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¿Qué es el forró? Todo sobre la movida cultural de moda importada de Brasil

Hace cinco años se fundó el movimiento Forró Montevideo con miras a trascender las clases de baile. Hoy son más de 200 los miembros de este grupo devenido en estilo de vida.

Alberto y Lía son pareja y también fundadores de Forró Montevideo. Foto: Marcelo Bonjour

Tal vez fueron las fiestas maratónicas, la música pegadiza, la caipirinha, el ritmo de baião, la alegría contagiosa de los brasileños, el bailar pegados, o todo junto lo que despertó en Nicolás Cestari (41) un deseo irrefrenable de aprender a bailar forró. Conoció esta danza típica de Pernambuco en un viaje a Brasil que hizo en 2017 y lo impactó. Apenas aterrizó en Uruguay recurrió al mágico Google: ‘Forró Montevideo’, escribió. Y el buscador le devolvió una página de Facebook con ese nombre y un taller donde saciar sus ganas. “Me encontré bailando forró como loco. Era el más duro de todos pero no me importaba nada, tenía que aprender”, cuenta entusiasmado a Revista Domingo. Y sigue al pie del cañón. No se pierde una clase. Su perseverancia le ha dado frutos: “Dicen que soy de los mejorcitos”, se jacta.

Nicolás es uno de los más de 120 alumnos que cada lunes, miércoles, jueves o sábados se acerca al espacio El Casarãozinho, en Parque Rodó, para tomar clases de forró. La movida crece sin cesar. Forró Montevideo es mucho más que una escuela de danza. También se dictan talleres de percusión y hay actividades variopintas: prácticas gratuitas y picnics en el Parque Rodó, fiestas que emulan a las de los vecinos brasileños, toques de las bandas Papo Furado y Forró Candombe, paseos y viajes al exterior a festivales de forró.

Lía Machado (47) y Alberto Carneiro (47) gestaron el proyecto Forró Montevideo en 2017 con el afán de convertirlo en un movimiento cultural. El plan era ambicioso pero factible. Bailar al ritmo de baião se transformó en una excusa para compartir costumbres y la culinaria típica de Brasil, y sobre todo gozar. Es que el forró inunda de alegría al que lo escucha, lo baila o lo toca. Los fundadores coinciden en definir al forró como el abrazo: “Te abraza la música, la danza, lo que comés y bebés”, enumera Alberto.

Andrea Buksman (21) tuvo su debut con el forró en junio de 2021 y no pudo parar. “En la primera clase sentí de todo: emoción, tranquilidad, felicidad, excitación. Es un abrazo”, confirma la joven a minutos de entrar al salón y que todos sus problemas queden atrás. Lía asegura que el forró es una gran familia. Incluso hay merchadising de Forró Montevideo: tazas, pegotines, remeras y pins están agotados. “Los vendí todos. Los nuevos me piden remeras porque se sienten orgullosos de ser parte”, agrega sobre esta hermosa comunidad.

Renacer

Lía es brasileña y se mudó a Uruguay en 2015 para acompañar a quien era su pareja en ese entonces. Dejó atrás su trabajo de actriz y profesora de teatro porque sin hablar español no podía ejercer. La danza era su hobby y los meses antes de radicarse en Montevideo el forró pegó fuerte en su vida, así que al llegar aquí buscó gente que tocara y bailara el género. No encontró pero dio con el grupo ‘Brasileños en Uruguay’ y para mitigar la saudade (nostalgia) empezó a frecuentar sus reuniones. Demostró su talento para la danza en uno de los encuentros, le pidieron que les enseñara a bailar y todo cuajó. “Dar clases de forró me servía porque no tenía que hablar un montón”, dice hoy en un español fluido. Lía alquiló un local en Pocitos, le avisó a sus amigos interesados y en la primera clase reunió a nueve. “Éramos poquitos, nadie conocía el forró y para difundir bajábamos a la playa con un parlante y bailábamos”, relata. En una de esas tantas idas a la rambla, pasó Alberto caminando, escuchó el ritmo y se acercó. Él ya era cantante y percusionista de la banda de forró Papo Furado así que intercambiaron teléfonos y empezaron a organizar toques con baile en distintos bares.

Alberto es riverense pero estaba de paso en Uruguay: tenía trabajo en Brasil y su idea era retornar. El esposo de Lía también pensaba volver así que proyecto se iba a terminar. Un viaje a Porto Alegre que armaron entre los dos para que los 14 alumnos de Lía conocieran el universo del forró en un festival de cuatro días alteró todos los planes. Todos volvieron encantados con la energía y la movida del forró y no hubo marcha atrás.

