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Otra forma de ayudar

La ONG América Solidaria envía voluntarios profesionales a varios países para asistir a población vulnerable. Uruguayos en Haití y Chile y una extranjera aquí cuentan su experiencia.

Nicolás Iglesias trabaja en educación inicial en Haití. Foto: América Solidaria
Nicolás Iglesias trabaja en educación inicial en Haití. Foto: América Solidaria
Desde Chile llegó Carolina Vidal a trabajar en un colegio de Las Piedras. Foto: América Solidaria
Desde Chile llegó Carolina Vidal a trabajar en un colegio de Las Piedras. Foto: América Solidaria
Pedro Nugué está en Chile en un proyecto de educación no formal para jóvenes. Foto: América Solidaria
Pedro Nugué está en Chile en un proyecto de educación no formal para jóvenes. Foto: América Solidaria
Laura Magallanes estuvo en un proyecto con niños en Ecuador. Foto: América Solidaria.
Laura Magallanes estuvo en un proyecto con niños en Ecuador. Foto: América Solidaria.

Déborah friedmann

Lo primero que registró Nicolás Iglesias cuando hace poco más de un año llegó como voluntario de la ONG América Solidaria a Haití fue que el calor era casi insoportable y el tránsito caótico. Con los días, vinieron muchas otras sensaciones, más relacionadas con su profesión de educador inicial. "Los docentes son docentes en todos lados", resume. Y eso se aplica a las frustraciones que viven —como tener que caminar kilómetros para llegar a una escuela y luchar con la lluvia y el barro— pero, sobre todo, al amor con el que desarrollan su tarea. "Cuando llegué hacía ocho meses que no cobraban e iban a trabajar todos los días. Decían: ‘Si yo no vengo, los niños se quedan sin nadie’".

Este profesional de 27 años es uno de los 1.500 voluntarios que en los últimos 12 años han sido enviados por América Solidaria para ayudar en 13 países de la región. Uruguay creó su oficina en 2014: ya partieron cinco jóvenes y llegaron aquí otros dos. Ahora hay una nueva convocatoria (ver recuadro).

En el caso de Nicolás el acercamiento con la organización fue a través de una publicación en Facebook. Venía de trabajar como maestro referente en CAIF de Montevideo y Canelones. Le atrajo que la ONG decidía, de acuerdo a su perfil y experiencia, adónde él iba a ser más útil. "Iba a estar donde a mí me necesitaran. Eso me atrapó", dice un año después de haber iniciado la experiencia en una pausa de unos días en Montevideo.

El proceso de selección es parecido al de cualquier trabajo profesional, aunque este tiene la particularidad de que se postula gente de toda América. Nicolás tuvo tres instancias de evaluación: psicológica, personal y técnica. En julio de 2014 vino la buena noticia: había sido seleccionado para ir a Haití. Un mes más tarde, y previo a una capacitación de dos semanas en Chile, pisaba el suelo de Puerto Príncipe.

Lo primero que conoció fue su casa, que compartiría que otros seis voluntarios, hombres y mujeres de Colombia y Chile. "Vivir en Haití tiene sus particularidades. A veces no viene la luz y entonces tampoco tenés agua porque la bomba que la lleva no funciona. Uno se tiene que adaptar a esas cosas. Te genera un estilo particular de vida, vas empatizando con la gente y entendés lo que viven".

De empatizar se trata buena parte del trabajo de Nicolás. Y por eso una de las cuestiones clave en los primeros tiempos en Haití fue aprender creole, la lengua materna de los lugareños, habilidad que consiguió en unos dos meses. "De los blancos casi ninguno habla creole, todos francés que es la lengua que utilizan en el gobierno. Por eso es tan importante aprenderlo, quiebra estereotipos y permite generar otro tipo de confianza".

Justamente confianza es lo que Nicolás precisaba ganar para poder tener éxito en el proyecto del que participaba, que se desarrolla en tres escuelas de la red de Fe y Alegría. En este primer año se centró en transmitir distintos aspectos del aprendizaje de los niños, desde lo emocional pasando por lo corporal y psicológico, y en posicionar al vínculo docente-niño como algo "mucho más grande" que lo meramente académico.

