TENDENCIAS

De fiesta en el parque

Tras el boom de los salones de cumpleaños infantiles, cada vez más padres eligen festejar en espacios públicos y al aire libre.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
En los cumples en plazas o parques también hay globos, banderines y torta con fondant.

Hoy Julián festeja sus cinco años. Habrá globos de colores, banderines de cartón, torta casera, velitas, juegos y sorpresitas. Pero no será un cumpleaños tradicional. O por lo menos tradicional para Uruguay. Por tercera vez, la celebración tendrá lugar en la plaza Eduardo Fabini, en pleno corazón de Malvín, junto a sus padres y los amigos de la familia: grandes, chicos y medianos. "Tenemos la suerte de que él nació a fines de noviembre, cuando el clima en general está lindo, y que cerca de la casa del papá está esta plaza que es preciosa, grande y donde renovaron todos los juegos. Se lo festejamos ahí una vez y ya vamos por la tercera", explica Ana Mandler, redactora creativa y madre del feliz cumpleañero.

Aunque todavía tímidamente, desde hace un tiempo en Uruguay los espacios públicos han adquirido un uso que va más allá del mero paseo y la recreación. Igual que sucede en países como Estados Unidos, España, Holanda o —mucho más cerca— Argentina, cada vez hay más gente que elige festejar los cumpleaños infantiles en parques o plazas. ¿Las razones? Son tan diversas como los niños, como los padres o... como las familias.

"Los motivos son varios", resume Ana. Y rápidamente aclara: "Pero el económico es el punto uno. Los salones varían de precio según el día de la semana y la propuesta, pero igual en todos los casos es un desembolso de dinero importante". Un cumpleaños promedio, con una propuesta infantil estándar y un menú para alrededor de 20 adultos, cuesta entre 15.000 y 20.000 pesos. En el parque o la plaza del barrio, por ahora, es gratis.

Pero el dinero no es el único motor de esta nueva corriente. Fomentar el contacto con la naturaleza, el encuentro con otros y el juego libre son otros tres pilares en la decisión. Para la psiquiatra infantil Natalia Trenchi, el "mejor festejo" es el que pone el acento en el encuentro humano y en el verdadero motivo de celebración. "Se puede organizar un picnic, una salida especial o una reunión para amasar sus propias pizzas... las posibilidades son infinitas. Lo importante es que los padres no se sientan presionados a hacer determinada cosa por mandato social. Paren y piensen. Y después elijan", aconseja.

Y si me aburro...

En los últimos diez años Montevideo —y también muchas ciudades del interior— se llenó de salones de fiestas infantiles primero y canchas de fútbol 5 después. Allí, los festejos tienen cita todos los días de la semana y duran, siempre, tres horas, donde además de snacks y refrescos los niños reciben una propuesta de animación. Para Trenchi, los cumpleaños salieron de las casas porque "empezó a hacerse cada vez más difícil controlar el comportamiento de niños y adultos". Hoy, dice la psiquiatra, muchos pequeños necesitan estar acompañados todo el tiempo (por una persona o un aparato tecnológico) porque les viene como "un extraño vértigo" frente al tiempo no estructurado. "Dicen que se aburren, pero hay mucho miedo escondido en ese aburrimiento". Además, agrega, en temas de crianza "está la tendencia de tercerizar todo lo tercerizable. Y los cumpleaños parecen serlo".

Sin embargo, al menos desde algunos padres — "esos que encaran la tarea de criar hijos con conciencia, sin seguir a la masa distraídamente", dice Trenchi—, esa tendencia parece empezar a revertirse. Y desde las empresas de animación dicen recibir cada vez más pedidos para fiestas en espacios al aire libre. Gonzalo Casulo, director de Animate Eventos, que trabaja con grandes y chicos en colegios, clubes y empresas, opina que los niños de hoy "están saturados de que les digan todo el tiempo qué es lo que tienen que hacer". En esta suerte de vuelta al pasado, la experiencia viene demostrando que una de las propuestas que "funciona" mejor es poner distintos tipos de juegos para que ellos "experimenten y jueguen al que más les guste", pudiendo cambiar de uno a otro en cualquier momento.

