VEA LA FOTOGALERÍA

Extremos que se unen entre páginas y libros

Con un público estimado de entre 100 y 120 mil personas, la 38° Feria del Libro culmina hoy, entre ofertas, tendencias, público para todos los gustos y propuestas que pasan desapercibidas.

Ediciones de la Plaza tiene un stand que destaca por su propuesta. (Fotos: Ariel Colmegna)
Ediciones de la Plaza tiene un stand que destaca por su propuesta. (Fotos: Ariel Colmegna)
Feria del Libro 2015.
Feria del Libro 2015.
Feria del Libro 2015.
Feria del Libro 2015.
Feria del Libro 2015.
Feria del Libro 2015.

La historia se repite en las primaveras. Aún en las horas más tranquilas de la Feria del Libro, sobre todo en la carpa levantada en la Explanada Municipal, reinan las mesas de ofertas. Mientras en el stand de la editorial católica Paulinas hay un público escaso, añoso y femenino, o en el de Ediciones Universitarias sus responsables combaten las escasas visitas conteniendo los bostezos, gente de todo pelo y edad se zambulle en aguas donde por 50 pesos se pueden hallar textos de Arturo Porzecanski, Gastón Boero, Ruben Loza Aguerrebere o el Horóscopo Chino de 2013 de Ludovica Squirru. ¿Existe algo mejor que un cartel que anuncie tres libros por 400 pesos? Sí, otro de tres por $ 300, o 250...

La 38° edición de la Feria, con sus 55 stands entre carpa, atrio y entrepiso, culmina hoy, según estima Cristina Appratto, gerente general de la organizadora Cámara del Libro, con una afluencia de entre 100 y 120 mil personas. Entre ellos hay varios tipos que los vendedores de librerías y editoriales conocen muy bien: el que sabe lo que busca y no está particularmente interesado en recorrer suele llegar a última hora de la tarde, y consulta por —por ejemplo— lo último de Hugo Burel o de la editora argentina Caja Negra; en las mañanas aparece aquel que tiene una vaga idea de algún tema y autor, y básicamente va a ver qué se encuentra; temprano en la tarde y entresemana (sábado y domingo sería imposible), aparece el "erudito", cincuentón o más, convencido que este evento incluye una feria de incunables y rarezas, que casi siempre termina frustrado; finalmente, a toda hora y en todo lugar, está el dominguero eterno —hombre en el 90% de los casos— que recorre todos los stands y le dedica el mismo interés a la colección de arte de Taschen que a las aventuras de los Xunguis.

También es un lugar donde los extremos suelen encontrarse: en el stand de Fin de Siglo Bonomi, de Luis Masci, y Charlas con Pedro, de Alfredo García, coexisten a centímetros de distancia de la misma forma que apenas tres metros separan, en el entrepiso, al stand de la Cámara Cubana del Libro del de la Embajada de Estados Unidos. Leer une, parece ser el mensaje.

Falta poco para el mediodía y los visitantes aceleran el paso. En las mesas de oferta, Juan Carlos Onetti y Rómulo Gallegos comparten presencia (y precio) con textos como Los vicios del caballo, Me separé, ¿y ahora? o Redes sociales en las empresas para dummies. Si se revuelve bien, entre las gangas puede encontrarse a Capote, Jodorowsky, Sacks y Camillieri, aunque hace falta paciencia, tiempo y buena vista. Pasar un rato ahí sirve como ejercicio antropológico, observando la convivencia hombro a hombro —saludable y pacífica— del darkie que busca cómics de Vlad Tepes, el tipo de saco y pelo cuidadosamente descuidado que pregunta por un libro del arquitecto japonés Tadao Ando y un grupo de escolares forzando su atención a pedido de la maestra.

También puede servir como ejercicio del cruel paso del tiempo. Por apenas cien pesos puede adquirirse Estúpidos hombres blancos, de Michael Moore, así como por 290 Rolling Stones, los viejos dioses nunca mueren, de Stephen Davis. Ambos libros son de 2001 y generaron un enorme impacto: el primero es una sátira a la sociedad norteamericana, salvajemente crítico con el entonces presidente George W. Bush y coincidente con el 11-S; el segundo fue presentado como la biografía definitiva de la mítica banda. Catorce años después, a Moore —que se convirtió en una estrella mundial— hace rato le pasó su cuarto de hora, mientras que los Stones insisten en agregarle capítulos a su biografía "definitiva". De cualquier forma, hay mucho menos gente revoloteando a su alrededor que a cualquier novela de Higgins Clark o manual de cocina vegana.