Alberto siempre había querido difundir el forró en Uruguay y apostó a echar raíces en su país. El matrimonio de Lía estaba desgastado así que habló con su esposo y le contó su decisión de quedarse a vivir aquí. “Me vi en Uruguay sin casa, sola con la valija de ropa en lo de una amiga pero con un proyecto”, asegura Lía.

Punto de encuentro y bienestar
El relato de Nicolás Cestari
Nicolás junto a la profesora Lía

El forró es sinónimo de alegría y a Nicolás Cestari lo conquistó ese espíritu de farra en las primeras clases. Buscaba una forma de expresión y la encontró en esta danza típica del nordeste brasileño. “Forró es escuchar la música, tu cuerpo y es ahí, moverte como te pide el cuerpo”, dice. Reconoce que hay una comunidad detrás de Forró Montevideo y define a El Casarãozinho como un lugar de encuentro. “Es tener un espacio y momento donde encontrarte con alguien más aunque no medien palabras. Se busca que todos estemos mejor”, cuenta.

TESTIMONIO

"Me encantó y no pude parar"

La llegada de Andrea Buksman a Forró Montevideo se dio cual paracaidista en junio de 2021. Le gustaba bailar pero no planeaba ir a clases. La invitó su prima y pensó, ¿por qué no? “Vine, me encantó y no pude parar”, dice. Los pasos no le cuestan, se siente como en casa y no se pierde una actividad. El forró marcó un quiebre en su vida: “No me había dado cuenta de que me faltaba algo hasta que arranqué forró y dije, ‘era esto lo que precisaba para completar mi vida’. Puedo pasar el día mal, vengo a clase y cuando salgo soy feliz”, revela.

Forró es familia

Entre baião y baião, Lía y Alberto se enamoraron. Nació el amor y en simultáneo Forró Montevideo con la pretensiosa idea de armar un movimiento cultural alrededor de la danza y la música. Hasta ese momento Lía daba clases de baile y Alberto tocaba forró con su banda pero querían forjar una comunidad. En 2017 se instalaron en Hugo Prato y Cassinoni y bautizaron ese espacio como El Casarãozinho.

El primer paso para dar a conocer el forró como estilo de vida fue armar un festival de cuatro días en Uruguay y resultó un éxito: vinieron 80 referentes de Brasil y Argentina a dar clases y las fiestas convocaron a más de 250 personas. Lía y Alberto buscaban profesionalizar el movimiento así que estudiaron gestión cultural, y ella viaja cada tanto a Brasil para seguir perfeccionándose en el género.

“¿Existe cosa mejor que el forró?”, dice uno de los cuadros con los que uno se topa al ingresar al Casarãozinho, y la respuesta está en la sonrisa de oreja a oreja de los que llegan corriendo del trabajo para disfrutar de una hora de baile y buena vibra. “Los uruguayos con colores están acá”, bromea Lía a propósito de la fama de grises que tenemos en este país.

Dicen que es un camino de ida: todo el que entra se queda. “Donde hay forró se crea una comunidad hermanada por la música”, según Alberto. Te reciben como familia y la gente queda encantada con tanto júbilo y alegría. Y agrega que “todo el mundo respeta. No se tocan temas políticos. Acá venimos a disfrutar de la música y comer algo rico”.

Forró Montevideo crece a niveles impensados. La comunidad mueve a más de 200 personas de edades diversas (de 20 a 78 años). De ese total, el 60% son mujeres. Lía y Alberto desconocen los números de integrantes a ciencia exacta pero se guían por los que asisten a las fiestas mensuales que realizan con menú importado de Brasil. El baião de dois (plato a base de arroz y poroto fradinho) no falta si la reunión es al mediodía. En la noche la opción son tapiocas dulces y saladas o la clásica feijoada. En invierno se toma quentão (vino caliente con clavo de olor, canela, naranja y un toque de agua ardiente) y en verano caipirinha o aguas saborizadas. “La idea es que la gente viva una experiencia y conozca lo que sería ir a un forró en Brasil”, cierra Alberto.

buen augurio

Futuro movidito y prometedor

Forró Montevideo crece a buen ritmo. El 6 de mayo comenzó un curso en una escuela de El Pinar y pronto iniciará el segundo año de capacitación docente. Hoy son tres los profesores de forró pero Lía apunta que necesita más gente idónea para “estar en varios lugares a la vez”. El plan a corto plazo es lanzar un taller de forró amoroso a cargo de Stela Serra en El Casarãozinho. La iniciativa busca integrar las herramientas que da el forró “a nivel de emociones y sensaciones para un trabajo terapéutico y de búsqueda”, explica Stela. El proyecto aún está en fase de investigación. También hay mucha expectativa por la organización de la fiesta de San Juan (la noche del 23 de junio), ya que el forró es un símbolo de esta celebración. Por último, hay ganas de repetir el festival de forró realizado en 2018 en Montevideo, que reunió a 80 referentes de la región.

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