ARTE

La Feria de Arte y Antigüedades de Maastricht, ineludible para coleccionistas con mucho dinero

Todos los años en marzo se realiza la Feria de Arte y Antigüedades en Maastricht, un evento donde las obras —clásicas o contemporáneas— cotizan muy bien.

Tefaf
Foto: AFP

Es un evento al que se acude vestido de gala, se compra con un vaso de vino tinto en la mano y un canapé de jamón y palta en la otra. Pero la mente está siempre puesta en las últimas tendencias, para hacer la mejor inversión posible en una pieza de arte.

Ellos trajeados, ellas con sus mejores atuendos, pero ambos con el mismo objetivo: que nadie les quite de las manos ese cuadro de Miró que cotiza a 27,5 millones de euros. O un collar de oro, zafiro y diamantes de Van Cleef & Arpels, vendido a las dos horas de abrir la feria por 352.000 euros.

A nivel mundial, la Feria de Arte y Antigüedades (Tefaf) de Maastricht es una de las principales ferias de arte. “Y para seguir ahí, hay que cambiar constantemente, refrescar y añadir sangre nueva”, dice el exdirector del Rijksmuseum de Ámsterdam, Wim Pijbes, ahora presidente global de “Vetting”, la persona que tiene la última palabra sobre las piezas aceptadas en la feria.

La novedad más destacada de la feria de este año (que se celebra desde 1988), es precisamente la intensificación de las exigencias de calidad: los expositores no pueden repetir piezas ni ofrecer objetos similares, las descripciones deben ser lo más precisas posible y el estado de conservación de los cuadros es innegociable.

Pijbes reconoce que el cambio para esta edición fue “dramático” porque se sustituyeron 40 galeristas que ofrecían cuadros de maestros antiguos para abrir la puerta a otros 40 nuevos expositores. Sin embargo, consideró que fue una decisión acertada, que le da una nueva dinámica al evento.

Una tendencia es que el arte contemporáneo se está potenciando frente a los clásicos del mercado antiguo —más específicos de museos y coleccionistas—, y las obras procedentes de China (donde se está popularizando el arte occidental), también están atrayendo al público europeo de esta feria.

Participar en Tetaf un año no garantiza a los expositores una nueva participación al año siguiente. Hay que mantener un alto nivel y competir por un hueco en cada edición.

Hay visitantes que viajan hasta Maastricht como si se tratara de un museo convertido en centro comercial: pasean entre los 278 expositores de la feria enlazando pasillos divididos por temática, desde anticuarios, pinturas antiguas, contemporáneas, diseños, joyas y esculturas, que seguramente acaben en manos privadas, o, con suerte, en las de alguno de los 300 museos de prestigio.

Otros son coleccionistas, por amor al arte o por una cuestión de negocios, que esperan ansiosos todo el año para ir a la feria, que se lleva a cabo en el mes de marzo. Acuden el primer día, que está reservado para clientes VIP que solo acceden con invitación especial.

Las piezas más baratas se valoran en varios cientos de miles de euros, pero los compradores hacen cola en la entrada para ser los primeros en ver, pujar, regatear y ser los afortunados que se lleven uno de los 30.000 objetos a la venta en Tefaf.

China

Para la edición de este año, se calculaba que al menos 300 aviones privados aterrizaran en el aeropuerto de la ciudad holandesa. Aviones cargados de amantes del arte que provienen principalmente de Europa, pero también desde EE.UU., América Latina e India, según fuentes del aeropuerto de esa localidad.

Pero lo que más ha llamado la atención es la cantidad de jóvenes chinos que acuden a la feria para hacerse de obras y objetos de valor. El amor al arte occidental por parte de los “millennials” chinos, hace que tomen dinero prestado de sus padres y compren piezas millonarias.

Son muchas las razones que explican este crecimiento del interés artístico entre jóvenes chinos: haber estudiado en el extranjero, haber visitado museos en diferentes países y tener un entorno interesado en el arte.

La internacionalización de su educación, que rompe la barrera idiomática, también jugó un papel en esta tendencia “millennial”: estos jóvenes se están convirtiendo en coleccionistas de arte tradicional chino, aunque en mayor medida del occidental.

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