Hasta ahora, a Casulo no le ha tocado animar un cumpleaños en una plaza, pero sí lo viene haciendo cada vez más seguido en casas, barbacoas, salones comunales o, incluso, el campo deportivo de algún colegio. "Para nosotros es mejor trabajar al aire libre que en un lugar cerrado porque los niños disfrutan de otra manera, se pueden desplazar e interactuar de un modo diferente", dice. En ese sentido, el factor más delicado es el clima, cada vez menos previsible por estos lares.

Marcelo Cid de la Paz y Martín Cáceres, socios en Meñique hace 18 años, dicen que los dos salones de fiestas y la cancha de fútbol que tienen funcionan bien, pero es con los servicios a domicilio con con lo que realmente no dan abasto. "Lo seguro es que todos los padres quieren animación", dice Cid de la Paz. "Los niños tienen dos o tres cumpleaños por semana y no los entretenés así nomás. El nivel de exigencia y de demanda tan grande hace que precises ayuda profesional, inflables, juegos...".

Claro que también depende de la edad y la cantidad de niños. Este año Ana evaluó contratar un show de títeres para Julián y sus amigos, aunque finalmente optó por llevar solo la clásica pelota y algunos burbujeros. "Los chiquilines pasan bárbaro, juegan libremente, incluso con los propios juegos de la plaza. Y si algún niño que anda por ahí se acerca y nos pide un vaso de jugo, ¿qué problema hay? Ninguno... Todo se da muy natural, cero drama". Para ella, que al momento de conversar con Domingo estaba preparando las sorpresitas con motivos de cohetes y planetas del sistema solar, la única contra del festejo en la plaza es que no hay baño. "Pero son un par de horas y nos arreglamos, nunca tuvimos problema".

La rutina que Ana viene repitiendo año a año también se ve, cada tanto, en alguna zona del Parque Batlle, en el Parque Villa Biarritz y en el Parque Rivera. En general, la zona del cumple queda delimitada con banderines o cintas de colores, los globos cuelgan de los árboles y algún mantel a cuadrillé recibe la merienda, con jugos, galletitas caseras y tortas con fondant y velitas. Los más previsores hasta son capaces de llevarle una docena de huevos a Santa Clara. No sea cosa que la lluvia agüe el festejo.

¿Cómo han cambiado los cumples?

Para la psiquiatra infantil Natalia Trenchi la evolución de los festejos de cumpleaños se resume así: han ido de la sencillez al exceso. "De la torta generalmente casera, sándwiches y refrescos en la casa con el grupo de amigos y familiares más cercanos, hemos pasado a los mega cumpleaños temáticos, en los cuales se invita a toda la generación, donde se consumen principalmente grasas trans, azúcares y anilinas en cantidades importantes y donde se les dirige la acción todo el tiempo".

Cuestión de control y energía.

Antes de que el niño pida festejar su cumpleaños con fútbol, pelotero o cine, el parque o la plaza es una buena opción, coinciden padres y expertos. A partir de los 6 u 8 años, cuando las demandas y las energías aumentan, en cambio, los grupos numerosos pueden resultar difíciles de controlar. " Vos llevás gurises de 8 o 9 años, con un nivel de intensidad importante, a una plaza y te volvés loco por un tema de control", opina Marcelo Cid de la Paz, de Meñique. Para él, la clave del éxito en un festejo es la animación. "En un inflable pueden pasar 45 minutos, pero no todo el cumpleaños. Y eso lo saben y valoran mucho las madres". Para Gonzalo Casulo, de Animate Eventos, para que los invitados se diviertan es necesario que haya "una persona capacitada" que se relacione con los niños y medie en caso de conflictos.

En busca de su felicidad.

Sobre todo en la etapa escolar, la mayoría de los cumpleaños en Uruguay todavía se siguen festejando en salones, canchas de fútbol o salas de cine. Claro que los padres que eligen esas opciones no lo hacen pensando en que alterar o perjudicar la educación de sus hijos. Por el contrario, advierte Natalia Trenchi, toman la decisión para "verlos felices, para que tengan lo mismo que sus compañeritos y no se sientan diferentes". En la preadolescencia, también son frecuentes las pijamadas, otro recurso que a la psiquiatra tampoco le parece adecuado. "Allí la diversión básica es violentar el reloj biológico no durmiendo", argumenta. "No les estamos enseñando a festejar bien a los chiquilines: les estamos enseñando peligrosamente a que celebrar es cometer excesos , violentar la salud, transgredir normas".

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados