocen porque Franco Medero nunca dejó de jugar, porque le demostró a todos que aunque parezca que no, se puede, siempre.

Se puede jugar al fútbol con una sola pierna, se puede hacer goles y gritarlos bien alto, se puede ser figura de un equipo, ser capitán, caminar, correr y bailar. Se puede seguir soñando con ser campeón. Y eso, cuando se supera una enfermedad como el cáncer, ya es un sueño hecho realidad.

Esta es la historia de Franco, —Franquito, como lo conocen muchas personas del pueblo—, un chico de 16 años que juega en la Selección Uruguaya de Amputados y sueña con ser campeón.

Capitán. 

Franco Medero, de Nueva Helvecia
Franco Medero, de Nueva Helvecia

Nació en Colonia Valdense pero a los pocos años se fue a vivir a Nueva Helvecia. Empezó a jugar al fútbol a los 6 años, en el Club Nacional de esa ciudad. Cuando tenía ocho le encontraron un tumor en la rodilla derecha. Los médicos decidieron que lo mejor era amputarle la pierna. Franco iba y volvía a Montevideo, lo internaban, le daban el alta, volvían a internarlo. Mientras, en Nueva Helvecia, la comisión de voluntarios de la Fundación Pérez Scremini se juntaban para ayudarlo, a él y a su familia.

Cuando estuvo mejor, volvió a la cancha. “Seguí practicando en Nacional de Nueva Helvecia hasta que terminó el baby fútbol, porque ahí seguía practicando con mis compañeros de siempre. Lo único que no podía jugar por el riesgo que eso implica para mí y para los rivales, por el uso de las muletas. Igual entrenaba y los acompañaba siempre”, dice.

Un día de 2015, cuando terminó completamente el tratamiento su equipo y el cuadro rival llegaron al acuerdo de que Franco podía jugar. Y lo hizo.

Se puso la ocho blanca, roja y azul y entró a la cancha. Era un partido amistoso contra Parquelandia, otro club de la ciudad. Franco se apoyó en las muletas y corrió, atravesó la cancha entera, marcó, lo marcaron, cabeceó cerca del área rival, se la pasó a un compañero que se la devolvió, se afirmó bien abajo, pateó al arco e hizo un gol. Lo gritó, lo dedicó y se abrazó con sus compañeros. Ese día, alguien lo grabó y el video circuló por todas las redes sociales.

Cuando pasó a jugar en cancha grande, Franco dejó de practicar en Nacional y se fue a practicar a Esparta, en Valdense, donde vive. “Ahí me pasaba lo mismo, practicaba y acompañaba a los gurises siempre, pero no podía jugar”. Y, aunque Franco quisiera jugar, se conformaba con eso.

Mientras, empezó a practicar tenis de mesa en Esparta. “Lo tomé como hobby pero me permitía competir. En 2016 fui a competir a la Copa Tango, en Argentina, como representante de Uruguay, es un campeonato de tenis de mesa adaptado”.

Mientras practicaba sin poder jugar, el video de su gol llegó a Elena, que desde 2010 estaba buscando gente y apoyo para formar una selección de amputados. Le escribió a Franco por Facebook y se comunicó con su familia. En enero de 2018, Elena había logrado reunir a la cantidad de gente suficiente como para poder empezar a entrenar. Había un campeonato Sudamericano y Uruguay estaba invitado a participar.

“Me acuerdo que la primera práctica fue a mediados de enero, en la cancha de Nacional de Nueva Helvecia. De a poco fue creciendo y fue cayendo mucha más gente”. Las primeras veces, dice Franco, practicaban donde podían; una vez por semana viajaban a distintos lugares del país donde pudieran reunirse todos, sin ningún tipo de apoyo, solo por las ganas de querer jugar y llegar al Sudamericano.

Viajaron a Rosario, Argentina y se enfrentaron contra el local y contra la selección de amputados de Brasil. Perdieron los dos partidos, pero no importaba. Después de todo, estaban allí, jugando al fútbol, y esa experiencia era lo que querían traerse para Uruguay.

Franco es el jugador más chico de la selección; el fútbol de amputados admite a personas de entre 16 y 70 años y puede ser mixto. Para el Sudamericano lo eligieron a él como capitán. “Eso es algo que nunca voy a olvidar: representar a Uruguay jugando al fútbol por primera vez y encima con la cinta, fue muy lindo”.

A Franco no le costó adaptarse al fútbol de amputados. Dice que, aunque tiene algunas reglas diferentes, en definitiva es lo mismo. “No hay mucho cambio, lo que sí cambia es la manera de jugar, obviamente. En el fútbol convencional tenés más recorrido, el de amputados es muy de choque, muy rígido, tenés que estar bien físicamente para no terminar lastimado. De afuera capaz que la gente lo ve muy diferente, pero la manera de sentir el fútbol para mí es lo mismo. Solo cambia en algunas pequeñas cosas y la diferencia que tienen los jugadores con los demás, obvio”.

Después del Sudamericano tuvieron un parate en las prácticas hasta que llegó la invitación para viajar al mundial de México. “Ahí volvimos a entrenar un poco más organizados, pero lo que más nos costó fue conseguir el dinero para poder viajar”. Hicieron rifas, beneficios, y otra vez la zona se movilizó para ayudarlos. Es que, además de Franco, en la selección juegan dos colonienses más. Solo de un evento que se realizó en el departamento se juntaron 10.000 dólares.

En octubre viajaron a México. Por primera vez una selección uruguaya de amputados participó en un campeonato del mundo. Y, aunque tampoco les fue tan bien, la experiencia de jugar un mundial no se las quita nadie. Además, para Franco, fue una buena oportunidad para mostrar su talento.

No sabe qué quiere estudiar cuando termine el liceo pero sí tiene claro que se quiere dedicar al deporte: o hacer el Instituto Superior de Educación Física o hacer periodismo deportivo. Pero también, sabe que ahora hay una posibilidad que en algún momento le habían quitado. Sabe, Franco, que existe la posibilidad de dedicarse profesionalmente al fútbol. De hecho, después del mundial de México le surgió la posibilidad de irse a jugar a Turquía, donde el fútbol de amputados es profesional. No salió, pero tiene claro que puede salir. Por el momento, está esperando a setiembre, cuando se abra de nuevo el período de pases y sigue practicando con el club del pueblo hasta que empiece de nuevo la selección. Sabe, Franco, que lo único que quiere es poder jugar siempre.

La liga es el siguiente paso
Selección Uruguaya de Amputados

“Queremos que el fútbol de amputados siga creciendo”, dice Franco. Por eso, el siguiente paso es seguir difundiéndolo y fomentar que más gente se anime a probar. “Ahora estamos intentando armar una liga, ya somos 3 o 4 cuadros: está Juventud en Canelones, está Plaza, en Colonia y se está buscando armar un cuadro en Montevideo y uno en Maldonado”. Por el momento, a la selección la integran personas de varios departamentos del país pero, cuenta, Franco, algunas otras se hace difícil poder ir a entrenar sin tener apoyo.

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