También en Haití y en el mismo proyecto que Nicolás está desde hace un mes Ana Artía. De 29 años y psicóloga de profesión, también se enteró de la existencia de América Solidaria a través de Facebook. "Presentarme partió de varias interrogantes acerca de cómo me sentía con mi vida y mi profesión. Fue allí que comencé a visualizar otras formas de trabajo. Vi la oportunidad de América Solidaria y postulé al cambio; sentí una fuerte necesidad de hacer algo más, algo que me permitiera aportar mi granito de arena para generar un cambio", cuenta. Y agrega: "Ser voluntaria es compromiso, siento que es dar y recibir al mismo tiempo cada día".

Para Ana este primer mes en Haití ha sido descubrir, conocer y sorprenderse día a día. Desde explorar lugares, vincularse con los lugareños, aprender de su comida y su música hasta animarse a andar en tap tap, el transporte más común en el país. También fue a dos de las tres escuelas donde trabajará. "Parte de la exploración inicial es encontrarme con realidades que duelen, injusticias y grandes desigualdades que sufren como país. Sin embargo, es realmente hermoso y admirable ver cómo salen adelante". Hasta ahora, rescata el contacto diario con los lugareños, en especial los juegos y sonrisas que recoge.

El punto de partida de Pedro Nugué (31), que está desde abril en Chile es un poco distinto al de Nicolás y Ana. Desde siempre trabajó como voluntario: lo hizo en asentamientos, clubes de niños, en "centros llamados psiquiátricos", en plazas comunitarias, y la lista sigue. Psicólogo de profesión, el año pasado viajó como mochilero en Argentina y Bolivia. Allí conoció varias prácticas comunitarias que le dieron ganas de volver, pero para integrarse a ellas. Regresó a Uruguay, se presentó a un llamado de América Solidaria, y pocos meses después estaba haciendo de nuevo la misma mochila, solo que con ropa más formal y una computadora. "Viajé en un avión cruzando la cordillera, pensando que mi idea de hacer un nuevo viaje con otro sentido a la vida se estaba transformando en un viaje literal", cuenta vía correo electrónico.

Ahora es parte del equipo de América Solidaria en Chile, en un proyecto de educación no formal con jóvenes de entre 18 y 29 años. Allí su tarea es amplia: hace diagnósticos situacionales, entrevistas y procura activar redes que ya existen. Tuvo que aprender algunas palabras básicas ("huevón", "cachai" y "no soy argentino" son las que más usa), y pasó a ser reconocido como "el uruguayo" después de que el país perdiera con Chile en la Copa América, lo cual le permitió integrarse mejor a la comunidad. "El cambio social está en todas partes, ya que en risas, abrazos, y uno que otro llanto nos permitimos vernos como seres humanos, lo cual es lo único que de verdad puede construir".

En Uruguay.

También en Uruguay hay voluntarios de América Solidaria. En este momento Carolina Vidal de Chile y George Auccaille de Perú trabajan en el barrio El Dorado de Las Piedras. Con 29 años, Carolina, psicopedagoga de profesión, había sido voluntaria en Teletón de su país. Fue en un encuentro anual donde llegó un expositor de América Solidaria y se enteró de la experiencia. Pasaron varios años hasta que, en 2014, decidió presentarse. La buena noticia llegó como un regalo de Navidad: el 24 de diciembre.

Desde abril trabaja en el Colegio San Adolfo, también vinculado a la ONG Fe y Alegría, con niños de cuarto, quinto y sexto de escuela para reforzarles la lecto-escritura. "Todo hasta ahora ha sido significativo, sobre todo compartir con la comunidad y el intercambio profesional con las maestras, siempre dispuestas a trabajar conmigo".

Está abierto el llamado a voluntarios.

"En la base de América Solidaria está la idea de que la globalización no solo implica generar oportunidades de negocios para las empresas y globalizar el capital o la información. También en estos tiempos es importante globalizar la solidaridad y que todos podamos entender que nos sentimos comprometidos con las realidades de pobreza o injusticia", explica Javier Pereira, director ejecutivo de la ONG en Uruguay. "Nos manejamos con el principio de urgencia, de realidades que no pueden esperar", agrega. En estos momentos está abierta la convocatoria para ser voluntario, que incluye a uruguayos que deseen postularse. Son requisitos tener entre 21 y 35 años, acreditar carrera profesional terminada y poder irse por un año. Las bases y el formulario para postularse están disponibles en la web de América Solidaria (http://www.americasolidaria.org/)

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