Silencio.

"Los fines de semana la gente se autoabastece y vos no tenés tiempo de nada. Entresemana sí podés asesorar sobre autores, temas...", explica Silvia Hernández, de Ediciones B, con tiempo para charlar. Es que ahora, temprano en la tarde y en el atrio, donde están los mayores stands y las multinacionales, tanto vendedores como visitantes parecen contagiados del mismo espíritu lánguido. Arriba en el entrepiso, directamente, se podría dormir la siesta.

"Para esta edición no quisimos que fuera solo una feria de libros", señala Appratto, para destacar la presencia permanente de la prensa oral (La 30 y Océano FM) y escrita (El Popular, Voces, Lento y La Diaria), así como las actividades del entrepiso: el MAPI ofrece fotografías del mexicano Javier Hinojosa y Carlos Maggi es homenajeado en una exposición de imágenes de su acervo particular. También aquí están la Cámara Cubana del Libro y la Embajada de Estados Unidos. Si fuera por los stands, la isla ganó la guerra fría por destrozo: mientras que el norteamericano ofrece folletería, el caribeño está tapado de libros y audiolibros sobre Fidel Castro, el Che Guevara, ajedrez y béisbol. Claro, hasta el anochecer —cuando comiencen las actividades y las presentaciones de libros, apenas a metros— los responsables de los locales deberán contentarse con mirarse las caras. Rafael Grillo, escritor, periodista y uno de los responsables del stand cubano, se lamenta: "Muy poca gente sabe que hay algo acá arriba".

Ese algo no tan conocido incluye al local de Países Nórdicos. La novela negra sueca, noruega, danesa y finesa —con la mujer como creadora y no como víctima— ha conquistado el mundo y ha posibilitado la visita a la Feria de escritoras como Sissel Jo-Gazan, Katja Kettu y Agneta Pleijel. Esta edición sirvió para reafirmar aquella certeza de Horacio Buscaglia: "Qué sponsor, la muerte". La afluencia a este stand aumentó exponencialmente luego del fallecimiento de Henning Mankell el pasado lunes, uno de los grandes embajadores de esta corriente literaria.

Mundos.

"Esta feria anda bien, la afluencia del público es buena. Yo creo que estamos recuperando lectores. Los números a nivel mundial refutan eso que decían que los ebooks se iban a comer a los libros. Los padres tienen mucho que ver: están queriendo sacar a los chicos de la computadora", opina Mario Martigani, de Penguin Random House. Aquí, uno de los libros destacados ha sido Diccionario del viajero, de Mauricio Bergstein; en Ediciones B, El Sabalero: cuando todo el sol era nuestro, de Pablo Tosquellas; en Fin de Siglo, Éxtasis letal: criminales psicopáticos en Uruguay. Estas casas esperan al fin de la tarde, cuando la gente comienza a salir de sus trabajos y la feria vuelve a cobrar vida.

En el atrio es visible quién es un pez grande y quién no en este mundo: Planeta y Penguin ocupan cuatro stands; Papacito, Babilonia y Ediciones B, tres. Según Appratto, el precio de un stand de tres metros por tres con todos los servicios necesarios (luz y wifi, por ejemplo) es de 70 mil pesos. "Claro que para socios (de la Cámara) se puede quedar en 35 mil", agrega. La ubicación también influye. Pequeños lugares como Eliezer, una librería evangélica vinculada a los hogares Beraca (donde se recibe gente en situación de calle o adictos), tratan de difundir lo suyo desde una esquina. Según Cristina, una de las vendedoras, lo importante es estar "para hacerse conocer y predicar el evangelio a través de los libros". Hasta ahora, su mayor éxito ha radicado en temas como "salud mental y la relación con el otro". Uno de los libros expuestos tiene un título que causaría escozor en más de cuatro: ¿Gay y cristiano? "En los hogares Beraca hay chicos que eran (sic) gay", dice una de sus responsables.

En otra punta está el stand de la División Cultura de la Intendencia de Montevideo, que este año se enfoca en la igualdad de género. El "desencubate", una estructura en base a cuatro desnudos (dos masculinos y dos femeninos) en tamaño real, se destaca entre libros sobre la dominación masculina y el acoso sexual. "Lo que se busca es tomar conciencia de la diversidad. Por suerte, los niños son los que toman con más naturalidad el tema", dice Alexandra Correa, de la Secretaría de la Mujer de la IM. La Feria del Libro reúne varios extremos bajo un mismo techo.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados